martes, 4 de octubre de 2016

SISTEMA POLÍTICO EN CRISIS O EJERCICIO DE LA DICTADURA


Isabel Galeote Marhuenda

Salvo algunos casos contados, el uso que hacen los políticos y las políticas de las redes sociales (también de los medios de comunicación), es «oportunista». Así de sencillo. Salvo muy honrosas excepciones, la clase política hace un uso «electoralista”, interesado y manipulador de las redes sociales, hasta el extremo de que están más pendientes de las mismas que de gobernar y gestionar… bien. Algunos y algunas hasta están aún aprendiendo a utilizarlas, sin darse cuenta de que puede convertirse en un búmeran al sobredimensionarlas.

Si a eso le añadimos que suelen cantar de oídas (nunca sobran palmeros y correveideles rastreros, gusanos y lambones que llevan y traen), obtenemos como resultado meteduras de pata hasta el corvejón. Entiendo que leerse todas las partituras y estudiarlas resulte tedioso y sobrepase las capacidades de según quién. Es lo que tiene ser “revolucinario/a de nuevo cuño”, que las inseguridades de una historia de movilización personal inexistente, excepto por intereses propios, les hace hablar por boca de ganso hasta en los medios de comunicación, centrando su atención en señalamientos públicos sin dar nombres. Típico de los mamertos y mamertas, que nunca enfrentan ni confrontan. Que nunca admiten ni la crítica ni la autocrítica. ¡Vamos, que porque una vez hayan participado en algún tipo de pasacalle o romería con ciertos tintes reivindicativos, creen haber descubierto el agua tibia y se arrogan el derecho de asegurar qué trayectoria tenemos sobre nuestras espaldas las demás personas sin conocerla ni de lejos!

Me pregunto qué tipo de nervios e inseguridades debe producir el no saber qué se lleva entre manos en la gestión de lo público y tener que estar más pendiente de lo que, en el ejercicio de la LIBERTAD INDIVIDUAL, alguien pueda expresar y opinar, intentando esos "señalamientos públicos nombrando pero sin atreverse a nombrar".

¡Qué lástima de degeneración de clase política, que ni tiene conciencia de clase ni de género! ¡Faltaría más, que ahora viniera alguien a impedirme a mí que pueda ejercer mi derecho a la libertad de expresión! ¡A estas alturas de mi vida y habiendo "mamao" la leche que he "mamao"!

Verán, la distancia que separa la verdad de la mentira es de cuatro dedos: la que hay entre el oído y el ojo; lo que se ve y lo que se oye. En mi caso, si digo que una familia en mi pueblo se va a quedar sin casa, no es porque LO HE OÍDO, es porque HE VISTO (LEÍDO) el documento que le avisa de un plazo para abandonar la vivienda familiar. Vuelvo y repito, es lo que tiene cantar de oídas o tocar un instrumento siguiendo las notas de la partitura.

Es brutal la doble vara de medir que utilizan "las bases" de todos los partidos políticos. Si hablamos de "bases", tendríamos que hablar también de masa crítica. Ya sabemos que, por la parte que nos toca a los y las marxistas, la crítica y la AUTOCRÍTICA (sobre todo la autocrítica), es el primer mandato de un/a revolucionario/a. ¿Cuántas veces no reclamamos desde la izquierda y arengamos, por ejemplo, a las bases del PSOE para que agarren el toro por los cuernos y actúen contra sus dirigentes? ¡Infinidad, incontables! Les acusamos no pocas veces de "palmeros", de "borregos", de "masa acrítica", etc. etc. etc. ¡Pero mire usté que esto mismo sucede entre toda las "bases" de todos los partidos de izquierda al uso!. Basta que se señale una ignominia o sencillamente un error, para que salten a la yugular a negar la evidencia, a negar la mayor,... a señalar al mejor estilo somatén. Y no, verán, no va por ahí la cosa...ni debe ir jamás. Flaco favor hacemos a los procesos actuando por inercia y al unísono del director o directora de orquesta de turno. Es de todo menos un ejercicio saludable de pedagogía social y política. Lo que está mal, está mal, sea del ámbito o área sociopolítica que sea, lo haga el PSOE, IU, Podemos, el PCE, el SAT o el sursum corda, so pena de correr el riesgo de que también nos pongan la tilde, como si de un búmeran se tratara, de "palmeros, borregos, y demás flores silvestres". La voz de un/a marxista ha de ser la primera en llamar la atención en sus filas para que se corrija lo que no está bien hecho. Tengo entendido que a eso se le llama coherencia ideológica y política. ¿Lo demás? Pura loma y postureo. A ver si terminamos de entender que el poder por el poder no solo no sirve sino que es nefasto y contraproducente. El poder, para transformar.

Voy a tener que rescatar aquello que un compañero superviviente de la extinta Unión Patriótica, Alberto Alberto Ceron Diaz, escribió hace un tiempo y que cada vez que lo leo le arrogo más razón que a un santo. Él lo tituló “La peor y la mejor gente” y dice así:

“La cuña que más aprieta es la del mismo palo”
Sabiduría popular
La mejor gente que he conocido a lo largo de mi vida; sin duda alguna, es la gente de izquierda: alguna milita en partidos de izquierda, otra trabaja en verdaderas ONGs, no en las OSGs,(organizaciones si gubernamentales), disfrazadas de ONG; la he encontrado en sindicatos, en organizaciones barriales, dictando clases en diversos espacios académicos, conduciendo el autobús, en el mercado, en iglesias de todos los credos, buscando empleo, dejando como legado a los y las de su clase, el testimonio de vida, esforzándose por ser coherentes; es decir en la cotidianidad propia de estos tiempos. Casi nunca les he visto posando de dirigentes de nada, menos concursando a ver quién es el mejor “escribidor” de manifiestos o sesudos postulados filosóficos-políticos; en ningún caso desarrollando luchas fratricidas e intestinas por poseer “podercitos”, tales como la representación de tal o cual colectivo, menos aún la presidencia de este o aquel sindicato, partido, ONG, o cualquier colectivo, por “chiquito” y placebo que sea para curar los males que enferman nuestra sociedad.

Estas buenas gentes, difícilmente confunden principios con intereses. En su gran mayoría prefieren el anonimato. Jamás se aprovechan de las miserias y tragedias de los pueblos para desde ahí derivar el sustento diario, de la misma manera que las sanguijuelas se nutren con sangre ajena. Mucho menos se acomodan en sus sillones de burócratas a esperar cuál es el conflicto local, nacional, o global que les pueda dar más publicidad, o que esté de moda. Espacios donde su esnobismo sea menos palpable y más rentable. La solidaridad es un modus vivendi para estas personas, la construcción de confianzas es el ejercicio permanente de su cotidianidad basado siempre en la pedagogía de los hechos.

La mayoría de estas personas están hastiadas de pomposos simposios, conferencias magistrales, seminarios rimbombantes, encuentros de visionarios tuertos, debates estériles basados en el ejercicio de ver "quién gana y quién pierde”; jamás en la dinámica de "qué voy a aprender o qué puedo enseñar”; no temen en absoluto la llegada de otras personas a sus espacios, siempre que éstas demuestren con su accionar una actitud ética frente a la construcción de espacios de convivencia pacífica.

Estas buenas personas son realmente peligrosas para el opresor. Son realmente subversivas. Son muy respetuosas con la inteligencia, sabiduría, conocimiento e información, y poco tolerantes con las lacras de esta sociedad. Esta gente es realmente la “materia prima” con que se elaboran los cambios positivos en las sociedades.

A la otra gente también la he conocido de emplead@s (no militantes) de sindicatos y ONGs. También milita en partidos de izquierda, plataformas de todos los colores, sabores y olores. Se reconocen como líderes de algo, como dirigentes de todo, como portavoces de much@s. Dictan magistrales conferencias, escriben abultados libros (muy a pesar de la cantidad de árboles talados para publicar boberías). Se convocan a sí mism@s, se reúnen siempre los mismos con las mismas. No tienen relevo generacional. Son liger@s en la descalificación. Confunden cotidianamente principios con intereses. Su discurso no concuerda con su ejercicio de vida. Se queman incienso en eventos donde se dilapida grandes recursos para contarse entre sí lo que ya sabemos tod@s. Son expert@s en el “diagnostico”, pero lerd@s y mediocres en la terapia. Prefieren la protesta ante la propuesta. Son incapaces de identificar al verdadero enemigo. Se esfuerzan por utilizar leguajes sofisticados e incomprensibles para la gente del común. Fácilmente convierten lo simple en complejo. Confunden contradicción con descalificación. Le prenden una vela a Dios y otra al Diablo. Su accionar revolucionario obedece a horarios y calendarios (solo 8 horas de lunes a viernes y en verano… ¡¡¡vacaciones!!!); de ahí la incapacidad de conectar con el pueblo, con la gente de a pie, con las personas que no tienen el “privilegio” de vivir de las migajas que deja caer al suelo la caridad del sistema marcadas con la palabra “solidaridad” en letras grandes y de neón.

Esta gente son l@s mejores aliad@s del opresor. Estas son las que matan las ilusiones de las personas, las que producen el descorazonamiento del pueblo; les cae en gran medida la responsabilidad del conflicto social, económico y político. De la misma manera que los virus atacan desde dentro de las células, se enquistan, mutan, se camuflan, y son casi indestructibles. Estas gentes se meten en cuanto embrión de movimiento social, de organización política y socialmente viable, sana… Al fin y al cabo, las personas que se reconocen como de derecha, son más coherentes, no ocultan sus verdaderas intenciones, se detectan fácilmente, son como las bacterias, atacan desde afuera a las células.

Son personas que dicen ser de izquierda, que tienen un discurso aprendido de izquierda, se han atiborrado de lecturas clásicas, que militan o se mueven en espacios de la izquierda, pero que su praxis no es, no ha sido ni será de izquierda.”


Lo dicho, no fiscalicéis tanto las redes sociales, dejad que el pueblo ejerza su libertad de opinión, dejaros de estrategias coaccitivas y al lío, a desarrollar políticas sociales en las que se note el cuño revolucionario y de izquierdas. Si alguien opina y señala meteduras de pata, será por algo. Mirad que la soberbia y la prepotencia, si además está aderezada con buenas dosis de ignorancia, es un cóctel muy peligroso. Me conformo con que se note y se vea algo distinto al ya conocidísimo y padecido “voto cautivo”.