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miércoles, 30 de septiembre de 2015

CLANDESTINO, MI PROGRAMA DE RADIO DEL DÍA 29/09/2015: CONVERSACIÓN EN DIRECTO CON CELSO VENTURA, TRABAJADOR DESPEDIDO TRAS HUELGA DE TELÉFONICA MOVISTAR


La discriminación, la violencia física o el despido, siguen siendo formas habituales, en decenas de países, de amedrentar a sindicalistas y a trabajadores y trabajadoras que estamos sindicadas. En el Estado español no iban a ser diferentes las cosas, obvio.

La primera evidencia que surge es que a pesar de existir los instrumentos legales internacionales y, en el caso de España, propias, como el derecho a huelga recogido en el Art. 28 de la maltrecha Constitución española, que protegen y promueven la libertad sindical y el derecho a la negociación colectiva, los sindicatos de clase y los trabajadores y trabajadoras, estamos expuestas a violaciones graves de nuestros derechos, como así quedará demostrado hoy, una vez más, con el testimonio de un trabajador represaliado, Celso Ventura, quien fue despedido tras participar activamente en la huelga general indefinida que, durante 88 días, sostuvieron los instaladores de cobre de fibra óptica y línea ADSL subcontratados a través de empresas externas de Telefónica MOVISTAR.

Todo ello acompañado de excelente música, de la que os dejo aquí los enlaces a los videoclips para que se puedan escuchar al completo

"ESPRANZA"
(Tiro Na Testa)

"LA HISTORIA SE REPITE"
(Reincidentes)

Para escuchar el programa de radio, solo tendréis que pinchar en el enlace o en la columna de la derecha, en el ivoox de Clandestino.


domingo, 5 de febrero de 2012

SANTOS, NO SE EQUIVOQUE, COLOMBIA NO ES VUESTRA MAFIOSA MINORÍA



Sergio Camargo*
ARGENPRESS.info
Jueves, 2 de febrero de 2012
 

Ese que funge como presidente del régimen genocida colombiano, se equivoca no solo cuando ha salido a defender peligrosos narcoparamilitares (Víctor Carranza), y no solo cuando se alío con los monstruosos jefes de los escuadrones de la muerte (Carlos Castaño y Salvatore Mancuso), y no solo cuando co-ordeno bombardear la tranquila zona norte de nuestro hermano Ecuador, masacrando a ciudadanos mexicanos y ecuatorianos inocentes y desde luego a guerrilleros indefensos, y no solo cuando manda a callar a todo el mundo y ladra fuerte para que nadie haga nada, nadie diga nada, como si la PAZ fuese un privilegio de los de su maléfica clase.

Sino se equivoca también al salir en defensa del criminal ex presidente Belisario Betancur, al declarar que en nombre de todos los colombianos le pide perdón a él y al ejército. http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-324197-presidente-santos-le-pidio-perdon-belisario-betancur#. Betancur quien no solo participo como autor o coautor de la masacre del palacio de justicia por parte del ejército contra funcionarios y empleados de esta Institución el 6 y 7 de noviembre de 1985; participó y esta vez si directamente en la masacre de estudiantes y ciudadanos del pueblo de Amalfi por allá en los anos 60, cuando este político criminal se desempeñaba como alcalde.
Este ex presidente quien a punta de poemas trata de aliviar su conciencia asesina y de distraer su dolencias mortuorias, cantándole en verso a la vida para que sus muertos le pesen menos, engaña a desprevenidos, los cuales en verdad piensan que lo único que amerita este ex lumpen político es admiración por sus versos y compasión por la “persecución” de la justicia.
Como buen conservador en sus años mozos, este hombrecito (en lo político y en lo humano) no hizo sino atizar el fuego de las pasiones y deleitarse con el dolor de sus adversarios políticos y enemigos de clase. Este que se presenta con esa voz de poeta innato, no es sino en realidad uno mas que logro poner al país en el mundo de la guerra sin retorno y uno de los que le aposto a la confrontación sin reparos.
Su presidencia (1982-1986) se caracterizo por hablar de paz, mientras que sus copartidarios y compinches políticos asesinaban, torturaban y desaparecían, y trato de hacer la paz a sabiendas que la guerra era el campo elegido con anterioridad. El sabía que la mano negra actuaba eficazmente y que los acuerdos con los grupos guerrilleros eran solo una forma de engañar al pueblo y de presentarse como un presidente benévolo y demócrata.
La masacre del palacio de justicia es una de sus grandes obras, el mismo lo declaro en varias ocasiones cuando asumió la responsabilidad de todo lo que allí ocurrió. Añadamos, su cobarde silencio frente a todo lo que se ha ocultado y a todo lo que no se hizo para salvar decenas de vidas al interior del ente judicial, sobre todo cuando el presidente de la Corte Suprema de Justicia le pedía a gritos que ordenara a su ejército de cesar el fuego. El presidente poeta se negó pasarle al teléfono en medio de la masacre.
No se equivoque Santos nosotros los colombianos y colombianas de bien, que no tenemos las manos manchadas de sangre, nosotros los colombianos y colombianas que no tenemos nexos con el narcotráfico, nosotros los colombianos y colombianas que trabajamos diez y hasta doce horas por día y con salarios de hambre y quienes somos los artífices de la riqueza de nuestra Nación, nosotros que somos la mayoría no tenemos que pedirle perdón a nadie. Y mucho menos a nuestros torturadores y asesinos, a esos que nos pisotean y explotan. No tenemos ni muchos menos que pedirle perdón a esa maquinaria de muerte que son sus Fuerzas Armadas.
Solo falta que usted en nombre de la lumpen oligarquía, nos exija que le demos las gracias a su grupúsculo mafioso por prestarnos la vida en cada amanecer. Claro al paso que vamos y con metralleta en mano sus Fuerzas Armadas mandatados por su lumpen oligarquía, nos exigirán una adoración eterna al régimen antes de morir y sin que olvidemos regístralo con nuestras firmas en una de sus notarias.
Es cierto los colombianos y colombianas somos ingenuos, un pueblo demasiado confiado y hemos cometido errores como el de ser muchas veces inconscientes, dejándole todo el poder a la mafia, pero en nuestro nombre no pida perdón, no nos confunda, no nos injurie.
+Sergio Camargo es periodista y escritor.

lunes, 5 de diciembre de 2011

JORNADA EUROPEA DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO DE SUÁREZ CAUCA (COLOMBIA). DICIEMBRE DE 2011, DEL 15 AL 21

 

 



Hablar de Suárez, en el Departamento del Cauca, al Sur Occidente de Colombia, es sinónimo de tragedia, genocidio, exterminio, pero ante todo de pueblo en resistencia.
   
Ubicado en una importante zona aurífera, atravesado por el Río Cauca, paso obligado del ferrocarril y corredor estratégico para los diferentes bandos protagonistas del conflicto armado colombiano, convierten a Suárez en un foco permanente de violación de derechos humanos.
 
En el año 1600, los españoles traen de África grandes cantidades de esclavos para la explotación minera. A finales del siglo XIX, los gringos invaden la zona, dejando al paso de sus dragas, un desierto lunar después e intentar arrancar hasta el último gramo de oro a las entrañas del suelo. La familia Garcés Giraldo, en 1932, “compra el permiso” de explotación de las tierras sureñas a los gringos, para luego, en 1950, vender las tierras al departamento del Cauca.

Finalizando los años 70, se inicia la construcción de La Salvajina, represando el Río Cauca, generando uno de los más grandes crímenes ecológicos, no sólo en la zona de Suárez, sino al sur y centro del Departamento del Valle del Cauca, pues la “regularización” del río, so pretexto de producir energía y prevenir inundaciones, está realmente encaminada a beneficiar la criminal agroindustria de la caña de azúcar, rompiendo el frágil ecosistema hidrográfico.

La historia de Suárez reúne elementos explosivos, mezclando intereses de grandes multinacionales como la Anglo Gold Ashanti, Kedhada y Unión FENOSA; el narcotráfico, terratenientes, agroindustria del azúcar y pequeños mineros; la lucha por el control militar del área gracias a su posición estratégica en el conflicto armado colombiano, sumado el reclamo de la tenencia de la tierra por comunidades ancestrales.
   
Hace unos días, el mundo volvió a escuchar el nombre de Suárez. Ahí moría el máximo comandante de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), Alfonso Cano. Años atrás, el Miércoles Santo, 7 de abril de 2001, también se perpetraba en su área de influencia una de las más dantescas masacres en la historia de Colombia: LA MASACRE DEL NAYA, que continuó su orgía sangrienta en el tiempo.
   

Hoy saludamos al compañero Rubén Devia, quien ha sido elegido alcalde de ese municipio el pasado 30 de octubre de 2011. Le acompañaremos en Europa, del 15 al 21 de diciembre, compartiendo con diversos auditorios, de viva voz, la realidad de Suárez, Cauca, Colombia.

Todo será retransmitido desde KRISALIDA.TV y desde CLANDESTINO.

Aquellas organizaciones y medios de comunicación que deseen “interactuar” con el compañero Rubén Devia, pueden solicitarlo a través de ASAMBLEA UNIVERSAL DE LAS MIGRACIONES y KRISALIDA.TV en las siguientes direcciones electrónicas:








domingo, 25 de septiembre de 2011

¡¡COLOMBIA, ALERTA TEMPRANA!!: SE ADVIERTE DE DOS POSIBLES NUEVAS MASACRES DE TRABAJADORES EN PUERTO GAITÁN, META Y DE POBLACIÓN CIVIL Y CONSEJOS COMUNITARIOS EN TURBO, APARTADÓ Y CHIGORODÓ.



Trabajadores Petroleros en movilización (hace 4 días)


Trabajadores Petroleros en movilización
Militares en Puerto Gaitán
Turbo, Apartadó y Chigorodó
Puerto Gaitán-Meta





ADVIERTES DE POSIBLE MASACRE DE TRABAJADORES EN COLOMBIA
Radio Informaremos. Información de México y América Latina para el Mundo
24 de septiembre de 2011

La Unión Sindical Obrera (USO) de la industria petrolera colombiana advirtió hoy que se podría desencadenar una masacre contra los trabajadores que mantienen una protesta en los campos petroleros de Puerto Gaitán, Meta.

Según la USO, el Gobierno dio la orden al Ejército y la Policía de desalojar en horas de la noche por la fuerza de Campo Rubiales y Quifa a los trabajadores que protestan por condiciones laborales dignas.
La Unión Sindical responsabilizó por lo que pueda suceder al Estado colombiano en cabeza del presidente de la República, Juan Manuel Santos, y su fuerza pública.
También a la multinacional Pacific Rubiales y a la estatal petrolera colombiana Ecopetrol, así como a las autoridades administrativas que ordenan los ataques indiscriminados sobre la población y la humanidad de los trabajadores.
A su vez, la USO exigió al Gobierno que detenga de inmediato la represión y la violencia contra los trabajadores y las comunidades en Puerto Gaitán y demás regiones petroleras de Colombia. Desde hace más de seis años, recordó la USO, esas comunidades vienen reclamando de las autoridades, así como a las operadoras petroleras, la solución a una serie de problemas sociales, ambientales, laborales y económicos, sin obtener respuesta positiva alguna.
En dicha zona petrolera, la principal del país, desde hace varias semanas se registran continuas protestas -fuertemente reprimidas por la fuerza pública- en rechazo a las violaciones del derecho de los trabajadores y por promesas incumplidas.
Según denuncias, esos trabajadores en empleo precario están sujetos a salarios de pobreza, horarios agotadores y otras condiciones laborales inferiores a la norma, en clara violación de la legislación colombiana.
En tanto, en la zona ya fue decretado el toque de queda.
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Queremos compartir al mundo nuestra preocupación por la información recibida de fuentes confiables sobre el desarrollo de una operación militar y paramilitar que se realizaría en nuestra cuenca antes de terminar el 2011.

La fuente afirma que alrededor de 100 paramilitares se estarían preparando en Carmen del Darién, otros en Turbo, Apartadó y Chigorodó, en estos tres últimos han ido reclutando jóvenes a los que pagan 800 mil pesos para incursionar en el territorio colectivo. El objetivo de la operación es iniciar el control social y territorial en los caseríos Vijao Cacarica, El Llimón y la Zona Humanitaria Nueva Vida.

Según la fuente, la operación cuenta con el apoyo del ejército que nos sigue concibiendo como sus enemigos por exigir el respeto a nuestros derechos.

La fuente de la información nos dice que algunos de los militares de la brigada 17 conocen de los propósitos. Esta se acercó para informarnos que sabía que somos gente inocente, que nuestro delito para los militares y paramilitares, es denunciar sus atropellos y exigir el derecho a la Consulta y Consentimiento frente a todos los proyectos que se pretenden implementar en nuestro territorio.

Sabemos y el mundo sabe que nunca hubo desmovilización real paramilitar en Colombia, que hoy en gobierno colombiano los camufla de diferentes nombres Bacrim, Aguilas Negras, Rastrojos etc., y muchos hechos han demostrado que su estructura no ha cambiado, como no ha cambiado su alianza con las fuerzas militares del Estado.

En Turbo, en Riosucio, en Tumaradó están ellas y ellos a la vista del todo el mundo, conviven con autoridades, se les ve en conversaciones con integrantes de la Fuerza Pública, en que se diferencian del pasado, en que antes estaban ahí de camuflado y ahora están de civil, combinan armas cortas y guardan en escondrijos armas largas que las tienen al lado y que ahora quieren controlar los territorios para agronegocios,obras de infraestructura. La información de hoy, nos trae a la memoria lo sucedido en el 1997 con “Operación Génesis” donde asesinaron a Marino López y luego 84 personas mas, generó el desplazamiento de más de 3800 personas de Cacarica y Salaquí en la operación ordenada por el General Rito Alejo del Río. Desplazamiento que se encuentra en impunidad.

Desde hace 14 años resistimos en medio del conflicto por la vida y la defensa del territorio y día a día construimos propuesta en la búsqueda de la verdad y la justicia, es por eso que llamamos al mundo a que nos acompañen cuando la situación tiende a agudizarse pues el interés por nuestro territorio por parte de los poderosos aun no termina.

Durante los últimos meses se han presentado sobrevuelos continuos de helicópteros y avionetas militares durante la noche y el día en las madrugadas, que pasan muy cerca sobre las Zonas Humanitarias y de los caseríos vecinos. Estos sobre vuelos han causado temor y pánico a la población, pues en meses pasados la fuerza pública realizó bombardeos y ametrallamientos donde murieron civiles en El Truandó, personas que no tienen que ver con el conflicto armado.

En los lugares de trabajo de los habitantes de las Zonas Humanitarias y en las Zonas de Biodiversidad han aparecido letreros que manifiestan lo siguiente. “guerrillero desmovilízate tu familia te espera”.

Estas pintas son un falsa acusación, son un señalamiento con el cual se pretende estigmatizar, justificar las agresiones pues no son albergues de la guerrilla ni lo han sido son mecanismos de protección del territorio.

Miembros de la fuerza pública han ofrecido dinero a miembros de las zonas Humanitarias para que brinden información del paradero de la guerrilla pretendiendo desconocer nuestro proyecto de vida, pretendiendo involucrarnos en su guerra, que no es la nuestra, de ahí sus retaliaciones.

El pasado 24 de Agosto a las 8.00 pm. en la comunidad Quebrada Bonita donde trabajan integrantes de CAVIDA, se produjo un sobrevuelo con la avioneta exploradora, 10 vueltas continúas sobre la casa en que se albergan integrantes de los consejos comunitarios.

Confiamos en su solidaridad para evitar una incursión paramilitar en el territorio que afecte la vida e integridad de los afrocolombianos, indígenas y mestizos que habitamos en Cacarica Familias de consejos comunitarios de Cacarica, asociados en Comunidades Autodeterminación, Vida, Dignidad, CAVIDA

domingo, 4 de septiembre de 2011

SANTOS*, UN AÑO PROFUNDIZANDO EL NEOLIBERALISMO



José Arlex Arias Arias (LA VERDAD)
4 de septiembre de 2011

Los grandes medios de comunicación han sido prolíficos en balances y medir la favorabilidad del presidente Juan Manuel Santos. Al cumplir un año de esta administración es imperativo que los ciudadanos hagamos el mismo ejercicio. Las corporaciones de las comunicaciones no son objetivas, porque sus intereses corresponden a los de sus grupos económicos, principales beneficiarios de las políticas que determina el gobierno; es la razón de la ideologización de la información que se traduce en manipulación y alienación.
El último gobierno del expresidente Uribe convirtió a Colombia en un campo de confrontación que permitió inimaginables alianzas: su actitud impositiva, casi dictatorial, pendenciera y engañosa, que quiso manejar el país como si fuera su hacienda El Ubérrimo; el escabroso entorno del cual se hizo rodear, de quienes hay varios procesados por la justicia; la parapolítica; los ajusticiamientos de inocentes que hicieron pasar por guerrilleros muertos en combate; los focos de corrupción; y la aplicación severa del modelo neoliberal, fueron factores que hicieron confluir a muchos sectores políticos, sociales y hasta empresariales para cortar el camino a la tercera elección de Uribe, grave amenaza para el país.
 
En esa oposición al gobierno de Uribe se pudieron identificar, en algunos casos con más claridad, los tipos de interés que defendían: unos buscaban respeto al establecimiento debido al resquebrajamiento institucional; otros porque se sintieron afectados en su patrimonio o posición económica, política y social; algunos defendían el Estado social de derecho; y muchos otros, los más, eran los golpeados por un modelo económico neoliberal que cada día concentra las riquezas en unos pocos, mientras casi el 50 por ciento de la población se encuentra entre la miseria y la pobreza, víctimas del desempleo estructural, la iniquidad, la venta de las empresas estatales constitutivas del patrimonio nacional, el arrasamiento del aparato productivo y la privatización de los más elementales derechos fundamentales.
Estados Unidos –que decide realmente quien gobierna a Colombia–, toma nota del crecimiento de la oposición y el clamor antigringo, por lo cual decide desechar la segunda reelección de Uribe y dirige sus esfuerzos a buscar “su presidente”, que si bien pueda resolver con autonomía algunas cosas secundarias, sea el garante de sus intereses en las corporaciones y trasnacionales; esto es: confianza inversionista, seguridad democrática y cohesión social, políticas que sintetizan las necesidades del imperialismo norteamericano, de llevarse de Colombia sus materias primas, incluida la mano de obra barata, y de apoderarse del mercado interno, no sólo en la industria y el agro, sino también en bienes y servicios, lo que se traduce en la comercialización de los derechos esenciales.
 
Fue así como Estados Unidos llega a la conclusión que la persona ideal era Juan Manuel Santos, exministro de Defensa de Uribe, quien además hizo parte de los gobierno de Gaviria, Samper y Pastrana; es decir, un neoliberal confeso cuyo principal discurso fue defenderle los tres huevitos a Uribe; Santos, como en los tiempos del Frente Nacional, se engulle a todo el mundo con la unidad nacional, incluidos quienes salieron paso a paso de la izquierda, donde se sentían incómodos, hasta llegar a la derecha neoliberal.
 
Consolidar la salud como negocio, criminalizar la protesta social, vender a Ecopetrol, quitarle recursos a las regiones para guardarlos en fondos manejados por especuladores financieros, comercializar la educación superior, entregar el mercado interno con los TLC, ampliar las concesiones de recursos minero-energéticos y hasta de los ríos, entre muchas otras, hacen parte de políticas de exacción al país y a los colombianos.
 
Mientras esto ocurre, los grandes medios de comunicación hacen lo indecible por elevar la favorabilidad del presidente Santos; en el último sondeo llegó al 71% la aprobación de su gestión –lo peor es que no destacan que ya hay 28% de colombianos insatisfechos–, sólo 50% piensa que el país “va por buen camino”, 45% se pronuncia contra el desempleo y el 55% dijo que el manejo de la economía es “mala o muy mala”.

¡No hay mal que dure cien años y el neoliberalismo es uno de los grandes males del mundo!

NOTA:
Para quienes no lo sepan Juan Manuel Santos, participó activamente del gobierno del señor Alvaro Uribe, que entre otras cosas aumento en más del 50% la cifra de la población desplazada en Colombia (Más de 4 millones y medio de desplazados actualmente), a través de su política de seguridad democrática que consiste en la despoblación de las zonas con gran concentración de recursos naturales, para cederlas a las transnacionales. Incrementó igualmente la criminalización de la protesta social, a través de detenciones arbitrarias, persecuciones políticas, amenazas fraguadas desde el Distrito Administrativo de Seguridad – DAS – a través de las famosas chuzadas por las que hoy existen en Madrid y Bruselas denuncias en su contra.
 
En este sin fin de desorden democrático, lo que atañe directamente al señor Santos, son los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, ejecutados por el ejército de Colombia cuando ejercía como ministro de defensa, por tanto máximo jefe de las fuerzas militares. Más de 2.000 jóvenes fueron asesinados por el ejército, presentados como guerrilleros caídos en combate, con el objetivo de crecer las estadísticas de accionar de la política de seguridad democrática, y a cambio recibieron beneficios económicos, ascensos y días libres. Todos los militares que fueron encausados se encuentran hoy en libertad, las víctimas en cambio han recibido persecución y amenazas de muerte por haber denunciado.
Pero no son los únicos crímenes de guerra cometidos por las fuerzas militares colombianas. Existe también la connivencia de éstos con los grupos paramilitares, a través de los cuales cometieron masacres sobre la población colombiana.

viernes, 12 de agosto de 2011

MINERÍA Y RESISTENCIAS EN AMÉRICA LATINA. ¿HACIA EL POST-EXTRACTIVISMO Y EL BUEN VIVIR?

César Padilla
Coordinador del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL)
Nº 47 de PUEBLOS-Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2011
Lunes, 8 de agosto de 2011

El incremento de las actividades mineras en América Latina no ha cesado desde mediados de los 90. La región atrae cerca del 27 por ciento de las inversiones en este sector y hay muchos proyectos por comenzar. Varios países basan sus exportaciones en la minería y otros de la región intentan sumarse a esta lista.

Chile y Perú encabezan el ranking de los países mineros por excelencia, mientras Colombia intenta poner en marcha su “locomotora minera” para ser parte del club y Argentina lucha por competir por las inversiones de las grandes transnacionales del rubro. Bolivia, país tradicionalmente minero, ha logrado este año dinamizar su anquilosado sector, alcanzando cifras de exportación de minerales que comienzan a acercarse a las de exportaciones por hidrocarburos. Un esfuerzo por nacionalizar la minería y reformar leyes sectoriales intenta dar nuevos bríos a la actividad, cada vez más en manos del Estado.

La tentación minera

Lo cierto es que la minería ha ido formando parte de las estrategias extractivas de la mayoría de los países de la región, independientemente de la orientación política de sus gobiernos y de si han sido o no tradicionalmente países mineros.

El escenario económico internacional, por otro lado, ha sido propicio para el fortalecimiento de la actividad minera por la alta demanda de minerales por parte de los países asiáticos, lo que ha elevado el precio de metales no preciosos, como el cobre, a cifras históricas. Además, en tiempos de crisis el oro se convierte en valor refugio y aumenta su demanda en la medida que protege los activos en moneda frente a una crisis monetaria generalizada.

Tanto la orientación extractivista de la casi totalidad de los países de América Latina como el comportamiento de los mercados internacionales, tendientes al crecimiento de la demanda y de los precios, han ido consolidando un escenario propicio para una mayor expansión de la minería en la región.

Los diferentes países han optado por aprovechar este escenario para lograr mayores ingresos por atracción de Inversión Extranjera Directa y exportaciones de minerales, acentuando en muchos casos el rol primario exportador con escaso valor agregado.

A pesar de las señales que indican que en muchos casos el extractivismo puede provocar la llamada enfermedad holandesa [1] y que la abundancia de materias primas está asociada a una suerte de maldición que perpetúa la pobreza y la dependencia [2], la mayoría de los gobiernos están apostando por esta estrategia de crecimiento económico, ya sea para aumentar el crecimiento o para pagar deudas sociales, en el caso de los gobiernos de izquierda.

Rechazo de las comunidades y resistencias

Por otro lado, la presión sobre los territorios ha ido provocando cada vez mayores rechazos de las comunidades locales y más conflictos con las empresas mineras y los Estados. Los indudables y ya conocidos impactos provocados por la minería han permitido que cada proyecto esté siendo acompañado de un rechazo comunitario. La percepción, cada vez más generalizada, de que la minería afecta al ambiente, agota las fuentes de aguas, contamina el entorno y está llena de peligros por las sustancias tóxicas que utiliza, hace que el cuestionamiento crezca de manera constante.

Si sumamos las promesas y engaños sobre desarrollo, empleo y dinamización de las economías locales, además del atropello a los derechos humanos, la imposición de proyectos, la criminalización de la oposición a la actividad, los desplazamientos forzados o la ocupación de territorios ancestrales, la minería se torna una actividad cada vez menos aceptada por las comunidades locales. Muestra de esto ha sido la profusa proliferación de los conflictos socioambientales no bien se anuncia un proyecto futuro.

Este proceso de rechazo ha tenido como consecuencia el fortalecimiento de los movimientos antimineros, su proliferación y el incremento de diversas estrategias de lucha. En los últimos cinco años hemos visto un claro aumento en la conformación de organizaciones de resistencia a la minería, y a este proceso se han sumado importantes intelectuales y otros sectores como la iglesia católica de los países de América Latina donde subsisten movimientos ligados a la Teología de la Liberación, para los que el cuidado de la creación juega un importante rol.

La resistencia a la minería en un contexto de mayor conciencia ambiental se enfrenta a los cercos mediáticos y a descalificaciones oficiales de todo tipo, donde ni siquiera las medidas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) logran incidir.

Es, tal vez por esto mismo, que la resistencia a la minería se esta haciendo cada vez más “desde abajo”. Son las mismas comunidades las que han ido poniendo mayores límites a las actividades mineras. Los casos exitosos de resistencia, que dicho sea de paso aumentan con el tiempo, son aquellos sostenidos con las acciones de las mismas comunidades. La institucionalidad ha tenido que responder a las demandas comunitarias con medidas de diversa índole.

El rol jugado por los pueblos indígenas y sus organizaciones ha supuesto un papel fundamental en las estrategias de defensa del territorio. Tanto Bagua, en Perú, como la resistencia en la amazonía ecuatoriana contra los proyectos extractivos, son una clara muestra de ello. También lo son las luchas de resistencia indígena a la minería en Guatemala y, recientemente, en Panamá [3].

Estrategias

La “internacionalización” de las luchas es una expresión del avance de los movimientos de resistencia a la minería. Al provenir las inversiones y operaciones mineras de empresas transnacionales, la búsqueda de solidaridad para la denuncia de los diversos casos de amenaza o atropello a los derechos de las comunidades locales ha trascendido las fronteras. Ha trasladado aspectos legales y morales involucrados en los conflictos hacia Canadá, Europa o Estados Unidos; y en un futuro no lejano también deberán incluirse China, India, Corea y otros países considerados nuevos actores mineros transnacionales. No obstante, siempre existe un componente de resistencia local fundamental.

Las denuncias en tribunales de países de los que provienen las inversiones mineras, la visibilización de las injusticias en las asambleas de accionistas y las solicitudes de retiro de fondos de pensiones en inversiones mineras forman parte de las estrategias empleadas cada vez con mayor frecuencia. El uso de instancias internacionales como Naciones Unidas y, especialmente, la CIDH, han sido estrategias usadas de forma recurrente.

En terreno se han desarrollado las llamadas “consultas ciudadanas”, consultas comunales para demostrar el rechazo masivo a una determinada actividad minera. El resultado de dichas consultas está aún en entredicho, ya que cuando son ejercidas bajo el derecho reconocido por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) existe mayor legitimidad formal que cuando no es el caso (pese a que la OIT no ha sido suficientemente clara respecto a las decenas de consultas comunales organizadas en Guatemala ni tampoco a las de Perú y Argentina).

La resistencia pacífica pero activa se ha transformado también en un instrumento efectivo para reclamar derechos frente a una actividad minera. La ocupación pacífica de terrenos, vías o edificios forma parte de acciones directas organizadas generalmente tras la negación de los derechos reclamados a diversas instancias. Estas formas de acción se han debilitado en algunos países producto de la criminalización (promovida por parte de empresas y gobiernos) de la protesta social.

Criminalización

Perú y Ecuador muestran procesos importantes de criminalización de la protesta social, con cientos de encausados, mientras que en Colombia, México y otros países de América Central se usa la violencia directa, generalmente a manos de grupos irregulares o de sicarios al servicio de intereses transnacionales o de sus aliados nacionales. La ausencia, negligencia o inoperancia del Estado también debe considerarse, en estos casos, una forma indirecta de criminalización.

Articulaciones

Los procesos de articulación han contribuido de manera fundamental a las acciones de resistencia y de organización frente a los atropellos de la minería en América Latina. La solidaridad entre las comunidades y organizaciones de apoyo, tanto técnicas como de derechos humanos y ambientales, es una expresión de estos procesos.

El intercambio de información, la elaboración de estrategias conjuntas y las campañas iniciadas de manera articulada apoyan la resistencia de las comunidades afectadas por la minería. Estas articulaciones no sólo abarcan la región de América Latina sino que incluyen también, y cada vez más, a organizaciones del hemisferio norte. Se trata de expresiones de la glocalización de las luchas antimineras en la región [4]. En la actualidad encontramos campañas contra empresas como VALE, Newmont, Barrick Gold, Godcorp; y otras, más generales, como la preparada contra el uso del cianuro en la minería de la región.

Extractivismo transversal

Tanto los países con regímenes neoliberales (como Chile, Perú y Colombia) como aquellos vinculados a la izquierda o socialismo del siglo XXI (Ecuador, Bolivia, Venezuela, Argentina, Uruguay y Paraguay) ponen sus energías en el crecimiento económico basado en las actividades extractivas.

Muchas comunidades y actores sociales críticos depositaron grandes esperanzas en gobiernos alternativos pensando que, por justicia social y ambiental, además de por soberanía y respeto a las comunidades, la minería recibiría un tratamiento cuidadoso, revisando sobre todo las actividades mineras transnacionales y sus malas prácticas.

De manera contraria a lo esperado, el extractivismo está plenamente vigente y firmemente instalado en los gobiernos alternativos, que justifican los efectos negativos de la minería bajo pretexto de pago de deudas sociales históricas (sin duda merecidas por los sectores empobrecidos y postergados de la sociedad). El concepto de “sacrificio” referido a la destrucción ambiental y social en beneficio de la minería se usa en algunos países para justificar una supuesta necesidad extractiva nacional.

Bolivia, por ejemplo, que cuenta con un amplio sector de minería artesanal o pequeña, denominada “minería cooperativizada”, no ha logrado cambiar de manera fundamental su visión de la gran minería transnacional. La renacionalización de la mina Huanuni, privatizada en tiempos de gobiernos neoliberales y revertida al Estado por el gobierno de Morales, nos muestra una visión aplicada a la operación minera, en términos socioambientales, idéntica a cualquier actividad minera transnacional.

Muestra de esto son las denuncias de comunidades de la ribera del río Huanuni o de los lagos Uru Uru y Poopo, que sufren vertidos de desechos mineros a su cauce y cuenca, vertidos que afectan la actividad agrícola tradicional o la pesca artesanal en los lagos mencionados. San Cristóbal y la disputa por el agua muestra un fenómeno similar en Potosí.

Algunos casos: la minería como estilo de vida

Se dice que la minería suele ser incompatible con otras actividades, sobre todo con actividades sustentables. También se menciona que una vez que se ha optado por la explotación minera no hay vuelta atrás. Pero, ¿en qué medida son ciertas tales afirmaciones? La experiencia muestra que la mayoría de las actividades mineras eliminan la existencia o, al menos, ponen en riesgo otras actividades.

Si miramos en un mapa las zonas mineras abandonadas vemos que, en ocasiones, sólo con gran dificultad y esfuerzo se logran desarrollar otras actividades post-minería. La contaminación, destrucción y acidificación de las fuentes de agua suele ser un aspecto que conspira para que los sitios mineros abandonados sean lugares fantasma, sin habitantes.

Esta es la enorme preocupación que aqueja a los habitantes de Challapata, en el departamento de Oruro (Bolivia), una comunidad agrícola muy productiva que abastece gran parte de las necesidades de básicos vegetales y lácteos. Este fenómeno productivo, en pleno altiplano, a casi 4.000 metros de altura y con un clima extremo, se ha logrado gracias a la construcción de un embalse y mediante un cuidadoso sistema de riesgo y distribución de aguas administrado por la comunidad. La amenaza de la instalación de una mina de oro, apoyada por el Gobierno, ha puesto en alerta a la comunidad, que se opone tenazmente a su instalación.

Los agricultores y ganaderos de Challapata saben que la minería excluye actividades agrícolas y lecheras a medio y largo plazo. Químicos como el cianuro de sodio y diversos metales que expuestos al ambiente contaminarían el entorno les han obligado a oponerse a la mina. Y, desde luego, sus aprehensiones no son inventos ni campañas del terror sopladas al oído por ecologistas intransigentes. Saben lo que significa la minería, ya que la han observado desde los inicios de la ciudad y no dudan de la legítima opción de defender un estilo de vida agrícola.

Otro interesante caso es el de Coro Coro, en La Paz. Una empresa coreana, junto con el Estado boliviano, reprocesan desechos mineros. El proyecto, reiniciado después de que la mina fuese abandonada, no cuenta con la licencia social de las comunidades aledañas.

¿Hacia el post-extractivismo?

Este caso y el anterior muestran que el extractivismo no obedece a un modelo de desarrollo ideológico dividido entre las tradicionales derechas neoliberales y lo que algunos han llamado “izquierdas neoextractivistas”. No está en la visión de esos gobiernos el concepto “post-extractivismo” y, si lo estuviese, se asocia sólo al agotamiento de los recursos naturales, específicamente a los no renovables. No obstante, el post-extractivismo comienza a instalarse en la discusión frente al fracaso del extractivismo como estrategia de desarrollo. Se transforma en exigencia de las comunidades afectadas por la minería frente a los oídos sordos de los gobernantes de la región.

Para presionar hacia el cambio de paradigma del extractivismo al postextractivismo se usan diversos argumentos que van desde el convenio 169 de la OIT hasta el colapso del planeta y el sumaj kausay (el buen vivir) originario como alternativa.

El extractivismo ilimitado ha llevado a grupos crecientes de América Latina a confrontar este estilo irracional de crecimiento económico empobrecedor con las alternativas reales pero también con las utopías reales. Los procesos de restricción e, incluso prohibición de la minería como modelo central de desarrollo han ido cobrando fuerza en la región.

La ley que prohíbe la minería en Costa Rica, el fracaso de la modificación de la ley minera en Panamá, la negativa a otorgar una indemnización en el caso Cabañas de El Salvador, la propuesta Yasuní en Ecuador y el cuestionamiento al proyecto de GreyStar en el páramo santandereano en Colombia, así como otros ejemplos, son muestras de éxitos, aunque parciales, de los movimientos críticos u opuestos a la minería en América Latina.

Las ideas sobre post-extractivismo están aún en pañales. No obstante, han ido cobrando fuerza frente a un escenario plagado de recurrentes crisis (como la última crisis financierainmobiliaria), creadas y criadas dentro del sistema capitalista.

Tal vez el fortalecimiento de las propuestas post-extractivistas disminuya el vértigo al vacío de quedar sin alternativas. Tal vez lograr entender el sumaj kausay, y atreverse a vivirlo, es parte de las claves para superar las crisis socioambientales provocadas hasta ahora por el extractivismo extremo e irracional y por un capitalismo que se niega a reconocer límites. Al menos aparece como una esperanza para los pueblos de América Latina y del mundo.

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[1] Nombre general que se le asigna a las consecuencias dañinas provocadas por un aumento significativo en los ingresos de un país logrado a través de las ganancias por la explotación de un solo recurso natural.

[2] Acosta, Alberto: La maldición de la abundancia, Abya Yala, Quito, 2009.

[3] Veánse ejemplos de estas luchas en la página web del Observatorio de Conflictos Mineros en América Latina (www. ocmal.org).

[4] Bebbington, Anthony, et al.: La glocalización de la gobernanza ambiental, Universidad de Manchester, 2007. (Documento de trabajo que forma parte de la investigación Civil society and the political ecology of rural development in the Andean Region).

miércoles, 16 de marzo de 2011

CONFERENCIA DE ARCADI OLIVER SOBRE EL ORIGEN DE LAS MIGRACIONES MODERNAS

Isabel Galeote Marhuenda

"Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido manchas de emigración en su árbol genealógico... Así como en la fábula del lobo malo que acusaba al inocente cordero de enturbiar el agua del arroyo de donde ambos bebían, si tú no emigraste, emigró tu padre y si tu padre no necesitó mudar de sitio fue porque tu abuelo, antes, no tuvo otro remedio que ir, cargando la vida sobre la espalda, en busca de la comida que su propia tierra le negaba... Los que consiguieron soportar las violencias de siempre y las nuevas privaciones, los supervivientes, desorientados en medio de sociedades que los despreciaban y humillaban, perdidos en idiomas que no podían entender, fueron poco a poco construyendo, con renuncias y sacrificios casi heroicos, moneda a moneda, céntimo a céntimo, el futuro de sus descendientes".

José Saramago, Prólogo del Libro "Moros en la Costa" de Juan José Téllez, 2001.

Después de escuchar a Arcadi Oliveres en esta Conferencia es difícil que podamos agregar muchas más cosas, ni mejor explicadas. Creo que sólo podemos asentir una y otra vez sobre lo que ha dicho. De todas formas se me agolpan un montón de ideas que podrían acotar lo que se ha expuesto en esta ponencia.

Por un lado, es evidente el progresivo y ascendente interés por los procesos migratorios en distintos ámbitos, sobre todo los de las ciencias sociales, la historia y la política, y que este interés está estrechamente relacionado con expectativas de cambio y transformación social, a veces sólo con expectativas, tomando como acepción de este vocablo, no a la esperanza de realizar o conseguir algo sino a la “posibilidad razonable de que algo suceda”.

Por otro lado, cuando se habla de procesos migratorios, siempre se hacen distinciones entre las migraciones del presente y las migraciones del pasado. Creo que esto ya supone una postura, un posicionamiento, casi siempre no explicitado, sobre lo que se considera qué es el presente en oposición al pasado y al futuro. Siempre se hacen comparaciones para argumentar lo bueno y bien hecho de unos procesos (pasados) y la malo y mal planteado de otros (actuales). Si nos fijamos bien, cuando comenzamos a preguntarnos y a problematizar sobre todo lo relacionado con las migraciones modernas o contemporáneas, es a partir del concepto que se tiene del “estado-nación” desde la descolonización y la creación de entidades supranacionales (como por ejemplo la Unión Europea), porque precisamente son las migraciones transnacionales, en oposición a las migraciones internas, las que constituyen un tema o “fenómeno” social de actualidad. No olvidemos que a los procesos migratorios se les llama “fenómeno de la inmigración”.

Pero si hay algo que he echado en falta en esta explicación de los motivos, protagonistas e implicados en todo lo que tiene que ver con los procesos migratorios y la percepción social de estos, es el elemento “medios de información de masas”. Ha resultado muy pedagógica la explicación de la relación entre venta de armas, venta de droga y configuración y reparto de poderes y medios de producción en este mundo globalizado, pero habría que ponerle también nombre y apellidos a los medios de información, que en definitiva están al servicio de esos poderes, puesto que son de su propiedad. Si jugáramos al Monopoly, las piezas a comprar y vender se llamarían: armas, droga, petróleo, alimentos, agua, pero el marketing para justificar lo injustificable, se llamaría “medios de información”, formando todo ello parte del mismo holding.

Teniendo en cuenta que el miedo es un virus paralizante, y más aún si es colectivo, estos poderes que tienen nombre y apellidos, se encargan día tras día de infundir miedo a través de sus medios de información de masas para que a las personas, al pueblo, nos aterre cambiar, enfrentar cosas nuevas, modificar hábitos, intentar cosas diferentes, tan diferentes como sistemas políticos y socioeconómicos opuestos a lo que tenemos ahora. No en vano estos medios afectan total y absolutamente en la construcción y difusión de estereotipos y prejuicios, en la promoción de comportamientos violentos y en generar actitudes y sentimientos de temor ante otros grupos y otros colectivos que cometen pecados inexistentes e inconfesables contra nuestro grupo de iguales (no hablo de culturas, sino de clases). Como los medios de información de masas no son medios de comunicación y encima generan opinión y sientan cátedra, no se puede ya poner en duda a estas alturas la influencia que tienen sobre la percepción social de riesgos, amenazas y miedos que nos generan los procesos migratorios. Nos hacen estar a la defensiva, y centrar nuestra atención, desviándola así de lo que realmente es importante y de lo que, por ejemplo, es realmente responsable de nuestras carencias y de las injusticias sociales en definitiva. Es muy grave que las noticias construyan una imagen problemática de las migraciones, porque por ello, se asocia a las personas migradas con amenazas sociales, económicas, culturales, con la desviación, la violencia, la ilegalidad, el terrorismo, el desempleo, la pérdida de derechos laborales, etc.

"ESTAMOS EN MANOS DE DELINCUENTES"
"Los países del Sur no sólo están sometidos a explotación económicas sino a guerras. ¿De qué es consecuencia la guerra?, sencillamente de las armas. Si no hubiera armas no habría guerras. Las armas se fabrican, se venden y dan a ganar dinero en el Norte, se sufren y se pagan en el Sur. Y démonos cuenta de algo, el tráfico de armas es complétamente inverso al tráfico de drogas. Las drogas se producen en el Sur y se consumen en el Norte y las armas se producen en el Norte y se consumen en el Sur, con lo cual podemos llegar a sospechar, aunque no siempre podemos llegar a demostrar, que hay armas que se pagan con drogas y drogas que se pagan con armas. No siempre lo podemos acreditar, pero hay casos en los que sí podemos hacerlo. Hace unos dieciséis años, los productores de coca en Colombia, fueron informados que podrían mandar sus avionetas, más o menos libremente, a EE.UU, que la policía norteamericana miraría a otro lado y no impediría la llegada de avionetas para que vaciaran la coca allí, pero que el Gobierno norteamericano les pedía algo a cambio, que cuando hubieran vaciado las avionetas no las regresaran de vacío, que esperaran, que ellos mismos se las cargarían de armas y estas armas deberían dejarlas en el viaje de regreso a Colombia, a medio camino, en Nicaragüa, para alimentar aquello que se llamaba en aquel momento la "Contra nicaragüense". Pero hay uno que fue el cerebro de la operación, casi nadie sabía nada ¿Cómo se llamaba este señor?. Se llamaba Bob Gates, y hoy día es el Ministro de Defensa del Sr. Barak Obama. Esta es la situación de cómo funciona este mundo.



sábado, 18 de diciembre de 2010

COLOMBIA: PÍLDORA PARA LA MEMORIA "LA MASACRE DE LAS BANANERAS 1928". ASÍ FUERON LOS PRIMEROS PASOS DEL TERRORISMO DE ESTADO EN ESTE PAÍS





Hernando Calvo Espina*Le Monde Diplomatique


Unidad Popular Latinoamericana
 
No ha sido la imaginación del colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura. No. Lo que narró sobre ello en su obra cumbre, «Cien años de Soledad» es la absoluta y triste verdad. La matanza y represión a los obreros comenzó a la madrugada del 6 de diciembre de 1928, y sólo se detuvo como tres semanas después. Fue en las plantaciones bananeras de la United Fruit Company, en el Caribe colombiano. Así fueron los primeros pasos del terrorismo de Estado en Colombia…

En Colombia, con las primeras luces del Siglo XX los yacimientos de petróleo, oro, platino y otros preciosos metales son casi regalados a empresas estadounidenses e inglesas. A sociedades de estas naciones son entregados extensos territorios para la explotación sin moderación de banano, cacao, tabaco y caucho. Con el beneplácito del gobierno, el personal empleado por estas compañías era tratado como en la época de la colonia.

La industrialización iniciada en aquellos primeros veinte años dio nacimiento a una burguesía urbana, y asimismo a un sector obrero que comenzó a reclamar mejoras sociales. Siguiendo su ejemplo, campesinos, indígenas y artesanos también procuraron organizarse. Estos incipientes movimientos reivindicativos dieron paso a las primeras organizaciones sindicales y políticas.

Ese embrionario proceso organizativo recibió un aliciente externo decisivo. En octubre de 1917 se produjo la Revolución de Octubre en Rusia, liderada por Vladimir Lenín, y el establecimiento de la Unión Soviética, estableciéndose la primera experiencia de construcción del socialismo. Este acontecimiento pasaría a influir de manera determinante en el pensamiento político y social mundial, como lo había sido la Revolución Francesa en 1789. Colombia no podía ser la excepción, menos cuando la palabra “socialismo” no era desconocida en círculos de la intelectualidad liberal.

Ahora la igualdad social se veía como posibilidad. A base de movilizaciones y huelgas se fueron logrando derechos y concesiones inimaginables unos años antes, siendo los obreros petroleros de la Tropical Oil Company quienes estuvieron en la vanguardia de la lucha.

A los ojos del gobierno conservador, de la oligarquía y de la jerarquía eclesial -la mayor latifundista de la nación-, toda la organización y el descontento social eran prueba de la existencia de un complot comunista internacional para acabar con sus propiedades y vidas. Su paranoia aumenta cuando en 1926 se crea el Partido Socialista Revolucionario, alternativa a los partidos tradicionales, Liberal y Conservador. Aunque un sector importante de la intelectualidad liberal favorecía los cambios sociales, no por establecer el socialismo, sino por modernizar un Estado que manejaba al país como un mayordomo. (1)

Desde el gobierno, el parlamento, los púlpitos y periódicos, las prédicas no daban tregua contra la “subversión bolchevique”. Aterrorizados, la dirección conservadora y los jerarcas católicos decidieron actuar estratégicamente.

A mediados de 1927, el ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, un intelectual que antes se había declarado “revolucionario”, expresó: “Al amparo del ambiente de amplia libertad que se respira en el territorio colombiano no pocos nacionales y extranjeros por su propia cuenta, o en calidad de agentes asalariados del gobierno soviético, hacen por doquier activa y constante propaganda comunista.” (2)

Rengifo fue el principal inspirador de la Ley de Defensa Social, más conocida como “Ley Heroica”. Promulgada en octubre de 1928, ésta marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Con ella Colombia se adelantó a los teóricos de las guerras colonialistas europeas y estadounidenses, formulando una doctrina destinada a combatir a lo que se conocerá a inicios de los años sesenta como “enemigo interno”. La Ley inscribía como “subversiva” la acción reivindicativa, política y social de los sindicatos y organizaciones populares nacientes.

Finalizando el Siglo XIX la empresa estadounidense United Fruit Company se instala en Santa Marta, en el Caribe colombiano. El gobierno no solo le entrega extensos territorios, sino los privilegios que no tenían otras empresas extranjeras. La United pasó a funcionar y actuar en la inmensa región como una república independiente.

Para 1927, más de 25 000 personas trabajaban en las plantaciones de la United, con jornadas de 12 horas mínimo. Los obreros no recibían salarios en dinero: se les entregaban bonos que únicamente podían ser utilizados en las tiendas de la empresa, a cambio de productos transportados desde Estados Unidos en los barcos que habían llevado el banano. Además de no contar con asistencia médica, los trabajadores dormían amontonados en barracas insalubres. Existía un sistema de contratistas intermediarios como único vínculo laboral, y así la frutera se desatendía de las obligaciones básicas con los trabajadores. Buscando remediar esto, el sindicato presentó un pliego de peticiones.

Las negociaciones, que no avanzaban, se estancaron cuando se aprobó la Ley Heroica. La United rechazó el pliego al considerarlo subversivo. A los trabajadores no les quedó otra alternativa que ir a la huelga el 12 de noviembre de 1928. La consigna era: “Por el obrero y por Colombia”. Lógicamente, el movimiento fue catalogado como “subversivo” por el gobierno, la iglesia y la prensa. Se aseguró que “agentes de Moscú” habían desembarcado clandestinamente para preparar la insurrección.

Los Directivos de la United exigieron al gobierno la presencia del ejército. Inmediatamente el presidente Miguel Abadía Méndez declaró el estado de sitio en la zona, encargando al general Carlos Cortés Vargas de acabar con la “banda de malhechores”. El centro de mando militar se ubicó en las dependencias de la compañía, donde la oficialidad tenía a disposición licores, cigarrillos, un salario, y la posibilidad de realizar grandes bacanales con las prostitutas “recogidas” en la región. (3)

Se debía proteger en prioridad la vida de los directivos de la United, todos estadounidenses, pues se decía que los trabajadores los iban a degollar junto a sus familias.

El clima laboral se deterioró y los trabajadores realizaron mítines permanentes y bloqueos de la vía ferroviaria por donde iba el banano al puerto. El 5 de diciembre fueron convocados los huelguistas a la población de Ciénaga con el pretexto de recibir al gobernador, quien supuestamente iba a participar en la negociación. Pero nunca llegó. En su lugar estuvo el general Cortés Vargas, quien, a las 11 y media de la noche, expidió el decreto que ordenaba disolver "toda reunión mayor de tres individuos" y amenazaba con disparar "sobre la multitud si fuera el caso". Pero en la madrugada del 6 el general Cortés, completamente borracho,

Dos horas después el militar, completamente borracho, leyó el decreto sobre perturbación de orden público frente a la multitud que se encontraba durmiendo en la plaza. Al finalizar, mientras algunos huelguistas gritaban “¡Viva Colombia!”, “¡Viva el ejército!”, y se negaban a desalojar la plaza, ordenó a la tropa disparar las ametralladoras emplazadas sobre los techos. (4) Posteriormente el militar dijo, "era menester cumplir la ley, y se cumplió".

Se ha calculado que había unos cinco mil campesinos, muchos acompañados con sus mujeres e hijos, rodeados de 300 soldados.

Los que no murieron instantáneamente fueron rematados a bayoneta, o se les enterró vivos en fosas comunes. En los trenes de la empresa se embarcaron centenares de cadáveres y llevados hasta el mar, donde se echaron como al banano de mala calidad. Tal como contara García Márquez en “Cien años de soledad”.

Se decretó la persecución para todos aquellos que quedaron vivos, sin diferenciar si trabajaban o no para la United. Otros cientos fueron brutalmente golpeados y encarcelados, mientras a los líderes se les juzgaba rápidamente en tribunales militares.

La matanza duró varios días, hasta que la noticia se expandió por el país a pesar de la censura de prensa instaurada, y se empezaron las movilizaciones de protesta. Para la United y el gobierno las cosas seguían como si nada hubiera pasado, al punto que el general Cortés firmó por los obreros un “arreglo laboral”.

Algunos trabajadores se organizaron en especie de guerrilla y quemaron plantaciones, sabotearon el servicio telegráfico, eléctrico y cortaron las carrileras de la empresa. La zona estuvo militarizada casi un año.

El general Carlos Cortés Vargas reconoció nueve muertos. El gobierno trece y 19 heridos. El 16 de enero de 1929, el diplomático estadounidense Jefferson Caffery reportó al Departamento de Estado: “Tengo el honor de informar que el representante de la United Fruit Company en Bogotá, me dijo ayer que el número de huelguistas muertos por las fuerzas militares colombianas pasa de un mil.” Pero la comisión de investigación del Congreso, encabezada por Jorge Eliécer Gaitán, descubrió fosas comunes, por lo tanto es seguro que las víctimas fueron más de 1.500.

El militar explicó su decisión argumentando que existía una situación insurreccional, que podría llevar a que tropas estadounidenses desembarcaran para proteger los intereses de la frutera. Y él quiso evitar una invasión a Colombia.

El Presidente de la república felicitó al general Cortés Vargas por haber salvado al país de la anarquía. Mientras el editorial del diario liberal El Tiempo, del 17 de diciembre decía: “resta averiguar si no hay medidas preferibles y más eficaces que las de dedicar la mitad del ejército de la República a la matanza de trabajadores.”

Durante la presentación de la investigación parlamentaria, en septiembre 1929, Jorge Eliécer Gaitán, en una enardecida denuncia señaló a la oligarquía como responsable de la masacre. Del clero dijo: “aquellos misioneros de Cristo son fariseos que traicionan su doctrina, descuidan sus deberes para entrar en la palestra de las menesterosas luchas políticas, terrenas e interesadas”.

Gaitán constataría que se había aplicado contra los huelguistas, en favor de los intereses estadounidenses, la política del “enemigo interno”: “No es que yo niegue que una gran agitación de justicia social recorre de uno a otro extremo del país para todos los espíritus. Ella existe, pero no como fruto del comunismo, sino como razón vital de un pueblo que quiere defenderse contra la casta de los políticos inescrupulosos (…) Así proceden las autoridades colombianas cuando se trata en este país de la lucha entre la ambición desmedida de los extranjeros y de la equidad de los reclamos de los colombianos (…) Naturalmente no hay que pensar que el gobierno ejerció ninguna presión para que se reconociera la justicia de los obreros. Estos eran colombianos y la compañía era americana, y dolorosamente lo sabemos que en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida, y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano.” (5)

La matanza de las bananeras no generó ninguna responsabilidad penal ni política. El general Carlos Cortés Vargas fue ascendido a director de la Policía Nacional. Pero ostentaba ese cargo cuando fue destituido, no por la masacre de las bananeras sino por el asesinato de un joven, el 8 de junio de 1929, durante una protesta callejera en Bogotá. Era un estudiante de la élite bogotana e hijo de un amigo del presidente Abadía Méndez. La oligarquía y el alto clero se escandalizaron. Por igual motivo también fue destituido el ministro Rengifo, el que antes había sido elogiado como el hombre providencial del régimen.

Desde ese momento se demostró la asimetría moral y política del sistema que se construiría en Colombia.

* Periodista y escritor.

Notas:

1) Calvo Ospina, Hernando. Colombia, historia del terrorismo de Estado. Editorial Akal. Madrid, 2008.
2) Rengifo, Ignacio. Memorias del Ministerio de Guerra. Bogotá, 1927.
3) El desarrollo de la huelga y la posterior represión que sufrieron los trabajadores, está en la investigación realizada por el representante liberal, Jorge Eliécer Gaitán, y presentada al Congreso de Colombia en septiembre de 1929.
4) Sánchez, Ricardo, Historia Política de la Clase Obrera en Colombia, Ed. La Rosa Roja, Bogotá, 1982.
5) Gaitán, siendo candidato a la presidencia, y convertido en el gran enemigo de la oligarquía, fue asesinado el 9 de abril de 1948 en Bogotá. Esto desató lo que se conoce como la “Época de la violencia”, que en 6 años dejó unos 300 mil muertos, casi todos campesinos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

COLOMBIA: MULTINACIONALES, PARAS Y TERRORISMO DE ESTADO


Renán Vega Cantor
7 de diciembre de 2010
OMAL. Observatorio de las Multinacionales en América Latina
Periferia Prensa Alternativa

En estos días ha circulado la noticia de que un criminal que ofició como presidente de este país ha sido citado por la firma de abogados de los Estados Unidos Conrad & Scherer a declarar en el caso que se adelanta contra la empresa carbonera Drummond por el asesinato de 111 humildes colombianos. Los abogados de la mencionada oficina de abogados, que representan a los familiares de los trabajadores asesinados, quieren indagarle al ex presidente sobre las actividades de los grupos paramilitares, de lo que sabe respecto de los nexos de multinacionales con esos grupos y acerca de los vínculos del DAS con los crímenes cometidos por los paracos.

Esta noticia recuerda la participación directa de empresas multinacionales en la financiación, organización y patrocinio de criminales a sueldo, en alianza directa con sectores de las Fuerzas Armadas, que durante los últimos 25 años han perseguido y asesinado a miles de colombianos, considerados por esas empresas como “enemigos” de la sagrada propiedad privada y de la inversión extranjera. Al respecto valga recordar la responsabilidad de la Chiquita Brands, la Coca-Cola, la Drummond, la Nestle y muchas otras empresas en el asesinato de trabajadores, dirigentes sindicales y líderes sociales.

Esto lo han hecho tanto las multinacionales afincadas en la ciudad como las que operan en el campo, porque ellas parten de la lógica de que las riquezas de nuestro suelo y subsuelo les pertenecen por fuerza mayor, y en concordancia, amparadas por el Estado colombiano, pueden utilizar todas las formas de lucha para preservar sus intereses y mantener sus ganancias: crear ejércitos privados a su servicio, asesinar dirigentes sindicales, contaminar el medio ambiente, destruir ecosistemas, dañar fuentes de agua, patrocinar medios de comunicación y periodistas que les laven su imagen corporativa, sobornar a miembros del Ejército y el Estado para que actúen a favor de los empresarios “que proporcionan trabajo y riqueza al país”, como dice la propaganda oficial en los medios de comunicación...

Lo significativo del caso radica en que no se está hablando de una impunidad criminal de las multinacionales como si fuese cosa del pasado, sino de un comportamiento que tiene una impresionante actualidad, si se considera que el proyecto estrella del santismo en el poder es entregarle hasta el último rincón del país a las multinacionales para que escarben nuestro suelo y subsuelo y se lleven todo lo que encuentren allí.

En este sentido, los crímenes corporativos contra la gente y el medio ambiente propalados por las multinacionales se van a generalizar en el presente y en el futuro inmediato, porque nada indica que en términos de impunidad las cosas hayan cambiado en Colombia. Antes por el contrario, lo que ahora se observa es la apología de la inversión extranjera como la pócima milagrosa que nos va a sacar del atraso y nos va a conducir al desarrollo económico y a la “prosperidad democrática”. A eso es a lo que en el régimen uribista se le denominó la confianza inversionista, un eufemismo con el cual se encubrió la más vergonzosa y vil postración y entrega del país a los intereses de las empresas multinacionales y de los países imperialistas y que ahora el santismo refrenda con su pretensión de convertir a Colombia en un país minero cuya regla de oro, según el punto 92 del programa de gobierno del oligarca del Jockey Club, “es atraer más inversionistas de talla mundial, con “reglas del juego” que garanticen la estabilidad a largo plazo...”

En lenguaje coloquial, la tal estabilidad a largo plazo sólo quiere significar que la implantación de enclaves mineros a lo largo y ancho del país viene acompañada de la noción de seguridad inversionista que manejan las multinacionales y que consiste simplemente en impedir todo intento de organización y cualquier forma de protesta organizada contra la explotación de la gente y la expoliación del medio ambiente.

Para evitar la protesta y la resistencia lo primero que se hace es limpiar la tierra de incómodos ocupantes, campesinos, indígenas y afrodescendientes, labor criminal en la que las fuerzas armadas estatales y paraestatales cumplen el papel de avanzada. Luego, cuando se inicia la explotación y entran en funcionamiento los enclaves, la violencia se convierte en el instrumento para someter y callar a los inconformes y para que los pocos trabajadores que emplean los enclaves acepten la explotación sin chistar ni jota. Por si hubiese algunas personas que denuncian la destrucción de los ecosistemas, para ellos también se emplean instrumentos violentos, como el atentando sicarial, con el fin de que dejen a las multinacionales saquear nuestro territorio sin ningún obstáculo a la vista.

La pretensión de convertir a Colombia en un país minero, como Perú o Chile, significa que para respaldar una inversión extranjera que genera muy poco empleo y que no crea riqueza sino que antes la destruye se hace necesario reforzar los dispositivos militares y paramilitares en todo el país. Por ello, puede concluirse que la pretensión de las multinacionales mineras, junto con el Estado colombiano y las clases dominantes de este país, es la de convertirnos al mismo tiempo en un enclave y en un cementerio. Para hacerlo posible, el terrorismo estatal y paraestatal tienen un porvenir asegurado.

Renán Vega Cantor
Publicado en Periferia (Colombia), noviembre de 2010.