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sábado, 6 de agosto de 2011

ERNESTO CHE GUEVARA: FECUNDIDAD TEÓRICA DEL AMOR HISTÓRICAMENTE COMPROMETIDO


 

"Permitidme que diga, aun a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario se guía por grandes sentimientos de amor"
Ernesto Che Guevara



Ponencia de Giulio Girardi
Filósofo y Teólogo de la Liberación italiano, autor del libro "Marxismo y Cristianismo", suspendido "a divinis" por la jerarquía eclesiástica en el año 1969 y expulsado de la Congregación Salesiana.


Reflexionando sobre la trayectoria existencial del Che, he llegado a la conclusión de que ella manifiesta su sentido y su íntima coherencia cuando se descubre su principio inspirador y su brújula en el amor por los oprimidos: un amor que asume formas cada vez más concretas y comprometidas y culmina en la identificación con los pueblos oprimidos del continente y del mundo como motivación profunda de la revolución cubana, latinoamericana y mundial.(1) Me parece importante, en este momento de redescubrimiento del Che, revelar este secreto de su vida a todos los que lo desconocen y que reducen su imagen a la de un guerrillero heroico, obsesionado por la eficacia mágica de la lucha armada, y empeñado en invocar , como promesa de un "futuro luminoso y cercano", "dos, tres, muchos Vietnam, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas" inspirados por "el odio creciente de los pueblos del mundo." (2)

Pero el amor no es sólo para el Che el principio inspirador de su vida, sino que se vuelve un componente esencial de su inteligencia de las personas y de toda la realidad. En su trayectoria, el encuentro con la teoría marxista representa una etapa decisiva no sólo en su orientación política sino también en la profundización de la función cognoscitiva del amor en búsqueda de eficacia histórica. Etapa que, a su vez, manifiesta todo su sentido sólo si se la entiende a la luz del amor que la inspira. Otra paradoja: el marxismo, universalmente conocido y descalificado como la exaltación de la violencia, la dictadura , el maquiavelismo y el odio de clases, se presenta de repente como una teoría inspirada por el amor.

Es justamente esta paradoja que pretendo verificar aquí. Para poner de manifiesto la coherencia entre la vida del Che y su búsqueda teórica. Para valorar esta clave de interpretación del marxismo humanista que lo contrapone al marxismo economicista y que puede representar un aporte significativo en el debate actual sobre la vigencia del marxismo. Hablando de la fecundidad teórica del amor en relación con el marxismo quiero además subrayar el carácter heurístico e inacabado del marxismo guevarista, contraponiéndolo al dogmatismo de los catecismos soviéticos y de la ortodoxia comunista; quiero , en otras palabras, proponer el amor históricamente comprometido como una brújula en la incesante búsqueda revolucionaria: la del Che y la nuestra.

Percibo además, en el reconocimiento del papel fundamental del amor en la búsqueda marxista, un aporte a la profundización de la relación entre el marxismo humanista popular y la teología de la liberación.

La opción por los pueblos oprimidos como sujetos histÓricos, EXPRESIÓN DEL AMOR HISTÓRICAMENTE COMPROMETIDO

La trayectoria existencial del Che representa por un lado su evolución ética y política personal; por el otro una progresiva profundización de la naturaleza del amor que aspira a ser históricamente eficaz. Así de una apertura al otro y de una entrega humanitaria al servicio de los oprimidos, el Che pasa a una identificación con el pueblo y los pueblos oprimidos como sujetos históricos: descubre entonces que el amor por el oprimido, si quiere superar el asistencialismo y la filantropía, no se puede separar de un compromiso militante a su lado en la lucha de liberación. La declaración que está en el centro de El socialismo y el hombre en Cuba es la tímida pero firme revelación del secreto de esta entrega y de esta vida: «Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente: éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.

«Los dirigentes de la revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de la Revolución. No hay vida fuera de ella.

«En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremismos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización." (3)

En el lenguaje del Che, la palabra "amor" manifiesta un contenido siempre más rico y fecundo. Para descubrirlo a la luz de su práctica, el camino más directo, me parece, es el de profundizar el sentido de la opción por los pueblos oprimidos como sujetos históricos.

Esta opción tiene una fuerte carga polémica. Tomar partido por un pueblo oprimido como sujeto significa enfrentar sin tregua los poderes que lo oprimen y aplastan: las oligarquías, el sistema capitalista, el imperialismo. Para expresar con su componente pasional esta tensión polémica, el Che usa la palabra odio. «El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal." (4) Sin embargo, de lo que se trata no es de un odio entendido como voluntad de exterminar personas o pueblos, sino como voluntad implacable de destruir al enemigo, es decir las estructuras opresoras del capitalismo y del imperialismo y los grupos sociales que las sustentan. Un odio entonces que no contradice el amor, sino que es una de sus dimensiones esenciales, la toma de partido consecuente en la lucha social, anticapitalista y antimperialista.

La opción del Che por los pueblos oprimidos como sujetos significa en primer lugar el reconocimiento de su derecho a la autodeterminación y el compromiso a luchar por su afirmación. Pero al mismo tiempo, esa opción expresa la confianza del Che en la capacidad ética, intelectual y política del propio pueblo de ejercer su derecho y de luchar victoriosamente por su liberación; en otras palabras, su confianza en la superioridad ética , intelectual y política del pueblo sobre las oligarquías y el imperialismo.

Confianza que, sin embargo, es paradójica. Porque la desproporción de fuerzas entre el pueblo oprimido por un lado, las oligarquías y el imperialismo por el otro, es tan evidente, que confiar en la superioridad del pueblo parece la proyección de un noble deseo, pero destituida de fundamento racional: capaz de inspirar la empresa de un aventurero, no de un dirigente político responsable.

Considero por tanto esencial, para entender el pensamiento y el combate del Che, reconocer el carácter rigurosamente racional de su toma de partido. Por supuesto, no se trata de una racionalidad neutral, sino comprometida al lado de los oprimidos. El pensamiento teórico y el compromiso revolucionario del Che quedarían sin fundamento si no tuvieran como centro de inspiración la confianza racional en el triunfo del pueblo.

Esta toma de partido le impone al Che ir más allá de las apariencias y las evidencias que se expresan en la espontaneidad del pueblo, para descubrir su potencial ético, intelectual y político escondido; le impone además comprometerse en la actualización de este potencial, a través de un proceso de concientización y educación liberadora. Entonces, objeto directo de su confianza no es el pueblo oprimido sin más, sino el pueblo oprimido concientizado, movilizado y organizado, cuya capacidad él pudo verificar especialmente en el proceso revolucionario cubano.

Cuando define más concretamente a este pueblo oprimido, que será el sujeto revolucionario, el Che designa en primer lugar a los campesinos, los obreros y los otros sectores marginados de la sociedad. Sin embargo atribuye también gran importancia a los sectores de la burguesía que han asumido la causa del pueblo, como son Fidel y Raúl Castro, él mismo, y muchos otros miembros del Movimiento 26 de Julio. En el lenguaje de Gramsci, el pueblo revolucionario es para el Che el bloque social constituido alrededor de los pobres y oprimidos del país.

Sin embargo, aun así explicitada, la postura del Che no deja de ser paradójica. La desproporción entre la fuerza del pueblo organizado y la del imperialismo sigue siendo enorme. Él mismo no esconde que la pretensión de vencer parece una locura. ¿Sobre qué base entonces cree que el pueblo puede triunfar?

Su base , me parece, no es la fuerza "objetiva", militar o tecnológica del pueblo, sino la fuerza "subjetiva", moral y política, es decir la fuerza del derecho, la justicia, la verdad, la libertad, la dignidad, la solidaridad, el amor: valores que se convierten en fuerzas históricas si no se quedan en el cielo de las abstracciones y logran motivar a grandes masas populares. En otras palabras, el fundamento de la confianza en la posibilidad del triunfo popular es la fuerza moral y política del pueblo organizado. Es la posibilidad de que la fuerza del derecho se afirme sobre el derecho de la fuerza.

Esta convicción no le impide al Che considerar necesario, en la mayoría de los casos, en América Latina, el recurso a la lucha armada. Sin embargo, la invencibilidad que él atribuye a la guerrilla no se funda en una superioridad militar y tecnológica: su superioridad decisiva es moral y política. Así, el típico guerrillero revelaría que el secreto de su confianza en el triunfo no es la violencia revolucionaria sino la fuerza no violenta del derecho.

La opción por los pueblos oprimidos, constitutivo del hombre y del pueblo nuevos

Para descubrir la fecundidad teórica del amor en el pensamiento del Che, el mejor punto de partida es el análisis de la relación entre amor y hombre nuevo. El Che define la novedad del hombre revolucionario y socialista contraponiéndolo al hombre de la sociedad capitalista. En su perspectiva, la revolución no es sólo la transformación del modo de producción sino también y principalmente la transformación del hombre y del pueblo. "Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que construir al hombre nuevo". (5)

En cambio,«la célula económica de la sociedad capitalista" es "la mercancía": mientras ella exista , "sus efectos se harán sentir en la organización de la producción , por ende, en la conciencia." (6) En esta sociedad, "el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de su comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de su vida , va modelando su camino y su destino. Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate." (7)

Ahora, este sistema económico es al mismo tiempo un sistema educativo, que justamente actúa sobre el individuo sin que este se percate. «Esta metodología inconsciente y autoritaria es el rasgo fundamental de su pedagogía. Los principios que la orientan y que plasman su modelo de hombre son: el individualismo o aislamiento del individuo respecto a la sociedad» (8); el materialismo, es decir la valoración exclusiva de los estímulos materiales o económicos, la rentabilidad y el interés individual; la competitividad o disposición a competir con todos los medios; el fatalismo y el servilismo, entendidos como reconocimiento de la "ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha." (9)

El hombre nuevo de la sociedad socialista se define justamente en contraposición al modelo capitalista. La contraposición concierne en primer lugar a su gestación, que es el fruto de un proceso de educación y autoeducación consciente y libre. "El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro el individuo se somete a un proceso conciente de autoeducación." (10) "El proceso es conciente: el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca." (11) Al individualismo del hombre capitalista se contrapone el vínculo estrecho y la interacción que en la definición del hombre nuevo se establece entre el inviduo y el pueblo. El hombre nuevo se define por su relación al pueblo nuevo; y éste se define a su vez como un conjunto de individuos nuevos.

Gestación del hombre y del pueblo nuevo en el proceso revolucionario cubano

Como punto de partida para la descripción del hombre nuevo en su gestación, el Che asume la lucha revolucionaria cubana: "Durante este proceso en el cuál solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado...Fue la primera época heroica , en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbraba al hombre del futuro." (12)

"En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. ...Los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma." (13) Describir al hombre nuevo significa entonces,"definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad." (14) Por el otro lado , el pueblo nuevo, protagonista de la nueva sociedad, es "el conjunto conciente de individuos que luchan por una misma causa" (15) o, en otras palabras, una"sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad." (16) En la definición de esta causa, vuelve al centro el individuo como fin, porque "la última y más importante ambición revolucionaria es ver al hombre liberado de su enajenación." (17)

El vínculo entre el hombre nuevo y el pueblo nuevo es el amor, opción por el pueblo como sujeto histórico: opción que no es sólo un reconocimiento del derecho del pueblo a la autodeterminación, sino también un compromiso beligerante para crear las condiciones del ejercicio efectivo de este derecho, luchando contra los que lo conculcan; opción que no es sólo un reconocimiento del derecho del pueblo a la autodeterminación, sino tambien de su capacidad moral, intelectual y política a ejercerlo. Además, constituye el hombre nuevo no sólo la identificación con un pueblo oprimido particular, por ejemplo el pueblo cubano, sino con todos los pueblos oprimidos del continente y del mundo: el internacionalismo , expresión del "amor a los pueblos, a las causas más sagradas",..."amor a la humanidad viviente" (18) es parte integrante de su identidad. "El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo." (19)

Pero el amor constitutivo del hombre nuevo no sería auténtico, para el Che, si se proyectara totalmente hacia el pueblo y la humanidad, sin rodear de ternura a los individuos de carne y hueso, a los padres y parientes, los hijos y la hijas, la pareja, los amigos y amigas: "Si un hombre piensa que para dedicar su vida entera a la revolución , no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción." (20) Es decir que la capacidad de amor interpersonal, de ternura y amistad, es para el Che criterio de autenticidad del amor revolucionario por el pueblo y la humanidad.

Amor y rasgos del hombre nuevo

La reflexión sobre los protagonistas de la lucha revolucionaria, le permite al Che identificar algunos de los rasgos fundamentales del hombre nuevo. El primero es la entrega total a la causa de la revolución, a costo de cualquier sacrificio, a costo de la vida; por tanto , la capacidad de "perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica." (21)«Esto implica una actitud interior que reconozca la prioridad de los estímulos morales»; (22) que se comprometa "sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber". (23) Y el deber fundamental, en la perspectiva del Che, es el amor liberador.

Este amor significará concretamente "participación conciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción...Así (el hombre nuevo) logrará la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación." (24)

El compromiso revolucionario del hombre nuevo implica además la esperanza del triunfo, cuyo fundamento es la confianza en el pueblo nuevo: «A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible." (25) «Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha; el futuro es nuestro." (26)

Además, el hombre nuevo pasa de un trabajo esclavizado, reducido a mercancía, a un trabajo libre y liberador.Un trabajo asumido libremente, por motivaciones éticas , y no por necesidad de sobrevivencia; realizado como dueño de la máquina y no como su esclavo; vivido como enriquecimiento de la persona y no como su enajenación. "Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía." (27) «El trabajo (de nuestros becarios) es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación en otros, jamás un castigo. Una nueva generación nace.» (28) Una generación para la cual el trabajo y la profesión serán un "deber social", es decir la práctica del amor por el pueblo.

El Che, valorando su propia experiencia, les explica especialmente a los médicos en qué debe consistir la transformación del trabajo que es parte esencial de la transformación del hombre: "la Revolución hoy exige que se aprenda, exige que se comprenda bien que mucho más importante que una retribución buena, es el orgullo de servir al prójimo; que mucho más definitivo, mucho más perenne que todo el oro que se pueda acumular, es la gratitud de un pueblo. Y cada médico, en el círculo de su acción, puede y debe acumular este preciado tesoro, que es el de la gratitud del pueblo." (29)

Otro aspecto fundamental del hombre nuevo es la libertad intelectual y la nueva creatividad artística de las cuales goza. «Las probabilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión...No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni "becarios" que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo.» (30) Libertad intelectual y creatividad artística son expresión de un amor maduro del hombre: primero, por sí mismo, por su plena realización, y luego por el pueblo, que será mucho más enriquecido por el aporte de ciudadanos libres y creativos, que de ciudadanos dóciles y conformistas.

Hombre nuevo, vanguardia y pueblo

Pueblo organizado significa para el Che un pueblo que ha gestado su vanguardia y que se reconoce en ella. No hay, en su perspectiva, auténtica organización del pueblo sin auténtica vanguardia. Pero no se cansa de repetir que la vanguardia es auténtica sólo si surge del pueblo, vive en comunión con él e interpreta sus aspiraciones. Me parece importante profundizar su concepción de la relación entre vanguardia y pueblo, para distinguirla del «van-guardismo» fuertemente cuestionado hoy día por las organizaciones populares.

Uno de los aspectos más originales de la reflexión del Che sobre la relación entre el individuo y el pueblo, es justamente su concepción de la vanguardia. La lucha guerrillera «se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor del movimiento, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a estos lograba sus grados." (31)

La interacción creadora entre vanguardia y pueblo sigue siendo el motor de la construcción de la nueva sociedad. Por un lado, la vanguardia surge de las entrañas de la masa, interpretando sus deseos y aspiraciones , caminando en estrecha comunión con ella y ganando constantemente su confianza. (32) Por el otro lado la vanguardia engendra en la masa conciencia revolucionaria y entusiasmo combativo, ausculta sus reacciones, elabora las iniciativas y las explica de manera convincente. En otras palabra, la vanguardia, con su educación liberadora, transforma una "masa todavía dormida"en un pueblo nuevo, en un sujeto político. Pero esta educación es auténticamente liberadora sólo si es recíproca; si por tanto la vanguardia se deja a su vez educar constantemente por el pueblo. (33)

Las masas "siguen a su vanguardia , constituida por el Partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista...En nuestra ambición de revolucionarios tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo." (34)

El Che sabe perfectamente que , en el caso cubano, ésta relación funciona en gran medida gracias al carisma de Fidel, a su capacidad excepcional de integrarse con la masa y de vibrar con ella. Sin embargo, él siente la falta de mecanismos que le garanticen a la relación mayor solidez y continuidad. «Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con la masa. Debemos mejorarlo durante el curso de los próximos años, pero en el caso de las iniciativas surgidas en los estratos superiores del Gobierno, utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados." (35)

El proyecto de hombre nuevo definido por el amor liberador se realiza más plenamente en la vanguardia: por su nivel de entrega a la causa y por su capacidad de engendrar al pueblo nuevo despertando su conciencia, motivándolo a la lucha, interpretando sus aspiraciones. «El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; ésta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que les permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad: es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también, individualmente, sobre la clase vencedora." (36)

Para el marxismo objetivista, lo que constituye la vanguardia es primariamente el dominio de la teoría revolucionaria, el "marxismo-leninismo". En cambio, para el Che, lo que constituye la vanguardia es la total identificación , ético-política e intelectual, con el pueblo oprimido; la capacidad de interpretar sus aspiraciones profundas; la disposición a precederlo con el ejemplo en la lucha y el sacrificio.

La relación vanguardia-pueblo no se realiza sólo al interior de cada país revolucionario, sino también a nivel continental . En este sentido "Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena.» (37) Cuba expresa su amor por los pueblos del continente; se ejerce asumiendo su tarea histórica de vanguardia, con todas sus implicaciones de responsabilidad y sacrificio. Esto aumenta enormemente la responsabilidad de la vanguardia cubana y amplía por eso mismo los horizontes de su amor: "Estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América." (38)

Entonces, en la sociedad socialista el hombre por un lado, «a pesar de su aparente estandarización, es más completo; su posibilidad de expresarse y hacerse sentir es infinitamente mayor.." (39) ; "Se trata de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad." (40) Por el otro lado, en la sociedad socialista, el hombre y el pueblo nuevo está en gestación. Es decir que es un producto no acabado, un terreno de lucha entre el peso del pasado y el futuro socialista que se vislumbra: "Lo más sencillo es reconocer su calidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas..." (41) «concientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte." (42)

Pero el hombre nuevo no es sólo un compromiso educativo; es también una tarea teórica decisiva. «El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad." (43)

La opción por los pueblos oprimidos, viraje intelectual del Che

Como lo adelantamos desde un principio, el amor no es sólo para el Che el principio inspirador de su vida y de su compromiso, sino que se vuelve cada vez más un componente esencial de su inteligencia de las personas y de la realidad. Él toma conciencia de la función cognoscitiva del amor, particularmente en sus viajes por Argentina y por toda América. En su diario, explicita él mismo así el punto de vista que lo orienta en su descubrimiento de América: "Llego a Salta a las dos de la tarde y paso a visitar a mis amigos del hospital, quienes al saber que hice todo el viaje en un día se maravillaron y entonces "qué ves" es la pregunta de uno de ellos. Una pregunta que queda sin contestación, porque para eso fue formulada y porque no hay nada que contestar, porque la verdad es que, qué veo yo; por lo menos no me nutro con las mismas formas que los turistas y me extraña ver en los mapas de propaganda, de Jujuy, por ejemplo: el Altar de la Patria, la catedral donde se bendijo la enseña patria, la joya del púlpito y la milagrosa virgencita de Río Blanco y Pompeya, la casa en que fue muerto Lavalle, el Cabildo de la revolución, el museo de la provincia, etc.» " No, no se conoce así un pueblo, una forma y una interpretación de la vida. Aquello es la lujosa cubierta, pero su alma está reflejada en los enfermos de los hospitales, los asilados en la comisaría o el peatón ansioso con quien se intima, mientras el Río Grande muestra su crecido cauce turbulento por debajo. Pero todo esto es muy largo de explicar y quien sabe si sería entendido." (44)

La profundización del amor como opción por los pueblos oprimidos representa también una definición ulterior de su toma de partido en la lucha ideológica: la etapa guatemalteca es al mismo tiempo la de la opción ético-política por el pueblo oprimido y de la opción teórica por el marxismo. Nos ayuda a entender el sentido de este encuentro entre la praxis y la teoría la interpretación que años más tarde, participando en el debate internacional sobre la evolución de Marx, el Che brindará del punto de vista del maestro: "Marx el joven... estaba en la plenitud de su vida, ya había abrazado la causa de los humildes y la explicaba filosóficamente, aunque sin el rigor científico de El Capital ...Durante la confección de El Capital, Marx no abandonó su actitud militante; cuando en 1875 se realizó el congreso de Gotha para la unificación de las organizaciones obreras existentes en Alemania...y se confeccionó el programa del mismo nombre su respuesta fue la Crítica del Programa de Gotha." (45)

El Che conoce, por haberla vivido él mismo, la profunda transformación que conlleva la asunción consecuente del punto de vista de los humildes, es decir de la opción por el pueblo oprimido. Él mismo , hablando en Cuba a un grupo de médicos, compara lo que pensaba antes y lo que empezó a pensar después de su toma de partido. "Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico hace ya algunos años. Y cuando me inicié como médico, cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que hoy tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales. Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal." (46)

Sin embargo, el encuentro con la opresión humana , que realizó a lo largo de sus viajes por América Latina, convenció a Ernesto de que su actividad profesional tendría un valor mucho más grande, si la dedicara al servicio de la gente: si en otras palabras, ella fuera inspirada por el amor: "Por las condiciones en que viajé, recuerda él, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder a un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte sustancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente." Sin embargo, el amor que lo inspiraba en este momento tenía un carácter personal, y no implicaba todavía un análisis y un compromiso político: "Yo seguía siendo -continúa la narración del Che- como siempre lo seguimos siendo todos, hijo del medio y quería ayudar a esa gente con mi esfuerzo personal" (47) .

La experiencia de Guatemala, de la Guatemala de Arbenz agredida y humillada por el imperialismo, representa en su evolución, como acabamos de recordarlo, un viraje político y teórico. Viraje que, sin embargo, se cumple cuando, en el encuentro con Fidel y Raúl Castro y con los compañeros de su Movimiento, toma un claro compromiso revolucionario. Entiende entonces que para ser históricamente eficaz, su entrega profesional tiene que vincularse al compromiso revolucionario de un pueblo; su opción filantrópica tiene que integrarse en una opción ético-política por el pueblo oprimido como sujeto. "Me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución" porque un médico revolucionario es "un hombre que utiliza los conocimientos técnicos de su profesión al servicio de la revolución y del pueblo." (48)

De lo que se trata, explica el Che, es de un viraje antropológico y al mismo tiempo intelectual muy profundo. Llegamos a la conclusión "de que casi todo lo que pensábamos y sentíamos en aquella época ya pasada debe archivarse y debe crearse un nuevo tipo humano. Y si cada uno es el arquitecto propio de ese nuevo tipo humano, mucho más fácil será para todos el crearlo y el que sea el exponente de la nueva Cuba..." Sin embargo "para cambiar de manera de pensar, hay que sufrir profundos cambios interiores y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todos sociales." (49) La íntima articulación entre praxis y teoría revolucionaria se traduce para el Che en una interacción e interpenetración entre gestación de un nuevo tipo humano, acceso a una nueva manera de pensar y participación en una transformación social.

Opción por los pueblos oprimidos y nueva manera de pensar

Interpenetración entre praxis y teoría significa que la opción ético-política es un componente esencial de la opción intelectual por el pueblo oprimido como sujeto. No es sólo la ubicación objetiva al lado de los explotados, la que garantiza la autenticidad del "punto de vista de los explotados" sino que es también la orientación subjetiva, ético-política, la que posibilita la identificación intelectual con ellos.

Hablando de una "nueva manera de pensar", el Che no se refiere sólo a los nuevos contenidos de la visión del mundo, sino también y sobre todo al nuevo método para irla descubriendo, que consiste en saber aprender del pueblo y con el pueblo, reconociéndolo concretamente como protagonista de la nueva cultura; manifestando nuestra confianza en su inteligencia y sabiduría, que es la expresión más auténtica de un amor no "caritativo "sino solidario y liberador. «Debemos entonces empezar a borrar nuestros viejos conceptos y empezar a acercarnos cada vez más, y cada vez más críticamente al pueblo. No como nos acercábamos antes, porque todos ustedes dirán: No. Yo soy amigo del pueblo. A mi me gusta mucho conversar con los obreros y campesinos, y voy los domingos a tal lado a ver tal cosa. Todo el mundo lo ha hecho. Pero lo ha hecho practicando la caridad y lo que nosotros tenemos que practicar hoy es la solidaridad. No debemos acercarnos al pueblo a decir: Aquí estamos. Venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales. Debemos ir con afán investigativo, y con espíritu humilde, a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo.» "Muchas veces nos daremos cuenta de lo equivocados que estábamos...Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos generales, los conceptos sociales o filosóficos, sino también, a veces, los conceptos médicos... Lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender con el pueblo, que vamos a realizar esa grande y bella experiencia común, que es construir una nueva Cuba."(50)

Este encuentro incesante con el pueblo, el Che no lo concibe de manera romántica: el pensamiento revolucionario colectivo no excluye el debate ni la polémica, sino que los exige. No los excluye ni siquiera en los momentos más duros de la guerra con el imperialismo. La unidad política e intelectual del pueblo revolucionario, que el Che promueve, no es monolítica, sino respetuosa de la libertad y la diversidad. "La Revolución hay que hacerla a ritmo violento; el que se canse tiene derecho a cansarse, pero no tiene derecho a ser un hombre de vanguardia. Por eso es que debemos ir entonces hasta las fábricas. Allí conversar con todo el mundo, investigar los males que hay, promover las discusiones abiertas, libres, sin ninguna clase de coacción: críticas absolutamente. Recoger con toda honradez todas las críticas." (51)

Esta concepción de la unidad revolucionaria le permitirá al Che tomar partido en debates fundamentales, donde su postura se contrapone abiertamente a la de otros dirigentes revolucionarios; aun más, donde su postura se contrapone a las ideas dominantes en el campo marxista y socialista: como son la concepción de la economía, del socialismo, del marxismo.

Se puede afirmar que también a nivel teórico, hubo una repartición de tareas entre Fidel, que defendía las razones de la unidad y el Che, que valoraba la originalidad del proyecto cubano. El rescate del pensamiento del Che y particularmente de su crítica del economicismo y del dogmatismo en la fase de la rectificación se vincula con un rescate de la originalidad del marxismo y del socialismo cubanos.

En estas polémicas decisivas, las tomas de partido del Che encuentran su criterio fundamentale en la opción por los pueblos oprimidos como sujetos .

La opción por los pueblos oprimidos, instancia crítica del marxismo dogmático

La toma de conciencia, de parte del Che, de las contradicciones internas, teóricas y prácticas, al campo marxista y de la necesidad para la revolución cubana de tomar partido ante ellas, fue progresiva. En algunos escritos, publicados poco después del triunfo revo-lucionario, él se refiere todavía al marxismo-leninismo como a un sistema unitario y objetivista. Así en las Notas para el estudio de la Revolución cubana (52) afirma que "se debe ser "marxista" con la misma naturalidad con que se es "newtoniano" en física o "pasteuriano" en biología. (p.93) "Es decir... las leyes del marxismo están presentes en los acontecimientos de la Revolución cubana, indepen-dientemente de que sus líderes profesen o conozcan cabalmente, desde un punto de vista teórico, esas leyes." (p.95) "A partir de Marx revolucionario, se establece un grupo político con ideas concretas, que, apoyándose en los gigantes Marx y Engels y desarrollándose con personalidades como Lenin, Mao Tse-Tung y los nuevos gobernantes soviéticos y chinos, establece un cuerpo de doctrina y, digamos, un ejemplo a seguir." (p.94)

En el Prólogo al libro El partido marxista- leninista, (53) es todavía más explícita la visión unitaria del marxismo-leninismo, referida a un clásico manual soviético: "Este pequeño libro está destinado a iniciar a los militantes del Partido en el amplio y riquísismo acervo de las ideas marxistas-leninistas. "La elección de los temas es simple y efectiva. Se trata de un capítulo del Manual de marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen y de una serie de discursos de Fidel Castro. La selección es buena porque en el capítulo del Manual de marxismo-leninismo se sintetiza la experiencia de los partidos hermanos y se da un esquema general de lo que debe ser y como debe actuar un partido marxista-leninista y en la sucesión de discursos del compañero Fidel se ve desfilar la historia política de nuestro país... Las dos cosas están íntimamente ligadas, la teoría general como expresión de las experiencias del Partido Comunista de la Unión Soviética y de los partidos marxistas-leninistas de toda la humanidad y la aplicación práctica de estas ideas generales a nuestras especiales características." (p.198)

El modelo de marxismo al cual el Che se refiere en esta fase, el de los manuales soviéticos, se caracteriza por su método y por su contenido. Metodológicamente, es una teoría científica verificada , como la de Newton en física o la de Pasteur en biología. Pero es al mismo tiempo un cuerpo doctrinal, que se impone por un lado con la autoritad de los grandes: Marx. Engels, Lenin, Mao Tse Tung, Fidel Castro, por el otro con la del partido marxista-leninista cubano y la de los partidos hermanos. El marxismo cubano es una aplicación de las ideas generales del marxismo-leninismo a las especiales características de Cuba.

Por lo que se refiere al contenido, el marxismo-leninismo se presenta como un conjunto de leyes científicas económicas e históricas objetivas, que están presentes en los acontecimientos de la revolución, independientemente de la conciencia de los líderes y, por supuesto, del pueblo.

Sin embargo, el Che abandona pronto estos planteamientos, tomando una conciencia más clara de la necesidad de cuestionar los "dogmas revolucionarios" y de afirmar la originalidad del marxismo cubano.

Contribuyen particularmente a este avance:

1) El debate internacional sobre la interpretación de Marx y concretamente sobre la relación entre el humanismo de sus escritos juveniles y las obras de la madurez;

2) El acercamiento crítico a los manuales soviéticos y a la organización de los países socialistas;

3) El debate sobre las relaciones entre estímulos materiales y estímulos morales en la conducción de la economía;

4) Un discernimiento más claro de lo que caracteriza el socialismo cubano.

No sería difícil mostrar como en cada uno de estos niveles de reflexión, la opción por los pueblos oprimidos como sujetos juega un papel decisivo, ya sea como instancia crítica del marxismo y del socialismo soviético ya sea como principio inspirador del marxismo y del socialismo cubano.

La mejor expresión de esta toma de conciencia teórica del Che es un texto de sus Reuniones bimestrales: "No hay que olvidarse que nosotros tenemos una serie de aspectos que dentro del socialismo son nuevos y por lo tanto estamos en un proceso creador, constante. Proceso que no se puede hacer si no es en base a la realidad; entonces la realidad es la que nos tiene que ir dando la materia prima para estos cambios." (54)

Es justamente la interpenetración entre teoría y praxis la que nos permite entender la concepción del marxismo que el Che se vino formando, especialmente en el período cubano, cuando le apareció más claramente la necesidad de distinguir la búsqueda que la revolución cubana estaba realizando en el mismo proceso de construcción del hombre nuevo y del pueblo nuevo, del "marxismo-leninismo" petrificado en los manuales soviéticos. Cuando le apareció más claro que los "dogmas revolucionarios" no sólo no podían ser un guía confiable de la praxis revolucionaria, sino que representaban serios obstáculos a la construcción de un socialismo entendido como alternativa ética, económica y política a la sociedad capitalista.

Del marxismo economicista al marxismo humanista popular

De lo que se trata, en primer lugar, para el Che, es de optar entre la interpretación del marxismo que vincula su carácter científico a una visión objetivista y determinista de la historia y la que considera esencial articularlo con el reconocimiento de la iniciativa conciente del hombre. Por cierto, en ningún momento el Che se abandona a una visión voluntarista, negando o descuidando el papel de las condiciones objetivas de la acción humana; pero su humanismo, que por eso caracterizamos como popular, consiste en afirmar el predominio del polo subjetivo, es decir de la conciencia popular.

Ahora, reconocer el predominio del polo subjetivo popular significa afirmar el primado de las motivaciones ético-politicas sobre las materiales e individualísticas. Significa también afirmar el papel decisivo de los factores ético-políticos en la orientación de la tecnología y la producción; significa, en otras palabras, reconocer el carácter no neutral sino partidario y popular de la ciencia económica marxista.

Entendemos entonces que la célebre polémica, protagonizada por el Che, sobre la relación entre estímulos materiales y morales de la actividad económica no tiene carácter puramente técnico o táctico, sino que involucra la naturaleza misma del socialismo y del marxismo, y su novedad con respecto al capitalismo.

Tomando partido en esta polémica, el Che sabe que la visión objetivista y determinista de la economía es la que prevalece en el campo marxista y que encuentra su fundamentación teórica en el escolasticismo de los manuales soviéticos, ampliamente utilizados en la formación de los cuadros y de los estudiantes cubanos. La crítica fundamental del Che a los que defienden el predominio de los factores objetivos y materiales en la transformación revolucionaria, es que en último término ellos se mantienen en la lógica del capitalismo, que propugna justamente una visión de la historia regulada por leyes económicas objetivas, independientes de la iniciativa humana. En cambio, según su convicción más profunda, lo que caracteriza el socialismo es la ruptura de este objetivismo y la toma del poder económico y político por la iniciativa conciente del pueblo.

En su perspectiva entonces, la novedad del «materialismo» histórico marxista no consiste en atribuirles el papel determinante en última instancia a las leyes económicas y a los factores materiales sino en afirmar la capacidad del pueblo de determinar en última instancia la orientación de la historia con su iniciativa consciente.

Coherentes con las dos interpretaciones de la historia son las dos interpretaciones de la sicología humana: la que atribuye el primato a las motivaciones materiales o económicas y la que lo atribuye a los estímulos morales. Dos teorías sicológicas fundadas en dos concepciones de la naturaleza humana: la que lo considera necesariamente egoísta y la que lo considera capaz de entrega y de heroísmo. La acusación fundamental que el Che le dirige a la visión economicista de la sicología humana es la de querer construir el socialismo con los medios del capitalismo; o, más profundamente, la de querer construir la sociedad socialista con los hombres del capitalismo. Una acusación por cierto muy grave, dirigida a todos los países del llamado socialismo real. Acusación que es al mismo tiempo una profecía: la del fracaso de un socialismo que ha dejado de ser una alternativa de sociedad y de civilización; la de la muerte de un marxismo, que ha dejado de representar una alternativa teórica y cultural.

Del marxismo dogmático al marxismo crítico, heurístico, participativo y liberador

La crítica del Che al marxismo de los manuales y su propuesta de un marxismo cubano no se refiere sólo al contenido de la teoría sino también y sobre todo a su metodología. Porque las desviaciones a nivel del contenido son consecuencia fatal de desviaciones metodológicas. Se producen en primer lugar cuando la teoría se aleja de su fuente viva, la praxis y la inteligencia del pueblo revo-lucionario. Sus críticas apuntan por un lado a la propia metodología y por el otro a la actitud de los dirigentes y de los militantes que se somete a ella. En El socialismo y el hombre en Cuba, denuncia "el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período (de transición), cuya economía política no se ha desarrollado..." (55) y el "dogmatismo exagerado" que se instauró "en países que pasaron por un proceso similar" (56)

La crítica del sistema coincide con la crítica del dirigente revolucionario y del militante que promueve este tipo de teoría o se adhiere a ella: "En estas con-diciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y la verdad, para no caer en extremos dogmáticos,en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización" (57). Esta preocupación no concierne sólo a los dirigentes sino a todos los ciudadanos de la nueva Cuba. "No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni becarios que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas." (58) Es además una preocupación que no se limita a la investigación teórica, sino que incluye todos los sectores de la cultura y particularmente el arte: sobre este terreno, el Che critica el "realismo socialista", "camisa de fuerza puesta a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy." (59) Es extremadamente significativa, desde nuestro punto de vista, la contraposición entre dogmatismo y escolasticismo por un lado, amor a la humanidad viviente y cercanía a las masas por el otro. El amor aparece aquí una vez más como la instancia crítica del pensamiento dogmático y como principio inspirador de un pensamiento creativo.

Ahora, para caracterizar positivamente el marxismo del Che, la referencia más decisiva no son sus declaraciones (por cierto muy contundentes) sino su misma práctica teórica. Particular importancia tiene, por supuesto, el momento incial de esta práctica, el del encuentro con el marxismo. Este se produce, como lo hemos recordado, al interior de una búsqueda existencial y política de Ernesto Guevara de la Serna, orientada a definir su identidad, liberándose de la cultura dominante de su país y de su clase y a descubrir los caminos de un amor históricamente eficaz.

Entonces, el marxismo se le impone a Ernesto como componente fundamental de una cultura liberadora, en dos sentidos. Liberadora a nivel personal, respecto a la cultura que había orientado su educación y por tanto factor de la nueva identidad que él va construyéndose. Liberadora también y sobre todo a nivel político, nacional, continental y mundial, como guía en el compromiso revolucionario.

El marxismo así percibido no se le impone como un cuerpo doctrinal definitivo, mucho menos como una ortodoxia, sino como el horizonte y el instrumento privilegiado de una búsqueda incesante. Búsqueda que no consiste únicamente en el estudio asiduo de los textos marxianos y marxistas, sino también y sobre todo en una elaboración personal y colectiva de la teoría, a la luz de la práctica revolucionaria, especialmente cubana.

"El marxismo es solamente una guía para la acción. Se han descubierto las grandes verdades fundamentales, y a partir de ellas, utilizando el materialismo dialéctico como arma, se va interpretando la realidad en cada lugar del mundo. Por eso ninguna construcción será igual, todas tendrán características peculiares, propias a su formación.

"Y las características de nuestra revolución también son propias. No puede desligarse de las grandes verdades, no pueden ignorar las verdades absolutas descubiertas por el marxismo, no inventadas, no establecidas como dogmas, sino descubiertas en el análisis del desarrollo de la sociedad. Pero habrá condiciones propias y los miembros del Partido Unido de la Revolución deberán ser creadores, deberán manejar la teoría y crear la práctica de acuerdo con la teoría y con las condiciones propias de este país en que nos toca vivir y luchar.

"Es decir que la tarea de la construcción del socialismo en Cuba debe encararse huyendo del mecanicismo como de la peste. El mecanicismo no conduce sino a formas esterotipadas, no conduce sino a núcleos clandestinos, al favoritismo y toda una serie de males dentro de la organización revolucionaria. Hay que obrar dialéticamente, apoyarse en las masas, dirigirlas mediante su ejemplo, utilizar la ideología marxista, utilizar el materialismo dialéctico y ser creadores en todo momento." (60)

Esta concepción heurística del marxismo, que se contrapone al dogmatismo y escolasticismo de los manuales, le confiere al Che la libertad de reconocer los límites del marxismo y su carácter inacabado. Escribe, por ejemplo, a propósito de la economía política del período de transición: "debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance. La teoría que resulte dará indefectiblemente preminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica...En ambos aspectos nos falta mucho por hacer." (61) «El socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo con métodos distintos a los convencionales ...La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben." (62) Reconociendo los límites teóricos y culturales del socialismo, el Che indica también una calidad esencial a la búsqueda revolucionaria para superarlos: la audacia intelectual.

Al mismo tiempo la concepción heurística del marxismo le confiere la libertad de señalar las contradicciones internas al campo marxista y la necesidad de una polémica que las enfrente, sin romper la unidad de acción. De lo que se trata pues, es de la unidad de un proceso liberador que surge de la confluencia entre muchas libertades.

He hablado de la búsqueda marxista como de una elaboración personal y colectiva. Porque la opción por el pueblo oprimido como sujeto cultural, que marcará cada vez más la vida intelectual del Che, marca en primer lugar su búsqueda teórica, y por tanto su concepción del marxismo como investigación-acción participativa.

Además, la concepción guevarista de la liberación integral valora muy particularmente la dimensión educativa orientada a plasmar el sujeto de la revolución, el hombre y el pueblo nuevo. Esto significa que el marxismo, teoría de la liberación popular, se va definiendo también como una teoría de la educación popular liberadora. Entonces la elaboración del marxismo, teoría de la praxis, no se puede separar del proceso integral de formación del hombre y del pueblo nuevo y de la construcción de la sociedad socialista.

Conclusión

Las reflexiones que hemos esbozado, me parece, brindan un fundamento suficientemente sólido a la afirmación de la fecundidad teórica del amor y de su papel determinante como principio inspirador de la búsqueda marxista. No sería dificil verificar ulteriormente la fecundidad teórica del amor general sobre muchos terrenos particulares que me limito aquí a señalar, proponiéndolas como pautas de investigación: la crítica del capitalismo y del imperialismo; la crítica del cristianismo; la crítica del dogmatismo y del burocratismo revolucionario; la antropología y la filosofía de la historia; la fundamentación del optimismo histórico; la orientación de la estrategia revolucionaria; los grandes rasgos de la educación popular liberadora; la definición de la sociedad socialista y comunista; la fundamentación del antimperialismo y del internacionalismo

Pero quiero sacar la conclusión de estas reflexiones, con las palabras del mismo Che y de Fidel, que coinciden en un planteamiento tan fundamental. Es una cita un poco larga, pero extremadamente importante. Escribe el Che:

"Hay que recordar siempre que el marxista no es una máquina automática y fanática, dirigida como un torpedo, mediante un servomecanismo hacia un objetivo determinado. De este problema se ocupa expresamente Fidel en una de sus intervenciones: ¿Quién ha dicho que el marxismo es la renuncia a los sentimeintos humanos, al compañerismo , al amor al compañero? ¿Quién ha dicho que el marxismo es no tener alma, no tener sentimientos? Si precisamente fue el amor al hombre lo que engendró el marxismo, fue el amor al hombre, a la humanidad, el deseo de combatir la desdicha del proletariado, el deseo de combatir la miseria, la injusticia, el calvario y toda la explotación sufrida por el proletariado, lo que hace que de la mente de Carlos Marx surja el marxismo cuando precisamente podía surgir el marxismo, cuando precisamente podía surgir una posibilidad real y más que una posibilidad real la necesidad histórica de la Revolución social de la cual fue intérprete Carlos Marx. Pero ¿qué lo hizo ser ese intérprete, sino el causal de sentimientos humanos de hombres como él , como Engels, como Lenin?

"Esta apreciación de Fidel, comenta el Che, es fundamental para el militante del nuevo partido, recuérdenlo siempre, compañeros, grabénselo en la memoria como su arma más eficaz contra todas las desviaciones. El marxista debe ser el mejor, el más cabal, el más completo de los seres humanos, pero siempre, por sobre todas las cosas, un ser humano; un militante de un partido que vive y vibra en contacto con las masas; un orientador que plasma en directivas concretas los desesos a veces oscuros de la masa; un trabajador incansable, que entrega todo a su pueblo; un trabajador sufrido que entrega sus horas de descanso, su tranquilidad personal, su familia o su vida a la revolución, pero nunca es ajeno al calor del contacto humano.

«Todo esto sin olvidarnos de que nuestra capacidad emocional frente a los desmanes de los agresores y los sufrimientos de los pueblos no puede estar limitada al marco de América, ni siquiera al marco de América y los países socialistas juntos; debemos practicar el verdadero internacionalismo proletario, recibir como afrenta propia toda agresión, toda afrentea, todo acto que vaya contra la dignidad del hombre, contra su felicidad en cualquier lugar del mundo.

«Nosotros militantes de un partido nuevo, en una nueva región liberada del mundo y en nuevas situaciones, debemos mantener siempre en alto la misma bandera de la dignidad humana que alzara nuestro Martí, guía de muchas generaciones, presente hoy con su frescura de siempre en la realidad de Cuba: todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.»(63) .

Esta interpretación del pensamiento del Che, de Fidel y de Marx, nos brinda también un criterio para tomar partido en el debate actual sobre la vigencia del marxismo. Realmente el marxismo ha muerto, en la medida en que ha abandonado la opción fundamental por el pueblo oprimido como sujeto, sustituyéndola con una opción por el partido y por la ordoxia «marxista -leninista». En cambio, el marxismo es hoy día más vigente que nunca, en la medida en que sigue manifestando en su búsqueda la fecundidad del amor históricamente eficaz.

La vigencia del marxismo así entendido procede también del papel que él está llamado a asumir en la búsqueda más urgente de esta encrucijada histórica, la de una alternativa a la civilización de egoísmo, la competitividad, el derecho de la fuerza; alternativa que encontrará su principio inspirador en la fuerza del derecho, el amor, la verdad; es decir en el protagonismo del pueblo y de los pueblos.

La elaboración de este proyecto alternativo de civilización es el terreno actual de la confluencia ideal y estratégica entre el marxismo humanista popular, representado particularmente por el Che, y el cristianismo liberador, representado por las varias expresiones de la teología de la liberación.

Comprometiéndonos, al lado del Che, en esta elaboración de una alternativa de civilización, verificaremos que el amor históricamente eficaz manifiesta su fecundidad teórica no sólo en la búsqueda del Che, sino también en la nuestra.

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NOTAS

1. Dialéctica de amor y odio en la vida y el combate del Che, en América Libre, número especial Ernesto Che Guevara- 30º aniversario, 1997, pp.36-47

2. Ernesto Che Guevara, Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, en Obras 1957-1967, La Habana, Casa de Las Américas, 1970, T. II, p.598

3. El socialismo y el hombre en Cuba en Obras 1957-1967, t.II,p.382

4. Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, cit. p.596

5. El socialismo y el hombre en Cuba. p.372

6. Ibid. p.371

7. Ibid. p.370

8. Ibid p.371

9. Ibid. pp.372-373

10. Ibid. p.371

11. Ibid. p.373

12. Ibid. pp.367-368

13. Ibid. pp.373-374

14. Ibid p.371

15. Ibid. p.753

16. Ibid. p.383

17. Ibid. p. 375

18. Ibid. p382

19. Ibid. p.382

20. 1Ibid. pp. 382-383

21. Ibid. p.368

22. Ibid. p.372, 374

23. Ibid. p.367

24. Ibid. p.375

25. Ibid. p.373

26. Ibid. p.380

27. Ibid. p.376

28. Ibid. p.380

29. El médico revolucionario en Obras 1957-1967,T.II.p.76

30. El socialismo y el hombre en Cuba, Ibid p.380

31. Ibid. p.368,

32. Ibid. 374.369

33. Ibid.pp.368- 369

34. Ibid. p.374

35. Ibid. p.369

36. Ibid.p.374

37. Ibid. p.381

38. Ibid. p.383

39. Ibid. p. 375

40. Ibid.. p.381

41. Ibid. p.371

42. Ibid. 383.

43. Ibid. pp.379-380

44. Ernesto Guevara Lynch , Mi hijo el Che, p.339

45. Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, en Obras 1957-1967, T.II, pp.251-253.

46. El médico revolucionario, ibid. T.II, p.70

47. Ibid. pp.70-71

48. Ibid. p.71

49. Ibid. p.72- 74

50. Ibid. pp. 76-77

51. El Che en la Revolución Cubana, La Habana, Ed. Ministerio del Azúcar, 1966, T.6, p.176, citado por F.Martínez, Che, el socialismo y el comunismo, La Habana, Casa de Las Américas, 1989,p. 165

52. En Obras 1957-1967, T.II, pp.92-101

53. Publicado por la Dirección Nacional del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, La Habana 1963, en Obras 1957-1967, pp.198-208

54. Reuniones bimestrales 12.9.1964, en El Che en la revolución cubana, cit. t.6 ,p.540

55. en Obras 1957-1967, T.II, p.377.

56. Ibid. ,p.378.

57. Ibid.382

58. Ibid.p. 380

59. Ibid. p.379

60. Sobre la construcción del Partido en Obras 1957-1967, t.II, pp.190-191

61. Ibid. p.377

62. Ibid. pp 378-379

63. El partido marxista-leninista en Obras 1957-1967, t.2, pp. 206-208

viernes, 5 de agosto de 2011

EL PROBLEMA DEL SOCIALISMO ES LA PRODUCCIÓN, NO SÓLO LA DISTRIBUCIÓN



Jesse Chacón
FUNDACIÓN GISXXI: Grupo de Investigación Social Siglo XXI – Venezuela.
Argenpress
Martes, 2 de agosto de 2011

En los diversos estudios sobre percepción de la gestión pública que realizamos en la fundación GISXXI, la inflación y el costo de la vida se mantiene en un lugar muy destacado.

Es innegable que la inflación no es solo un problema económico, es así mismo un problema social que precariza la vida de los ciudadanos y un problema político que se salda con la desafección en la obra de cualquier gobierno.

La oposición y las derechas latinoamericanas recurrentemente han tratado de presentar la inflación como producto de la política de gasto social del gobierno, política que expande la capacidad de consumo y por lo tanto eleva la inflación, sin embargo un gobierno como el Bolivariano que ha ampliado el gasto social hasta lograr serios impactos en la disminución de la pobreza ha tenido como inflación más alta el 31.2 %, la cual se registró en el marco de la devastación golpista del 2002, y tuvo un techo de 30.9 en el año 2008 en el marco de la crisis económica mundial.

Por el contrario la oposición mientras estuvo en el gobierno y se dedicó a la reducción y eliminación de la política social durante la década del 90, arrojó para 1989 una inflación de 89% y llegó a cifras alarmantes de 103.2% para 1996.

Lo anterior demuestra que el problema de la inflación en contravía a la manipulación política con que se aborda, es un problema estructural de la economía Venezolana, el cual debe ser pensado y explicado fundamentalmente en la no existencia aun de un aparato productivo manufacturero y agroalimentario capaz de ofertar un alto volumen de bienes para el consumo de nuestra población. El problema de la especulación es incidente, claro está pero no es determinante.

Dado los grandes avances del proceso Bolivariano en el área política y social, pasa a ser el problema de la producción el reto central que enfrenta hoy la construcción socialista en Venezuela, por ello debemos concentrar nuestra reflexión y acción en el modelo productivo a construir.

El nuevo modelo productivo enfrenta múltiples retos referidos a la necesidad de romper con las lógicas capitalistas imperantes, pero también es claro que existen otros retos no menores referidos a la necesidad de desestructurar el rentismo petrolero como materialidad productiva y representación cultural en toda la población, es necesario implantar un nuevo modelo productivo que descanse sobre un alto nivel de eficiencia.

Romper el rentismo implica construir cadenas productivas viables y sostenibles, es necesario que dichas cadenas aporten a satisfacer las necesidades sociales de la población, pero igualmente es necesario que ganen altos índices de productividad para que puedan permanecer y consolidarse.

Nuestros problemas en la dinámica productiva aunque amplios y complejos podríamos sintetizarlos en tres nudos críticos fundamentales:

- El patrón de producción petrolera desestructuró desde principios de siglo las formas tradicionales de producción agropecuaria y agroexportadora, sin permitir el desarrollo de un tejido industrial y agroalimentario capaz de satisfacer las necesidades nacionales.

- El nivel de ingreso promedio de los habitantes Venezolanos se elevó durante muchas décadas del siglo XX casi al nivel de los habitantes de los países capitalistas del centro.

- El crecimiento del ingreso ha generado una deformación fundamental de la economía, en la cual se da el incremento del consumo a pesar de la baja productividad, consumimos más de lo que producimos.

Así mismo enfrentamos problemas a resolver en las políticas y estrategias a elegir en la configuración de nuestro modelo productivo:

- Cuáles son las cadenas productivas estructurantes (Petroquímica, infraestructura y vivienda, turismo, agroalimentaria, telecomunicaciones, etc) y cuál es su modelo de articulación territorial con las redes productivas locales.

- Que socializar, todo? Algún nodo estructurante en producción o comercialización que nos permita el control de la cadena? Que nodos de las cadenas serán de propiedad social directa e indirecta? Cuales no?, Que sectores se abrirán a la inversión privada?, donde pervivirá la propiedad privada?

- Como formar y preservar la nueva gerencia para el reto de la activación productiva? Como superar al tecnócrata sin caer en el extremo voluntarista del gerente politizado pero que desconoce el sector?

Estos y otros problemas requieren una política sistemática y deben incorporarse en la reflexión y debate nacional, tanto en la agenda del gobierno como de todos los actores nacionales, hay unas constantes estructurales heredadas que complejizan la tarea, pero igualmente hay prácticas de gestión que debemos reenfocar para avanzar con éxito en la tarea.

Hoy más que nunca está vigente el planteamiento de Marx en su crítica al programa de Gotha, cuando hacía referencia a que “el problema del socialismo no es solo la distribución sino también la producción.”

lunes, 1 de agosto de 2011

EL COMANDO RUBALCABA



Julio Anguita
Sábado, 30 de julio de 2011
larepública.es

A mediados de la década de los noventa se puso en circulación desde los medios de comunicación y los mentideros políticos, el calificativo de comando Rubalcaba al equipo de fontaneros y periodistas encargados de intoxicar, censurar, teledirigir y crear atmósferas político-informativas que paliasen o derivasen hacia otros objetivos los errores, delitos, acciones gubernamentales derechizadas y escándalos de la época felipista. Es en aquella época cuando se concibió la campaña de la pinza.

Recuerdo haber descrito y desmontado en un diario de tirada estatal la estructura interna de aquél mensaje y su lógica de impecable factura goebbelsiana. El caso es que tuvo éxito mediático y fue repetida una y otra vez por los portavoces del PSOE ante el acollonamiento de no pocos dirigentes de IU. Ello explica que casos como el de Córdoba y Málaga en los que la acción y omisión del Partido Socialista le entregaron las alcaldías de ambas ciudades al PP en detrimento de IU, quedasen silenciados y prontamente olvidados.

El esquema de la operación vuelve a repetirse; se magnifican las actuaciones de IU que han permitido alcaldías del PP y se silencian las del PSOE que han hecho lo mismo o se han beneficiado de ello. ¿Por qué sigue teniendo gancho la operación? Creo que ello obedece a dos series de causas: la estructura del mensaje en su relación con la mentalidad media y la falta de firmeza o convicción de bastantes dirigentes afectados por el miedo escénico a las parciales, inexactas y tendenciosas informaciones de medios afines al PSOE.

Para que un mensaje de este tipo alcance éxito debe conjugar la simplicidad del argumento con una mentalidad media asentada de manera primaria y primitiva en la bipolarización de filias y fobias totalmente extrapoladas de la realidad social y política de cada día. Para esta mentalidad de simplismo e irrealidad cultivados, el mundo funciona en torno a un trío compuesto por el héroe, el anti-héroe y el traidor, siendo éstos el PSOE, el PP e IU respectivamente. La pereza mental media se siente cómoda y gratificada ante este relato propio del spaghetti western.

El mundo en blanco y negro sobre el que trabajan los urdidores de la pinza parte de una asimilación del PSOE a la izquierda en función de las siglas históricas de ese partido o en otro tipo de convenciones que no se compadecen en absoluto con la política diaria realizada por el mismo. Repasen mis lectores la acción de Gobierno de González, de Aznar o de Rodríguez Zapatero y señalen en dónde encuentran diferencias sustantivas.

Al insertar sobre el fondo de esta dualidad falsa referida al PP y al PSOE, las tonalidades épicas del lema parar a la derecha, el ciudadano medio con notable ausencia de memoria (ya se encargan los del comando en facilitarle la amnesia), cae incautamente en el garlito. Cuando se le recuerda a este mismo ciudadano medio las series y series de leyes que ambas formaciones han aprobado de consuno o cuando se le relata las medidas de tipo económico, político, electoral o internacional que ambas pactan y repactan permanentemente, nos encontramos bien con su reflexión, bien con la tesonera contumacia insertada en su fe de carbonero. Los de la pinza han logrado eliminar la realidad- y con ello el análisis- sustituyéndola por el catecismo Ripalda.

Pero todo ello sería desmontable y reconducible si quienes deben dirigir la lucha ideológica y el debate político contra esta superchería no se sintieran también presos de este convencionalismo que, cual lobotomía, amputa y mutila el pensamiento y sus meandros. Hasta que IU no recupere la soberanía de su discurso y de su praxis y mida a las fuerzas políticas únicamente por su acción diaria y concreta, siempre estará alentando en su interior los gérmenes de la duda y culpabilidad que Rubalcaba y sus acólitos se aprestan a cultivar constantemente.

No estaría de más una lectura serena y predispuesta a la reflexión, del documento fundacional de IU de 27 de Abril de 1986. Es el mejor de los antídotos contra la pinza y otras pócimas. Nuestras alianzas y nuestros compañeros de viaje hace tiempo que están en otros sitios

jueves, 28 de julio de 2011

¿QUÉ PAZ PARA COLOMBIA?: RESPUESTA DE LAS FARC A LA "CARTA" QUE EL HISTORIADOR MEDÓFILO MEDINA ENVIÓ AL COMANDANTE ALFONSO CANO INVITÁNDOLO A "OBSERVAR SEÑALES DE PAZ".

Apreciaciones críticas sobre la Carta Abierta a Alfonso Cano escrita por Medófilo Medina

NO TIENE DESPERDICIO
Si con la otra carta les invité a expresar sus opiniones, ahora vuelvo a hacerlo

Recientemente el académico Medófilo Medina, ha dirigido una carta abierta al comandante Alfonso Cano, líder máximo de las FARC-EP[1], con la esperanza de abrir un debate sobre las cuestiones relativas al conflicto social y armado que afecta a Colombia. Esta misiva es, a la vez, una invitación a reflexionar al conjunto de la sociedad, o a quienes quieran hacerlo.

Saludamos como un acierto la idea de este intercambio epistolar, más aún cuando el intercambio iniciado por Colombianos y Colombianas por la Paz, rápidamente, como el profesor Medina lo reconoce, terminó centrado exclusivamente en la cuestión del acuerdo humanitario, que aún siendo muy importante, no es central en el conflicto. Agregaríamos, también, que la agenda de este intercambio epistolar estuvo plenamente acorde a las particulares prioridades del gobierno de turno, ignorándose cuestiones políticas centrales que no hacían parte de esa agenda, tales como la reforma agraria, por citar tan sólo un ejemplo.

Saludamos, por tanto, esta iniciativa. Sin embargo, tenemos serias reservas con muchos de los contenidos planteados que, en nuestra opinión, reproducen una serie de juicios delicados, erróneos y algunos aún peligrosos. Por ello, hemos considerado pertinente intervenir en el debate con nuestras propias reflexiones, no con el ánimo de agotar el tema, sino de presentar elementos desde otra perspectiva que alimenten el casi inexistente debate político sobre estos asuntos.

Las diferencias en la evaluación del contexto político

Creemos que es imposible abordar las diferencias puntuales que tenemos con la carta del profesor Medina, sino entablamos, primero, una discusión sobre algunos de los presupuestos políticos que la permean, principalmente en lo que respecta a su apreciación del actual escenario político nacional e internacional.

El panorama nacional: La primera de las diferencias es el implícito, aunque evidente, entusiasmo del profesor Medina con el gobierno de Juan Manuel Santos. La carta está salpicada de guiños a la política del actual gobierno, como si significara una superación de la política impulsada por su predecesor Álvaro Uribe.

Particularmente esperanzadora es, en opinión de Medina, la Ley de Víctimas, la cual debe ser buena, a su parecer, ya que ha estimulado una violenta ofensiva contra quienes pidan restitución de sus predios. Sin embargo, creemos que un análisis más detallado sobre la misma, el cual es obligatorio para hablar de la paz, pues el conflicto tiene como uno de sus puntos angulares la cuestión de la tierra, nos haría más cautelosos sobre el alcance y el carácter de la misma.

Primero que nada, porque la ley en cuestión desvía el problema de fondo que sigue siendo la reforma agraria, particularmente en momentos en que la concentración de la tierra ha alcanzado niveles escandalosos, en que 3.000 propietarios controlan el 53% de la tierra cultivable. Acá estamos ante la mera restitución de alrededor de 2 millones de hectáreas de un total de 6,5 millones que el paramilitarismo robó en su campaña contra el campesinado pobre durante las últimas dos décadas; y de ellas, es importante entender que, por razones prácticas, ni una décima parte sería devuelta a sus verdaderos propietarios. En parte, porque la violencia paramilitar lo evitará (la cual le recordamos, no son actores externos al Estado colombiano, sino que son parte estructural de sus aparatos represivos); esto es lo que estamos viendo con el asesinato de líderes desplazados. En parte, porque la misma ley da prioridad a la agroindustria, estipulando que si los terrenos han sido ocupados de “buena fe”, categoría asaz elástica, en proyectos productivos, el dueño por derecho se verá forzado a negociar un acuerdo con quien ocupe el predio de hecho. Y por último, porque esta ley de restitución de tierras se promulga cuando el país aún está en guerra y vastos territorios son controlados por caciques paramilitares, y con toda seguridad, la mayoría de las víctimas no ofrecerán su cuello al verdugo, por más penurias que soporten hacinados como están en los cascos urbanos. Los más afortunados, tendrán la posibilidad de cobrar una indemnización, pagada por los contribuyentes y no por quienes se beneficiaron de la guerra sucia, a cambio de sus tierras… ¿y quién se quedará con sus tierras?

La tan mentada restitución, no sería más que una cuestión puramente demagógica. Tenemos la certeza de que esta ley, anunciada con bombos y platillos, como una de las primeras medidas legales para allanar el camino a la paz, terminará siendo una ley para legalizar y normalizar el despojo y para fortalecer al gran capital transnacional, al cual están aliados los capitalistas y terratenientes locales, que ahora nuevamente necesitan de la tierra para producir agrocombustibles o cultivos de exportación, como palma aceitera, y para construir megaproyectos o asegurarse la explotación de recursos minerales. Aún si, por ventura, se devolviera el total de predios al total de víctimas, volveríamos a la situación agraria de 1991, que como el profesor Medina ha de recordar, estaba lejos de ser una situación paradisíaca.

Casi al terminar su carta, menciona las “señales aún débiles pero ciertas de paz que se originan en el gobierno”. Nos gustaría que aclarara cuáles son esas señales… ¿la movilización de miles de tropas al Tolima tras la caza de Cano? ¿El bombardeo con toneladas de bombas sobre la cabeza del Mono Jojoy? ¿El llamado “Plan Burbuja” del ejército, que busca la eliminación de los mandos medios con fin de descentralizar y “bandolerizar” a la insurgencia? Las únicas señales de paz lanzadas por Santos se han limitado a afirmar, por una parte, que las llaves de la negociación no han sido arrojados al mar, a la vez que pide condiciones imposibles como prerrequisito (cese de las acciones de guerra, en momentos en que las fuerzas represivas del Estado colombiano profundizan la guerra) y a la vez que afirma que cualquier negociación debe ser solamente en términos de desmovilización de la insurgencia, lo cual a la luz de los problemas estructurales que se encuentran en la raíz del conflicto, no solamente hacen este panorama poco probable, sino que además, es contrario al interés nacional; por otra, también Santos ha reconocido la existencia del conflicto armado. Aparte que esto es como descubrir que el agua moja, tampoco ha sido hecho con miras a la solución política del conflicto. El propio presidente, ante las quejas del ex mandatario Uribe, se apresuró a decir que esto no equivalía a un reconocimiento político de “la guerrilla”. Y más aún, sostuvo que la motivación real de esta afirmación era evitar ser juzgado por crímenes contra la población civil, debido a las acciones militares del Estado colombiano. Si no se reconoce la existencia de la insurgencia como una fuerza rebelde que participa en un conflicto interno, todos esos bombardeos y actos de guerra perpetrados por el Estado, serían vistos, según el derecho internacional, como acciones bélicas contra la población civil.

Por último, permítasenos mencionar que más fuerte que las palabras cuidadosamente elegidas de Santos, hablan sus actos. El panorama de sus primeros 300 días de gobierno, según un informe de OIDHACO, es francamente desolador: 24 sindicalistas, 34 defensores de derechos humanos y 15 líderes de campesinos desplazados reclamantes de tierra han sido asesinados (la cifra de sindicalistas asesinados en 2011 ya es de 20); mientras tanto, el paramilitarismo se expande por todo el territorio y según la ONU las masacres aumentaron en un 40%. En lo que va del año, tan sólo en Medellín se han registrado 407 desapariciones. Si a esto sumamos que el año 2010 terminó con 280.000 nuevos desplazados, el panorama no puede ser más sombrío y nos cuesta trabajo saber con precisión cuál puede ser la fuente de ese súbito discurso esperanzador ante el nuevo gobierno de parte de un cierto sector de la izquierda.

El gobierno de Santos no solamente ha decidido, en lo fundamental, proseguir con las políticas de su predecesor Álvaro Uribe, política en todo caso convergente con los intereses presentes en el Plan Colombia, sino que la ha profundizado. El conflicto arrecia en el campo, mientras el gobierno presiona el desarrollo de sus iniciativas minero-extractivistas, plasmadas en las mal llamadas locomotoras del Plan Nacional de Desarrollo, que otorgan concesiones a empresas transnacionales que redundarán con toda seguridad en más desplazamiento y violencia contra las comunidades, mientras profundiza la impunidad con la Ley 1424 que beneficiará al paramilitarismo “desmovilizado” librándole de cárcel, y criminaliza la legítima protesta de la sociedad con su Ley de seguridad pública, según la cual una persona puede ser condenada a entre 4 y 8 años de prisión si obstaculiza las vías de transporte de tal forma que “afecte al orden público”.

El panorama internacional: Por otra parte, en la carta se describe un panorama regional en términos excesivamente optimistas, rayanos en lo fantasioso. Si bien es cierto que Latinoamérica ha transcurrido poco más de una década de movilizaciones sociales que han destruido en gran medida el consenso neoliberal de buena parte de los ’90, esto no quiere decir que se haya avanzado demasiado en cambios estructurales o que las transformaciones sean profundas. Se ha avanzado, es cierto, en cuotas de mayor soberanía, particularmente en lo que respecta a temas como los recursos naturales, lo cual no es poco, pero tampoco debe ser visto bajo la luz de un cambio de mayores alcances de los que en realidad tiene. También es cierto que se ha avanzado en ciertas medidas muy humildes de mejor redistribución del ingreso, lo que ha redundado en mejores servicios sociales, pero tampoco hay mucho más que eso. Eso es cierto para los regímenes nacional-desarrollistas (Venezuela, Bolivia, Ecuador). Para los regímenes de la llamada centro-izquierda (Uruguay, Argentina, Brasil), esto casi es imperceptible, porque en general se mantienen políticas económicas objetivamente derechistas y favorables al capitalismo y al imperialismo.

Pero en general, el modelo económico de la región, en lo fundamental, sigue inalterado, así como la estructura de clases marcada por las profundas desigualdades sociales, lo cual es tan cierto en el caso de los nacional-desarrollistas como en el de los centro-izquierdistas. Tampoco es exacto decir que en todos estos países se ensayan “caminos de participación nueva de la gente”. En el caso de Venezuela, Bolivia, y Ecuador, se han intentado algunas fórmulas de participación limitadas, fundamentalmente a través de las Asambleas Constituyentes. En Brasil tenemos las experiencias participativas acotadas a Porto Alegre y no hay mucho más. En Argentina y Uruguay no hay casi nada en realidad. Pero lo que sí se mantiene intacta, es una cultura caudillista y clientelista, que no se ha alterado y que tiene más en común con la vieja política que con las fórmulas ensayadas por las masas efervecientes que gritaban “que se vayan todos” en Argentina a fines de 2001.

Tampoco considera el análisis del profesor Medina que la realidad latinoamericana no se reduce a los cambios políticos experimentados en América del Sur: ahí están los golpes de Haití y de Honduras que demuestra que el gorilismo está vivo y puede ponerse en práctica sin mayores consecuencias a largo plazo. Ahí está el recrudecimiento de la presencia militar de Estados Unidos mediante la reactivación de la Cuarta Flota, las nuevas bases militares en el Caribe, Panamá, presencia militar en Haití y Costa Rica, creciente penetración de sus aparatos de inteligencia en México, el intervencionismo vía la “guerra contra las drogas” y la Iniciativa Mérida, sin contar la presencia en Colombia que el profesor Medina menciona en su epístola. Todos estos factores deben ser tomados en cuenta a la hora de hacer un balance de la región, el cual en nuestra opinión demuestra que lo que define el nuevo ciclo político latinoamericano es el intento, exitoso hasta ahora, de los Estados Unidos por recomponer su hegemonía erosionada en la última década.

Pero volviendo al tema de las izquierdas del continente, si hay un factor común a la “izquierda” latinoamericana en el poder, es el proceso de derechización que experimentó desde fines de los ’80 y que no se detuvo con el ascenso de las luchas de masas en el último decenio, los cuales, cuando mucho sirvieron para sentar bases de apoyo electoral sin alterar significativamente políticas que son más bien moderadas y poco radicales. El horizonte emancipatorio está ausente de una “izquierda” cuya imaginación parece agotada. Es en esta luz que deba entenderse como un exguerrillero como Pepe Mujica en Uruguay, o Dilma Rouseff en Brasil, puedan llegar a la presidencia y ser aceptables para el establecimiento, pese a las controversias, y para los Estados Unidos. En estos casos no interesa tanto lo que esos personajes fueron en el pasado, sino lo que son en el presente y a quién representan (al capitalismo local en cada país) y a quien le sirven en el escenario internacional (de manera directa o indirecta a la dominación imperialista).

Diferencias a la hora de definir una ruta hacia la paz

La Sudamérica del postconflicto y extrapolaciones inexactas a Colombia:Es efectivo lo que plantea el profesor Medina de que todos los países mencionados pasaron por experiencias insurgentes que encontraron término. De ahí, se desprende el argumento de que si la insurgencia colombiana depusiera las armas, tal vez cabría la posibilidad de que, a mediano o aún corto plazo, la izquierda pudiese convertirse en una alternativa de gobierno en Colombia. Tal apreciación, en nuestra opinión, ignora las condiciones reales de la lucha en Colombia. Primero, porque aún cuando todos estos países han tenido experiencias guerrilleras, éstas han sido cualitativamente diferentes al caso colombiano: han sido experiencias foquistas, y no han surgido como la insurgencia colombiana de autodefensas campesinas. Los conflictos armados en esos países fueron relativamente marginales, no afectaron de la misma manera la estructura social del país ni los conflictos tuvieron raíces tan profundas como en Colombia. Las consecuencias de esto son casi obvias, porque un verdadero proceso de paz en Colombia requiere de cambios sociales de tipo estructural, mucho más profundos que en los otros países.

Colombia no es, y no será jamás, Porto Alegre. La comparación del futuro de Colombia tras un proceso de negociaciones que no fuera mucho más que la desmovilización de la insurgencia, no es válida con otros países sudamericanos, sino más bien con la situación de Guatemala o del Salvador, ejemplos poco alentadores en los que, paradójicamente, la violencia es hoy peor, en época de paz, que en tiempos de guerra civil.

¿Es la paz equivalente a la mera desmovilización?: Cierto es que el profesor Medina no plantea en su carta que un eventual proceso de negociaciones sea poco menos que una desmovilización como ocurrió en Centroamérica en el período 1992-1996. Dice claramente que, debido al innegable apoyo que la insurgencia tiene en ciertos sectores del país, no es realista que el movimiento guerrillero “acepte poner fin al conflicto interno mediante el trámite de una simple reinserción” (subrayado nuestro). Sin embargo, pareciera que estas afirmaciones son sólo retóricas, puesto que la evaluación que hace de las “señales de paz” del gobierno como suficientes para que sea la insurgencia la que acepte poner fin al conflicto (ie., desmovilizarse), nos deja con la sensación de que la paz a la que él se refiere, no requiere de transformaciones en realidad estructurales –las cuales son postergadas ad infinitum: “la salida negociada del conflicto no significará el cumplimiento automático de los cambios, pero sin duda contribuirá a crear las condiciones para que la gente luche por ellos de manera políticamente más efectiva y humanamente más constructiva”. Por ninguna parte se menciona el desmonte de la estructura paramilitar del Estado, ni la reforma agraria, ni el modelo de desarrollo económico intrínsecamente antisocial y violento patrocinado por el bloque en el poder, temas que, entre otros, deberían ser puestos en el centro de un debate que no involucre solamente a los sectores en armas, sino que, entendiendo que estamos ante un conflictosocial y armado, deberían incluir al conjunto de la población, en un verdadero diálogo nacional sobre qué tipo de país se quiere construir. El hecho de que la presión del profesor Medina se aplique solamente a la insurgencia, como si de ella fuera la única que dependiera poner fin al conflicto, demuestra hasta qué punto la jerga de solución política en este caso equivale a mera desmovilización.

Incluso, la carta está planteada en clave de “nosotros los que apostamos a la solución política”, como si eso supusiera que la FARC-EP no está por la negociación política. De hecho, ha sido una constante de la insurgencia estar dispuesta al diálogo, y aún cuando cometió más de un error en la época de las negociaciones de San Vicente del Caguán, no cabe duda que negoció de mucha más buena fe que el Estado, que mientras negociaba, alimentaba a la peor maquinaria de muerte de toda la historia colombiana (las AUC) y preparaba la profundización del conflicto al reforzar la presencia de los Estados Unidos, mediante el Plan Colombia.

No creemos que la oligarquía y sus representantes en el Estado, vayan a cambiar de corazón de la noche a la mañana. De esto se desprende que la presión fundamental por una solución política a un conflicto que no tiene solución real en términos militares, deba ser primordialmente ejercida hacia el Estado, y que la ruta hacia la paz sea una ruta en realidad de lucha popular, en la cual se requerirá la clarificación de esas transformaciones estructurales necesarias para lograr una paz distinta a la de los cementerios. Eso exigirá niveles importantes de movilización por parte de la sociedad y las organizaciones populares, y más aún, requerirá de un nivel de articulación de propuestas y proyectos que desde ya permitan delinear una visión alternativa de país. Tarea nada fácil, porque tendrá necesariamente que realizarse mientras se resisten los embates de la guerra sucia.

El conflicto social y armado… ¿es la excusa?

Según el profesor Medina, la persistencia del conflicto social y armado es la “excusa” que utiliza el bloque en el poder para saquear, abusar y mantenerse en el poder: “Es evidente que los señores de la guerra, los paramilitares amparados por sectores de las Fuerzas Armadas y otros actores legales o ilegales opuestos al interés de los trabajadores y de las fuerzas democráticas se benefician de maneras muy distintas de la existencia y la prolongación del conflicto interno en contravía de los cambios que las FARC se propusieron desde su creación. Hay en especial razones para pensar que el fenómeno Uribe se gestó en el contexto del con razón llamado ‘síndrome del Caguán’, un fenómeno político – emocional que arrastró a la mayoría de la opinión y la puso en manos de la extrema derecha.”

Es cierto que el bloque en el poder, esa alianza de narco-paramilitares, gamonales y empresariado urbano, se ha enriquecido enormemente con la guerra, la cual ha utilizado como un mecanismo de acumulación de Capital. No es difícil comprobar que en los momentos de profundización de la guerra, como el actual, aumenta la concentración de la riqueza y de la tierra, se incrementan las desigualdades, y crecen los indicadores macroeconómicos, como expresión de un modelo capitalista mafioso sui generis.

Pero plantear la cuestión en los términos en que Medina lo hace, es poner la historia colombiana de cabeza. Porque la guerra no la inició la insurgencia, ni las FARC-EP, ni el ELN, ni otros movimientos que han existido. La guerra la inició la oligarquía colombiana con el temprano uso de bandas de pájaros y sicarios, para amedrentar al incipiente movimiento sindical y campesino desde los años ’20 del siglo pasado, cuando el movimiento insurgente ni siquiera era un proyecto en mente de nadie. Eso se hizo en diversos lugares del país, donde campesinos, colonos, aparceros y los nacientes trabajadores asalariados empezaron a luchar por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, y las clases dominantes enarbolando un anticomunismo visceral, que nunca han abandonado, masacraron a los sectores populares en diversas ocasiones, siendo el caso más tristemente célebre el que sucedió en las bananeras en 1928. Y esta guerra contra el pueblo se profundizó después de 1946, ante la presión por tierras en el Eje Cafetero y otras zonas del país. En respuesta a ello, nace el movimiento guerrillero campesino, como una forma de defensa ante las atrocidades cometidas por los lacayos del conservadurismo. De ahí en adelante la historia es conocida y no es necesario ahondar mayormente en ella.

Por tanto, suponer que si desapareciera la insurgencia, desaparecería la “excusa” de la oligarquía para desplazar y asesinar, no es solamente una ingenuidad, sino que es una falta de sentido histórico. El bloque en el poder no necesitó la “excusa” insurgente para regar de sangre el campo colombiano en 1946. Los tiempos son otros, es verdad, pero la impunidad y la frialdad para masacrar por parte de los sectores en el poder, se mantienen como una constante.

Lo que es importante señalar es que la existencia del movimiento insurgente no deja de representar un cierto freno a los designios de ese bloque en el poder. La presencia de la insurgencia es la amenaza más importante a la “confianza inversionista”. Una de las razones por las cuales el gobierno de Santos está buscando por todos los medios terminar con el conflicto armado, es para dar vía libre, sin contrapesos ni frenos de ninguna clase, a la locomotora del Plan Nacional de Desarrollo, que entrega buena parte del territorio nacional al sector agroindustrial y minero-extractivista. No es exagerado decir que si el día de mañana desaparece la insurgencia, sea por derrota militar o por desmovilización, quedarán servidas todas las condiciones para el completo arrasamiento del campesinado de la faz de Colombia. Este es el principal objetivo que busca la oligarquía colombiana, como se observa desde hace tiempo y se reafirma con la expropiación de tierras y la expulsión de millones de campesinos de sus territorios ancestrales, en donde se fortalecen los viejos y nuevos terratenientes, con la activa participación del Estado y de los militares: esta es la contra-reforma agraria que se impuso a sangre, fuego y motosierra en los últimos quince años. Olvidar este aspecto tan fundamental de la guerra en Colombia es creer, de manera ingenua u optimista, que la guerra que se libra no tiene ninguna base objetiva y no estaría relacionada con una política de tierra arrasada, no sólo con respecto a la insurgencia, sino con relación a los campesinos, vistos como incómodos obstáculos en el proyecto de “modernizar” el agro por la vía de la transnacionalización. No por casualidad el paramilitarismo ha operado en la forma como lo ha hecho, recurriendo al crimen y a la persecución de todos los que han sido considerados como enemigos de la oligarquía, pero con especial sevicia contra los campesinos e indígenas.

Insistimos: aún cuando la oligarquía ha sabido enriquecerse también mediante el conflicto, no nos cabe ninguna duda que ella preferiría deshacerse de cualquier forma de resistencia, sea civil o armada… lo cual no significa que estaría dispuesta a renunciar a la violencia[2]. Esto lo planteó de manera meridianamente clara el comandante del ELN Pablo Beltrán cuando dijo en una entrevista: “El debate no es si la guerrilla sigue o no sigue, sino, si la élite va a dejar de hacer la guerra sucia y de poner todo su aparato de Estado para eliminar a la oposición”. Como ejemplo de lo que espera a Colombia en el caso de una derrota militar o desmovilización, tenemos las Zonas de Consolidación Territorial, de las que proviene, según el último informe del CODHES, el 32,7% de desplazados (91.499 personas) en el año 2010, una cantidad desproporcionadamente alta, pese a que son zonas donde la insurgencia tiene una presencia nula o muy baja. Junto a los batallones de contraguerrilla y las bandas paramilitares, llegó en masa la agroindustria (palma aceitera, caucho) y la gran minería, un claro anticipo de lo que viene en camino, junto a la tan manida “seguridad inversionista” y apertura al capital transnacional.

Para entender el proyecto de clase que está detrás de la guerra por parte del bloque en el poder, es bueno constatar lo que ha sucedido en otras experiencias similares a la colombiana. Ahí está el ejemplo de Guatemala, que es extraordinariamente aleccionador. Tras la desmovilización de 1996 la oligarquía guatemalteca no ha tenido ninguna clase de contrapeso para construir el tipo de país que ha querido. ¿El resultado? En 2010 fueron asesinadas 6.500 personas, mientras que el promedio durante el período de conflicto fue de 5.500. También continúa el desplazamiento de campesinos mayas, esta vez de la mano de proyectos minero-extractivistas. Guatemala ocupa el segundo lugar del mundo, después de Colombia, en violencia contra sindicalistas. Y la oligarquía guatemalteca no ha necesitado de la excusa de la URNG para mantener este triste récord. Pero no solamente la violencia ha recrudecido, sino que también las desigualdades sociales; el país se ha convertido en lo que llaman un “Narco-Estado”, donde reina esa clase política mafiosa, sicarial, que es copia y calco de los parapolíticos locales. ¿Ese es el futuro que queremos para Colombia?

Algunos de los momentos del conflicto No es este el lugar adecuado para emprender un debate historiográfico de tipo político sobre las interpretaciones que en su carta hace el profesor Medina. Simplemente, señalamos algunos aspectos que es necesario matizar. Miremos algunos detalles al respecto. Dice Medina en la mencionada misiva, refiriéndose, a la autodefensa campesina original, de fines de los años ‘40 y comienzos de los ‘50:

“Sin duda en 1949 y en algunas regiones donde venían consolidándose los movimientos de colonos y campesinos, resultó inevitable organizar la autodefensa armada, no ya en defensa de la tierra sino de la vida misma. Pero ya en la primera pausa de “La Violencia” en 1953, había motivos para plantearse la reorganización de un movimiento agrario que, por ejemplo en el Sur del Tolima, venía trabajado con vigor desde mediados de los años treinta. No sobra recordar que en Chaparral, el Partido Socialista Democrático (denominación temporal del Partido Comunista) había tenido ya dos concejales campesinos, uno de ellos el legendario Isauro Yossa.

Pero la reorganización del movimiento campesino no ocurrió. Al contrario cundió el desconcierto y se prolongó la confrontación con antiguos combatientes liberales que respondieron de manera aún más enconada y en efecto agravaron la violencia”.

En este caso, se achaca la responsabilidad a la dirigencia agraria, sin mencionar de ninguna manera que la amnistía de Gustavo Rojas Pinilla en 1953, que condujo a la desmovilización de importantes reductos de tropas campesinas, se complementó con dos mecanismos trágicos que gravitan hasta el día de hoy, y que no pueden ser olvidados: uno, el vil asesinato de gran parte de los principales líderes guerrilleros que se desmovilizaron en los años siguientes, dejando un reguero de muertos del que se perdió la cuenta, y entre los que se destaca, para sólo mencionar dos casos emblemáticos, los de Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure; dos, que a los sectores que no se plegaron al proyecto militar, luego les llovió plomo desde el aire y una persecución inclemente, de la cual el principal ejemplo es el de Villarica. E incluso, el personaje que nombra el profesor Medina, Isauro Yossa, fue sometido a torturas por parte del Estado durante el régimen militar, luego de proclamada la amnistia, como muestra del rabioso anticomunismo que enarboló la dictadura y que fue respaldada por el conjunto de las clases dominantes. Estos aspectos no son mencionados en la carta.

Un segundo aspecto a considerar tiene que ver con la interpretación que el profesor Medina hace del paro cívico de 1977 que, como él lo dice, fue “una protesta formidable, un capítulo de la historia de la muchedumbre política en Colombia”. Para él este hecho fue leído en clave de insurrección, militarmente hablando, y esta lectura llevó a que el movimiento guerrillero privilegiara la vía armada, no teniendo en cuenta que “era necesario ajustar la política a la primacía de los escenarios urbanos y adecuarla a la cultura política que había reflejado aquella protesta multitudinaria contra el alto costo de la vida. El camino escogido fue insistir en las mismas estrategias de antes y darles la espalda a las nuevas realidades”. Esta interesante sugerencia, sin embargo, no tiene en cuenta a fondo, aunque la menciona, la manera como después de septiembre de 1977 se acentuó la represión contra los movimientos populares en el campo y la ciudad, la persecución a los opositores políticos y la radicalización de la fase más brutal de la actual guerra sucia, con la desaparición forzosa de militantes políticos y sociales, todo lo cual será rubricado en 1978 con la aprobación del nefasto Estatuto de Seguridad, y con la entronización de la tortura como práctica del Estado colombiano, que se convertirá en pan de cada día en el nefasto 1979. Este hecho no puede subvalorarse a la hora de apreciar el panorama en el cual se radicalizaron las posturas del movimiento insurgente.

Dice el profesor Medina que este recuento histórico lo hace con el fin de poner énfasis en las alternativas escogidas por la insurgencia, agregando que “las cosas que comienzan por voluntad de las personas también pueden acabarse por voluntad de las personas”. Sin embargo, es necesario precisar que no hubo un abanico de alternativas impuestas al pueblo pobre en Colombia, de cuyo seno nació la insurgencia, y que estas alternativas debieron ser tomadas en un contexto de innumerables presiones, a la sombra de los cañones en una guerra que no comenzó por voluntad de los campesinos, como engañosamente insinúa Medina.

La negociación con el M-19… ¿modelo a seguir? Una última referencia a la historia reciente es necesaria. El profesor Medina se refiere a la paz firmada con el M-19, con la cual se “adoptaron compromisos que luego fueron parte del proyecto de reforma constitucional que debatía el Congreso en 1989”, en una coyuntura en la cual “confluyeron una organización guerrillera en proceso de paz y el vigoroso movimiento ciudadano por una nueva Constitución -la que sería adoptada en el 91”.

Es importante matizar estas apreciaciones, aún cuando Medina esté en lo correcto al señalar también el despilfarro del capital político que innegablemente tenía el M-19, porque el problema con este proceso fue más de fondo. Para comenzar, lo del “vigoroso movimiento ciudadano” ya se ha convertido en un lugar común, que poca base empírica tiene, complementada con aquella otra afirmación sin sustento alguno de que fueron los estudiantes universitarios los que estuvieron detrás de la llamada “séptima papeleta” que propició, en las elecciones de 1990, que luego se diera paso a la Constituyente. Tal “vigoroso movimiento” estuvo formado por estudiantes de universidades tan poco populares como el externado de Colombia, muchos de los cuales formaron después, en los últimos 20 años, los cuadros de recambio de las clases dominantes, furibundos neoliberales e incluso uribistas. No hubo un proceso de movilización realmente de los sectores urbanos más empobrecidos, y mucho menos, de los sectores rurales. En segundo lugar, tampoco se señala que esa paz con el M-19 (así como con otras guerrillas que decidieron desmovilizarse al mismo tiempo, entre ellas el MAQL y un sector mayoritario del EPL), se hizo con un enorme costo político que eventualmente llevaría a la radicalización de la guerra en las dos últimas décadas: se hizo a expensas del quiebre de la coordinación incipiente alcanzada por el movimiento insurgente en la Coordinadora Simón Bolívar. Como resultado, de ese proceso constituyente fueron excluidas las FARC-EP y el ELN, así como las bases de apoyo campesinas de éstas, sector que no se vio en absoluto representado en este proceso, siendo que está en la génesis misma del conflicto que fue y sigue siendo fundamentalmente agrario. Mientras se hablaba de paz con el M-19 y los demás, se atacaba con bombas y helicópteros, como un anuncio de lo que vendría después, el campamento central de las FARC-EP en Casa Verde, con la esperanza, por parte del Estado –encabezado por Cesar Gaviria Trujillo en ese momento- y de las clases dominantes de asesinar a Manuel Marulanda Vélez y los principales comandantes de ese movimiento insurgente.

Esto, para no hablar de la manera en que la cúpula del M-19 negoció la paz (cuando ya habían sido militarmente derrotados) para su propio beneficio, por unas cuantas migajas, mientras dejaban en la cárcel o en la calle abandonados a militantes de base, que habían puesto el cuerpo durante años en enfrentamientos con el Estado.

Preguntas aún más inquietantes Medina hace las siguientes preguntas de manera completamente retórica: “¿Cuáles son los beneficios que esta lucha abnegada de tres generaciones de hombres y mujeres guerrilleros le han traído a Colombia? ¿Cuáles grupos de trabajadores rurales o urbanos han logrado conquistas sociales duraderas por obra de las FARC durante este medio siglo?”

Preguntas retóricas, porque él mismo responde, en un párrafo posterior, que la insurgencia: “En regiones enteras han sido el único Estado para la población excluida del acceso a bienes y servicios”. Pero agrega el término “duradera” para dificultar la respuesta, porque obviamente los beneficios o conquistas sociales que han logrado sectores fundamentalmente rurales han estado sometidos a los avatares de la guerra. Y sin embargo, la insurgencia ha podido contener en ciertas regiones, como hemos dicho, el avance de la concentración obscena de tierra que hemos visto en las áreas donde el conflicto se inclinó de manera favorable al binomio paramilitarismo-Estado. Más aún, es un obstáculo para la expansión de la agroindustria y los megaproyectos.

Ahora bien, hay otras preguntas aún más inquietantes que el profesor Medina no osaría hacerse pero que no son menos relevantes para el debate que nos hemos planteado al abordar la cuestión de la guerra y la paz en Colombia. ¿Cuáles son los beneficios conquistados por la izquierda que se ufana de “democrática” en las últimas tres décadas? Pues no se diga que la situación calamitosa de la clase trabajadora es mera responsabilidad de los que combaten en el monte ¿Cuáles son los logros duraderos de la desmovilización del M19, EPL, MAQL, PRT, CRS, CER, Milicias de Medellín, MIR-COAR y del Frente Franciso Garnica, solamente para hablar de los desmovilizados en las últimas dos décadas? Se dirá que su sacrificio, porque recordemos que por lo menos un tercio de los desmovilizados han sido asesinados en medio de la noche y niebla, es lo que nos entregó la Constitución de 1991, que se ha convertido en la verdadera Tabla de Moisés y en la camisa de fuerza a la creatividad política de la izquierda “democrática”.

A la luz de lo sucedido en las dos últimas décadas, desde la aprobación de la Constitución de 1991, existen suficientes elementos para dudar de las grandes transformaciones que con ésta se anunciaron, y de las que hoy tanto se ufanan políticos, abogados e importantes sectores de los que a sí mismos se denominan como “izquierda democrática”. Esa constitución, hay que decirlo claramente, ha sido la legalización del neoliberalismo puro y duro que se ha fortalecido en Colombia en los últimos años y que ha servido para expropiar los bienes públicos y colectivos de la nación, concentrar aún más la riqueza en pocas manos (hasta el punto que en la actualidad con un coeficiente Gini de 0.59 Colombia sea uno de los países más desiguales del mundo). Esta Constitución tan alabada ha dado pie a la flexibilización laboral, a la privatización de la salud, a la conversión de la educación en un bien mercantil, al fortalecimiento del capital financiero, a la dependencia estricta de las autoridades monetarias con respecto a las instituciones imperialistas (como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial). No es casualidad tampoco que el capitalismo mafioso se haya consolidado en la misma época de vigencia de la Constitución y que un importante sector de la izquierda legal haya abandonado cualquier sentimiento anticapitalista y antiimperialista, asumiendo posturas claramente neoliberales, y con los mismos niveles de clientelismo y de corrupción, propios de los partidos tradicionales en Colombia, como lo demuestra, por si hubiesen dudas, la experiencia nefasta de los gobiernos del Polo Democrático en Bogotá, y el vergonzoso travestismo político de personajes como los Garzón, que hoy son uribistas o santistas de primera línea.

Asesinato de opositores: el problema de la Unión Patriótica La parte que nos pareció francamente inaceptable de la carta del profesor Medina, son sus juicios relativos al genocidio de la UP, los cuales nos parecen no solamente una perversión de la historia sino que se constituyen en una afrenta a las víctimas de este crimen de Estado. Con la manifiesta intención de “abrir fórmulas cerradas”, se hacen juicios que representan un ejercicio de revisionismo histórico sobre una tragedia aún abierta.

Primero que nada, porque Medina tiende un velo sobre el responsable último del genocidio de la UP (y también el del Frente Popular y A Luchar): “La Unión Patriótica fue víctima de una alianza conformada por sectores de las Fuerzas Armadas, mafias del narcotráfico, gamonales políticos y paramilitares.” La omisión de que acá estamos ante un crímen de Estado (reconocido como tal incluso por la CIDH) es inadmisible. Esto reproduce la tésis de un Estado más allá del bien y el mal, neutral ante la tragedia colombiana, “asediado por violentos” (la mención a las Fuerzas Armadas se hace casi como si fuera el “hijo pródigo” del Estado). Tampoco se encuentra una mención, más allá del difuso concepto de “gamonales políticos” de la responsabilidad que cabe a la a los gamonales de la tierra, a sectores empresariales, en una palabra a la clase dominante (frecuentemente llamada oligarquía) en este crímen. En este sentido, la masacre de la UP fue un crímen de clase, pero al parecer las menciones a esos elementos, relacionados con la lucha de clases, son mal vistas en comunicaciones epistolares sobre el conflicto social y armado que se vive en Colombia, como si éste no guardara relación directa con los problemas centrales de la sociedad colombiana, entre ellos la profunda desigualdad y el monopolio terrateniente del suelo.

Pero la parte más delicada, es cuando explica (y casi justifica) el genocidio, diciendo que la “alianza” ya mencionada, pudo aplicar una política sistemática de exterminio porque “la UP, surgida por convocatoria de las FARC, es decir por un movimiento guerrillero que hacía parte de un proceso de paz, tuvo que cargar con el fardo de sostener la política de combinación de todas las formas de lucha.

Me parece que en la encrucijada de 1984 se planteaba la disyuntiva: o bien se profundizaba el proceso de paz y la guerrilla se transformaba en una fuerza política sin apoyaturas militares, o bien se continuaba con la acción insurgente renunciando a la creación de una organización política legal.”

Es sorprendente que su interpretación de ese momento clave en la historia reciente, sea perfectamente coincidente con la del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, que decía frecuentemente que el genocidio había ocurrido por “andar combinando las formas de lucha” –que, dicho sea de paso, es precisamente lo que viene haciendo la oligarquía colombiana hace por lo menos seis décadas.

Pero esta evaluación, que es propia del establecimiento y sus intelectuales orgánicos, no resiste el menor análisis. La Unión Patriótica nació según reglas trazadas por un proceso de negociación con el Estado colombiano y los términos en que ésta se dio estaban claros para ambas partes; que el mismo Estado se haya dedicado a desconocerlos y proceder al exterminio, es injustificable. Pero no sólo eso: la UP comenzó un proceso de paulatino distanciamiento de la insurgencia hacia 1987, el cual se concretó ya hacia 1989 –esto no evitó que el exterminio prosiguiera como si nada, sin que se materializaran esos “amplios sectores políticos y corporativos del país se hubieran constituido en dique de contención frente a esa alianza siniestra”. Por otra parte, en todo proceso de negociación, hay un momento de transición en que las fuerzas confrontadas, efectivamente, se sientan “a dos sillas”. Por ejemplo, en el caso del proceso de paz de Irlanda del Norte hubiera sido impensable para el Estado Británico, haber procedido a la eliminación sistemática de los militantes y dirigentes de Sinn Féin, partido con un muchísimo más claro vínculo con la insurgencia de esa región, el Ejército Republicano Irlandés, IRA. Esto era impensable porque el Estado Británico estaba, efectivamente, interesado en avanzar en un proceso de paz, con todas las limitaciones que pudo tener; en el caso del Estado colombiano, ese interés jamás ha existido. No existió en 1984, tampoco existió en 1997. Ni siquiera la represiva Turquía, que persigue y encarcela a los parlamentarios de los sucesivos partidos independentistas kurdos (los cuales son rutinariamente proscritos cada cierto tanto, solamente para reaparecer bajo un nombre nuevo al poco tiempo), ha sido capaz de cometer un exterminio selectivo de sus militantes, aún cuando la guerra con el PKK se ha reactivado en el último lustro.

Una cosa es que la izquierda que se ufana de “democrática” siga haciendo cargar a la insurgencia el bulto de su propia incapacidad de construirse en alternativa de cambio, o siquiera de plantear una manera diferente de hacer política con relación a los partidos tradicionales. Pero otra muy distinta es que el profesor Medina termine reproduciendo el discurso propio de los círculos más retrógrados de las clases dominantes y de sus ideólogos, como José Obdulio Gaviria, según el cual la insurgencia es la única y verdadera responsable, a fin de cuentas, del exterminio de la UP. Esto es inadmisible. Creemos que este acto de revisionismo histórico debe ser rechazado en los términos más enérgicos, porque constituye una apología “suave” de uno de los episodios más bárbaros de una guerra sucia y degradada, impulsada fundamentalmente desde el Estado hacia el movimiento popular.

Esta lectura unilateral y poco matizada que hace el profesor Medina desconoce la compleja historia colombiana de los últimos 30 años en la cual debe recordarse la importante movilización social y política que se desencadenó en el país desde principios de los años ‘80 y que, en términos políticos, se manifestó en la elección popular de alcaldes de la UP y de otros partidos de izquierda, hecho que conmovió el panorama de la dominación gamonal y bipartidista en las regiones y que fue respondido con el exterminio físico de todos los opositores, incluyendo alcaldes, diputados y consejales que habían llegado a las administraciones locales por la vía electoral. La respuesta que se dio a este proceso de movilización popular fue el terror de Estado y la generalización de grupos paramilitares, que no mataron solamente a miembros de la Unión Patriótica, sino a sindicalistas, dirigentes campesinos, lideres indígenas y afrodescendientes, profesores y estudiantes, intelectuales progresistas, defensores de derechos humanos, y activistas y militantes políticos de diversas fracciones de la izquierda. ¿Podemos, entonces, decir que todas estas muertes son responsabilidad del movimiento insurgente y que la oligarquía colombiana es una mansa paloma de paz? Este revisionismo histórico, verdaderamente insostenible, también tendría que aceptar en consecuencia la tesis de las clases dominantes que nos dice que, como respuesta a la guerrilla, fueron creados los grupos paramilitares, cuando eso se convirtió en un proyecto de Estado, auspiciado y propuesto por los Estados Unidos, desde 1962, cuando todavía no existían ni las FARC-EP ni el ELN.

Verdaderamente, en Colombia la violencia no puede entenderse ni explicarse a partir de la existencia del movimiento insurgente, sino que debe partir de la premisa que aquí se ha practicado una violencia de clase, consustancial al capitalismo mafioso, como se muestra hoy en las regiones en donde se ha fortalecido el paramilitarismo, que ha buscado eliminar, como lo siguen proclamando hoy los sectores más beligerantes de la extrema derecha, todo lo que huela a izquierda, sin importar si tiene vínculos o no con el movimiento insurgente. Porque las clases dominantes en Colombia, como lo diría Noam Chomsky, le tienen “miedo a la democracia”, cuando ésta es real y va más allá de los rituales electorales y formales, y cuando se basa en proyectos que tocan, así de manera indirecta, las verdaderas fibras del poder y la dominación de la cerrada oligarquía criolla. Por ese miedo a la democracia real, las clases dominantes pueden darse el lujo de aprobar textos constitucionales y leyes que en apariencia son de avanzada, pero que son admisibles siempre y cuando sean de papel. Pero cuando se tratan de aplicar de alguna forma y vienen acompañados de la movilización social y popular, inmediatamente viene la reacción violenta para impedir que se materialicen, como sucede, por ejemplo, con las incontables leyes sobre tierras y reforma agraria propuestas en Colombia desde 1936. La realidad colombiana nos demuestra de manera trágica la validez del proverbio haitiano que dice “Una Constitución es de papel; las armas son de fierro”.

El imperialismo y el conflictoResulta, por decir lo menos, sorprendente que la carta del profesor Medina endilgue indirectamente a los insurgentes la responsabilidad de la creciente presencia de los Estados Unidos en Colombia. Desde luego, Medina admite que la ausencia de una política internacional independiente por parte del Estado colombiano.