martes, 27 de octubre de 2009

ALGUNAS IDEAS EN TORNO A NUESTRA COOPERACIÓN Y SOLIDARIDAD CON PALESTINA


Alvar Cera
El Col·lectiu
Col·lectio d'Estudis sobre Cooperació i Desenvolupament
Revista Pueblos. Viernes 25 de abril de 2008

Fotografía tomada el día 15 de octubre de 2009
Isabel Galeote. Asentamiento judío en Palestina que sigue ampliándose. Campos de olivos de los campesinos palestinos que no van a poder cosechar este año.


La cooperación con Palestina es política o no es. Como en todos los objetos de cooperación. Pero en pocos conflictos, la solución a las miserables condiciones de vida de quienes sufren tiene una solución tan clara, política, paralela a los instrumentos de la cooperación tradicional, que incluso pueden entrar en abierta contradicción con las necesidades y decisiones políticas expresadas por los habitantes de un territorio y las organizaciones de su sociedad civil. ¿Está sucediendo eso en estos momentos respecto a la cooperación de nuestro país con Palestina? ¿Se contradice con lo que los palestinos piden?
La situación en Palestina es tan clara que, de evidente, deviene imposible de solucionarse en el corto plazo. Se trataría de tomar una decisión: forzar a Israel a que termine con la ocupación. Palestina está en el centro. De la política, de los corazones y de la desigualdad del poder. La razón no tiene más fuerza que la moral, que no es poca. Mientras tanto, la fuerza arrasa. Encarcela, expulsa, asesina y asfixia ante el silencio cómplice de la comunidad internacional, que sólo responde con palabras. Nosotros en vez de correr a colaborar con acciones, tal y como ellos nos reclaman, nos regodeamos en nuestro conocimiento del conflicto y nuestros análisis estratégicos mientras continuamos con la inercia que nos justifica como cooperantes y/o activistas pero de nada sirve a quienes queremos ayudar..

Desde hace ya un tiempo, largo y frustrante, sabemos lo que tenemos que hacer, lo que nos toca y no hacemos, con la consecuencia inmediata de que la ola de solidaridad natural que despierta una de tantas causas justas, y siendo esta, especialmente, la más comunicada, se traduce, limita y agota en sí misma. Convertida en conciliábulo de iniciados, repeticiones continuas de elementos recurrentes en diversas formulaciones y variaciones marginales que al final sólo sirven para justificar desembolsos económicos progresivamente mayores de las administraciones que a esto se dedican. Pero no inciden en la solución de los problemas a los que se dirigen.

Todo lo que tiene que ver con Palestina ha generado tendencias esperanzadoras (nunca podemos negarlas) y efectos perversos.

Entre las obviedades por todos reconocidas se encuentra en la cabeza de león, -como piedra angular de la cooperación del Estado español con Palestina- que los palestinos tienen razón en sus reclamaciones de libertad e independencia. La ocupación militar se encuentra fuera de debate, la injusticia de la represión satura en su reconocimiento popular e incluso la erudición sobre las raíces del conflicto es generalizada. Incluso en breve, el público tendrá claro, a partir de la publicación de libros de Ilan Pappé, por poner un ejemplo, que los términos de referencia son limpieza étnica y crímenes contra la humanidad al escuchar la palabra Israel.

Millones de euros de nuestros impuestos salen cada año hacia allí. En una cantidad que sistemáticamente aumenta y debemos alegrarnos por ello. El nuestro es un país solidario. Y viviendo donde vivimos, tenemos claro el ejemplo de quienes hace ya décadas identificaron la causa que en nuestro país se dirimía entre la libertad y la tiranía y viajaron aquí para sumarse a nuestra lucha. La causa Palestina adquiere la misma dimensión ética y política que en su momento tuvo la lucha que aquí se perdió. Ha cambiado el contexto. Han pasado los años y las estrategias, disponibilidades y peticiones internacionales de quienes legítimamente luchan contra la tiranía ya no pasan por los instrumentos que aquí se utilizaron. Ya no pasan por pedirnos a los extranjeros que nos sumemos a la resistencia armada. Pero sí pasan porque utilicemos todas nuestras armas, en el ámbito civil y social, para luchar contra ellos desde nuestros países y nuestras realidades. Se habla de resistencia Palestina. Y de resistencia internacional conjunta. De resistencia civil activa. De internacionalismo.

A partir de este punto, sólo podemos reconocer que desde hace años, todos los que trabajamos en torno a Palestina nos revolvemos (plural inclusivo) en un bucle de autoconvencimiento y autosostenimiento de nuestras ideas propias al respecto que, probablemente, le hace un flaco favor a los palestinos mientras nos mantiene en nuestras cómodas posiciones, laborales para unos, políticas para otros. Muy cómodas. Pero pasivas en cuanto sólo contribuyen relativamente a la resolución con justicia de un conflicto que hay que dejar de denominar así. Del conflicto a la limpieza étnica, el apartheid y en palabras de algún ministro israelí, el holocausto de los palestinos. Frente a ellos resistencia. No hay otra opción. En esta situación, sólo queda la lucha.

La lucha Palestina y el apoyo que recibe. Un ejemplo desde la cooperación

Pongamos un ejemplo concreto de cómo las mejores tendencias pueden pervertirse: la sociedad Palestina se autoorganiza y comienza a resistir a través de una vía que no es la tradicional. Más allá de sus éxitos o fracasos sobre el terreno consiguen que ese modelo de resistencia capte la atención mediática y llegue a los círculos de entendidos que, desde la estructura de sus organizaciones con necesidad de un flujo constante de ingresos, andan a la caza de nuevos proyectos y contrapartes con los que incrementar su volumen de negocio. Sumémosle que la novedad del instrumento de resistencia surge en un momento en que la piedra y la cooperación tradicional están de capa caída y es necesario encontrar procesos de construcción social en consonancia con las nuevas tendencias verbales de nuestro gobierno y sus instrumentos de cooperación.

De construir pozos de agua a apoyar su resistencia. Alguien desde nuestro país, que lleva tiempo plantando té y haciendo volar palomas torcaces, decide que es hora de abordar su proceso de internacionalización. Y no sólo eso sino que decide que las palomas torcaces son el mejor instrumento para evadirse de la persecución del halcón. Pero sus años de experiencia le dicen que el té se toma sin azúcar y la paloma debe ser torcaz. Llega a Palestina, donde sí, se toma té, pero con azúcar. Mucho azúcar. Y la paloma levanta el vuelo. Pero con sus especifidades, no es torcaz. Porque la paloma torcaz es europea, no árabe. En una situación donde la necesidad y la profesionalización se suman para desalamabrar voluntades y las soluciones individuales continúan sustituyendo a los procesos colectivos, el dinero europeo conseguirá en un breve período de tiempo que quienes servían el té y hacían volar palomas dejen de hacerlo, porque para que funcione correctamente, según asegura quien paga el refrigerio y el vuelo, es necesario que el té sea el mejor y la paloma más fuerte. Por tanto, nuestra cooperación ha evolucionado desde el agua a las palomas y el té, lo cual puede presentarse como altamente positivo- Pero se limita a enseñar a preparar un té que no se corresponde con el punto de consumo y a enseñar a volar a un animal que se perderá ante la falta de vegetación. Pueden pasar años antes de que se comprenda. Pero en la búsqueda del sabor perfecto y el vuelo constante, habrán perdido el té y el palomar. Por más que justifiquen sus facturas y garanticen asistencia a sus seminarios. Se convierten los procesos naturales propios de los palestinos en reflexiones autocontenidas dirigidas desde el exterior sin relación con la realidad, o peor aún, que transforman la realidad en mera reflexión sobre la realidad en la dirección de alimento de interminables tertulias: estamos haciendo la revolución. Pero por el camino hemos conseguido que nazca muerta, no así nuestra meteórica carrera.

Tras el ejemplo de una organización concreta, es necesario explorar los de las redes y plataformas que tratan de coordinar sus esfuerzos. Un trabajo uniforme, inequívoco y continuado, presiona en la dirección adecuada y cuando 20 organizaciones, por poner un ejemplo, afirman compartir análisis y objetivos, es necesaria su plasmación pública y directa, su transformación en mensaje y presión directa ante el gobierno: A veces surgen ventanas de oportunidad que permiten coordinarse en la dirección correcta, y puntos de confluencia políticos en los que las organizaciones de cooperación tradicional se suman a las más activistas y honestamente voluntariosas en el marco de la existencia de presupuesto. El paso definitivo parece estar a punto de darse. Siempre. Pero continúa sin darse. La conjunción de cooperación y activismo que se produce en ciertos espacios de coordinación es un elemento positivo. Pero a la hora de definir actividades es necesario saber quienes son los activistas, que no condicionan sus acciones y posicionamientos a la defensa de posiciones adquiridas y quienes son los que utilizando la palabra activista, se dedican a conseguir con ella una pátina de respeto hacia sus posiciones adquiridas, políticas y económicas. Es muy fácil.

Y cuando se dan los pasos, alguien interviene para frenarlos

De la comodidad de nuestras posiciones teóricas al paso adelante, de la teoría a la acción, de la solidaridad a la coordinación práctica. Pero ante el movimiento de futuro, surge la tendencia de freno, el miedo conservador, la manipulación y la amenaza velada, el poder político que anula la capacidad de la sociedad civil para organizarse. Las posiciones a mantener por encima de todo. Demasiado dinero en juego, demasiada visibilidad de la iniciativa al tiempo que la oscura y cerrada gestión del proceso en un esquema de organización con demasiados niveles superpuestos de control y balance que sólo podían demostrar oscuros compromisos privados previos, falta de transparencia y miedo.

Todos estos factores dieron al traste con la posibilidad efectiva, que existía en diciembre de 2007, de sumarse a un nuevo esfuerzo de resistencia con los palestinos, de sumarse a la que pudo ser la iniciativa más poderosa de la sociedad civil de nuestro país en la resistencia al Apartheid israelí. Pero aún no se entiende quien y porqué los gestionó, de dónde surgió la iniciativa, quien la impulsó y con qué detonante para que la financiación se hiciese efectiva y a posteriori la dinamitase. Frente a las convocatorias públicas a las que todos tienen acceso, frente a las convocatorias laborales con procesos de selección abiertos, somos testigos de cómo grupúsculos ciertamente oscuros generan procesos que, de tanto que animan, recogen la ilusión mayoritaria del movimiento social organizado y posteriormente los entregan para ser dinamitados de manera vertical, desde arriba.

Como se demostró en los lamentables hechos que acompañaron a la celebración en Madrid, en diciembre de 2007 del no-foro por una Paz Justa en Oriente Medio nuestras posiciones no sólo son cómodas y han dejado de serles útiles a los palestinos sino que han demostrado que nuestros esfuerzos como sociedad civil son permeables y frágiles ante las intervenciones gubernamentales, que, obviamente preocupadas por el consenso en la solidaridad y coordinación que comienza a mostrarse, deciden intervenir para sembrar la duda, desarticular y anular en la medida de sus posibilidades, que son muchas. Recordemos un ejemplo que allí se vivió para entender la lógica del doble discurso de muchas organizaciones: todo el mundo habla del no-foro. Recordemos, no obstante, que mientras los participantes hablaban y tomaban café, defraudados y enfadados por la suspensión y boicot del evento, dos organizaciones decidieron celebrar sus seminarios. Esas dos organizaciones no boicotearon el Foro. No todo el mundo boicoteó el foro. Hubo personas dispuestas a seguir adelante pese a lo que sucedía.

Más allá de la ingerencia gubernamental a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, la Embajada de Israel a través de la Casa Sefarad y oscuros elementos disfrazados de activistas, responsables de ciertas organizaciones y políticos de izquierda, que en aquellos nefastos días trabajaron para reventar el Foro, es lamentable que meses después aún debamos utilizar “oscuros elementos” para referirnos a los responsables ya que nadie ha asumido responsabilidades por lo que allí sucedió desde el punto de vista de la manipulación política y desde el punto de vista del despilfarro económico. Si mañana se retoma el trabajo -que afortunadamente nunca ha dejado de existir- de concertación con la sociedad civil Palestina que en Madrid trató de romperse ¿cómo sabemos quien debe quedarse fuera si no conocemos los nombres de los responsables de aquel lamentable fiasco?. ¿A quien se protege con el silencio?. ¿Qué garantía tenemos de que no vuelva a suceder?

Conocimiento del proceso político en Palestina. Conocimiento y confianza de las contrapartes. Tiempo de experiencia en el movimiento. Pertenencia a redes y organizaciones, posicionamiento interno en los sucesivos y eternos conflictos que surgen, políticos muchas veces, personales otras, siempre los más graves estos últimos. ¿Existen alianzas que permiten que se corra un tupido velo sobre los sucedido en Madrid en Diciembre de 2007 de modo que, pese al error en el mejor de los casos o la complicidad en el peor, quienes reventaron el Foro puedan continuar paralizando la evolución del trabajo con Palestina?. Michael Warsawsky, del AIC de Jerusalén escribió “no será un foro lo que acabe con nosotros, lo prometo” mientras explicó lo que allí había pasado, señalando directamente a alguno de los responsables.

Estos son los parámetros en los que nos movemos quienes tratamos de actuar y coordinarnos. Pero no es suficiente comprenderlos, hay que retarlos. Es necesario pasar a la acción con los instrumentos civiles que están a nuestro alcance y dar dos pasos más. Uno que suponga limpiar el pasado a partir de lo sucedido en Madrid y otro que permita la evolución del discurso que utilizamos.

La transformación

La cooperación con Palestina debe transformarse y debemos transformarnos nosotros con ella. Flaco favor le harán a la causa Palestina quienes sigan anclados en que su cooperación con Palestina es producto de militancias políticas o sindicales que limitan su permeabilidad a cambiar de posición. No es incompatible la doble militancia, pero todos conocemos los inconvenientes, divisiones y fracturas que esto ha provocado. Es necesario huir del mantenimiento de posiciones laborales enquistadas y eternizadas a costa de un conflicto o de ascensiones profesionales meteóricas debido a la implicación en la zona más convulsa del plantea y, lamentablemente debido a ello, atractiva desde el punto de vista de la comunicación y la cooperación entendida como plataforma amplificadora de movimientos políticos internos y carreras profesionales privadas.

Las organizaciones de la sociedad civil Palestina nos han demostrado que ellos si lo tienen claro y no sólo lo tienen claro sino que nos invitan a sumarnos a su iniciativa. A utilizar nuestro instrumento más poderoso, la resistencia civil en Europa como denuncia política e instrumento de presión contra quien desarrolla su lenta pero firme limpieza étnica. Nos han dicho que saben cómo luchar contra Israel y nos han indicado también el camino a seguir como organizaciones de solidaridad en nuestros países. Debemos concentrar nuestras fuerzas y presionar en una dirección clara y expresada por ellos mismos: el boicot al estado de apartheid de Israel tal y como en su día se boicoteó al estado de Apartheid sudafricano. Ahí está el paso a dar. Nominalmente identificado por muchos. Paralizado en la práctica por lo que nos afecta en tanto organizaciones y personas que vivimos de este trabajo con financiación pública. Financiación proveniente de gobiernos que bajo ningún concepto han llegado al momento en que comprendan un boicot que, por otra parte, tiene que ser ciudadano ante todo.

En 2005, con motivo del primer aniversario de la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia que declaraba que el Muro de segregación es ilegal, debe ser derribado y las personas afectadas deben ser indemnizadas, la sociedad civil Palestina efectuó un llamamiento al Boicot, desinversiones y sanciones contra el Estado de Israel en todas sus formas, culturales, económicas, políticas y deportivas. Desde entonces lo ha reiterado insistentemente en cada ocasión que ha estado a su alcance y en estos momentos, cuando nos enfrentamos a la celebración del 60 aniversario de la proclamación del Estado de Israel la ha actualizado.

La contradicción

Veo que faltan nuestras firmas, todas a la vez, las de las organizaciones españolas que trabajan en Palestina apoyando el boicot que la campaña palestina ha colgado de su web y lanza al mundo. Una de las contradicciones, quizás la más definitiva, entre los elementos de la cooperación tradicional que se utilizan desde España en la causa palestina y el llamamiento al boicot realizado por las organizaciones de la sociedad civil palestina surge cuando nos damos cuenta de que desde hace años, muchos de nosotros, hemos tratado de adaptarnos a la realidad impuesta por el ejército ocupante a la hora de desarrollar nuestro trabajo. No se trata de una acusación sino de una constatación: toda organización extranjera que trabaje en Palestina lo hace frente al riesgo continuo de la expulsión del territorio por parte del estado ocupante, cosa que por el momento no ha sucedido. No provocar al ocupante, mentir, si hace falta, en los objetivos del trabajo, y a partir de ahí, adoptar el perfil más bajo posible. Es mucho lo que las organizaciones se juegan. Pero mientras siguen y siguen trabajando con esos parámetros, la imagen que se transmite es: nuestro país colabora, la situación es igual al resto de países, hay problemas, es complejo, y ya están ellos haciendo lo que se puede hacer. Tras la autocensura en el trabajo, provocada por la ocupación, la de los cuartos. Toda organización que trabaje en Palestina se debe a quien la financia y debe aprobar los objetivos de cada una de sus actividades so pena de recorte de la financiación, que conllevaría posterior pérdida de empleo por parte de personas que sólo saben hacer esto, porque son esto.

Hasta donde sabemos, ninguna organización española ha sido expulsada de Palestina por Israel, pese a que les encantaría poder hacerlo. ¿Y por qué esto no ha sido así? Porque a nuestro gobierno aún le quedan elementos de negociación con las autoridades israelíes que mantienen la situación dentro de un proceso de intercambio en el que, entre otros muchos acuerdos y componendas, se mantiene la cooperación tradicional pero no se dan los pasos políticos que, propuestos por las contrapartes palestinas, desde la cooperación se sugieren y la justicia requiere. Los palestinos piden e indican, desde aquí se afirma y asiente para posteriormente explicar que eso no es posible. Si bien la tendencia puede estar muy próxima a cambiar.

Hemos llegado a un punto en el cual, el modelo de pagar por construir elementos que inmediatamente serán destruidos por el ejército ocupante ha alcanzado niveles de paroxismo tal que lógicamente, sin abandonar esta opción, se ha pasado a privilegiar los procesos de construcción social e incluso proyectos de la así llamada construcción de paz que se acercan peligrosamente a la línea roja que Israel marca como punto de retorno para organizaciones y personas a las que permite trabajar en los territorios que ilegalmente ocupa.

Llegados a este momento, las organizaciones que desean profundizar en su relación con la causa Palestina y avanzar en su consecución tiene que encontrar, pese a la incomodidad práctica, en lo económico y lo laboral, evidente que ello provoca, el modo de vincular su trabajo y posicionamiento a una doble dimensión: responder a las peticiones que surgen desde el terreno y presionar a nuestro gobierno en la misma dirección. Esa dirección es, definitivamente sumarse activamente y apoyar el Boicot, desinversiones y sanciones al Estado de Israel. Se trata de una campaña civil, mayoritariamente apoyada en Palestina y que nos dirige en nuestra acción de solidaridad como individuos, organizaciones y redes de solidaridad. Es inexcusable su apoyo.

Las consecuencias a corto plazo son evidentemente incómodas. De ahí mi inicial descripción de la situación actual como cómoda. Hasta ahora, todo nuestro trabajo ha estado dirigido por la discreción necesaria ante la intimidación del ocupante. Los relatos de interrogatorios, humillaciones y entradas denegadas al territorio palestino hacia algunas de las personas que allí trabajan o tratan de hacerlo son ya numerosos y conocidos. El aeropuerto de Ben Gurion y el Puente Allenby o el paso de Eretz en Gaza son pozos negros para el derecho por los que todos los cooperantes han pasado alguna vez. Y que, sin quererlo, limitan el nivel de compromiso, siempre cercano a la expulsión o la entrada denegada. Al fin del proyecto, del trabajo remunerado.

Las mentiras, retrasos e inconvenientes que quienes viajan allí deben abordar, siendo infinitamente menores a las que deben sufrir los palestinos, son absolutamente intolerables y es hora de exigir a nuestro gobierno que termine con la impunidad con la que las autoridades israelíes se comportan con quienes viajan desde España ya sea a trabajar, a mostrar su solidaridad con los palestinos o simplemente a informarse de la situación sobre el terreno.

La consabida carta de invitación y presentación emitida por el Consulado de España en Jerusalén es absolutamente inútil ante las autoridades israelíes y el mecanismo actual de coordinación entre las organizaciones y las autoridades diplomáticas españolas debe cambiar y terminar de una vez por todas con la situación existente. Los interrogatorios y registros, las mentiras y camuflaje como visitantes de la escena nocturna de Tel Aviv o como turistas religiosos deben terminar de una vez por todas. Nuestro gobierno debe sentarse definitivamente en la mesa y solucionar de una vez por todas un comportamiento inaceptable que dificulta y condiciona tremendamente la sinceridad en la solidaridad con Palestina.

Mucho me temo que la amenaza constante de suspender el trabajo de organizaciones y personas, impidiendo su entrada al país debido a sus posicionamiento respecto a la causa Palestina sea uno de los causantes de que la respuesta al llamamiento al Boicot emitido por las organizaciones palestinas sea tan escasa.

Es intolerable que la Embajada de España en Tel Aviv y el Ministerio de Asuntos Exteriores no haga nada respecto a la libertad de expresión y posicionamiento de los ciudadanos españoles ante las autoridades israelíes. Como propuesta de negociación para revertir esta realidad es hora de proponer que se apliquen por parte de nuestro gobierno las mismas medidas de presión sobre los ciudadanos israelíes que traten de visitar nuestro país. Es intolerable que se permita la presencia en aeropuertos españoles de agentes de seguridad israelíes que incluso impiden el embarque en suelo español de personas bajo la simple acusación de ser “demasiado amigos” de los palestinos mientras se permite la entrada en España de personas que son, en su calidad de miembros del ejército israelí en activo o la reserva eterna, o de la administración pública de ese país, son responsables de la comisión de crímenes por la humanidad en sentido amplio y de violaciones sistemáticas del derecho internacional, en sentido estricto. Ahí está la clave. Igualdad de trato para contribuir a restablecer la justicia. Aplicación de medidas equivalentes para comenzar a hablar. Todo encima de la mesa, sin negociaciones caso a caso debido a amiguismos políticos o contactos en las altas esferas ministeriales como sucede en la actualidad a través de espectáculos mediáticos que teóricamente posicionan en la solidaridad con Palestina y posteriormente revierten en el uso de esa credibilidad para fines privados. Libertad de acceso sin amenazas y sin establecer diferencias. Medidas de presión exigidas a nuestro gobierno para facilitar el acceso a la solidaridad en igualdad de condiciones.

Esta es sólo una de las medidas, posiblemente la más primaria, que permitiría comenzar a solucionar el dislate existente entre voluntad política expresada de avanzar en el compromiso con la causa Palestina y las realidades al alcance de las organizaciones e individuos que trabajan en este ámbito. Conseguida la plena libertad de movimientos en condiciones normales a través de la presión por parte de nuestro gobierno ante las autoridades israelíes, será mucho más fácil para el conjunto de las organizaciones e individuos de la solidaridad española con Palestina liberarse de los miedos y condicionamientos que frenan la convergencia entre deseo y realidad, entre peticiones de acción de los palestinos y realidades de actuación en nuestro país. La libertad de expresión ayudará a caminar en dirección a apoyar medidas en torno a la aplicación de un boicot efectivo al Estado de Israel y la cooperación con Palestina no sólo será definitivamente política sino que será políticamente correcta, sin los desvíos actuales, provocados por la comodidad y el miedo que generan el mantenimiento de determinados volúmenes de negocio y posiciones laborales bien pagadas.

¿Es este el motivo que impide la evolución política definitiva hacia posturas encaminadas al Boicot al Estado de Israel por parte de las organizaciones de nuestro país?. Prefiero terminar con una pregunta y equivocarme, pero en todo caso, se trata de un debate necesario.

sábado, 24 de octubre de 2009

LOS DERECHOS HUMANOS, UN OBJETIVO REVOLUCIONARIO


Julio Anguita
Mundo Obrero nº 127
Octubre 2009

La dirección del Mundo Obrero me ha pedido que explique los contenidos de la conferencia que el pasado día 17 de septiembre pronuncié en León como clausura de las jornadas universitarias dedicadas a los Derechos Humanos (DDHH). Los patrocinadores fueron la Universidad y el Ayuntamiento de San Andrés de Rabanedo. El camarada Enrique Díez, profesor de la Universidad fue el coordinador de las mismas y en ellas intervinieron también Carlos Taibo, Manuel Monereo, Susana López, Maile Mola, Javier Navascúes, Paula Garvín, y Pedro Montes, entre otros.

He aceptado la propuesta porque a través de este artículo podré originar en los lectores una doble reflexión sobre la importancia revolucionaria que tiene la lucha a favor de los Derechos Humanos y también acerca de los medios de comunicación y la ligereza, frivolidad, cuando no tendenciosidad de sus textos presuntamente informativos.

Tampoco quiero obviar los comentarios que desde supuestos y "sólidos" principios comunistas se han hecho a mi intervención sin otra base que lo aparecido en la prensa. Parece ser que la tan denostada "prensa burguesa" es de fiar cuando se presenta la oportunidad de lanzar un panfleto, hacer una condena o simplemente recitar una serie de mantras que nos entonan el ego. Lo ocurrideo es una prueba más de que es urgente un debate sereno entre quienes nos llamamos comunistas; estemos dentro o fuera del PCE. A las pruebas me remito.

Hace un par de años recordaba públicamente Xavier Arzalluz que cuando fue a Madrid al entierro de Dolores como representante del PNV, se sorprendió cuando a la pregunta de ¿cuál es, como comunistas vuestro proyecto inmediato? le respondí: luchar consecuentemente para que los Derechos Humanos sean una plena realidad planetaria. Hace ya veinte años, pues, que existe constancia de mi permanente preocupación acerca del valor revolucionario de los Derechos Humanos. Infinidad de artículos, discursos, propuestas y conferencias sobre el tema han ido jalonando desde entonces mi actividad política como militante comunista.

¿A qué me refiero cuando hablo de DDHH? Tal y como dije en León, a lo siguiente:

  1. A la solemne Declaración aprobada el 10 de diciembre de 1948 (recorriendo su lectura a la luz de lo que está ocurriendo en el mundo con la crisis).
  2. A los tres Pactos que firmados en 1966 desarrollaban y ampliaban la Declaración a la vez que obligaba a los Estados signatarios a su estricto cumplimiento. Dichos Pactos entraron en vigor en España el 27 de julio de 1977.
  3. A todas las luchas anteriores de los hombres y mujeres que englobados en el movimiento obrero, la intelectualidad comprometida y en general a los herederos de la ilustración hicieron posible que estos derechos fuesen recogidos en un documento que cuenta con el apoyo y compromiso (al menos sobre el papel) unánimes de prácticamente todos los países del planeta.
  4. Al conjunto de documentos, declaraciones, organismos, instituciones que venciendo a trancas y barrancas las dificultades inherentes a una ONU poco democrática y las acciones del imperialismo capitalista consiguen avances, logros y mantener al menos la esperanza. No son menores los impedimentos que proceden de la inhibición casi generalizada. Unos por considerar que el mercado capitalista es el mayor valor al que se debe supeditar todo; otros por pretender que basta un barniz de derechos políticos para dar por aplicados los DD.HH y los demás porque mantienen que la tal Declaración no es sino "un documento burgués" carente de solidez revolucionaria.
  5. A todas las personas, organizaciones, entidades, instituciones, colectivos y luchadores que han hecho del cumplimiento de los DDHH el objetivo y la meta de su vida.

En 1994 declaré públicamente que yo "apostaba totalmente por IU desde mi militancia comunista". Hoy declaro solemnemente que el objetivo de los DDHH a escala planetaria es una tarea a la que me siento convocado en nombre de mi apuesta y mi convicción de comunista marxista. ¿Por qué me considero comunista?. Intentaré expresarlo siquiera esquemáticamente.

Para empezar y como actitud vital e intelectual no asumo, no acepto el llamado sistema capitalista: economía, sociedad, valores, instituciones, hábitos y comportamientos.

Pero mi negación me conduce a una consecuencia para mí ineluctible. Mi rechazo se transforma en una decisión de combatir en todos los frentes al sistema que deseo sustituir por otro que por convención hemos llamado Socialismo, Comunismo o Anarquía.

Y a tal fin me siento en estrecha relación de trabajo político con otros seres humanos que sienten lo mismo y persiguen el mismo fin confesado. Es obvio que la organización para incidir en la sociedad y cambiar el sistema es imprescindible. Estoy hablando de una actividad colectiva y organizada en la que el militante sustituya totalmente al simple afiliado.

La acción política de esa organización comunista se traduce en lo que ha venido en llamarse praxis o práctica revolucionaria en la que teoría y acción van indisolublemente unidas sin preponderancia de una sobre la otra.

El fin perseguido, la sociedad que se busca, debe hacerse clara para los demás debe ser entendida, comprendida y sobre todo asumida como una necesidad personal y colectiva. Y eso sólo es posible si el ideal a construir es capaz de ser encontrado en los más inmediato, en el entorno, en los problemas de cada día. Y es aquí donde el maestro Marx, el maestro Engels, el maestro Lenin, el maestro Trotsky y la maestra Rosa Luxemburgo, deben decer un espacio al maestro Sócrates (que se lo digan a Bertolt Brecht). ¿Por qué? Porque la función de un colectivo revolucionario es básicamente hacer surgir de la mente de los explotados aquello que ellos saben aunque muchas veces no saben que lo saben. Una labor de parteros de la concienciación.

¿Hay algo más inmediato que los contenidos de la solemne Declaración de DDHH de 10 de diciembre de 1948?. Al llegar aquí os propongo lectores y lectoras su lectura y tras ella seguir leyendo. Deduciréis claramente que el capitalismo es incapaz de cumplir sus contenidos y en consecuencia la tarea más inmediata es como diría Lenin tirar del eslabón más débil de la cadena. El capitalismo es la negación de los DDHH.

Y de esta consecuencia se infieren otras a la luz de la práctica liberadora. Las clases sociales no son un invento de nadie sino una consecuencia del sistema imperante. Pero además es visible día tras día que entre ellas existe una lucha feroz de intereses. Lo que ocurre es que muchas veces los dominados no son conscientes de ello bien por el fallo de las organizaciones de masas, bien por la hegemonía cultural del capitalismo o bien por aquellos discursos que no hacen otra cosa que presentar la sociedad del futuro pero sin comprometerse en las luchas diarias en esta. El conflicto entre el capital y el trabajo no es evidente por sí mismo en la mayoría de los casos hay que sacarlo, deducirlo, explicitarlo, hacerlo presente ante la conciencia cuando algo tan universalmente asumido como el derecho al trabajo no se cumple porque el sistema ha colocado por encima de él al mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido.

¿Hay acaso, hoy en día, un programa más claro, menos negado y con más apoyo universal que los DDHH? ¿No sería éste el programa adecuado para un internacionalismo de nuevo cuño? ¿No es más sugerente para los parados, perseguidos, marginados, explotados y cuestionadotes del capitalismo en general una propuesta tan cercana como los DDHH que la proclama de un orden radicalmente nuevo y distante hoy por hoy para la mayoría? ¿Qué impide a los comunistas volcarse en organizar, alentar, apoyar, difundir y aplicar los DDHH? ¿Sería esta apuesta una negación de la trayectoria de nuestro Partido? ¿No sería ésta una plataforma capaz de generar una amplísima mayoría combatiente?.

Soy consciente de que los textos escritos por avanzados y justos que parezcan son papel mojado para los poderes que de facto los niegan. En consecuencia de lo que se trata es de conseguir una fuerza que imponga y cumpla los DDHH como programa de la mayoría democrática. Ello no impide que al socaire de esa lucha y como complemento de la misma se planteen otros objetivos necesarios; propongo dos: la inclusión de los Derechos Medioambientales en la Declaración y la refundación de la actual ONU en un sentido más democrático.

Resumiendo; la conquista de los DDHH para toda la Humanidad no es sólo el desencadenante de procesos que inciden en las contradicciones del capitalista es también y a la vez, la lucha por una nueva situación de mayor justicia, bienestar, valores ciudadanos basados en derechos y deberes y una Ética de lo colectivo que diría Fernández Buey. Sin pasar por esta etapa no habrá ni socialismo ni comunismo.

martes, 6 de octubre de 2009

PEDRO CASALDÁLIGA, TEÓLOGO DE LA LIBERACIÓN: "PUEDEN QUITÁRNOSLO TODO MENOS LA FIEL ESPERANZA"

Pedro Ramiro, María Gonzáles Reyes y Luís Gonzáles Reyes
Lunes, 5 de octubre de 2009
Revista Pueblos nº 39-Septiembre de 2009-Entrevista

A sus 81 años, el obispo emérito de la diócesis de São Felix do Araguaia es uno de los más destacados representantes de la Teología de la Liberación y se ha convertido en un referente para la izquierda latinoamericana. Desde que hace cuatro décadas llegó a Brasil para quedarse, su trabajo en defensa de los derechos de los pueblos indígenas y de los grupos sociales más oprimidos, así como su apoyo a los movimientos brasileños de campesinos sin tierra y a la revolución sandinista en Nicaragua en los años ochenta, hacen que Pedro Casaldáliga sea parte fundamental de la memoria viva de la lucha por la dignidad y por la liberación de los pueblos en América Latina.

A mediados del pasado mes de agosto, Pedro Casaldáliga recibía a un grupo de activistas sociales del Estado español en su humilde casa de São Felix, en el estado brasileño de Mato Grosso, para reflexionar que "la mundialización nos ha dado la oportunidad de reconocer que somos una sola humanidad. Somos todos iguales, debemos serlo, en dignidad y en oportunidades". Así se daba inicio a una conversación en la que se trató desde la situación política de Brasil hasta las perspectivas actuales de la Teología de la Liberación, pasando por el modelo de consumo o los retos de la izquierda latinoamericana.

Desde la perspectiva que da el llevar ejerciendo muchos años el compromiso con las personas más desfavorecidas del planeta, ¿qué significado tiene para ti hoy la solidaridad?

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La pregunta que se hace desde el Primer Mundo es ¿qué podemos hacer nosotros? Pues renunciar, por fin, que ya es mucho pedir, al privilegio de ser Primer Mundo. Renunciar a esta condición excepcional de una mínima parte de la Humanidad, si la comparamos con la inmensa mayoría de todo el Tercer Mundo. Estamos intentando subrayar siempre que la solidaridad ha dejado de ser aquella solidaridad paternalista, de enviar la ropa, los medicamentos, ciertos recursos... Ha de ser una solidaridad que va y que viene, mucho más concreta y mucho más exigente: damos y recibimos, para que también la propia solidaridad, además de alimentar personas y curar enfermedades, facilite y estimule la vivencia de la propia cultura. Porque nosotros ayudamos a personas que tienen una cultura, que no son simplemente un estómago y unas venas, sino que son pueblos. Por eso, hemos de procurar que la solidaridad sea constante, consciente, autocrítica, local y global: de ida y de vuelta.

Cuando te viste con Fidel Castro hace veinte años, él afirmó que "la Teología de la Liberación ayuda a la transformación de América Latina mucho más que millones de libros sobre el marxismo". ¿En que se basa actualmente la Teología de la Liberación?

A día de hoy, hay diferentes teologías de la liberación. Lo que se ha hecho es incorporar más explícitamente temas, sectores de la sociedad, de la vida, que antes no eran tan considerados. Han ido surgiendo las cuestiones asociadas a los indígenas, las mujeres, la ecología, los niños de la calle... Ahora, se trata de una teología enriquecida por las reivindicaciones de esos grupos emergentes y, por eso, la Teología de la Liberación ya es muy plural en sus objetivos, siempre dentro de la reivindicación de la liberación. Cuando pedimos liberación para el pueblo negro, pedimos que pueda sentirse con orgullo negro, y que no le sea privada la cátedra, la función publica, el gobierno, que no haya la segregación que todavía hay. Yes que cuando yo vine a América Latina, hace 41 años, los negros, en su inmensa mayoría, no se reconocían como tales. Incluso, se estiraban el pelo para que no pareciera cabello de negro. Ahora están recuperando su orgullo, su identidad. Algo parecido ha ocurrido con la población indígena. Cuando llegué a Brasil se decía que había 150.000 indios, mientras hoy hay un millón. En esta región, por ejemplo, los indígenas tapirapé reconquistaron su territorio, los karajá han reconquistado asimismo una parte de sus territorios, los xavante también... y todo eso tiene espíritu de Teología de la Liberación.

Una de las críticas que se le hace a la Teología de la Liberación por parte de los conservadores es que se trata de una teología muy materialista, que se preocupa mucho de intereses materiales, de necesidades físicas y olvida el espíritu, la oración. Ante eso, yo reivindicaría tres o cuatro trazos que serían indispensables en la Iglesia de Cristo: el primero, la opción por los pobres; el segundo, conjugar fe y vida; el tercero, la Biblia en manos del pueblo; cuarto, la solidaridad auténticamente fraterna.

¿Qué ha permitido que cuajase en América Latina?

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Ana Pérez

En América Latina, la Teología de la Liberación se desarrolló en un momento muy oportuno: acababa de acontecer el Concilio Vaticano II, en el año 1968
cuando yo llegué aquí- corrían vientos de cambio, tenían lugar las dictaduras militares, con lo que el contexto fue propicio para plantar pie y echarse a la liberación. Además, en América Latina hay una cierta unidad de continente. Es el único continente que puede llamarse la patria grande: Nuestra América, como decían los libertadores. Eso facilitó que surgiese una teología característicamente latinoamericana.

Recuerdo siempre cómo las persecuciones, los exilios, las torturas, los mártires, conjugaron mejor toda la realidad latinoamericana. Aquí en Brasil a veces se sentía que estábamos un poco distantes de la América Latina hispanoparlante: un país demasiado grande, con otro idioma... Pero después de todas esas dictaduras militares, donde se mezclaron los cantos y se mezcló la sangre, América Latina es más ella, y es ella y el Caribe. Eso sí, yo prefiero la expresión Nuestra América, porque los libertadores usaban más esa denominación: Bolívar, Martí, Sandino, Fidel...

En la Agenda Latinoamericana que elaboráis cada año, que sirve de base de trabajo a muchos activistas del continente, en 2009 habéis puesto como título "Hacia un socialismo nuevo". ¿Qué quiere decir esto del socialismo nuevo?

¿Quién lo sabe? (risas) Se podría decir también izquierda, o socialismo, pero en cualquier caso hay unas cuantas exigencias indispensables: primero, no se puede tener como objetivo el lucro; segundo, ha de haber una cierta igualdad, unos niveles bastantes igualitarios, por ejemplo, en los salarios de un ministro y de un campesino; se ha de reivindicar un intercambio de países de igual a igual y, finalmente, no se puede aceptar que el capital se haga el dueño del trabajo, de la economía y de la propia democracia.

Como estamos viendo con el caso de Honduras, ¿pueden volver los tiempos de los golpes de Estado a América Latina?

Quién sabe. Al menos, en Nicaragua y El Salvador, ya no podrá haber nunca lo que hubo: habrá injusticias, habrá situaciones complicadas, pero una revolución bastante popular no se pierde por completo.

Eso sí, el hecho de que un país pueda ser masacrado constantemente y no haya nadie que pueda intervenir en eso, da prueba de que la Humanidad está mal. El socialismo no puede aceptar la idea del colonialismo, del imperialismo. En este sentido, debemos gratitud a Cuba, porque, con todos sus pecados y sus excesos, el hecho de contestar tercamente al imperio es un gran servicio para América Latina y para el mundo. En ese sentido, una política mundializada podría suponer una oportunidad global.

Has venido haciendo también mucho hincapié en el problema del consumismo.

Hasta ahora el consumismo ha sido visto como un exceso de vanidades, que si hay que tener cuarenta pares de zapatos, dos televisiones, etc. Pero esto es mucho más serio: se consumen derechos, se consumen necesidades. Si hay un 20 por ciento de personas y familias que están en la situación de estar bien, que viven en la civilización del bienestar, hay un 80 por ciento que no tiene lo fundamental. El consumismo es capitalista, y todo lo malo que tiene el capitalismo lo tiene el consumismo. Si comparas lo que pasa cuando hay un terremoto en Japón y cuando sucede en Honduras, ves que en un sitio mueren tres personas y en el otro, dos mil. Los países del Primer Mundo se permiten ir haciendo, y detrás de nosotros, dicen, el diluvio. Porque lo primero que se mira no es el mundo, es la propia casa.

Para la agenda del año que viene, proponéis como lema "Salvémonos con el planeta".

Dentro de esta visión de globalidad, descubrí por fin que el planeta es nuestra única casa. Yno hay modo de salvarnos nosotros si no salvamos el planeta. Mejor aún: es bueno recordar que podemos acabar los hombres completamente y el planeta seguirá. Hasta por egoísmo, diríamos, ahora nosotros sólo nos salvamos si es con el planeta.

Se ha creado una conciencia que antes no existía: la Amazonia ha sido prácticamente descubierta, por decirlo así, en los últimos tiempos. Para la Iglesia, no existía la Amazonia. Hubo actitudes de algunos "avanzados", más bien con ideas bucólicas que políticas, que eran definidos como unos quijotes simpáticos pero no pasaban de ahí. Últimamente, con la globalización, diversos técnicos y científicos recuerdan que la cosa va en serio. Y se ha llegado a una postura más política.

Frente a todo ello, ¿qué se puede hacer?

Ha de ser un gran proceso de conversión, un cambio de mentalidad. Mientras que creamos que podemos tener todo lo que queramos, no hay solución. Precisamente porque la situación es global, ha de llegar a todas las bases la propuesta de dar una conciencia crítica sobre la situación real. Cada familia tiene el derecho y el deber de poner un cierto tope: si por un lado el padre está en una ONG de solidaridad y por otro lado el hijo está consumiendo a mansalva, con esa conducta estamos desmoralizando lo que estamos construyendo.

Es bueno que salgan tantas noticias en boletines alternativos, para que nos demos cuenta de lo que está pasando. Como dicen muchos especialistas, no va a haber problemas: ya los hay y llegamos tarde, había que resolver las cosas anteayer. Otros, más esperanzados, dicen que todavía hay tiempo, que aún se pueden resolver los problemas. Sólo que para eso se necesitan políticas oficiales. Es un gesto que una familia tenga un coche en vez de tener tres, pero no resuelve el problema del petróleo.

¿Dónde queda entonces la política?

Solo se puede resolver el problema si hay, de forma simultánea, políticas oficiales y políticas domésticas, grupales, de partidos, asociaciones, ONG. Como se está diciendo mucho ahora, hay que trabajar localmente y globalmente. Hay que dar más valor a la política. Hay que meterse en política, hay que asumir la vocación política. Si no, nos quedamos en cantar canciones de protesta. La política ha sido desmoralizada, ha ido quedando en manos de gente sin conciencia social ni responsabilidad. Tanto los partidos como los sindicatos han supuesto muchas decepciones, pero continúan siendo válidos, aunque ya no son tan hegemónicos porque también hay muchos movimientos sociales y ONG que son muy valiosos.

Las mejores ONG son las muy politizadas: cuidan de ayudar estimulando, ayudar propiciando la acción y la formación. Se debería pedir que las ONG hicieran un examen de conciencia política. Porque están ayudando, sí, pero ¿y estructuralmente? La Iglesia católica siempre ha hecho caridad, pero si no nos metemos con las estructuras, continuaremos con unas que son nefastas.

A un año de las elecciones generales en Brasil, ¿cuál es tu valoración del del Gobierno de Lula?

Lula, aunque quisiera, no podría hacer un Brasil socialista. Ahora bien, él podría propiciar muchos gestos que fueran hacia el socialismo: rebajar los salarios de los más ricos y subir el de los más desfavorecidos; facilitar oportunidades a los grupos humanos que no las tenían; poner el trabajo por encima del capital; no entregarse en cuerpo y alma al agronegocio, sino a la agricultura familiar. ¿Se puede exportar? Claro que sí, pero no dando prioridad a lo que no es prioritario. Su lema del mandato ha sido: que todos los brasileños coman una vez por día. Eso es un paso de proto- socialimo, qué menos que eso, ¿no? Pero, así con todo, hay millones que no comen cada día. Y qué jefe de Estado ha tenido la popularidad del 80 por ciento que ahora tiene Lula.

¿Cómo valoras el papel de los movimientos antiglobalización, los encuentros del Foro Social Mundial y las organizaciones que defienden que "otro mundo es posible"?

Esa conciencia mundializada nos ayuda a comprender que debemos transformar el mundo. No vale con cuidar solo la propia casa y el propio país. La utopía se hace así más posible, porque ya es una utopía con visión política, de solidaridad, con actitudes concretas. Años atrás, ¿quién podría pedir un gobierno mundial? Hoy, hablar de ello ya no es tan utópico. La utopía es hija de la esperanza. Yla esperanza es el ADN de la raza humana. Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza, como digo en un poema. Ahora bien, ha de ser una esperanza creíble, activa, justificable y que actúa. Por eso la Teología de la Liberación ha insistido tanto en la praxis: si decimos que Dios es amor hay que practicarlo; si es vida, hay que potenciar la vida. La religión no es praxis, nos decían, es fe. Pero la fe sin praxis es una quimera, y también un sarcasmo. Teóricamente, la cosa está clara; ahora, en la práctica, vamos a ver…


Pedro Ramiro es investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad; María González Reyes y Luis González Reyes son miembros de Ecologistas en Acción.

domingo, 4 de octubre de 2009

LA CIUDADANÍA UNIVERSAL


Julio Anguita
Publico.es
4 de octubre de 2009

El 10 de diciembre de 1948, en el palacio Chaillot de París, tuvo lugar la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DDHH). Es un documento poco leído, escasamente difundido y desde luego apenas meditado y reflexionado. Entre las recomendaciones que acompañaron a su aprobación figuraba con especial énfasis el que se leyera en todas las escuelas y centros de enseñanza del mundo entero. ¿Se hace en España?

Los contenidos de la Carta adquirieron condición de obligado cumplimiento para los países signatarios de los tres Pactos que en 1966 la desarrollaban y ampliaban. En la actualidad son prácticamente todos los estados que se han obligado a desarrollarlos e incluso incorporarlos a sus textos constitucionales. Entraron en vigor en el reino de España el 27 de julio de 1977.

Los DDHH son víctimas del fuego cruzado de dos lecturas que se hacen de los mismos: la que se limita a declamar, más que aplicar y exigir, los contenidos políticos y de libertades, y la que considera con notoria ofuscación que dicha Declaración es una iniciativa burguesa y, por ende, rechazable desde la izquierda auténtica. Unos la mutilan a la hora de comentarla y los otros no han reparado todavía en su capacidad potencial para producir procesos de cambio social.

Sé perfectamente que un documento, texto o programa son papeles mojados si se carece de una fuerza democrática y movilizada permanentemente que lo haga cumplir y lo cumpla. Y de eso se trata. ¿Cuáles son las características de la Declaración y los contenidos del Preámbulo junto con los 30 artículos que la componen? Voy a reparar solamente en aquellos que en esta hora de crisis de sobreproducción del capitalismo hacen referencia a los problemas que están sufriendo de manera lacerante los trabajadores y asalariados en general.

Desde el derecho al trabajo de toda persona hasta el de las vacaciones periódicas pagadas, pasando por el de una remuneración equitativa, el de igual salario por trabajo igual, “el de protección social y el de la protección contra el desempleo”, la Declaración es hoy, en este momento, la confirmación de su oportunidad, actualidad y necesidad. Y además, ¿hay alguien que se oponga abiertamente a estos derechos?

El que esta Declaración tenga un respaldo prácticamente planetario la convierte en un texto que consagra la ciudadanía universal. Por eso cuando en el artículo 28 se dice que toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos, se está sentando el fundamento de la jurisdicción universal; algo que al desorden jurídico, nacional y mundial, le pone de los nervios. El consenso universal en torno a los DDHH –aunque sea puramente retórico– les dota de una legitimidad que genera autoridad moral.

Decía Adolfo Sánchez Vázquez que un hecho revolucionario no es necesariamente un acontecimiento que aparente y súbitamente cambie el poder político, sino más bien toda aquella acción, propuesta o alianza programática que tiene la virtud de desencadenar procesos de cuarteamiento y descomposición del sistema vigente en cada momento, y de manera simultánea ir creando la nueva sociedad con sus nuevos valores. La revolución es también y fundamentalmente el cambio personal y social hacia el hombre nuevo; es el proceso que el profesor Alsó ha denominado como sociedad paralela. ¿Creen los lectores que el sistema capitalista –y en esta precisa coyuntura además– puede asumir un orden económico y social en el que el paro esté erradicado y la ciudadanía mundial tenga asegurados los contenidos de la Declaración de DDHH? La respuesta es rotunda: el capitalismo, en sus variadas y múltiples encarnaciones, es totalmente incompatible con los DDHH, los sociales y también los políticos.

Si el objetivo universal es la consecución de los contenidos de la Declaración, se infiere algo que trastoca la filosofía al uso: la economía –y en concreto aquella que se sustenta en el mercado capitalista, la competitividad y el crecimiento sostenido– deja de ser una ciencia pretendidamente finalista en sí misma y pasa a ser una ciencia instrumental al servicio de un orden planetario socialmente justo, ecológicamente concebido y políticamente democrático en el sentido más radical del término.

Los que nos declaramos comunistas marxistas debemos tener presente que nuestra utopía es una cosmovisión, una pulsión que nos impulsa a buscar con otros y otras un mundo sin explotación, sin alienación y de plena centralidad humana. ¿No serían los DDHH esa plataforma en la que podemos encontrarnos? ¿No sería también materia de alianza la incorporación a la solemne Declaración de los Derechos Medioambientales? ¿No sería oportuno también en esa conjunción internacional hacer que la ONU se sitúe en su concepción, organización y funcionamiento a la altura de la Carta que originó? ¿No sería esta la materia de un nuevo internacionalismo?

Lo que no se puede hacer desde la izquierda es quedarse en la orilla como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca, que diría Vicente Aleixandre. Por supuesto que tampoco es admisible disfrazar la indigencia ideológica o la pérdida de identidad acogiéndose bajo el manto sagrado de la modernidad con pedigrí a lo Wall Street.

Tener fuertes convicciones no sirve si estas no se explicitan mediante el ejemplo en la cotidianeidad y el ejercicio político de inducir –desde lo particular, concreto y asequible a todos y todas– la creación de fuerza solidaria, organizada y mayoritaria capaz de dirigir la marcha hacia un mundo nuevo. También necesitamos la mayéutica a lo Sócrates.


EL PAPEL DE EUROPA EN ORIENTE PRÓXIMO: UN MÍNIMO CORAJE PARA UNA EFECTIVA PARTICIPACIÓN POLÍTICA


Nassar Ibrahim
Lunes 21 de septiembre de 2009
Revista Pueblos nº 39. Especial Oriente Próximo-Geopolítica

Oriente Próximo es una región sensible desde el punto de vista político, social y cultural. Aquí tienen lugar choques y enfrentamientos, y las estrategias y las políticas interactúan. En su posición con respecto a las actuales crisis de Oriente Próximo (conflicto israelí–palestino, Irak, Irán, Afganistán, Líbano, Sudán, Somalia, etc.), la fuerza de los poderes mundiales y de sus alianzas locales se pone a prueba, junto a la revisión de sus éxitos y fracasos. A la luz de estas dinámicas, el papel de la Unión Europea (UE) es hoy aún más problemático. Apesar de la fortaleza económica, política, social y cultural de Europa, su contribución (ya sea como una unión o como Estados individuales) aún juega un papel secundario. La UE no ha logrado liderar una posición soberana, a pesar de que reúne las condiciones necesarias, tanto en el plano objetivo como subjetivo, para hacerlo.

La continua marginalización de Europa ha dado lugar a un sentimiento acumulado de desesperación y falta de confianza entre los pueblos de Oriente Próximo en lo que respecta a la capacidad real de la UE para desafiar la dominación estadounidense. Esto, a pesar de las diferentes llamadas en la región para llegar a una más eficaz, equilibrada e independiente posición europea en el plano político y social. Y a pesar, también, de que muchas voces en la región exigen que esa posición sea una condición previa para adoptar medidas prácticas que puedan conducirla hacia la estabilidad y la paz.


Cactusbones

Tras la caída de la Unión Soviética, los Estados Unidos tuvieron una oportunidad de oro para adornar su imagen y liberarse de la reclusión de la ecuación bipolar de la Guerra Fría. Lamentablemente, la ideología dominante del “Imperio Americano”, que domina el comportamiento político, ha obstaculizado esta oportunidad. Con los ataques del 11 de septiembre, las elites políticas e intelectuales, y los medios de comunicación de la Casa Blanca, exhibieron una posición pobre e ingenua para hacer frente a los infames eventos. Su política terminó impulsando al mundo a una terrible polarización, sobre la base de simples ecuaciones: la creación de un “eje del mal”, la división del mundo entre los “chicos buenos” y los “chicos malos”, y otras hipótesis, como que “los que no están con nosotros están contra nosotros”, el choque de civilizaciones, religiones, culturas, y la retórica del “fin de la historia”.

Con este proceso acelerado, el enfoque neoconservador que domina las decisiones políticas en la Casa Blanca jugó un papel dramático en la adopción por parte de la Administración Bush de una ofensiva política beligerante en diferentes niveles. Caracterizado por ataques sin restricciones y el uso de la fuerza directa mediante “excedentes políticos, militares y económicos”, sin la debida consideración a las posibles consecuencias, el Gobierno de Bush pasó a moldear el mundo según el dictamen de EE UU y la manipulación de los sentimientos del público estadounidense tras los ataques. Esto tendría una continuidad en las intrusiones en Afganistán e Irak y el apoyo ilimitado a las transgresiones de Israel contra los palestinos, dado que Israel está supuestamente jugando su papel en la “lucha contra el terrorismo”.

Impacto en las relaciones con la UE

Este enfoque ha tenido un impacto teórico y práctico en las relaciones de la región con la UE. No ha quedado espacio para la maniobra europea, al verse reducido al mínimo el papel de Europa en la zona, de modo que no entorpezca el mando americano. La UE se limita hoy a ejecutar económica, política y militarmente lo que se decide en Washington. Los países europeos se encuentran bajo el puño de la política exterior estadounidense, hasta el punto de ser movilizados
- política, militar y económicamente- para apoyar el belicismo de EE UU en Oriente Próximo. El discurso político y cultural europeo se ha transformado en virtud de la influencia estadounidense, sucumbiendo a la supremacía de la política exterior de EE UU y volviéndose un mero reflejo de la misma.

La condición y el papel de la UE en Oriente Próximo en la época de Bush y Blair se nos revela en una serie de posiciones y políticas que han distorsionado la imagen de los países europeos, y reducido la confianza depositada previamente en ellos, en el Sur y el Este de la cuenca Mediterránea. La posición europea podría caracterizarse como la resignación sumisa y una pobre formulación de políticas con respecto a la absurda omnipotencia de la Administración Bush. En este contexto, es interesante que recordemos algunas de estas posiciones europeas:

- La justificación de políticas y la polarización política amparadas en la “lucha contra el terrorismo”, y la adopción del discurso islamófobo estadounidense.

- La embarazosa posición de la UE con respecto a las incursiones israelíes en Cisjordania en 2002, la matanza de Jenin y el asedio al presidente Arafat en Ramallah en abril de 2003.

- La conformidad con el discurso estadounidense sobre la resistencia palestina contra Israel, etiquetada como “terrorismo”, en contraste con la presentación de las invasiones y las incursiones israelíes contra el pueblo palestino como de “autodefensa”.

- La justificación de las posiciones de EE UU en el Cuarteto, responsabilizando a los palestinos del fracaso del proceso de paz, al tiempo que se apoyan las políticas israelíes (expansión de los asentamientos, judaización de Jerusalén, etc.), presionando a favor de los Acuerdos de Oslo y la Hoja de Ruta, con sus posteriores fracasos.

- La aprobación de la política de asedio impulsada por EE UU e Israel contra los palestinos y su Gobierno elegido democráticamente tras la victoria electoral de Hamas en las elecciones al Consejo Legislativo Palestino de 2006.

- El apoyo a la guerra y la agresión emprendida por Israel contra el Líbano en julio de 2006 junto la sumisión ante la decisión estadounidense de rechazar el alto el fuego israelí con la intención de atacar a la resistencia libanesa. La presión europea para el alto el fuego sólo se produjo tras 33 días de destrucción total de pueblos e infraestructuras libanesas.

- La posición silenciosa y apática ante el continuo asedio israelí a la Franja de Gaza desde junio de 2006.

- La impasible y embarazosa posición ante la destructiva agresión por parte de Israel a la Franja de Gaza, que duró 23 días, a finales de diciembre de 2008, causando la muerte de más de 1.400 palestinos, 5.000 heridos, y la destrucción de viviendas e infraestructura.

- La posición de sumisión con respecto a la designación de Lieberman como ministro de Relaciones Exteriores de Israel en la derecha conservadora del Gobierno de Netanyahu, y su tratamiento como un “mero asunto interno de Israel”, sin tener en cuenta sus efectos sobre el proceso de paz y el futuro de la región.

A la luz de esta lectura, se podría afirmar que estas políticas han debilitado el papel de la UE y han puesto de manifiesto la gran brecha existente entre el desarrollo económico, político, humano y los recursos culturales de Europa, y su dependiente papel político con respecto a EE UU. Esta realidad ha deformado la imagen de la UE en la conciencia colectiva de los pueblos de la región dando lugar a una generalizada falta de confianza. En consecuencia, algunas fuerzas políticas de Oriente Próximo, incluidos algunos países influyentes, no son consideradas en la UE, mientras ésta permanezca bajo la autoridad de la política exterior estadounidense.

Una nueva estrategia

Todavía existe una oportunidad para la UE de volver a construir una estrategia política con los puntos de referencia sobre las lecciones aprendidas y las subsiguientes pérdidas y fracasos en relación con el papel, la imagen y la eficacia de la Unión. Hoy, tras el fracaso de los regímenes neoconservadores en EE UU y de la humillante salida de la Administración Bush, y después de que se pusiera de manifiesto cómo de problemáticas son las declaraciones del tipo “guerras globales contra el terrorismo”, los pueblos de Oriente Próximo, al igual que otros pueblos del mundo, observan los esfuerzos de la Administración de Obama. Esto incluye la formulación de una nueva estrategia de lucha para mejorar la debilitada imagen de EE UU y pagar el precio de la destrucción y pérdida, así como construir una estrategia eficaz que trasciende los argumentos neoconservadores intrusivos y destructivos. Existen esfuerzos para abrir canales de diálogo, incluso con fuerzas y grupos clasificados por EE UU como una amenaza para los intereses del país.

Lo que podría ser significativo, a la luz de estas transformaciones, es que la toma de decisiones europea sigue acatando las órdenes dictadas por EE UU, como si Europa careciese de la posibilidad de iniciación e influencia, incluso a pesar de que ha pagado, de hecho, el precio militar, político y económico de la inquisición de la Administración Bush. Digo esto basándome en el examen de las reacciones europeas a las transformaciones en la región y los nuevos indicadores en el mapa político mundial. Parece que la UE sigue reconociendo su segunda o tercera clase en el tren de toma de decisiones de EE UU, aunque esta política no necesariamente cumpla el enfoque o los intereses europeos.

Asimismo, no parece haber una diferencia si la Administración estadounidense está liderada por Bush u Obama. Uno mismo puede ver que toda movilización o medidas adoptadas por la UE hacia el caos en Oriente Próximo sólo llegan después de EE UU y sus estrategias (la política con respecto a la cuestión nuclear iraní, el proceso de paz en Oriente Próximo, apertura de canales de diálogo con algunos grupos políticos islamistas, etc.). Estas distintas iniciativas sólo llegan después de la luz verde de la Administración de Obama. Nadie pide a la UE que desempeñe un papel rebelde. Esto no está dentro de su naturaleza y no se ajusta a su estructura como una entidad capitalista con intereses comunes con EE UU. Lo que estoy pidiendo es que la UE (como unión o estados individuales) pueda, al menos, tener la valentía para elevarse y reflejar el mínimo de sensibilidad de los ciudadanos europeos con respecto a las guerras de agresión, violaciones de los Derechos Humanos, principios democráticos, y los convenios internacionales (que siguen siendo, teóricamente y prácticamente despreciados y violados por Israel).

Lo que estoy pidiendo es el respeto por la filosofía y la lógica de la geografía política relativa a las relaciones entre Europa y el vecino mundo árabeislámico. Uno no debe hacer caso omiso de los intereses económicos de la región, ya sea en términos de energía, mercados o incluso en los niveles culturales y sociales, así como las diferentes interrelaciones y la creación de redes en las cuencas del Mediterráneo.

Los puntos mencionados se encuentran entre las razones que hacen que el papel de la UE sea un asunto de extrema urgencia si se está preocupado por el equilibrio, y que contiene las controversias internacionales y regionales causadas por la supremacía de una superpotencia y la dominación. Es probable que esto sirva los intereses de los pueblos de Oriente Próximo y de la UE. La capacidad de la UE para rechazar su dependencia y liderar el papel que le corresponde está condicionada por una serie de factores. Se requiere en primer lugar, reafirmar la fe en Europa a fin de reflejar una visión más equilibrada y justa en el modelo de las relaciones internacionales.

Esto depende de si Europa está dispuesta a reafirmar su papel histórico y los valores acumulados a través de las diferentes revoluciones sociales alcanzadas por los europeos (sin contar con el episodio de la colonización). En segundo lugar, es necesario formular una estrategia de cabildeo político e iniciativa basada en la aplicación de las resoluciones internacionales en lo que respecta a los conflictos de Israel y Palestina. Europa debe atreverse a presionar a la ocupación israelí para poner fin a su ofensiva política contra el pueblo palestino y participar en el boicot económico. También debería tener la valentía de pensar más allá de las justificaciones “antisemitas”, manipuladas por parte de Israel para acallar cualquier voz europea que se atreva a criticar las políticas racistas de Israel y las violaciones basadas en las resoluciones internacionales y los derechos.

No hay que olvidar que la libertad y la independencia del pueblo palestino son sagradas y santas para los palestinos, árabes y musulmanes por igual. Esto presenta un punto de referencia para evaluar la gravedad de la participación internacional en la región. En tercer lugar, la convocatoria para la eficacia de la interacción cultural basada en el respeto de la diversidad y la relatividad cultural y social como una respuesta a la retórica del choque de civilizaciones y religiones.

Esperábamos una iniciativa de las elites intelectuales, culturales, religiosas y sociales de la UE que trascendiese los catastróficos resultados de la “guerra cruzada” iniciada por la Administración Bush y sus expediciones militares en la región. Lamentablemente esto no ha ocurrido. La Administración estadounidense fue tan lejos como para aprovechar la alfombra de los europeos, subestimando su autoridad. Irónicamente, la primera relativa voz racional que abordó el mundo musulmán fue la de Barack Obama desde Turquía, y en las próximas semanas ¡un discurso especial se dirigirá al mundo árabe-islámico desde Egipto!

Podemos preguntarnos en este contexto: ¿a qué está esperando Europa y por qué toda esta vacilación? Lo que se necesita es un papel europeo que pueda al menos respetar y tener en cuenta aspectos históricos, sociales, culturales y económicos de Europa y sus intereses estratégicos. Lo que se necesita es un poco de valor para invertir en una gran cantidad de poder político.


Nassar Ibrahim es director del Alternative Information Center además de activista, escritor y especialista en resistencia palestina. Ha sido editor jefe del periódico El Hadaf. Este artículo ha sido publicado en el nº 38 de la edición impresa de Pueblos, julio de 2009, especial Oriente Próximo. Versión original en inglés. Traducido para Pueblos por Mireia Gallardo Avellán.