martes, 31 de enero de 2012

CLANDESTINO, MI PROGRAMA DE RADIO DEL DÍA 31/01/2012: ENTREVISTA A GERARDO MÁRQUEZ DE LA COORDINADORA DE INMIGRANTES DE MÁLAGA


Hoy hemos tenido una conversación en directo con GERARDO MÁRQUEZ, miembro de la Coordinadora de Inmigrantes de Málaga y de la Casa Argentina, también de Málaga. Abordamos de nuevo ciertos aspectos de los CIEs, pero no nos quedamos ahí sólo, llamamos a dejar de hablar de las migraciones en tercera persona, para hacerlo en primera persona.

La actual  situación de crisis tiene sus motivaciones en una  acumulación, transferencia y concentración de beneficios  sin precedentes, basada en la explotación, tanto en la economía formal como en la informal, de la mano de obra nativa y extranjera, en la desregularización del mercado laboral, convirtiendo las relaciones laborales en individuales y alejándolas de los derechos conquistados en años de lucha y sacrificios. Estas prácticas económicas neoliberales han tenido y tienen su apoyo directo en las políticas de estado que han posibilitado regulaciones que eliminan derechos históricos de trabajadores y trabajadoras, privatizado los servicios sociales públicos y endurecido sus aspectos más represivos, fundamentalmente, con los sectores  más vulnerables, jóvenes, mujeres y migrantes. Y esto se conjuga con la primera persona del plural del presente del indicativo..., NATIVA O EXTRANJERA, SOMOS LA MISMA CLASE OBRERA.

Todo esto acompañado de excelente música de la que le dejamos aquí los enlaces a los videos para que la puedan escuchar al completo.




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http://www.ivoox.com/entrevista-a-gerardo-marquez-coordinadora-inmigrantes-malaga-audios-mp3_rf_1022052_1.html 


domingo, 29 de enero de 2012

EL PSOE COLOMBIANO

kaosenlared.net

¿POR QUÉ CREAR UN PARTIDO REVOLUCIONARIO EN COLOMBIA?
Sépase, al PSOE colombiano (POLO) nadie lo crítica, ni las guerrillas. Sí las guerrillas rivalizaran el espacio político les harían saber a las masas que no confíen en ese partido socialdemócrata.
La historia reciente de Colombia está marcada por un desplome del proletariado y campesinado, miles de dirigentes sindicales y líderes campesinos ha sido asesinados en el país en los últimos años, así la posibilidad de un movimiento revolucionario ha descansado en  las manos de las guerrillas (FARC y ELN) que día a día ven negándose la posibilidad de acceder al poder por medio de la guerra de guerrillas, pero ¿existe otra posibilidad?
El siguiente texto intenta demostrar como en Colombia por el momento no existe un partido u organización revolucionaria capaz de llevar a los explotados a la conquista de un gobierno revolucionario, así la tarea principal de los sectores revolucionarios es crear un movimiento político capaz de apersonarse de dicha tarea. Pero, si la tarea es crear una organización política en Colombia capaz de liderar un movimiento revolucionario, nos debemos preguntar primero como está conformada la izquierda colombiana y por qué es incapaz de liderar dichos cambios.

La izquierda Colombiana después de la destrucción de la UP (Unión Patriótica) en los ochentas y noventas vio aniquilada la posibilidad de crear un partido político capaz de ocupar el espacio dejado por ella, así se crea el Polo Democrático (2005) para intentar unificar una serie de pequeños movimientos políticos con poca influencia en el país, luego de varios años ganando alcaldías, consejos, gobernaciones, etc. demostraron que ellos simplemente ofrecerían un camino socialdemócrata que pocas esperanzas siembran el obrero y campesino. No sólo la posibilidad de una transformación revolucionaria en el país se ve imposible con estos burócratas, incluso la forma de administrar les permitió mostrar sus verdaderas habilidades: tramposos. Para recordar solo el mencionado caso de la alcaldía de Bogotá con sus carruseles de contratación y la traicionera figura de Samuel Moreno. 

En tales circunstancias los obreros, campesinos e indígenas solo tienen en la legalidad un partido de izquierda que cada día se convierte en una burla para cualquier cambio serio en el país, es mejor actuación han tenido el Partido Laborista en Inglaterra y el PSOE en España aprobando recortes para los trabajadores. Sin embargo el lector desprevenido pensará: tranquilos porque en Colombia existen guerrillas que enfrentan al estado colombiano y más tarde que temprano ellos transformarán a Colombia en la Cuba continental.

Más allá de si las guerrillas están en ascenso o descenso en el país quisiera decir por qué ellas no tienen un espacio político en el país. El problema político no radica en su carácter clandestino, que sería la primera impresión para decir el porqué ellos no son un partido, así ellos digan serlo. Si se revisa con meticulosidad las acciones y los discursos de las guerrillas, ellas nunca han hablado en contra de la lucha parlamentaria, incluso en algunos municipios apartados es conocida su influencia para posicionar ciertas personas en puestos burocráticos legales (alcaldías, consejos, etc.). Lo anterior es la mal entendida teoría de la lucha combinada, de tal forma que se intenta ganar algunas posiciones dentro del estado y al mismo tiempo se combate contra la fuerza pública para evitar su presencia en ciertos territorios. Aunque suene extraño esta situación se ha presentado por años en el país.

¿Pero realmente esta táctica les ha funcionado en el nivel político? ¡NO! Porque la sociedad no los ha conocido como partido político, siempre se ha sabido que son una fuerza militar que en algunas zonas puede simpatizar con algún partido político legal y así establecer su influencia. Pero el centro del asunto es que las guerrillas dicen tener un partido político (PCCC para las FARC), entonces cuál es distancia y posición con los demás partidos políticos desde su ilegalidad, Ninguna. En su combinación de lucha las guerrillas confundieron a las personas haciéndoles creer que es posible ir a votar un día y al siguiente empuñar un fusil. Los más indignados dirán falso, la posición de las guerrillas es llegar al poder por la vía armada. Momento para responderles: si entonces por qué sus dichosos partidos clandestinos nunca han hablado contra los socialdemócratas del Polo que con tanta facilidad engañan a las masas con sus propuestas socialdemócratas.

No, sépase, al PSOE colombiano nadie lo crítica, ni las guerrillas. Sí las guerrillas rivalizaran el espacio político les harían saber a las masas que no confíen en ese partido socialdemócratas, nuevamente los izquierdistas responderán: las guerrillas siempre han desenmascarado a los partidos uribistas, conservadores y verdes. Contra este argumento se debe decir, claro es importante hablar mal siempre de la burguesía y de sus partidos principales, sin embargo los partidos revolucionarios tienen esa tarea y la más importante desenmascarar los partidos secundarios de la burguesía (socialdemócratas) que son los más difíciles de enfrentar por su verborrea populista. Así el PSOE colombiano goza de total impunidad en nuestro país y no hay indicios de que los socialdemócratas colombianos (POLO) reciban críticas de un sector revolucionario.

Por esto la primera tarea es crear un partido revolucionario que dispute el espacio político, y le arrebate las pocas masas al Polo y le dé una dirección política las masas que secundan a las guerrillas.

martes, 24 de enero de 2012

CLANDESTINO, MI PROGRAMA DE RADIO DEL DÍA 24/01/2012: CIEs ¿CENTROS DE RETENCIÓN O DE INTERNAMIENTO?



Los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIEs), como el que vergonzosamente tenemos en Málaga, dejan de ser invisibles. La sucesión del fallecimiento de un interno en Zona Franca (Barcelona) y otro en el CIE de Aluche (Madrid), han sacado a la palestra de la actualidad mediática y política la existencia de estos "Guantánamos". Hoy comenzamos una serie de tres programas monográficos donde abordaremos todo lo relacionado con estos ignominiosos lugares, su funcionamiento, el papel del estado español, la responsabilidad culpable de los políticos y la pasividad cómplice de la población en su existencia y mantenimiento.

Todo esto acompañado de excelente música de la que le dejamos aquí los enlaces a los videos para que la puedan escuchar al completo.
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miércoles, 18 de enero de 2012

LOS INCOMBUSTIBLES BORBONES

Fernando de Andrade
Escritor

Cuatro veces los hemos echado (en 1807, 1808, 1868 y 1931), y otras tantas han vuelto. Siempre saben agarrarse al trono, no importan los escándalos que hayan motivado su expulsión. Suelen regresar de la mano de regímenes absolutistas, que los restablecen velis nolis; el último y más claro ejemplo es el actual rey por la gracia de Franco. ¿Está España condenada a borbonitis incurable?



El monarca sobrepasa a todos sus predecesores en frescura. Me decía hace años un veterano periodista, a propósito del 23-F: “Meridianamente clara está la participación real en el complot; Juan Carlos se retiró de él abandonando sin el menor remordimiento a sus cómplices, pero, ¿qué va a hacer la prensa en un país cuya historia está tan repleta de golpismo militar? No juguemos con las cosas de comer, finjamos que el rey está vestido y encima alabémosle por haber “salvado España. Ufff…”
Muchos de los problemas que ocasionan (y nos ocasionan) los Borbones derivan de la bragueta, pero también de la codicia. Ciñéndonos a la primera, no hace falta que recordemos las hazañas eróticas de Fernando VII (el de los atributos descomunales), de su hija Isabel II (la de los innumerables amantes), de su nieto (ilegítimo) Alfonso XII (cuyas amantes eran expulsadas de España manu militari), del bisnieto Alfonso XIII (que a todos los prostíbulos acudía provisto de sus sábanas negras)… El tátara-tataranieto Juan Carlos ha seguido fielmente la tradición familiar, engendrando hijos ilegítimos a diestro y siniestro, en Mallorca, en Cataluña y en donde hubiera una hembra dispuesta a rendirse a sus (por lo visto) fortísimos encantos… en el fondo, al país le hacen gracia esas aventurillas. Algunas, como Bárbara Rey (qué adecuado el nombre, ¿eh?)  han sabido sacar suculentos provechos de su affaire “vendiendo” al propio rey fotos y películas comprometedoras muy expresivas.
Hay que decir que la pobre Sofía ha aguantado sin pestañear. Se habló de su especial amistad con su profesor de gimnasia, pero parece un simple infundio, y también (esto tiene mayores visos) de que en una ocasión, en un acceso de ira ante la poca discreción de su marido, cogió a los niños y se largó con ellos a Londres; el rey habría tenido que enviar un delegado a recomponer la situación. Siempre discreta, para no perturbar al pueblo con esas pequeñeces, pero esto no quiere decir que no tenga sus responsabilidades en el declive de la monarquía: con sus mimos ha acabado convirtiendo el príncipe Felipe, ya de sí muy cortito de mollera, en un niño malcriado, colérico y amorfo, desprovisto de toda iniciativa y convencido de que su gran aportación a la grandeza de la patria consiste en mantener hieráticamente el saludo militar y como mucho leer con voz desprovista de cualquier matiz o emoción los discursos que otros le preparan.
¿Será Felipe VI?

En efecto, ¿qué vamos a decir de la conducta del estólido príncipe? Se divirtió todo lo que pudo en su juventud, dejando preñada a su novia Isabel Sartorius. Cuando la madre de la chica telefoneó a la reina para decirle: “Tenemos un problema”, ésta contestó: “No, tenéis un problema”. Eso sí, buscaron un marido de conveniencia para Isabel, para que su niña Mencía no naciera sin padre putativo. Todos recordamos la imagen de la pobre chica saliendo sola de la clínica con su hijita en brazos… poco después, divorcio y sanseacabó, las formas guardadas. La familia real, siempre tan recta y digna, tras esta comedia ha procurado bajo mano buscar un acomodo profesional y económico para Isabel. Mas, ¿qué sucederá cuando Mencía sea mayor de edad? Igual le da por reclamar el trono… a fin de cuentas, en la legislación actual, los hijos ilegítimos tienen los mismos derechos que los legítimos, y hacerse una prueba de ADN es muy fácil…







Pero dejemos a Isabel, y, para no hacernos pesados, comentemos una sola más de las novias del principito: Eva Sannum, tan criticada por estar sus padres divorciados y por haber anunciado ropa interior. Hay que ver… poco sospechaban lo que vendría después. El caso fue que, por imperativo paterno, el noviazgo se deshizo sólo porque la chica había asistido a una boda con un vestido “poco conveniente”… hay que ver qué formales son nuestros reyes, cuando Juanca no vacila en dejarse tirar vestido a la piscina por sus amiguetes para celebrar sus victorias en la vela, que tanto recuerdan las pescas atuneras del Caudillo.



Eva Sannum (con el famoso vestido) y Felipe
Llegó al fin la definitiva, Letizia (así se autodenominaba Leticia, suponemos que habrá cambiado su nombre en el Registro Civil). Por cierto, intente Ud. cambiar el suyo y ya verá, a menos que concurran graves razones… suponemos que el capricho de la chica es una de ellas.

Su historia ha sido estudiada y bien estudiada. ¿Los padres de Eva eran divorciados? No quieres caldo, tres tazas; ella misma era divorciada del escritor Alonso Guerrero. Se habla de innúmeras aventuras previas suyas. Ciertas o no, ahí está  la foto (o pintura) que le tomó el cubano Waldo Saavedra en su larga estancia en México (fue portada del disco de Maná Sueños Líquidos). Si era o no su amante, si lo fueron Carlos Francino, David Tejera y otros más, es opinable. A fin de cuentas, todos los príncipes y reyes borbónicos lo han vivido. Pero no cabe duda de su mando sobre el príncipe, ya manifestado en el día en que fue presentada a la prensa (“¡Déjame hablar a mí!”). Después tuvo ocasión de demostrar su inexperiencia paseándose en una recepción oficial mexicana mientras sonaba el himno del país… pero todo esto no es grave. Sí lo fue cuando en el atentado terrorista del 11-M que costó a España doscientos muertos, le faltó tiempo tras los actos oficiales para marchar al Caribe a participar en un crucero con gente guapa de allí.
Peor había sido todavía la actitud del dominadito príncipe para conseguir casarse con ella. Sin duda despechado por el episodio de la Sannum, con Leticia decidió pegar un puñetazo sobre la mesa, no acudiendo al desfile del Ejército, a lo que estaba patriótica y protocolariamente obligado. Pero los papás de Felipe, tan exigentes con Eva, tragaron bilis esta vez ante la amenaza de abdicar del chico, como un Eduardo VIII cualquiera. La reina, sembradora de vientos, recogió tempestades, y poniendo al mal tiempo buena cara, se obstinó en mostrar con su futura nuera una complicidad tan excesiva como innecesaria. Así, pues, boda y sanseacabó.

Las otras dos hijas de los reyes… ¡ay!, parece que el ejemplo paterno les tira. La mayor, Elena, se pirraba por los buenos mozos, a poder ser caballistas (claro está que también gustó de ellos), y hubo que hacer todo tipo de trapicheos para hallar un candidato, que hizo a la chica tan poca gracia como a Isabel II le hiciera en su día su invertido cónyuge, Francisco de Asís (“Paquita”). Hay que añadir su demasiado impulsivo carácter y, sobre todo, su dudosa salud mental, puesta de manifiesto en innumerables incidentes y, sobre todo, en la mismísima redacción de la Constitución española, en la que se dio preferencia para el trono a los varones en previsión de la eventualidad de que ella pudiera ser un día reina de España (el tema trae cola últimamente).


Había que encontrar un personaje dócil. Tras numerosas gestiones, se consiguió traer al poco agraciado Jaime de Marichalar de París, donde se dedicaba a trabajos equivalentes a telefonista o sacafotocopias para su empresa, pero al menos procedía de una familia de alcurnia, venida a menos pero apta para alternar con la realeza. Se le dio un título y una sinecura (los dignos reyes no paraban de moverse), pero el chaval se aficionó demasiado a la droga, y un achuchón lo dejó para el arrastre. Menos mal que una herencia imprevista le libró de la familia real, se divorció y adiós muy buenas. Con todo, dicen las malas lenguas que no dejó de sacar tajada de su separación… y parecía tonto el chico.

Todo esto es llamativo, pero, repetimos, la corte española se ha distinguido siempre por su amor a la opereta. Reyes y reinas divorciados, adulterios, meteduras de pata, alcaldadas, abundan tanto en nuestra historia que forzosamente deben ser considerados como gajes del oficio monárquico. Pero el caso de Cristina y su maridito es especial.

Entró en acción esta segunda hija de los reyes, la que parecía más discreta. Al menos procuraba mantenerse en segundo plano, viviendo en Barcelona en una sinecura proporcionada por La Caixa (alguien me aseguró que para ello hubo que despedir previamente a la chica que ocupaba el cargo, pero no me consta). En todo caso, más disimulado, también ella tenía el latiguillo borbónico de la incontinencia.
En el club de balonmano de la ciudad condal jugaba un buen chico, aunque no precisamente un Einstein: Iñaki Urdangarín, quien vivía con su novia (de iniciales C. C., de Puigcerdà) desde hacía años. Los dos proyectaban casarse y para ello montaban una peluquería (pagada al parecer por la familia de la chica), para que Iñaki, un tanto cabeza  loca y cargado de deudas, sentara cabeza de una vez. Pero se cruzó en su camino Cristina, quien fue rápidamente presa de furor uterino. No dejó de hacerse la encontradiza (en el Puerto Olímpico muchos la recuerdan con unas copas de más y persiguiéndole descaradamente). Iñaki no vaciló ante el acoso y tomó el dulce. En poco tiempo rompió con C. C., y la familia real, ésa tan digna, pagó sus deudas para hacer posible el enlace (anécdota: rechazaron escandalizados la proposición de alguien que quería diseñarle un escudo donde figuraba una pelota). Al chico le nombraron duque, le adjudicaron (como antes con Marichalar) algunos sillones en consejos de administración…
Aquí diríamos “colorín colorado”. Pero resulta que no. Los pobres jóvenes (sin darse cuenta, faltaría más) se metieron en negocios poco claros, de los que resultaban transferencias a sus cuentas corrientes de algunos millones de euros. Los desfalcos fueron rápidamente conocidos, y la familia real trató de ocultarlos, aunque, como siempre, guardando en lo posible las formas. De momento los consortes abandonaron su cómoda casa de Barcelona, pagada con el dinero que es de suponer, y se trasladaron a Washington, más lejos de Madrid que la ciudad condal, esperando que la tormenta amainara. Pero, ¿quién lucha hoy contra Internet? Cuando el rey fue operado en Barcelona, Urdangarín realizó un viaje relámpago desde Washington para visitar a su suegro, pero éste, aunque le recibió, no quiso fotografiarse con él.
El escándalo ha crecido, y hoy es ya un tsunami que amenaza con engullir la misma institución monárquica. Los reyes tratan de soltar lastre apartando a Urdangarín de los actos de la familia real, olvidando que su esposa figura en las mismas sociedades que él. ¡Siempre el decoro real! Urdangarín (mejor dicho su abogado) dice que está “profundamente dolido y ofendido” mientras capea el temporal. Cristina permanece muda. Los príncipes jamás se exhiben juntos en público en Washington, y los ambientes realistas (especialmente en los programas basura de TV) han iniciado una furibunda campaña resumida en “Pobre chico, no sabía lo que hacía, pero es bueno en el fondo, y desde luego su esposa nada tiene que ver”.
¿Qué resultará de todo esto? Pues nada. El pueblo español soportó en su día los escándalos de Isabel II, la inconsciencia de Alfonso XII, la estúpida arrogancia de Alfonso XIII y la superficialidad (usamos el adjetivo más suave posible) de Juan Carlos I. Un significativo apunte: Diego Torres, el socio de Urdangarín, ha sido imputado, el exbalonmanista no. Pasará el tiempo, el tema se irá olvidando y cuando llegue el juicio (si llega) estará disuelto como un azucarillo (recuérdense los trajes de Camps, los donativos de Pepiño, etc.). A lo sumo el matrimonio se separará “cumpliendo cada uno con su deber”, y al final va a resultar que ambos son unos patriotas. Como mucho Urdangarín será apartado (aunque sin devolver el dinero), y Cristina se hará la mártir. “Pobrecilla (dirán las revistas del corazón), ha tenido que separarse dolorosamente de su marido, tan mal aconsejado”. Y aquí paz y después gloria.
¿Alguien cree que tras todo esto la República está más cerca? No mientras siga reinando el pasotismo entre el pueblo. Muchos tienen interés en la pervivencia de Franco.


lunes, 16 de enero de 2012

PIEDAD CÓRDOBA: "LA LLAVE LA TIENE EL PUEBLO COLOMBIANO"



Maria Reyero y María Sevillano
Miércoles 28 de diciembre de 2011
Revista Pueblos

Su nombre fue mencionado entre posibles candidatos al Nobel de la Paz, que finalmente se asignó a Obama. También se la propuso como merecedora del Príncipe de Asturias a la Concordia. Su firme postura por una salida política y negociada de la guerra no reconocida que se vive en Colombia le ha costado su puesto como senadora. Durante su rápido paso por Madrid, la colombiana Piedad Córdoba reflexiona sobre el panorama que se abre ante el conflicto tras la llegada de Juan Manuel Santos al poder y el papel que juega en este contexto el movimiento que lidera, Colombianos y Colombianas por la Paz.

La ex-senadora colombiana Piedad Córdoba llegó el pasado mes de diciembre a Madrid procedente de Bruselas, cargada de verdades y con un objetivo: contar lo que está pasando en su país, donde se vive la guerra civil más larga que ha visto Latinoamérica.

Llegó a la capital del Estado español invitada por organizaciones hermanas que conocen bien la realidad colombiana, como Justicia por Colombia, a la que pertenece Paz con Dignidad. Aprovechó el poco tiempo que tuvo para dar ruedas de prensa, conferencias y entrevistas, ya que es muy importante para ella y para el movimiento que lidera, Colombianos y Colombianas por la Paz, dar a conocer al mundo el conflicto que vive su país. En sus propias palabras, “a pesar de que hoy estamos en la era de la información, como dice Manuel Castells, a nosotros nos toca estar en la era del burro y de la mula, boca a boca, con volanticos, porque son mucho más poderosos los medios de desinformación que no quieren dejar abierta la posibilidad de que se acabe la guerra en el país". Con esta declaración de intenciones Piedad inició su participación en el acto en apoyo de Remedios García Albert, acusada injustamente de pertenecer a las FARC.

Éste, el espacio de la solidaridad y el apoyo, es el que elige Piedad Córdoba para difundir su mensaje y el de la organización que abandera, Colombianas y Colombianos por la Paz. El llamamiento a la humanización del conflicto, pero no sólo eso, sino también, y ante todo, a la salida política y negociada del mismo.

Hablar de la vida de Piedad Córdoba es hablar de una guerra que golpea a su país, Colombia, desde hace más de 50 años, en un frente abierto entre las fuerzas de seguridad, grupos paramilitares y un abanico de grupos guerrilleros de izquierda, básicamente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC y el Ejército de Liberación Nacional-ELN.

Piedad nace en Medellín y, pese a cursar estudios de Derecho en universidades fuertemente conservadores y católicas, rápidamente destacó en su labor por la defensa de los derechos de los colectivos más marginados: la mujer, las minorías étnicas (a las que pertenece como afrodescendiente), las diversidades sexuales, etc. Siendo muy joven se vinculó profesionalmente a la defensa política de estos colectivos, como líder comunal primero, hasta llegar a ser senadora de la República durante el período 1994-2010.

Desde 2007 ha estado involucrada en el proceso de negociación entre las FARC y el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe, con el que intentó coordinarse pese a encontrarse enfrentados con respecto al enfoque para desbloquear el conflicto. Esta labor comprometida con la salida negociada del enfrentamiento armado le costó en 2010 su cargo. La Procuraduría General de la Nación la inhabilitó por 18 años, bajo la acusación de colaboración con las FARC.

A pesar de verse forzada a abandonar su puesto de senadora, Piedad no ha cejado en su empeño por buscar vías para lograr la paz en su país, ahora a través de la organización que abandera, Colombianos y Colombianas por la Paz. A su parecer, ni siquiera el cambio de gobierno en 2010 con la entrada del aparentemente más dialogante Juan Manuel Santos ofrece perspectivas esperanzadoras para la resolución del conflicto. “Cuando el presidente se posicionó, sorprendió a todos con un cambio de actitud muy polite, diría yo”, cuenta Piedad antes de la conferencia que ofreció en Madrid, “muchos inclusive nos emocionamos enormemente porque consideramos que cuando él estaba hablando de la llave, estaba diciendo que no la había tirado al mar, que la tenía”. Con estas palabras, Piedad Córdoba hace referencia a varias declaraciones en las que Santos ha hablado de su disposición a resolver el conflicto colombiano, usando la metáfora de una llave que él como presidente posee y con la que abre las puertas de la paz.

Sin embargo, más de un año después de la toma de posesión del ahora presidente, los colectivos y organizaciones que trabajan por construir el proceso de paz negociado se sienten frustrados. ”Nos hemos dado cuenta de que es muy parecido a lo que pasó con el gobierno anterior, que todo era sí pero no”, reflexiona Piedad. “Era más bien una campaña mediática para convencer a la opinión pública internacional de que él tiene mucho interés en hacer la paz”. Con esta crítica, Piedad alude a la falta de voluntad política mostrada hasta el momento para abrir un proceso de diálogo con todos los interlocutores implicados, que tenga en cuenta, por tanto, a las FARC y al ELN. Es más, para Colombianos y Colombianas por la Paz, desde el gobierno se están llevando a cabo acciones que no hacen sino recrudecer la polarización, como “crímenes, desapariciones, en resumen, bombardear toda posibilidad o cualquier acción que indique que puede haber una salida política hacia la negociación del conflicto”.

De hecho, en los últimos meses se han producido violentos enfrentamientos entre la insurgencia y el ejército colombiano que han afectado gravemente a la consecución de una resolución pactada. A destacar, la muerte a manos de militares colombianos del líder de las FARC, el comandante Alfonso Cano, sobre el que se articulaba el diálogo con la guerrilla. Para Córdoba, Cano “estaba luchando con certeza, responsabilidad y compromiso en sacar todo esto adelante. Qué tan bueno hubiera sido poder estar discutiendo un futuro próximo con ellos, con todos los que creemos que nuestro país tiene que salir adelante, inclusive con quienes nos odian a muerte, con los que creen que el derecho es solamente de ellos y no de todos nosotros y de todas nosotras”.

El propio presidente mostró, según explica Piedad, una alegría desmesurada al dar la noticia a la nación, cuando comentó “mi esposa es testigo de que lloré cuando me dijeron que habían matado a Cano”. Esta reacción sería ejemplo de la política que mantiene Santos que, según Piedad Córdoba, demuestra que el gobierno sigue sosteniendo que la salida militar “es la que es importante y no el diálogo, ni el debate, ni la discusión, ni la repolitización de la sociedad, ni el instrumento de la política para avanzar en los temas que requiere el país”.

Durante su visita, Piedad también rechazó y condenó el asesinato de los “cuatro soldados de la patria” secuestrados por las FARC, caídos en una fallida operación de rescate organizada por el gobierno a espaldas de Colombianos y Colombianas por la Paz, organización que había gestionado su liberación.
Para el movimiento se trata de desvirtuar y desprestigiar su tarea ya que este asesinato se encuadra en una negociación en la que las FARC ya habían pactado con ellos la entrega de estas personas. “Y de pronto, quienes supuestamente pueden ser entregados terminan siendo asesinados en un momento en que nadie sabe si fue un combate, si fue un rescate, si fue una ejecución extrajudicial; una ejecución rápida de tal forma que no da la sensación de que pasó algo”.

Frente a este escenario Colombianos y Colombianas por la Paz considera clave el fortalecimiento de la sociedad civil para participar en este proceso a través de tres iniciativas muy concretas que Piedad Córdoba aprovechó para presentar en su gira europea. En primer lugar, su objetivo pasa por conseguir el impulso de la sociedad civil unificando esfuerzos. En segundo lugar, el planteamiento de una tregua bilateral que permita la entrada de ayuda humanitaria a las zonas en conflicto. Y, por último, emprender una campaña dirigida a los ciudadanos y ciudadanas de Colombia para concienciarles de que su participación y compromiso es vital para que el país salga adelante: “El pueblo tiene la llave”, sostiene Córdoba apropiándose del discurso de Santos y democratizando la capacidad de incidir en la resolución del conflicto.

Para la exsenadora, “esta campaña que le dice a la gente ‘la llave la tiene usted, la llave no la tiene él, la llave la tiene el pueblo’, hay que hacerla muy fuerte, muy vigorosa, tiene que remontar esos espacios de guerra, de alucinación militarista, yo diría de soberbia, que le permiten al presidente de la República trabajar más para las multinacionales que están interesadas en los recursos naturales del país que, en realidad, trabajar para el pueblo colombiano”.

El movimiento lanza esta propuesta a la sociedad civil en un momento de repunte del paramilitarismo que, según Piedad Córdoba, “está peor que en los años 90, la época de Pablo Escobar. Algo inaudito”. “En Colombia hay una movilización que se pretende acallar hoy con las amenazas a todos los que no estamos de acuerdo con eso, dicendo que somos terroristas o pertenecemos a la insurgencia”, reflexiona. Pero pese al acoso a los defensores de los Derechos Humanos en el país, Córdoba asegura que la gente “ha empezado a hacer caso omiso de ese discurso, porque está llegando a las movilizaciones, está participando; se está fortaleciendo un movimiento desde la sociedad civil para buscar la paz”.

Esto lo dice quien ha vivido muy de cerca el riesgo que implica defender los Derechos Humanos en Colombia. Piedad ha sido secuestrada, se ha visto en el exilio y este año ha llorado el asesinato de su prima Ana Fabricia Córdoba, lideresa de comunidades desplazadas por la violencia.

Pero nada apaga un corazón encendido por la injusticia. Frente a este escenario en el que conviven el miedo y la esperanza, Piedad Córdoba se situó así en el cierre de uno de los actos en los que participó en Madrid: “Yo recurro mucho a una figura española, que es la Pasionaria. Yo creo que su ejemplo de vida, el ‘No pasarán’ sigue siendo absolutamente vital en este momento. Porque no pueden pasar; porque no pueden seguir. Porque no nos pueden arrodillar. Porque no pueden lograr que renunciemos a lo que enarbolamos, que es la defensa de la libertad, la búsqueda del mínimo ético, que es poder vivir con tranquilidad”.

“Colombia es un país maravilloso, con todas sus gentes. Y batallar en esas circunstancias es muy difícil. Pero más difícil es no hacer nada. Más difícil es tranquilizarse a ver morir las esperanzas, a ver morir a tanta gente (...) Yo estoy segura de que vamos a salir adelante. Aunque nos duela mucho. Pero tengo la absoluta esperanza de que vienen otras cartas; que vienen muy buenas noticias y que esas noticias son la esperanza de que Colombia pueda vivir en paz”. Y nos despide agradeciéndonos la presencia y la escucha. Muchas gracias a tí, Piedad. Y a todos los colombianos y colombianas que toman la llave de su paz.

domingo, 15 de enero de 2012

VIENTO DE LIBERTAD: POR LA LIBERACIÓN Y APARICIÓN DEL PRISIONERO DE GUERRA Y LA NO EXTRADICIÓN DEL CAMARADA JULIÁN CONRADO




Viento de libertad-
Julián Conrado, la voz del pueblito luchador, la voz libertaria trata de ser acallada. El gobierno "bolivariano" por medio de un operativo conjunto entre la policía Venezolana y la Dirección de Policía Judicial colombiana, detuvieron a Julián Conrado, producto de las "buenas relaciones" que existen entre Colombia y Venezuela. Esto muestra el contubernio existente entre Venezuela y Colombia que responde a una ofensiva contrainsurgente en la cual el gobierno venezolano está formando parte activa, deteniendo a revolucionarios y apoyando el terrorismo de Estado que vive nuestro hermano pueblo colombiano.

Julián después de su captura lleva más de un mes detenido-desaparecido, y no se le ha presentado violando todos sus derechos humanos. Exigimos que se diga donde tienen a Julián Conrado y que no se le entregue a la oligarquía colombiana, ya que todos sabemos lo que esto implica, la tortura, la vejación, la cárcel y los intentos de extradición a Estados Unidos para tratar de acallar la voz de la insurrección.

Entregar a Julián, un símbolo de la voz del pueblo, que ha expresado durante años los porqués de la lucha es parte como lo fue Cristian Pérez la voz de la lucha libertaria. Julián es un insurgente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) que ha trabajado arduamente para liberar la mente y construir canales, por medio del trabajo cultural y de la música para que el pueblo colombiano defienda sus derechos, su soberanía, la solidaridad y la lucha por la Nueva Colombia con paz y justicia social. Julián militante de la Unión Patriótica, integrante de la Comisión temática durante los diálogos con el gobierno de Pastrana, un bolivariano integro que tiene entre sus armas la voz de la lucha por la construcción de la Nueva Colombia.

¿Cómo nos puede explicar el Comandante Chávez que entiende las enseñanzas del Libertador, si entrega a revolucionarios? Si recordamos bien una de las principales enseñanzas del Libertador es la ética revolucionaria. Bolívar enfrento una guerra por la patria Americana con la convicción de que la moral revolucionaria debe primar. Si el Comandante Chávez en el 217 aniversario del natalicio del Libertador dijo: "Los soldados y el pueblo, seguiremos tu mandato, Padre, y juramos los soldados de tu Ejército libertador y de tu Fuerza Armada Libertadora, que seguiremos al pie de la letra ese mandato cuando dijiste que el soldado debe estar siempre al servicio del pueblo y cuando incluso maldijiste un día diciendo: «Maldito sea el soldado que vuelva las armas contra su pueblo»".

¿Cómo entender al proceso venezolano si el gobierno entrega a los luchadores sociales? Han sido extraditados compañeros vascos, fue entregado el periodista de ANNCOL Joaquín Pérez Becerra, ahora Julián Conrado. Sabemos el camino que le asignan a los luchadores colombianos la extradición a Colombia y posteriormente a Estados Unidos donde encierran en cárceles de máxima seguridad a los luchadores del pueblo, con tratos que buscan arrancarle la humanidad a nuestros hermanos. Sin embargo la lucha por la liberación del pueblo sigue en marcha a pesar de la represión descabellada que trata de una u otra manera acallar los gritos que reivindican la lucha por una vida digna.

La oligarquía no entenderá que no nos pueden arrancar la voz de la lucha y nuestro canto a la vida. Imposible. No podrán silenciar la voz de Julián, ni la de los revolucionarios.

¡Cómo no recordar a Julián cuando canta que: "Las ideas de justicia no morirán, si nos acribillan, las ideas de justicia no morirán, nos perseguirán, nos secuestraran, pero las ideas de justicia no morirán"!

Miles de voces como la coordinadora que no calle el cantor clamamos y exigimos que Julián no sea entregado a la oligarquía colombiana y se le de asilo político.

Por la liberación y aparición del prisionero de guerra y la no extradición del camarada Julián.

Venceremos!


CARTA DE TIMOLEÓN JIMÉNEZ, COMANDANTE ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP, A MEDÓFILO MEDINA



Doctor Medófilo Medina
Bogotá.

Apreciado Profesor:

Con mi saludo quisiera hacerlo partícipe de la voluntad varias veces expresada por el Camarada Alfonso Cano de dar respuesta a su carta abierta. Es obvio que las circunstancias que lo asediaban hicieron imposible la materialización de su propósito.

Si me lo permite, muerto el Comandante en combate, intentaré sin pretensión satisfacer en parte sus inquietudes, salvando el hecho de que usted le haya escrito a él en consideración a la relación personal y política que sostuvieron en un ya lejano pasado. A veces me asalta el pensamiento de que quería usted entablar más un intercambio con el antiguo camarada que con las FARC.

Es que no es fácil relacionarse en las condiciones actuales del país con nosotros. Existe un prisma mediático establecido, que ubica de inmediato en la picota a quien ose asumir una visión distinta a la pregonada por el poder. Eso del pensamiento único es mucho más que una consigna.

Adopta consecuencias letales, trascurre por el ostracismo y el olvido, la estigmatización, el fin definitivo del empleo, la intimidación, la ruina, la cárcel, hasta llegar incluso a una muerte anodina.

Su valentía merece reconocimiento. Como académico de criterio independiente, se arriesga a pasar de la efímera gloria concedida por sus francos cuestionamientos, a la irredimible condena por haberse prestado a servirnos de incauto instrumento. Todo dependerá de lo que los depredadores de oficio puedan obtener una vez se lancen hambrientos sobre nuestras consideraciones. Es eso en realidad lo único que les interesa, un flanco nuevo por el cual intentar desangrarnos.

El por qué de la guerra

El primer subtítulo de su carta dice: Los colombianos necesitamos entender el por qué de la guerra, lo cual nos confirma que usted no se encuentra solo y que un importante sector del pensamiento social espera sin prevenciones lo que podamos decir. El movimiento que se firma Colombianas y Colombianos por la Paz parece haberlos decepcionado un tanto, en atención a que en su parecer terminó absorbido por las urgencias emanadas del intercambio humanitario.

Quizás no resulte conveniente la generación de ese tipo de distancias.

Tal vez lo que en el camino la senadora Piedad Córdoba y otras personalidades han comprendido, es que resulta más fructífero para la paz de Colombia asumir tareas prácticas y concretas por la vida y la libertad de sus compatriotas, que enfrascarse en sesudos intercambios epistolares que generen un mar de especulaciones. Son puntos de vista, no necesariamente contradictorios, y que bien podrían marchar de la mano en una misma dirección. Es cuestión de sumar antes que dividir.

Pero expone usted en su apoyo argumentos que son respetables. El debate abierto y público de opiniones en torno a la inevitabilidad de la guerra y las posibilidades de la paz es urgente. Creemos que él envuelve una discusión amplia sobre las realidades económicas, sociales, políticas, culturales y hasta ambientales del momento contemporáneo mundial, latinoamericano y nacional. Nunca le hemos temido a eso, por el contrario, nuestro alzamiento en armas obedece a que siempre se nos han cerrado las puertas para tomar parte en él.

Usted no lo sabe, tal vez porque el tipo de vida que le implica su vocación por la investigación social y la enseñanza es muy diferente al nuestro.

Pero eso que llama dificultades políticas y técnicas o los avatares de la guerra que podrían dificultar un intercambio fluido, significan en realidad que las veinticuatro horas del día hay sobrevuelos sobre nosotros ubicando la mínima señal eléctrica, de radio, teléfono o internet para molernos a bombas. Sin hacerle mención de las enormes operaciones terrestres que buscan exterminarnos.

Es una verdadera hazaña lograr hoy día comunicarnos con el resto del mundo. No solemos hablar de esto pues automáticamente nos exponemos a la furiosa jauría, siempre presta a escarnecernos por pretender aparecer como inocentes víctimas. Tal vez ustedes logren valorar la importancia de que nuestros adversarios otorguen garantías efectivas para nuestro ejercicio político. Valdría la pena que en aras de la paz intentaran también hacer conciencia en ellos al respecto. Pero no creemos que sus misivas en ese sentido cuenten con la difusión de las que nos dirigen.

Muy probablemente los tratarían de algo muy semejante a ingenuos útiles.

Precisamente este conflicto es un debate armado en el que una de las partes, representada por el Estado, emplea todo género de recursos con el propósito de impedir la expresión del pensamiento de la otra. En el medio han estado siempre los que inclinados hacia nuestras posiciones terminan siendo víctimas de la persecución, así como quienes en aras de su tranquilidad han asumido que de lo que se trata es de decir cosas que halaguen a los poderosos, recurriendo por pulcritud al ingenio.

Qué bien le haría a la democracia y la paz que su carta contribuyera a abrir una brecha por la que el ciudadano corriente pudiera conocer la argumentación de las FARC y sopesar nuestra visión actual del país y nuestra propuesta hacia el futuro. La generalidad de su exposición parece apostar a la idea de que conseguirlo es un asunto sencillo, ligado fundamentalmente a una cuestión de voluntad personal. Así se desprende incluso de su ilación histórica, de acuerdo con la cual haber surgido fue justo, pero en cambio persistir hoy es infundado.

La democracia colombiana

Usted debe conocer que al interior del universo de los medios de comunicación circulan diccionarios para uso de redactores y presentadores. En ellos se define de modo categórico el listado de los términos que pueden ser usados y el sentido imperativo en el que deben emplearse. Imperialismo y oligarquía son, por ejemplo, palabras en absoluto desuso, que deben ser puestas en su adecuado lugar de ridiculeces cuando algún trasnochado vocero de extremistas las traiga a cuento. Existe un solo léxico admitido, y con el lenguaje unas únicas realidades permitidas.

Según estas, el sistema multipartidista y de elecciones periódicas promovido desde la Casa Blanca, es el máximo ideal democrático alcanzado por la humanidad. En nombre de él pueden invadirse y bombardearse países y pueblos enteros, desestabilizar gobiernos no afectos, o imponer por la fuerza autoridades transitorias o definitivas. Siempre con el sano y loable propósito de dar paso a las economías de mercado, a la millonaria inversión extranjera, a la exacción descarada de recursos naturales, al enriquecimiento apresurado de una élite privilegiada.

Nuestro modo de ver las cosas es distinto. Se parece más al del asesinado Presidente Lincoln. Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

Sobra decir que el régimen colombiano se ajusta más a las previsiones difundidas por el Washington de Bush y Obama. Se humilla ante ellas.

Nosotros creemos que no son coincidentes los intereses de las clases privilegiadas con los de los millones de destinatarios de sus políticas. Creemos que los de abajo tienen su propia visión de las cosas y nos identificamos con ella. Promovemos entonces un régimen político distinto.

Que parta de una premisa fundamental, la independencia y la soberanía nacionales. En Colombia debe gobernar un partido o movimiento que se Colección preocupe antes que nada por la suerte de sus habitantes, por elevar el nivel de vida de los más desfavorecidos. Para hacer realidad eso, tal vez sea necesario chocar con los intereses de diversos monopolios económicos de aquí y el exterior. Pero las decisiones políticas fundamentales, y todas las demás, deben apuntar a satisfacer el interés de la mayoría de los colombianos.

Porque la política como tal, en este país y en la mayoría de las economías de mercado, ha perdido por completo su esencia. No se llega al poder para cumplir un determinado programa. Se llega para ejecutar las directrices emanadas de los grandes poderes internacionales. Las economías y los planes de desarrollo nacionales y locales están condenados a cumplir con el libreto del FMI, el Banco Mundial y la OMC, entre otras instituciones.

Cada país y provincia tienen ya su destino fijado en una cumbre previa. Ningún gobierno puede salirse del guión establecido.

Si alguno lo pretendiere, será inmediatamente tachado de antidemocrático y quedará expuesto a peligrosas sanciones. Definitivamente eso no puede ser admitido en verdad como democracia. El ejemplo más a mano lo tenemos en Colombia. En la más reciente campaña presidencial los candidatos que quisieron contar con una mínima posibilidad de victoria, estuvieron obligados a declarar en sus propios estilos que continuarían con la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social.

Esa era la única línea que se consideraba como democrática.

Ninguna otra posibilidad contaba con la más mínima esperanza. Si recuerda usted las últimas elecciones regionales y locales, el tan promocionado ex guerrillero que terminó elegido a la alcaldía de Bogotá, tuvo que romper con el movimiento de izquierda del que hacía parte, declarar sin pudor su disposición a vincularse al proyecto de Unidad Nacional del Presidente y hasta identificarse con el cadáver político de Álvaro Gómez.

Sólo con tan denigrante muestra de sujeción a los dictados del gran capital podía contar con su aquiescencia y por tanto terminar electo.

Como producto de eso, y no creo que usted se niegue a reconocerlo, el ejercicio de la política en los marcos institucionales de hoy, está vaciado por completo de contenido ideológico. Es que hasta la noción de ideología fue proscrita. Las campañas electorales se reducen a estrategias de marketing en las que cuentan son los capitales invertidos en la orgía publicitaria.

Capitales que tendrán que rendir sus beneficios desde las administraciones elegidas. Aspiraciones personalistas ligadas a los más bajos propósitos y encubiertas por floridos discursos que no dicen nada.

Ante tamaña realidad, los de abajo, el pueblo raso del que los usos corrientes prohíben hablar, no cuenta con posibilidad legal de expresar sus intereses. Se lo pretende arrastrar dentro de partidos y grupos nepotistas y corruptos, que sólo le producirán enormes decepciones. Por eso, para hacer valer sus derechos, la gente no tiene más alternativa que apelar a las calles, a las carreteras, a los paros y asonadas para lograr ser atendida.

Es ese estrecho marco, reforzado por la violencia represiva y criminal del Estado, el que explica la resistencia popular a la represión, y la existencia y persistencia del alzamiento armado en Colombia.

Al tiempo que imprime forma objetiva al contenido de una solución política.

Esta no puede entenderse sino como un replanteamiento del orden existente. No se trata de que guerrilleros arrepentidos y previamente desacreditados en extremo, entreguen las armas, se sometan al escarnio mediático y jurídico, para luego, con la espada pendiendo de un hilo sobre sus cabezas, ingresar al mercado de la política partidista a fin de hacer coro a las mentiras oficiales. De lo que se trata es de reconstruir las reglas de la democracia para que se debatan ideas y programas en igualdad de oportunidades.

Sin el riesgo de ser asesinados al llegar a casa. O desaparecidos y torturados por una misteriosa mano negra que ya se anuncia que existe, como aquellas fuerzas oscuras que exterminaron a la Unión Patriótica bajo la mirada impasible de la clase política colombiana. Es justo que se abra un debate público y libre sobre estos asuntos, que se pueda hablar de estos temas sin ser arrollados de inmediato por los monopolios informativos concertados.

Porque hasta de eso se trata en una solución política, de cómo poner freno a la intolerancia del unanimismo mediático.

Un escepticismo fundado en la experiencia

Profesor, créame cuando le digo que admiro su coraje. Es imprescindible en cualquier sociedad la actividad de la gente que adversa con altura. Tal vez no estemos de acuerdo con todo lo que plantea, pero reconocemos su honestidad y nos inspira respeto. Verá, nuestro análisis de la sociedad colombiana no puede restringirse al examen de las individualidades. Usted mejor que nadie sabe que un enfoque científico, implica el reconocimiento de que los intereses de las clases inmersas en el proceso histórico, tienen mayor relevancia que la actuación de los personajes.

Varios de nuestros contradictores, desde espectros distintos, critican lo que llaman nuestra ceguera ante las positivas señales planteadas por Santos desde su llegada misma al gobierno. Que su reconciliación con Chávez y Correa, que su concertación con las cortes, que haber incorporado a Angelino, que sus guiños a la oposición, que su disposición a los derechos humanos, que su ley de víctimas y de restitución de tierras, que su voluntad de paz. Se empeñan en convencernos de que sumarse a Santos refuerza la lucha contra la extrema derecha fascista que representa Uribe, y enrumba el país por la senda de las reformas democráticas. Están confundidos cuando menos.

Santos no se distanció un milímetro de los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que patrocinó la confianza inversionista de Uribe.

Lo que nos muestran sus locomotoras es la extrema radicalización de las prácticas neoliberales, la aceleración incontrolada de la deuda externa, la más desvergonzada entrega de nuestras riquezas naturales, el arrasamiento ambiental en beneficio de los monopolios, la prelación por la agroindustria exportadora en perjuicio de la economía campesina. Las distancias políticas que separan a Uribe de Santos no son muy distintas a las que separan a Bush de Obama o a Mariano Rajoy de Zapatero.

Todo eso a la par con la profundización de la guerra, los bombardeos y la multiplicación de operaciones militares en las zonas agrarias, las capturas masivas silenciadas por la prensa en distintas regiones del país, el asesinato de dirigentes sindicales y populares, particularmente de reclamantes de tierras, su ley de seguridad contra la protesta ciudadana, sus programas de multiplicación carcelaria, etcétera. Su proyecto de reforma a la justicia resultó chocando de frente con las cortes y en cambio resucitó la justicia penal militar para reforzar aún más la impunidad.

Y ya sabemos cómo, sólo mediante una gigantesca movilización estudiantil, se logró frenar su proyecto de privatización de la educación universitaria.

Quizás lo que está influyendo a distintas oenegés para salir en su defensa, son la fronda burocrática y los acuerdos de asesoría y asistencia, es decir los contratos implicados en la reglamentación de la ley de víctimas y restitución de tierras, para los cuales se hace ostentación de multimillonarios presupuestos que, seguramente, inspiran los buenos sentimientos de muchos sectores. Por la plata baila el perro dice el viejo refrán colombiano, del cual nos sentimos sincera y radicalmente distanciados.

Usted insiste en que expresemos una opinión ampliada sobre esta ley.

Para ser sincero, las expectativas que nos despierta se parecen mucho a las que nos inspiró la aprobación de la ley de justicia y paz con la que se pretendió embrollar el problema paramilitar y reparar en primera instancia a las víctimas. Astutas maniobras para neutralizar la opinión internacional y cooptar opositores. Sus posteriores desarrollos, ampliamente conocidos, hablan por sí solos de sus falsas bondades. Los mismos personajes que asumieron la Comisión de Reparación vuelven a aparecer encabezando esta nueva aventura, lo cual resulta de por sí bastante diciente.

Sectores serios de la izquierda, en diversas publicaciones, han señalado ya repetidamente sus reparos, a los cuales sin dudar nos sumamos. Sería muy largo explayarnos aquí. Pero no sobra advertir que son los intereses de las multinacionales y grandes capitales locales, los que exigen una normalización o legalización de las tierras en las que adelantan o piensan adelantar sus proyectos de inversión agroindustrial. La urgencia de reglas claras apunta a preferir el derecho de terceros ocupantes de buena fe, con los que los modestos despojados tendrán que pactar sus cuotas de participación, perdiendo para siempre la posesión de su tierra y su proyecto de vida.

El derecho de las víctimas a retornar a su lugar de origen o reubicarse en otro, se consagra sujeto extrañamente a los marcos de la política de seguridad nacional, lo cual debía resultarles preocupante. Llama la atención que la exclusión del derecho a las víctimas del despojo anteriores a 1991, deja por fuera de plano a los campesinos desterrados en el Magdalena Medio durante la embestida paramilitar de los ochenta. Curiosamente esa región comprende las mejores tierras del país para el cultivo de la palma.

Y una mención de Perogrullo, una cosa son los términos judiciales previstos en la ley y otra los reales que consumen los largos contenciosos ante los jueces.

Con relación a los sectores extremistas del latifundio, el paramilitarismo y mismo empresariado que se oponen a la aplicación de tal ley, cabe tener presente que si no representan una mayoría significativa en el entorno de los intereses involucrados en la normalización del derecho de propiedad, terminarán aislados. No podrán impedir la realización de los urgentes requerimientos del gran capital. Será éste el encargado de delimitar con el tiempo el verdadero alcance de la norma, y no serán los derechos de los desplazados los que terminarán imponiéndose. A menos que ocurra un cambio radical en este país, el cual no va a provenir, estamos seguros, del que algunos juzgan buen corazón de Santos.

Si por desgracia, fueran esos sectores radicales los que cuentan con el mayor peso, nuestro país va a verse abocado a una nueva y terrible ola criminal de masacres, asesinatos y destierros, los cuales solo vendrían a demostrar que Santos no fue más que la vana ilusión de algunos, en el sentido de representar sectores sociales distintos a las mafias y el lumpen que defendió su antecesor. Resulta así sospechosa la proclamada intención gubernamental de profundizar la guerra total contra nosotros antes que contra aquellos. Mal puede salirse a proclamar la necesidad de respaldar al actual gobierno. Antes bien, creemos que adquiere una urgencia acuciante denunciar sus demagógicas promesas y sobre todo su actuación completamente contraria a ellas.

Un poco de historia

La extensión de los temas implicados en su carta riñe con las circunstancias y el tiempo que nos permite la confrontación. El rigor académico exigiría en realidad que los argumentos en los que cifra usted ciertas afirmaciones acerca del pasado histórico, fueran expuestos con mayor lógica y amplitud, para poder sopesarlos en su justo valor. De alguna manera la naturaleza de su escrito lo impide, lo cual puede terminar por conducirnos a un vano enfrentamiento de supuestos inadecuadamente fundamentados.

Sin embargo, me permito señalar algunos hechos que creo podrían enriquecer aún más sus apreciaciones.

Sin desmedro de la importancia que merece el estudio del paro cívico nacional de 1977, creo que el referente básico para la comprensión de los desarrollos posteriores de la historia colombiana no deja de ser el 9 de abril de 1948. De allí surgió la certeza de que cualquier alternativa política democrática, progresista, antiimperialista y popular estaba sentenciada a muerte por los sectores económicos y políticos dominantes en nuestro país. La convicción de que un levantamiento general de las multitudes inconformes estaba condenado al fracaso si no contaba con una dirección seria, madura, experimentada y consecuente. La legitimación del derecho del pueblo a alzarse en armas cuando la violencia oficial y privada se ensañara contra él.

También la inolvidable lección de que por más contradicciones que puedan existir al interior de las clases dominantes del país, estas terminan por unirse en un frente único y brutal cuando quiera que juzgan que el populacho se creció envalentonado a reclamar sus derechos. La pusilánime y ofídica actitud de la dirección liberal reunida con Ospina Pérez en palacio, ocupará siempre la memoria popular cuando se trate de graficar la traición contra toda una nación enardecida. Pero por sobre todo un aspecto de la historia nacional que usted apenas referencia para de alguna manera ponerlo en contra nuestra, la perversa intervención de los Estados Unidos.

Casi a la manera de un faro gigantesco que con su haz de luz rompe las tinieblas para conducir a buen puerto una embarcación en medio de la noche oscura, la correcta interpretación del papel desempeñado por la IX Conferencia Panamericana en el asesinato de Gaitán, y el señalamiento posterior contra el Partido Comunista como autor de ese hecho, ponen de manifiesto el trágico destino de nuestro país bajo la égida de la Doctrina de Seguridad Nacional adoptada tras la segunda guerra mundial por el Estado norteamericano. La teoría del enemigo interno que se encargarían de inculcar a todas las fuerzas armadas del continente dejaría una huella infame.

Son demasiadas cosas juntas como para menospreciar la trascendencia del acontecimiento. Es claro que con él se prefigura la suerte actual de Colombia. Hasta en algunos detalles sorprendentes, como que el primer designado a la Presidencia llevaba el apellido Santos. La misma sangre azul de los que pasan y vuelven a dirigir el país. Había también un Lleras, del mismo pedigrí del ministro del interior actual. Y así, de prisa, valdría la pena recordar que el afán del fanático falangista Laureano por una salida militar a la crisis, terminó por servir a Ospina para convencer a al liberalismo de la conveniencia de una arreglo amigable.

Un nuevo episodio de la rivalidad entre esas dos familias conservadoras tuvo lugar durante el paro del 14 de septiembre. El llamado ospinopastranismo, resentido contra la tenaza Álvaro-Lopista que lo excluía de la burocracia, optó por sumarse a la convocatoria de paro, aupando a la UTC a salir a la calle a sumarse a los 3 millones de arrepentidos que habían votado en el 74 por Alfonso López. Era su pequeño desquite por el 9 de abril. Cuando la protesta social se desbordó incontenible, los godos echaron atrás, interesados apenas como estaban en puestos y contratos.

Son antecedentes que se olvidan a la hora de estimar la sinceridad de la voluntad de paz de Andrés Pastrana, hijo de Misael, cuando decidió jugarse un diálogo en el Caguán.

Eso de la intervención norteamericana se convirtió en una atrocidad mundial en los años sesenta del siglo pasado. El pavor al imaginario despliegue soviético y a otra Cuba, en medio del renacer independentista de África y Asia, sofisticó la Doctrina de Seguridad Nacional a la modalidad de la contrainsurgencia aprobada por John F. Kennedy. De ella provendrían el escalamiento de la agresión a Vietnam, la matanza de medio millón de indonesios en nombre del anticomunismo, el golpe militar contra Juan Bosh y la intervención militar en República Dominicana, el golpe en Brasil contra el gobierno de Joao Goulart. Y el Plan LASO que involucraría a la región agraria de Marquetalia primero, y luego a Riochiquito y otras zonas del país.

Mal puede entonces compararse la naturaleza de los conflictos agrarios en el Sumapaz o el Tequendama, en defensa de la vida y de la propiedad de la tierra contra la voracidad latifundista, con la campaña terrorista anticomunista desplegada por el imperialismo en todo el orbe y aprovechada por la oligarquía liberal conservadora para eliminar la oposición a su Frente Nacional. Los intereses en juego eran completamente distintos. Cuando los campesinos marquetalianos se dirigieron al país y al mundo entero, pidiendo solidaridad para evitar ser agredidos como se tramaba, ofrecieron en cambio un diálogo que fue rechazado de plano y se trocó por bombas y metralla. De allí brotaría el histórico Programa Agrario que definió el carácter de su lucha.

Se trataba de una lucha de índole política, por el poder para el pueblo. Ni en ese Programa Agrario, ni en ningún documento posterior de las FARC hasta la fecha de hoy, se ha planteado jamás que como organización político militar nuestra meta sea la toma del poder tras derrotar en una guerra de posiciones al Ejército colombiano, como se repite una y otra vez por todos aquellos que insisten en señalarnos la imposibilidad de ese objetivo.

Desde nuestro nacimiento las FARC hemos concebido el acceso al poder como una cuestión de multitudes en agitación y movimiento. Así como con la táctica de la combinación de las formas de lucha definimos que no desdeñamos ninguna de las vías que las clases dominantes nos permitan u obliguen a emplear.

Desde luego que esa es otra discusión que desborda el tema de que nos ocupamos. Déjeme decirle en cambio, Profesor, que cuando se estudian fenómenos complejos, hay que tener los dos ojos abiertos, para no incurrir en el error de mirar un solo aspecto. Si la desmovilización de las guerrillas liberales y comunistas que se sucedió en el país en el año 1953 no condujo a la paz definitiva, a quienes menos puede imputárseles la responsabilidad es a los comunistas. Los movimientos de autodefensa del sur del Tolima se trasladaron al oriente de ese departamento, a Villarrica y sus alrededores, ilusionados con las promesas oficiales y dispuestos a convertirse en pacífico movimiento agrario.

De allá los sacarían a la brava los planes militares de la dictadura de Rojas Pinilla, en uno de los dramas humanos más terribles y conmovedores de la historia colombiana. La guerra de Villarrica aparece en crónicas de la época, como crudo testimonio del trato que confieren los dueños del poder en Colombia a quienes confían ingenuamente en sus palabras. De esa auténtica diáspora terminarían surgiendo las colonias agrarias del Ariari, Guayabero, Duda, perseguidas igualmente con saña en años posteriores.

El pequeño foco campesino dirigido por Jacobo Prías Alape y Manuel Marulanda Vélez, que optó por penetrar a las profundidades de la montaña y fundar la región de Marquetalia, sería atacado una década después, tachado de república independiente.

Usted reconoce no ser un experto en las FARC. Al parecer hay especialidades académicas sobre nosotros. Que sepamos, ninguno ha llegado acá nunca a entrevistarnos. Es lo menos que podría esperarse de quienes escriben libros o dictan conferencias sobre nuestra lucha. Cosas de la ciencia social posmodernista. La desconfianza al discurso del poder no es cuestión gratuita. Ya le hablaba de Villarrica. Está también lo sucedido con Guadalupe Salcedo y otros jefes guerrilleros desmovilizados. Carlos Pizarro. ¿Usted de veras cree que tiene alguna presentación decir que el genocidio contra la Unión Patriótica hubiera sido evitado por la reacción ética de fuerzas considerables de opinión surgidas como reacción del abandono de las armas por nosotros?

El exterminio de la Unión Patriótica se halla enmarcado dentro de la estrategia del denominado conflicto de baja intensidad, una versión más avanzada de la Doctrina de Seguridad Nacional. La UP era uno de esos partidos antidemocráticos que según el documento de Santafé debía ser neutralizado por promocionar el estatismo. Si usted hace memoria, tal vez recuerde que no sólo se persiguió de manera implacable a la Unión Patriótica, sino que con ella perecieron también los más destacados defensores de los derechos humanos, los dirigentes sindicales, campesinos y populares más comprometidos en el conflicto con las recién aparecidas políticas neoliberales. Más tarde no sólo se asesinó a los líderes sino que fue emprendida una diabólica operación de exterminio generalizado, desplazamientos y terror.

Usted dice bien, todo ello producto de una impúdica alianza entre sectores de las Fuerzas Armadas, mafias del narcotráfico, gamonales políticos y paramilitares. Pero soslaya que aquello se constituyó en una verdadera política de Estado, auspiciada y consentida desde el Pentágono. Excluya los muertos de la Unión Patriótica, caídos, según usted, por obra de nuestra utópica y catastrófica decisión de sentarnos en dos sillas. ¿Cuántos suman? ¿5.000? Resultan en realidad un porcentaje mínimo en el espantoso holocausto en que las clases dominantes sometieron a nuestro país en las últimas tres décadas. ¿Fueron dique de contención de semejante avalancha de sangre las fuerzas políticas y corporativas que hubieran actuado por obra de nuestra desmovilización?

Profesor, lo que ha sufrido nuestro país durante décadas es la siniestra práctica fascista de seguridad nacional con traje de democracia. Esa no cambia porque el Presidente haya sido Valencia, Belisario (¿Recuerda el Palacio de Justicia?), Gaviria, Samper, Uribe o Santos. Mientras los colombianos en conjunto no tomemos la decisión real de apelar a todas nuestras reservas políticas, sociales, culturales y éticas a fin de desterrar de los cánones constitucionales y legales esa perversa concepción de Estado, que encarnan en primer término las fuerzas militares y de policía, el fin del conflicto y la paz permanecerán muy distantes. En ese contexto, la voluntad de paz adquiere visos complejos, que superan de lejos la decisión unilateral de entregar armas.

Unas precisiones necesarias

Al igual que sucede con el desconocimiento de la situación que soportan en las cárceles del país una considerable proporción de colombianos encerrados por cuenta de su pertenencia a las FARC, al lado de los cuales una porción notablemente mayor de compatriotas paga entre rejas su vocación por la lucha social y política, da la impresión de que para mucha gente en nuestro país los guerrilleros heridos o muertos en combate no existieran, o al menos se tratara de unos seres humanos inferiores cuya deleznable vida puede ser truncada sin que le importe a ninguno.

Pero no es así, en verdad, Profesor. Dentro de las miles y miles de víctimas del fascismo en nuestro país, hay que incluir también a las valerosas mujeres y hombres que entregaron su vida o su integridad física combatiéndolo.

Y un razonamiento elemental conduce a hacerlo. Se trata de colombianas y colombianos que comprendieron la necesidad de luchar por un país mejor, y asumieron esa tarea conscientes de los enormes riesgos que les deparaba. El alzamiento armado está reconocido como la forma más elevada de la lucha política, es decir que hace parte del aluvión de formas de actividad que persiguen el objetivo del poder para el pueblo. No es ajeno a este, y es más, no podría existir si no contara con una enorme base popular de apoyo.

Puede parecer ingenioso y hasta despertar aplausos, pero no resulta convincente trazar una frontera que separe a la guerrilla de la lucha popular, ni reclamarle de manera independiente cuáles puede contar como suyos entre los éxitos conseguidos a favor de las masas oprimidas. Las luchas de todos los de abajo conforman un frente y sus conquistas o reflujos benefician o aplazan el acercamiento al objetivo general de redención social. Desde luego que examinar las cosas así se corresponde a la óptica de clase de los explotados. Otras visiones, animadas muchas veces por la idea de una neutralidad inexistente, en realidad hacen parte y sirven a los intereses de los de arriba, a la burlona sonrisa de los sectores dominantes.

La lucha popular en su conjunto ha conseguido muchas cosas y la sola pregunta, cuando menos, destila cierto veneno, bien sea de naturaleza nihilista o francamente burgués. De la lucha armada de veinte años que precedió a los Acuerdos de La Uribe, se derivarían para el país efectos verdaderamente modernizantes que implicaron importantes avances. Desde luego que unidos a los clamores y reclamos de muchos otros sectores, ya lo decía atrás. No se trata de metas acabadas, sino especies de postas para el posterior relevo que lleve las cosas más adelante.

¿A quién en Colombia le parece tolerable hoy que el Presidente de la República designe uno a uno los gobernadores y estos luego uno a uno a los alcaldes? ¿Acaso no fueron los tiros y las resonantes denuncias de las guerrillas colombianas las que pusieron en el centro del debate nacional el tema de los derechos humanos? Después se tejería toda una leyenda en torno a la idea de la séptima papeleta que supuestamente sirvió de origen a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. ¿No fue un clamor mil veces repetido al país por Jacobo Arenas, la necesidad de realizar una Constituyente que relevara la vieja constitución del 86?

Debe sonarles a bofetada en el rostro a los militares colombianos, y más ahora que se aprestan a que el Congreso santista les reviva su fuero militar, el que las FARC afirmemos que a punta de denuncias y tiros también, desempeñamos un rol determinante en la concepción restrictiva que terminó imponiéndose en nuestro país sobre esa jurisdicción especial patrocinadora de escandalosa impunidad. Plinio Apuleyo Mendoza o José Obdulio Gaviria viven amargados, restregándoles a los demás colombianos cómo permiten que la guerrilla se cuele en todas partes. No es la guerrilla, señores trogloditas, son los avances democráticos de la lucha popular.

¿Y el estado de sitio? ¿Y el arrinconamiento del paramilitarismo fascista? ¿Será cierto de verdad que las armas en manos del pueblo no jugaron un papel considerable en ello? La lista que podría ir completándose es muy larga, Profesor. Incluso podría convertirse en un importante tema de estudio en foros universitarios. Nuevamente el tiempo y el espacio me impiden extenderme más. Además de que al hacerlo, de buena fe y sin intención de perjudicar a nadie, podría acrecentar el disgusto de personajes y sectores supremamente peligrosos para la salud de los heroicos compatriotas que, en distintos momentos y lugares, han levantado tan dignas banderas.

Hasta cierta etapa de la lucha armada, anterior a la generalización de la táctica estatal de combatirnos con la fórmula de secarle el agua al pez, nuestra presencia y combatividad en muchas regiones del país, dio origen a que en las alturas del Estado se enteraran de la existencia de esas gentes y la suma de adversidades que pasaban. El afán de aislarlas de nosotros, condujo por una especie de carambola, a que así se tratara de trochas llegaran a muchos pueblos y veredas, vías por las cuales circulara un carro de línea, escuelas donde los niños pudieran educarse, puestos de salud en donde al menos una promotora les suministrara una elemental asistencia.

Hasta la consolidación actual que pregonan practicar en catorce zonas del país las fuerzas militares, ha implicado la atención de algunas de las necesidades angustiosas de la gente. Mal haríamos nosotros en sobreestimar este aspecto sobre los desplazamientos, los encarcelamientos masivos, las persecuciones, los crímenes y el terror generalizado que impone la ocupación militar de extensas áreas, así como el repoblamiento de las mismas con gentes de su fiar. La asistencia social de programas como Familias en Acción, que hace parte de todo lo anterior, no deja de tener el sabor amargo de que jamás habría surgido si la guerrilla no hubiera puesto antes un pie allí. Esto suena indignante, pero no deja de ser útil para dimensionar la mezquindad de los planes oficiales.

En su reciente viaje a Londres, Santos se convirtió en presa de caza de los medios por haberse atrevido a hablar de despenalizar las drogas. En el Pleno de Estado Mayor Central del año 2000, en pleno proceso del Caguán, de manera oficial, las FARC planteamos al pueblo norteamericano, a su Congreso y al gobierno de los Estados Unidos la legalización de las drogas. Y los campesinos de este país llevan décadas hablando del asunto en distintos espacios. Si tal eventualidad llegara a producirse un día, la historiografía oficial se encargaría de ensalzar al actual Presidente como el artífice de tan trascendental medida. No sería la primera vez en la que las clases dominantes colombianas se apropian de viejos anhelos populares para presentarlos como suyos y negar de paso la actuación de los desposeídos en la historia.

La voluntad sincera de paz

Hablando del Caguán, lo invito Profesor a realizar un desprevenido estudio histórico de los Acuerdos que posibilitaron la zona de despeje y los diálogos cumplidos allí. A la luz de las reglas pactadas con Pastrana, haciendo caso omiso de las malintencionadas campañas de prensa, no puede encontrarse un solo hecho de parte nuestra que signifique una violación a las mismas. Fue el Estado quien hizo valer su tesis de dialogar en medio del conflicto, lo cual quería decir que por fuera de la zona de despeje la guerra continuaría con toda su crudeza. La propia Defensoría del Pueblo se encargó de declarar que las supuestas pistas que mostró Pastrana en fotografía para justificar el fin de la zona, eran en realidad antiguas carreteras.

Pero la embestida mediática adquirió tal dimensión en contra nuestra, que Osama Bin Laden o Hussein resultaban ángeles comparados con nosotros.

Lo que jamás ningún analista objetivo se ha detenido a examinar, es la actitud del gobierno, que en la Mesa hablaba un lenguaje y por fuera de ella el contrario. Uno de los Acuerdos fundamentales a que llegamos se llamó la Agenda Común por el Cambio para una Nueva Colombia, la relación precisa de los temas que ocuparían la discusión en la Mesa de Diálogos: El contenido de los acuerdos de paz, la doctrina militar, las reformas democráticas al sistema político, el modelo de desarrollo económico, el régimen tributario, el empleo y la atención social, la tierra, la política de explotación de los recursos naturales, las relaciones internacionales y el tratamiento social al problema del narcotráfico.

En tres años de conversaciones, el gobierno se dio maña para que ni siquiera uno de esos puntos fuera abordado en los diálogos. En medio centenar de audiencias públicas a las que concurrieron más de 30.000 colombianos con sus propuestas sobre los temas específicos de las convocatorias, y en un sin número de formales Mesas Redondas con sectores de la producción y la academia, fueron debatidos temas de trascendencia para la vida y el futuro del país. Se suponía que la Mesa de Diálogos se encargaría del examen de lo concluido en todos esos eventos. En eso consistía el proceso, de conformidad con las reglas pactadas. Ni una sola vez, absolutamente ni una, el gobierno posibilitó dar paso en el orden del día de las reuniones a ese asunto.

Contrariamente a lo que se comprometía en la Mesa, públicamente declaraba todo el tiempo que temas como el Plan Colombia, los acuerdos de ajuste con el FMI, el Plan Nacional de Desarrollo, las reformas constitucionales tipo régimen de transferencias, o legales como el nuevo código minero no hacían parte de ningún tipo de debate con la guerrilla. O sea que borraba con el codo los compromisos firmados con Manuel Marulanda Vélez, difundidos ampliamente por la prensa nacional. Y sin embargo, nadie hablaba de ello. Era como si no estuviera pasando. Lo que se revelaba todos los días al país era que las FARC no tenían la menor voluntad de paz, que en cada respiración estaban violando los acuerdos.

De ese modo quedaba patente la verdadera intención oficial, lo único que nos reservaba era el derecho a la rendición sin condiciones. El gobierno era consciente de que si no lo lograba, al menos ganaba el tiempo que necesitaba para readecuar a las fuerzas armadas para la guerra de exterminio.

Ningún estudioso del tema puede dejar pasar por alto el inmenso significado de lo expresado por el Comisionado de Paz de entonces, Víctor G. Ricardo, al periodista Hollman Morris, en su documental sobre el encuentro EL DIÁLOGO ES LA RUTA celebrado en Barranca en agosto pasado: si las FARC en ese momento hubiesen sabido que el Estado no contaba con qué comprar un cartucho, no se hubiera sentado a dialogar en el Caguán.

Era el Establecimiento quien se burlaba abiertamente no sólo de nosotros sino de la comunidad nacional e internacional que acompañaba el proceso.

La gran prensa desempeñaba con lujo de detalles su nefasto papel en esa conspiración contra Colombia. De lo que se trataba en realidad era de aniquilar de una vez y para siempre la oposición a la radicalización de las políticas neoliberales impuestas por la banca trasnacional y aceptadas de buen grado por la oligarquía gobernante. Basta con observar quiénes integraban el equipo de gobierno de Pastrana y quiénes lo integran hoy.

Es el mismo grupo de tecnócratas formados y devotos por la Escuela de Chicago, cuyas realizaciones hacen hoy aguas en todo el mundo.

Es por eso que no se encuentran diferencias de fondo entre lo que se nos exigía por debajo de la mesa una década atrás y lo que se nos conmina a hacer hoy día con la famosa llave oculta de Santos. Hace diez años, además, se hallaba en esplendor el dominio abierto de los llamados halcones en el gobierno norteamericano. La reconocida alianza entre el poderío militar de ese país y las grandes corporaciones industriales y financieras, que suele agruparse en la denominación complejo militar industrial del Pentágono, abría sus fauces guerreristas ansiosas de más negocios por cuenta de la guerra en cuanto rincón de la tierra le fuera posible.

Vale la pena indagar cómo se contabilizan aquí los centenares, los miles de millones de dólares de la ayuda norteamericana a la guerra. ¿Harán parte del superávit en la balanza de pagos? ¿Influirán en la cifra de crecimiento de la inversión extranjera? ¿Se reflejan en el avance del PIB? Lo que estudiosos muy serios sostienen es que tan grande avalancha de recursos provenientes de los impuestos pagados por los ciudadanos de los Estados Unidos, constituye en realidad un escandaloso chorro de subsidios a las grandes empresas ligadas al sector bélico. Los dineros nunca entran a Colombia, sino que con ellos se pagan todas las armas e implementos que fabrican esos pulpos empresariales y que se trasladan aquí con el benévolo nombre de ayuda.

Ellos más que ninguno, animados por su satánica idea de guerra contra el terrorismo, presionaban la escalada del conflicto colombiano. La guerra total contra las guerrillas, en la concepción de seguridad nacional, serviría a la vez para golpear indistintamente al movimiento social y popular que se enfrentaba decidido a las medidas neoliberales de privatización, flexibilización laboral y libre comercio. Todas ellas, como tenemos cada día más claro, nos condenan cada vez más al saqueo descarado de nuestros recursos naturales, a la eterna soga al cuello del crecimiento de la deuda, y sobre todo al recorte acelerado de los servicios públicos y derechos conquistados por los trabajadores en tiempos pasados, sin posibilidad de marchar hacia adelante.

¿No es que ya anuncian un nuevo régimen de jubilaciones que alarga aún más la edad para tener derecho a una pensión? Como ve, Profesor, eso que usted y muchos colombianos percibieron como el síndrome del Caguán, y que los llevó en un arrebato emocional a inclinarse hacia la extrema derecha que representaba Uribe, no pasa de ser una fábula, si se la examina de modo objetivo, ligándola a los demás aspectos de la realidad. Señalarnos más encima con el dedo índice a nosotros como directos responsables de ella, sobre todo desde la respetable posición de intelectualidad pensante, resulta un despropósito tan bien elaborado, que haría merecedor del galardón de oro a los publicistas y propagandistas de la globalización neoliberal.

Voy a decirle algo que a mucha gente le podrá parecer inadmisible. Si el ganador de las elecciones del año 2002 en Colombia hubiera sido Horacio Serpa, hubiera sido él el encargado de desarrollar con leves diferencias de matiz el Plan Colombia, el Patriota y la consolidación. Hubiera sido él quien firmara el TLC con los Estados Unidos y quien recorriera el mundo afanado por más acuerdos de libre comercio, del mismo modo como le señalaba con relación a quienes miran en Santos un campeón de la democracia.

Nuestros Estados se hallan condenados a desempeñar un rol subordinado en el entorno de los intereses del gran capital trasnacional.

Es por eso que retoma toda su urgencia la recuperación de la soberanía e independencia nacionales, así como la necesidad de la integración latinoamericana que nos permita enfrentar con éxito al monstruo.

Una ligera mirada al entorno

No creo que merezca debate su apreciación de lo que sucede en el entorno latinoamericano. Es justa y acertada. Apenas podría agregarle una mención.

Es la que se refiere a los dos modelos de izquierda que se implementan en nuestro continente. Uno, el del Brasil, decididamente inclinado a la asistencia social, mientras en todo lo demás se ciñe a la cartilla dictada por los poderes internacionales del capital, y el otro, el de Cuba y Venezuela, que apuntan a construir un modelo socialista acorde con sus realidades nacionales, pero completamente autónomo en materia de políticas económicas. Usted sabe que Lula obtuvo incluso el título de personaje mundial del año en el 2010, mientras los Castro y Chávez reciben el trato de demonios en los círculos dominantes.

Fidel y Chávez son considerados los peores dictadores internacionales por las agencias de prensa norteamericanas y europeas. En Colombia, en el entorno de las clases dominantes y los grandes medios de comunicación, el proceso revolucionario venezolano es visto con la misma saña y repudio con que lo mira la catorce veces continuas derrotada oposición de ese país. La imperiosa necesidad económica impuso el acuerdo de Santos con Chávez, por el que el primero se comprometió a respetar lo que hacía el segundo en su país. Pero todos los colombianos sabemos lo que en realidad piensan Santos y su corte. Todos, al unísono, se unieron al coro de felicidad por el golpe del 11 de abril de 2002. La actitud sigue siendo la misma. No nos engañemos.

Aquí tenemos un ejemplo contundente de lo que significan las políticas neoliberales que no admiten Cuba y Venezuela. Se encuentra en la Guajira y se llama el Cerrejón. Hace casi tres décadas que se anunciaba la milagrosa redención que operaría la mina más grande de carbón a cielo abierto del mundo. La realidad dice más que las palabras. Los miles y miles de millones de dólares se fueron para otra parte. ¿Y los Wayú? ¿Y el acueducto de Riohacha? ¿Y la miseria galopante en la región? Hasta tuvimos en un comienzo una empresa minera carbonífera asociada con la transnacional. Se la tragaron también. El cuento de las locomotoras de Santos es más de lo mismo. Sería bueno indagarle sobre su inclinación por la guerra total en lugar de la paz.

El eterno sambenito

No lo culpo a usted. Nos han hecho mucho daño con eso. Resulta más cómodo estigmatizarnos así y echar bombas encima de nosotros, que dejar que hablemos y expongamos en igualdad de condiciones nuestro pensamiento y nuestra propuesta de país. Es su ventaja competitiva, al decir de ellos. El apoyo de los medios imperiales y locales para construir cuanto quieran. La cooptación de la inteligencia. La cárcel y la tumba para quienes sostengan lo contrario. Me ratifico sin vacilaciones en lo expresado por el Camarada Alfonso Cano en relación a nosotros y el narcotráfico. Sin ínfulas de prestidigitador. Voy a añadirle tan solo una cosa, dada su cortesía al escribirnos. Me imagino los adjetivos que me acarreará esto.

Si hay un oficio ingrato y malquerido es ser agente del fisco. Crear un impuesto que grave a los compradores de pasta de coca significa cobrarlo.

Sucede que quien envía sus emisarios a buscar la mercancía, palabra de uso en su jerga, es la mafia crecida a la sombra del Establecimiento. Se trata de personas que han adoptado una decisión en la vida, hacer la mayor cantidad de dinero, en el menor tiempo posible, al precio que sea. Para pasarla tan bien como los capitalistas esos que ven en el cine y la televisión. A quienes también les salvan capitales en tiempos de crisis económica. Tratar con gente así no es fácil. Sus emisarios siempre tendrán el oculto propósito de burlarnos. Con esa intención inventan todo tipo de artimañas. No quedaba otro remedio que salirles al paso con algunas medidas, como fijar sitios exclusivos de venta, entre otras.

Sobre gestiones de ese tipo es que nuestros enemigos han edificado la leyenda. En realidad nosotros cobrábamos un derecho a las mafias por entrar a comerciar en las áreas de nuestra influencia. Ese tipo de relación, que no es precisamente de buenos amigos, nos convierte en demonios. A otros, relacionados con propósitos mucho más reprochables, les va mejor en su carrera económica, política o militar. El gobierno de los Estados Unidos sí que sabe hacerlo, como se vio en el famoso escándalo Irán-Contras. El problema con nosotros tiene motivaciones muy distintas. La siembra y la recolección de la hoja de coca obedecen a situaciones suficientemente explicadas en este país. Lo demás es carreta, como dijo Alfonso.

Antes de despedirme de usted, quisiera expresarle mis agradecimientos. Aunque con muchas interrupciones, el esfuerzo por responder de algún modo sus agudas inquietudes, que honradamente espero no vaya a terminar de algún modo en una afrenta, me ha resultado inmensamente placentero.

En medio de nuestras diferencias, que no creo sean tantas como pudiera pensarse a primera vista, me veo obligado a reconocer en usted a un hombre francamente preocupado por la realidad y el futuro de nuestro país, a un colombiano hastiado de la violencia que hace enormes esfuerzos por contribuir a que se abran las puertas del diálogo y la salida civilizada al conflicto. Ese solo hecho lo hace acreedor a nuestro fraterno abrazo,

Cordialmente,

Timoleón Jiménez

Comandante Estado Mayor Central de las FARC-EP

Montañas de Colombia, diciembre de 2011.