viernes, 25 de septiembre de 2009

¡¡¡PERO QUÉ MALA ES LA ENVIDIA!!!


El País
22/09/2009
ACPress.net


Más pertinaz que el odio, más intensa que los celos y antigua como el hombre. Así es la envidia, una pasión universal que nadie reconoce sentir y que afecta a quienes la padecen y a su entorno.


Apenas unos segundos después de que el fonógrafo de Edison dejara de emitir en la sala sus primeras palabras, uno de los académicos que asistía a la presentación del aparato, el francés Jean Bouillaud, de 82 años, saltó de su asiento, agarró por el cuello al infeliz que lo manejaba en ese momento y comenzó a zarandearlo mientras profería que aquello era una farsa, un truco de ventrílocuo y que la noble palabra humana no podía ser reemplazada por un metal. Bouillaud no se había vuelto loco ni había sufrido un ataque de ansiedad. En absoluto. Se trataba de un caso de envidia entre colegas, un sentimiento tan viejo como el hombre del que se ha dicho que es el más vergonzoso de los vicios. De hecho, se le considera tan deshonroso que incluso personajes tan ilustres como el filósofo Francis Bacon no han dudado en afirmar que la envidia es un “gusano roedor del mérito y la gloria”. La Real Academia Española, más tibia en su definición, la considera un “pesar del bien ajeno”.
La envidia es un fenómeno universal, pero ni es considerada por los psicólogos una de las emociones fundamentales, ni existe una expresión facial que la caracterice de forma exacta. La envidia es un tabú social que se lleva en silencio porque, en el fondo, supone una declaración de inferioridad que no conviene revelar en público. Plutarco ya daba cuenta de ello hace casi 2000 años. En su estudio Sobre la envidia y el odio, el genial biógrafo y ensayista griego resaltaba que “nadie dice que es envidioso”, sino que para justificar ese sentimiento se alegan todo tipo de excusas. Este comportamiento, según el sociólogo de la Universidad Libre de la Lengua y la Comunicación de Milán Francesco Alberoni, se debe a que la envidia es, en esencia, “una reacción ante el reconocimiento de una derrota”.
En un intento por negar la frustración que nos produce, nos comportamos de muy distintas formas. Algunas personas optan por imitar a quienes envidian; otras, si se ven incapaces de alcanzar el mismo objetivo, se deprimen y, por último, un tercer grupo de individuos se decanta por criticar e incluso conspirar contra quienes les han superado. Todo depende de la importancia que se dé al objeto de nuestra envidia y, sobre todo, de quién sea el envidiado.
Envidiamos cuando comprobamos que otro se ha hecho con algo que deseamos intensamente o cuando otra persona logra lo que nos es imposible realizar. El resultado, en cualquier caso, es que nuestra autoestima se resiente. Los psicólogos señalan que para compensar esta pérdida, que nos resulta insoportable, hemos desarrollado una serie de mecanismos muy particulares. Uno de ellos es infravalorar la ventaja del otro, esto es, nos autoconvencemos de que lo que ha conseguido “no es para tanto”. Otras tácticas pasan por buscar desventajas en otros campos que compensen su superioridad, desvirtuar a la otra persona en su conjunto o criticar el sistema que permite que se dé semejante situación. En los casos más extremos, podemos llegar a castigar –tanto física como psicológicamente– al envidiado por su ventaja.
Esto es así, según Alberoni, porque “el envidioso desea acercarse al envidiado, ser reconocido por él, identificarse con él y sustituirlo”. En los casos patológicos, el envidioso sólo puede hallar satisfacción en la destrucción completa del envidiado, en su desgracia total e incluso en su desaparición física.
A la vista de lo universal de este sentimiento, algunos expertos se han preguntado si es posible que sus causas sean más biológicas que psicológicas. Según el biólogo molecular John Medina, autor de El gen y los siete pecados capitales, “analizar la biología de la envidia es un problema insuperable, porque no se ha aislado un gen responsable de este sentimiento ni se ha identificado una región del cerebro dedicada a la envidia”.
Medina señala que “la envidia está asociada a cuatro tipos de comportamiento: los asociados al deseo sexual, a la avaricia, a los deseos de agresión y como una reacción a la depresión que, en definitiva, puede ser tanto un componente como una respuesta a la envidia”. Este vínculo entre un sentimiento subjetivo –la envidia– y un proceso biológico –la depresión– es, para este autor, más estrecho de lo que suponemos. Tanto es así que, aunque Medina asegura que no existen píldoras contra la envidia, sí es posible que los antidepresivos nos mantengan a salvo de ciertos aspectos negativos asociados a ella.

PSICOLOGÍA DE LA ENVIDIA
La investigadora Melanie Klein, autora de “Envidia y gratitud”, una obra considerada básica por numerosos expertos en este terreno, indica que la envidia trae implícito el deseo de hacer daño. Se trata, además, de una actitud inherente a los seres humanos y que se desarrolla en las primeras etapas de la infancia, un dudoso honor que parecemos disfrutar en exclusiva. Según Juan Carlos Senar, de la Sociedad Española de Etología, “no hay constancia de que entre los animales se dé un fenómeno semejante, aunque éstos pueden utilizar mentiras y engaños para alcanzar objetivos”.
En un artículo sobre la Psicología de la envidia, el doctor Cecilio Panigua indica que la envidia “es un eco de los sentimientos de inferioridad y rivalidad sufridos por el niño durante su desarrollo psicológico, con padres y hermanos, lo que explica su universalidad e irracionalidad”. Este factor de proximidad –del niño con los que le rodean– parece especialmente importante en el desarrollo de la envidia. Así, cuanto más cercanas a nosotros sean las personas que envidiamos y cuando su superioridad se demuestra en los campos que más valoramos, el sentimiento de envidia crece. Por el contrario, éste no se desarrollará fácilmente entre personas que no se conocen apenas o entre quienes hay un abismo insalvable temporal o profesional. Por ejemplo, es más que dudoso que un físico actual pueda albergar sentimientos de hostilidad contra Einstein o Newton por los éxitos que éstos cosecharon en su mismo campo.
Puesto que la envidia se acentúa entre personas que viven circunstancias parecidas, es entre los hermanos y los compañeros de profesión donde es más relevante.* Ignazius Semmelweis fue el protagonista de uno de los casos más vergonzosos de envidia profesional. A mediados del siglo XIX, este médico obstetra del Hospital General de Viena observó que un alto porcentaje de parturientas moría tras dar a luz por fiebre puerperal, mientras que en otros hospitales, donde atendían comadronas que cuidaban su aseo y mantenían la limpieza, ese porcentaje era sensiblemente inferior. Cuando propuso que los médicos que atendían los partos se lavaran las manos con cloruro de calcio para evitar así infecciones, fue despreciado. Aún peor. Incluso cuando demostró que su -teoría era correcta, su descubrimiento siguió siendo tachado de ridículo.
Smmelweis no quería exhibir sus méritos, pero es cierto que a veces el envidiado puede vanagloriarse de ellos y hacerlo de forma que se ofenda el otro. En ese caso se trataría de una provocación. Precisamente, en el Génesis se describe un episodio que ilustra hasta qué punto puede llegar la envidia entre hermanos cuando uno de ellos hace gala, aunque sea inconscientemente, de sus virtudes superiores. En el capítulo 37 de este texto bíblico se describe cómo José, el favorito de Jacob, su padre, era profundamente envidiado por sus hermanos. Quizá tenían buenas razones para hacerlo. José no sólo disfrutaba de un físico favorecido, sino que estaba colmado de virtudes, entre ellas el don de la profecía. Además, sabía cómo resaltar lo mejor de sí mismo. Tanto fue así que todos sus hermanos, salvo Rubén, que se manifestó en contra, decidieron asesinarle. Otro de los hermanos, Judá, propuso otra idea mejor: venderle como esclavo.
En realidad, quizá José alardeaba a propósito de sus habilidades. Pero aunque se exhiban adrede los buenos atributos para producir envidia, este sentimiento no es tan profundo como cuando el éxito que se observa en el envidiado nos parece inmerecido. En ese caso, la hostilidad se dispara y la envidia da paso al rencor.
¿Pero hasta qué punto podemos llegar a fastidiar al prójimo por envidia? Un equipo de economistas de las universidades de Oxford y Warwick, en Inglaterra, comprobaron que se puede ir muy lejos. En un experimento, los profesores Andrew Oswald y Daniel Zizzo adjudicaron aleatoriamente una cantidad de dinero a distintas personas que se iba incrementando con el tiempo. En el ensayo, cada una de ellas podía destruir parte del dinero ajeno, pero sólo a costa de sacrificar parte del propio. Para sorpresa de los investigadores, la mayoría de los participantes llegó a deshacerse de su fortuna sólo para conseguir que los demás no se enriquecieran más que ellos.
Y es que, ya lo decía Don Quijote: “Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no tal, sino disgusto, rencores y rabias”.

ENVIDIA E INJUSTICIA
Los psicólogos saben que el sentimiento de envidia aumenta enormemente cuando comprobamos que la circunstancia que la desencadena choca, además, con nuestro sentido de la justicia. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, si descubrimos que un compañero de trabajo ha obtenido un ascenso al cual optábamos no sólo inmerecidamente, sino que, a nuestro juicio, porque está en más que buenas relaciones con la hija del presidente de la compañía. En la historia de la filosofía, una cuestión recurrente ha sido si en los sentimientos de envidia se encuentran los fundamentos del sentido de justicia.
Freud afirma, de hecho, que ésta emana de los deseos de los envidiosos. Así, en un grupo familiar, los hermanos observarían la conducta de los demás guiados por la envidia, de forma que ninguno de ellos sea más favorecido que otro por sus padres. En definitiva, si uno no puede ser el preferido, ninguno debería serlo.

*Añadiría yo que también entre todo tipo de compañeros/as (políticos, asociativos, vecinos, etc. etc.).

jueves, 17 de septiembre de 2009

LA IMPUNIDAD DEL FRANQUISMO


José Saramago
El País
16 de septiembre de 2009

Son 114.266 personas las que, según el auto dictado por el juez Garzón el 16 de octubre de 2008, desaparecieron, en el contexto de crímenes contra la humanidad, entre julio de 1936 y diciembre de 1951, en el curso de la Guerra Civil española y, ulteriormente, durante la dictadura fascista de Franco.
La violación de los derechos humanos ha sido una desgraciada realidad a lo largo de la historia de la humanidad; sus autores, en la inmensa mayoría de las ocasiones, han quedado impunes, y a las víctimas y a sus familiares, en otras tantas, se les ha privado de la necesaria tutela judicial en los tribunales internos.
Por ello, la comunidad internacional ha ido estableciendo diferentes compromisos, ineludibles para todos los Estados, a fin de garantizar la búsqueda de la verdad, la reparación a las víctimas y el castigo de los autores de los más graves crímenes contra la humanidad. Es decir, garantizar el derecho de las víctimas y sus familiares a la justicia, como garantía del principio esencial, del que debe prevalerse todo Estado, de no repetición de los crímenes.
Respecto de los familiares -como lo ha reiterado la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos del 16 de julio de 2009 en el caso Karimov contra Rusia- la ausencia de búsqueda oficial de los desaparecidos supone un trato cruel e inhumano. Dicho de otra forma, los familiares de los desaparecidos sin respuesta oficial son víctimas de tortura.
Desde la Convención de Ginebra de 1864 sobre leyes y costumbres de la guerra, al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, pasando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 o los recientes Principios o Directrices de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos adoptados en el año 2005, es indudable el deber, moral y jurídico, de toda la comunidad internacional y de cada uno de los Estados que la componen, de perseguir graves crímenes contra la integridad y dignidad humana.
Las desapariciones forzadas, han sido calificadas por las Naciones Unidas como un ultraje a la dignidad humana, reconociendo el derecho a un recurso judicial rápido y eficaz, como medio para determinar el paradero de las personas privadas de libertad o su estado de salud, o de identificar a la autoridad que ordenó la privación de libertad o la hizo efectiva. Como otros crímenes semejantes, considerados de lesa humanidad, no son amnistiables ni prescriptibles según la evolución del Derecho Penal Internacional desde los principios de Núremberg.
Esa obligación de perseguir y castigar los más graves atentados contra la humanidad es aplicada sólo por algunos Estados, y de forma interesada. Y España ha de entonar por desgracia, y con gran vergüenza, el mea culpa.
España que se congratulaba en ser uno de los pioneros en la aplicación del principio de justicia universal, hoy desgraciadamente en entredicho, ignora a sus propias víctimas, somete a tormentos (según la indicada doctrina del Tribunal Europeo) a sus familiares y desoye las obligaciones contractuales internacionales dimanantes de tratados y convenios suscritos e incorporados a su ordenamiento jurídico.
Recientemente, el Comité de Derechos Humanos, en su periodo de sesiones de octubre de 2008, examinando los informes presentados por los diferentes Estados, y antes de que se declarase la Audiencia Nacional incompetente para conocer de las desapariciones que tuvieron lugar durante y después de la Guerra Civil, señaló que "está preocupado por el mantenimiento en vigor de la Ley de Amnistía de 1977", y recordó que "los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y aunque toma nota con satisfacción de las garantías dadas por el Estado parte en el sentido de que la Ley de la Memoria Histórica prevé que se esclarezca la suerte que corrieron los desaparecidos, observa con preocupación las informaciones sobre los obstáculos con que han tropezado las familias en sus gestiones judiciales y administrativas para obtener la exhumación de los restos y la identificación de las personas desaparecidas".
El comité recomendó no sólo la derogación de la Ley de Amnistía, sino el auténtico restablecimiento de la verdad histórica sobre todas las violaciones -se produjesen por quien se produjesen- de los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, añadiendo que ha de permitirse a las familias que identifiquen y exhumen los cuerpos de las víctimas y, en su caso, indemnizarlas.
La naturaleza de crimen de lesa humanidad que supone la desaparición forzada de personas es, por tanto, indiscutida, en particular cuando se comete de forma grave o sistemática contra la población civil. Lo señalaba también la Convención de 2006 sobre Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, determinando la obligación de los Estados de investigar los hechos y juzgar a los culpables.
Han transcurrido más de 12 años desde que, el 28 de marzo de 1996, la Unión Progresista de Fiscales interpusiera la primera denuncia por los crímenes cometidos por los responsables de la dictadura militar argentina en los años 1976 a 1983. A partir de entonces, se han sucedido en la Audiencia Nacional española, como órgano competente para la instrucción y enjuiciamiento de los crímenes acogidos bajo la jurisdicción universal, diversas denuncias por crímenes internacionales ocurridos en diferentes países que han dado lugar a un amplio debate sobre el principio de jurisdicción universal.
Sin embargo, más de 70 años después de los hechos, en España se sigue sin conocer qué pasó, quién ordenó las ejecuciones, quién practicó las detenciones, y qué sucedió con los, al menos, 114.266 desaparecidos que se han documentado judicialmente.
La obligación de investigar, juzgar, castigar y reparar se ha obviado, de forma incoherente, en España. Peor aún, *el único juez, Baltasar Garzón, que ha cumplido, con apego a la ley, coherencia, valentía y riesgos evidentes con el deber de contribuir a satisfacer las demandas de las víctimas, se encuentra cuestionado e imputado por quienes tendrían el deber ineludible de propiciar que España honre sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.
Señalaba, el relator de Naciones Unidas, Louis Joinet que "para pasar página, hay que haberla leído antes".
No olvidemos a esos 114.266, con sus nombres, apellidos e historias. Con sus madres, hermanas o hijos. No sigamos tolerando que se torture a sus familias. El olvido y la impunidad no es solamente fuente de dolor para las víctimas, es una herida abierta que lesiona la democracia. Bien dijo Francisco de Quevedo: "Menos mal hacen los delincuentes, que un mal juez".

*De momento me reservo el derecho de opinión sobre la actuación de este Juez ante otros casos en los que ha intervenido fulminante y erróneamente, a mi parecer, como por ejemplo en el de Remedios García Albert, una compañera a quien ha criminalizado y le ha puesto la etiqueta de "terrorista", sucumbiendo a los deseos del Presidente de Colombia, Uribe. Un día ya hablaremos sobre este asunto que hizo decantar definitivamente mi balanza de percepción hacia el polo negativo (con respecto a "el juez", claro está).


Firman este artículo José Saramago, Premio Nobel; José Jiménez Villarejo, ex presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo; Enrique Gimbernat Ordeig, catedrático de Derecho Penal; Javier Moscoso del Prado y Muñoz, ex fiscal general del Estado; Luis Guillermo Pérez, secretario general de la Federación Internacional de Derechos Humanos, y Hernán Hormazábal Malaree, catedrático.

martes, 8 de septiembre de 2009

CARGA BRUTAL DE LA POLICÍA ESPAÑOLA CONTRA OBRER@S ANDALUCES

Testimonio desde el Infierno. Así es como se puede definir lo que han vivido hoy unos 600 militantes del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), durante la ocupación sorpresa de Canal Sur y la estación de Trenes de Santa Justa.
8 de septiembre de 2009
Fernando de Válor
A falta de documentos gráficos que aún tienen que salir, me he molestado en hacer esta crónica personal, pero de seguro compartida mayoritariamente por todos los presentes, como militante del SAT y como testigo y participante de lo sucedido hoy en Sevilla.
Ha habido decenas de heridos, doce detenidos (todos del sindicato, que están aún en comisaría), insultos, amenazas y sucesivas palizas indiscriminadas y duras de la policía sin provocación ni violencia por parte de los sindicalistas agredidos…ha habido una concentración masiva frente a las dependencias policiales donde mantienen detenidos a nuestros militantes, y esta noche se quedarán cientos de compañeros velando por lo que pueda ocurrir.
Seguimiento:
Parece que la subdelegación del gobierno tenía ya pensado la tremenda paliza ocasionada a los trabajadores/as. Sólo 5 minutos tardó la policía en sacar las porras para pegar sin ningún miramiento a niños, mujeres, hombres, personas mayores, jóvenes…que intentaban entrar por sorpresa en las dependencias de Canal Sur Tv en Tomares. A la primera carga respondieron los militantes del SAT tirando para adelante rebasando a UIP y seguridad, consiguiendo entrar un primer grupo de unos 30 sindicalistas llegando éste a la última planta del edificio, donde está la redacción de los informativos.
Comentar que esta primera carga podía haberla evitado perfectamente la policía pues cuando se dispusieron a cortar la entrada a los sindicalistas, éstos le dijeron con serenidad que sólo iban a hacer su acto y expresar sus reivindicaciones para hacerse oír, no a enfrentarse a nadie. Todo en vano, pues la policía no tardó ni 5 minutos en pegar indiscriminadamente a toda persona presente.
Luego consiguió otro grupo, en el que se encontraba Sánchez Gordillo, de unas 70-100 personas, entrar al edificio, fuertemente tomado por la policía, no pasando de la primera planta. Mientras tanto en la torre ya se habían colgado las banderas andaluzas y se explicaban a los trabajadores/as de dicha cadena el motivo de dicha ocupación.
Por otra parte, unos 4 autobuses con más sindicalistas se habían desviado desde Sevilla para el puente del V Centenario, con objeto de distraer la atención de las furgonetas de la UIP y facilitar la ocupación del edificio de Canal Sur. Este grupo fue también, según los mismos protagonistas, fuertemente agredido por la policía con múltiples contusionados y heridos, siendo resultado herido un policía tras la respuesta de los sindicalistas. La policía ha disparado pelotas de goma en el Puente a los sindicalistas, siendo detenidos en ese momento Cañamero junto a 8 militantes más del SAT.
El desalojo de la sede de canal Sur ha sido pacífico por parte de los agresores (la policía) pues los sindicalistas no iban con más arma que su razón y las palabras. Ha habido dos detenidos en esta primera acción de Canal Sur. Primero han procedido a identificar uno a uno a los presentes, para luego conducirlos a la puerta donde ya se encontraba un nutrido grupo de unos 200 compañeros/as. Los compañeros del primer grupo desalojado han bajado cantando el Himno de Andalucía puño en alto, siendo recibido el segundo grupo de igual forma mientras bajaba. Han sido momentos muy emotivos que hacía tiempo no se veían. Asimismo se han proferido otros gritos como “contra el paro, lucha obrera”, “hace falta ya una huelga general”, “chaves y zapatero, embusteros”, “la solución no es la represión”, “la crisis que la paguen los capitalistas”, “somos currantes, no delincuentes” así como el popular “Jornaleros Andaluces” entre otros.
Ya en la calle y tras presenciar cómo la UIP se llevaba, entre miradas de odio hacia los sindicalistas, a los dos detenidos que se unían a los 9 también detenidos en el puente del V Centenario.
Pero a pesar de los intentos represivos de la policía y el subdelegado del gobierno del PSOE (auténtico fascista por la masacre que ha ordenado), para parar la jornada de protesta por la crisis que sufre Andalucía y el Pueblo Trabajador Andaluz,todos los sindicalistas presentes han acudido también por sorpresa a Santa Justa, donde a pesar de la intervención de la seguridad, no han podido evitar que más de 500 jornaleros accedieran a las vías de tren para cortarlas, resultando un retraso de 40 minutos en dos trenes previstos para viajar. Durante esos momentos se ha procedido a cantar de nuevo los lemas coreados durante todo el día, siendo aplaudidos por los testigos que se encontraban allí y ante la atónita mirada de otros, que desde luego, no esperaban al ejército de sindicalistas y desposeídos que han tomado Santa Justa.
Ha sido entonces cuando ha bajado la UIP pegando indiscriminadamente a todos los sindicalistas que tenían enfrente. Ni niñas, ni mujeres, ni personas mayores, ni adultos, ni jóvenes. Nadie se ha salvado de la auténtica y cobarde paliza recibida por los sindicalistas del SAT, totalmente rodeados por la policía y las paredes de la estación de trenes. Para quien haya estado allí y para los presentes ha sido una auténtica vergüenza. La UIP ha reventado como ha querido y a placer a gente pacífica, indefensa, que en ningún momento ha empleado la fuerza. Desde aquí exijo la dimisión inmediata de la subdelegación del gobierno y la disolución de los cuerpos represivos y políticos del Estado, porque eso es lo que son y hoy lo han demostrado: una policía política que sólo está para reprimir.
Ya saliendo por las puertas se ha gritado “asesinos” y “policía asesina” y tras conducirnos a base todavía de palos por las escaleras, ha habido una muchacha joven recriminando a la policía que estuvieran pegando a un hombre mayor. Ni corto ni perezoso, un policía ha salido de dentro del recinto de trenes y le dio con saña un fuerte golpe con la porra en el vientre que le ha provocado falta grave de respiración y convulsiones, llegando a expulsar espuma por la boca, teniendo que ser atendida por la ambulancia y temiendo por su vida muchos de los presentes tras ver las convulsiones. Cuando se ha podido recuperar ha mostrado el vientre hinchado, con la marca de la porra y la sangre saltada. Han sido, desde el desalojo violento, momentos de tensión, pánico y ansiedad entre los presentes, incluso quienes no han participado de la manifestación, pudiendo verse mujeres llorando por la paliza tan injusta y con tanta saña que han dado la policía española a los trabajadores andaluces. Ha habido tres detenidos en la acción de Santa justa, cifra que no se corresponde ni con la actitud en todo momento pacífica de los manifestantes, ni con el tremendo número de golpeados, vejados y contusionados.
Tras una asamblea en las puertas de la estación, se ha decidido por parte de todos los compañeros presentes dirigirse hacia las dependencias policiales de Blas Infante, para mostrar su solidaridad e interés por los detenidos. Han sido varias horas desde las 15,00 aproximadamente las que han pasado sindicalistas mayores, jóvenes, mujeres, niños/as, soportando temperaturas a la sombra (que poca había) de 38 grados, esperando alguna noticia de las detenciones. Tras anunciarse que no iban a soltar hoy a los detenidos, se han celebrado asambleas en el Parque de los Príncipes, resultando la firme decisión de quedarse cientos de compañeros esta noche acampando frente a la comisaría donde están los detenidos, donde continúan allí a estas horas.
Para mañana está previsto que siga la protesta solidaria si no liberan a los 12 detenidos que en estos momentos se encuentran en privación de libertad.
La Andalucía Rebelde ha demostrado hoy valentía, ejemplo, tesón y dignidad. Se tienen y se van a sentir orgullosos quienes hemos estado hoy en estas acciones. Los que no han estado, deben de ir y apoyar las luchas, ahora que tan duros momentos está pasando el Pueblo Trabajador y ahora que nos muestran, ya sin careta, cuál es la intención y la política del gobierno del estado español y la junta de Andalucía (PSOE), el gobierno de los traidores, reformistas y españolistas: la represión pura y dura hacia la disidencia en Andalucía.
Vuelve a quedar claro una vez más, que ni la crisis se puede resolver desde Andalucía sin soberanía nacional ni socialismo, ni puede tumbarse el mal gobierno sin movilizaciones en la calle, donde hoy, se ha vuelto a demostrar, que la temen mucho.
Este pueblo, hoy, como desde hace ya muchos siglos, ha marchado de nuevo por su libertad y por el fin de la explotación del hombre por el hombre. Este pueblo, hoy, ha sido machacado por expresarse pacíficamente. Esta no es la Andalucía que quería Blas Infante. Pero aquí estamos, esta es nuestra tierra, de aquí no nos vamos y vamos a recuperarla, tarde o temprano, que se vayan enterando bien los esbirros del mal gobierno. Mientras el mal gobierno no tome medidas urgentes, viables y eficaces para el Pueblo Trabajador Andaluz contra la crisis; mientras la clase obrera andaluza siga desposeída de los medios de producción y distribución, mientras en definitiva, Andalucía no sea Libre, la lucha es el único camino.
VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA
VIVA ANDALUCÍA LIBRE Y SOCIALISTA
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jueves, 3 de septiembre de 2009

ESA GENTUZA




Arturo Pérez Reverte
Izquierda Liberal. Pensamiento Libre
27 de julio de2009

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién.. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.