lunes, 8 de diciembre de 2008

LOS MITOS DE LA TRANSICIÓN

Fueron las movilizaciones populares, y no el Rey y los reformistas, las que trajeron la democracia
VICENÇ Navarro*
El Periódico
8 de diciembre de 2008

A raíz del 30° aniversario de la transición de la dictadura a la democracia en España se ha reproducido en muchos medios de información la interpretación dominante de aquel periodo que asume que el advenimiento de la democracia fue resultado del liderazgo del Rey, el cual, con el apoyo de las élites políticas, empresariales, financieras y eclesiásticas, desarrolló su proyecto democrático, que había mantenido oculto durante la dictadura y que pudo realizar tras la muerte del dictador. Tal versión ha sido incluso reproducida por algunas voces de izquierda que han visto al monarca y a su Gobierno, liderado por Adolfo Suárez, como las piezas clave en el establecimiento de la democracia.Ni que decir tiene que tal explicación tiene distintas versiones, pero en todas ellas se presenta la transición como un proceso liderado por el Rey, sin que la población tuviera gran protagonismo, recordándosenos que el dictador murió en la cama, frase que quiere comunicar el mensaje de que la población pacificada durante 40 años de dictadura no mostró resistencia al régimen dictatorial. Según tal explicación, solo unos pocos resistentes se habían opuesto activamente a él.LA REALIDAD, sin embargo, fue muy distinta. La evidencia --existente en varios documentos, incluido el libro El final de la dictadura, de Nicolás Sartorius y Alberto Sabio-- muestra que las fuerzas de la nomenclatura franquista llamadas reformistas no tenían un proyecto democrático al principio de la transición. La misma evidencia muestra a grandes sectores de la población española, liderados por la clase trabajadora, que se opusieron activamente a la dictadura y al dominio conservador del proceso de transición, habiendo sido esta presión popular la que fue determinante para el establecimiento de la democracia.En realidad, detrás de cada uno de los movimientos de la monarquía y de la nomenclatura del Estado franquista hacia un proyecto democrático había grandes movilizaciones obreras. Lejos de la imagen de pasividad que se transmite, España fue el país de Europa con mayor agitación social durante aquel periodo, habiendo tenido lugar las mayores protestas obreras conocidas en la Europa occidental desde la segunda guerra mundial. Tal como señalan Sartorius y Sabio, en 1976, año decisivo en la transición, hubo 1.438 días de huelga por cada 1.000 trabajadores (la media en la Comunidad Europea era de 390 días), y en los sectores industriales tal cifra alcan- zó 2.085 días (cuando el promedio de la CEE era de 595), situación que se repitió en 1977.Tal agitación social se había manifestado con gran intensidad a partir de 1973, y alcanzó su cenit en 1976, cuando un alarmado Ministerio de Gobernación (consciente de que en los primeros nueve meses de aquel año habían existido ya 17.731 huelgas con 150 millones de horas de trabajo perdidas) alertó del "gran peligro que representaba tal movilización para la continuación del orden institucional", lo cual quería decir la continuación de la Monarquía. Los documentos del Ministerio de Gobernación señalan claramente el gran temor que existía en los círculos gobernantes sobre las movilizaciones obreras. Fueron tales movilizaciones las que motivaron que el Monarca despidiera a Carlos Arias Navarro, el cual había mostrado su imposibilidad de controlar tales movilizaciones a pesar de haber sido el suyo uno de los gobiernos más represivos en los últimos 10 años de la dictadura.Torturas y detenciones fueron práctica común de aquel Gobierno, con varios obreros asesinados en la defensa de sus derechos laborales. El 60% de los procedimientos llevados a cabo por el enormemente represivo Tribunal de Orden Público en sus 13 años de existencia se realizaron durante el Gobierno de Arias Navarro (más de 12.000 casos). La imposibilidad de recuperar la normalidad, consecuencia de la gran resistencia popular, hizo que el primer Gobierno de la Monarquía aprobara en Consejo de Ministros la propuesta de Arias de militarizar a todos los empleados de Correos, Telégrafos, Telefónica, ferrocarriles, agua, gas y electricidad, es decir, la infraestructura del Estado, que se veía en peligro.ANTE LA imposibilidad de recuperar la normalidad y estabilidad social del país, el monarca sustituyó a Arias por Suárez, que recibió las instrucciones reales de que explorara con partidos de la oposición, entonces en la ilegalidad, la posibilidad de incorporarlos al proceso de reforma, excluyendo a aquellos sectores que habían sido más activos en la resistencia, incluyendo el Partido Comunista. Su intento era establecer una democracia limitada, que intentaba marginar a amplios sectores de la clase trabajadora, tal como ha reconocido Herrero de Miñón, uno de los colaboradores de Suárez (El Siglo 2-8 Junio del 2007).De nuevo, fue la presión popular la que forzó tal cambio y el Partido Comunista fue aprobado (aun cuando la ley aprobada por Suárez discriminaba y continúa discriminando a aquella fuerza política). A la imagen tan extendida de que Franco murió en la cama, utilizada por aquellos que desean dar protagonismo al Rey y a la nomenclatura franquista y reformista en el proceso de transición hay que enfatizar que, tal como señalan Sartorius y Sabio: "Si bien el dictador murió en la cama, la dictadura murió en la calle".
*Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

LOS TREINTA AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978 Y LA HISTORIA CONSTITUCIONAL INTERESADA





En España es ya parte de la cultura democrática la realización diversas celebraciones por el aniversario de la Constitución de 1978 la que ayer, el sábado 6 de diciembre, cumplió 30 años. En el Día de la Constitución, un día festivo, se intenta alcanzar a las nuevas generaciones la materialización de las ideas democráticas. En este día los medios de comunicación, especialmente los públicos, muestran la historia del constitucionalismo de España del siglo XX reivindicando también un punto de inflexión constitucional: la Constitución de 1931 y su repercusión en la sociedad española dividida ideológicamente, suceso que parece ya superado. La forma cómo se difunde a las nuevas generaciones todo el proceso de la Transición Española llama la atención a quienes viviendo en una democracia americana tal vez no han tenido la oportunidad de valorar la convivencia pacífica sobre la base del respeto de valores constitucionales. No obstante ello, como suele suceder en la historiografía oficial, hay una serie de datos que dominan la escena del Día de la Constitución . Esta visión interesada es criticada Vicenç Navarro en su artículo “Los mitos de la transición” donde aclara que fueron las movilizaciones populares, y no el Rey y los reformistas, las que trajeron la democracia. Fue el pueblo español que exigió la devolución de su soberanía que le robaron.
En efecto, se suele considerar acríticamente que fue el Rey Juan Carlos I, el artífice de la democracia española. Éste fue entronizado como jefe de Estado el 22 de noviembre de 1975 tras prestar juramento de respeto a las leyes del régimen totalitario franquista. Junto a él se suele colocar a los reformistas, es decir, a los procuradores del Franquismo que intervinieron en la aprobación de la Ley para la Reforma Política, de 4 de enero de 1977. Estos reformistas eran quienes conformaron las Cortes franquistas. Estas Cortes estaban formadas por representantes del partido único el Movimiento que se sustentó en la ideología fascista; por representantes de la única organización sindical; por los de los municipios y de la familia.
La historia “oficial” intenta pues, colocar como iconos de la estabilidad democrática que ahora goza España a personas, individualizando un proceso que fue más popular que personal. Pareciera que el Rey y determinadas personas de la derecha que gobernaron con Franco hayan sido las que le hicieron el favor de llevarle la democracia al pueblo español. Esta historia interesada podría acarrear graves daños a una Constitución casi modélica y a un ambiente democrático casi imitable. Pareciera que hay que agradecer a sólo una parte del pueblo por “darle” o por “llevarle” la democracia la resto cuando no es así. Hay que aclarar que el fascismo lo que hizo fue arrebatarle con violencia la soberanía al pueblo español y cualquier persona que cree realmente en la igualdad no hace más que unirse a la realización de un acto de justicia para devolvérselo. No se trata de un favor que se le ha hecho al pueblo español, es la devolución de su poder que le fue robado vilmente. El pueblo exigió que se le devolviese lo que era suyo, nada más. Hay que tomar en cuenta también que en esa época, el contexto económico liberalizado por el gobierno franquista exigía un sistema constitucional puesto que un régimen político fuertemente controlado no le servía al modo de producción que estaba consolidándose. Además, a la élite de la derecha que apoyó a Franco no hacía más que proteger sus intereses económicos. Este contexto puso en evidencia un capitalismo fuerte, un sistema político desfasado y las grandes desigualdades económicas de la sociedad española producto de una clara ideología racista. Frente a un pequeño grupo de la derecha privilegiada política y económicamente estaba una gran mayoría española que vivía en la pobreza la cual se movilizó para exigir sus derechos y aquello que era suyo: la soberanía. Cabe añadir el contexto europeo, pues ya había nacido un constitucionalismo europeo que exigía una Europa unida.
En la historia constitucional oficial, la parte débil siempre acaba siendo la misma, el pueblo español que fue ultrajado nada tiene que agradecer. En el caso de las mujeres, otra parte débil en la medida de que durante el franquismo se le impuso el estatus jurídico de la minoría de edad negándosele sus derechos, sucede lo mismo. Se quiere dar a entender que ante la incorporación de la prohibición de discriminación por sexo en la Constitución Española de 1978 las mujeres deben agradecerlo. Como dice la Constituyente Teresa Revilla, madre de la Constitución, las mujeres no tienen por qué agradecerlo, es más, quizás tendrían que pedirles perdón. Del mismo modo, queda pendiente pedirle perdón al pueblo español y acabar con la personalización interesada del proceso de Transición Democrática. Si no es así, se estará cometiendo el error histórico basado en la intolerancia y la discriminación. No hay que olvidar que la base ideológica del nacionalismo franquista se sustentó en la discriminación racial cuyo fin era acabar con las ideas de izquierdas de una buena parte de la población española. Este intento tuvo una base ideológica. el eugenismo creado entre, muchos otros, por José Antonio Primo de Rivera que se inspiró en el racismo del fascismo que asoló a Alemania e Italia. Muchas de las dictaduras hispanoamericanas que violaron los derechos de las personas se apoyaron en dicha ideología. Y, a diferencia de España, Argentina y Chile ha intentado evitar su impunidad. Lo mismo está sucediendo en el Perú que desde 2003 ya ha logrado conocer la verdad con el Informe de la Comisión de la Verdad y con el actual proceso a Fujimori.
LaGuachimana.org

OBAMA, PRIMER PRESIDENTE NEGRO DE LA HISTORIA DE LOS EE.UU:

¿Llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Eduardo Galeano*
22/11/2008
Red Voltaire (Red de Prensa No Alineados)

¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?

Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.

Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?

Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.

¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?

La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.

¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?

Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.

¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?

Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.

¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?

Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.

¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?

Me temo que sí, pero ojalá que no.

¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?

Me temo que no, pero ojalá que sí.

¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?

Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros.

Ojalá no lo olvide, nunca.