domingo, 4 de septiembre de 2011

SANTOS*, UN AÑO PROFUNDIZANDO EL NEOLIBERALISMO



José Arlex Arias Arias (LA VERDAD)
4 de septiembre de 2011

Los grandes medios de comunicación han sido prolíficos en balances y medir la favorabilidad del presidente Juan Manuel Santos. Al cumplir un año de esta administración es imperativo que los ciudadanos hagamos el mismo ejercicio. Las corporaciones de las comunicaciones no son objetivas, porque sus intereses corresponden a los de sus grupos económicos, principales beneficiarios de las políticas que determina el gobierno; es la razón de la ideologización de la información que se traduce en manipulación y alienación.
El último gobierno del expresidente Uribe convirtió a Colombia en un campo de confrontación que permitió inimaginables alianzas: su actitud impositiva, casi dictatorial, pendenciera y engañosa, que quiso manejar el país como si fuera su hacienda El Ubérrimo; el escabroso entorno del cual se hizo rodear, de quienes hay varios procesados por la justicia; la parapolítica; los ajusticiamientos de inocentes que hicieron pasar por guerrilleros muertos en combate; los focos de corrupción; y la aplicación severa del modelo neoliberal, fueron factores que hicieron confluir a muchos sectores políticos, sociales y hasta empresariales para cortar el camino a la tercera elección de Uribe, grave amenaza para el país.
 
En esa oposición al gobierno de Uribe se pudieron identificar, en algunos casos con más claridad, los tipos de interés que defendían: unos buscaban respeto al establecimiento debido al resquebrajamiento institucional; otros porque se sintieron afectados en su patrimonio o posición económica, política y social; algunos defendían el Estado social de derecho; y muchos otros, los más, eran los golpeados por un modelo económico neoliberal que cada día concentra las riquezas en unos pocos, mientras casi el 50 por ciento de la población se encuentra entre la miseria y la pobreza, víctimas del desempleo estructural, la iniquidad, la venta de las empresas estatales constitutivas del patrimonio nacional, el arrasamiento del aparato productivo y la privatización de los más elementales derechos fundamentales.
Estados Unidos –que decide realmente quien gobierna a Colombia–, toma nota del crecimiento de la oposición y el clamor antigringo, por lo cual decide desechar la segunda reelección de Uribe y dirige sus esfuerzos a buscar “su presidente”, que si bien pueda resolver con autonomía algunas cosas secundarias, sea el garante de sus intereses en las corporaciones y trasnacionales; esto es: confianza inversionista, seguridad democrática y cohesión social, políticas que sintetizan las necesidades del imperialismo norteamericano, de llevarse de Colombia sus materias primas, incluida la mano de obra barata, y de apoderarse del mercado interno, no sólo en la industria y el agro, sino también en bienes y servicios, lo que se traduce en la comercialización de los derechos esenciales.
 
Fue así como Estados Unidos llega a la conclusión que la persona ideal era Juan Manuel Santos, exministro de Defensa de Uribe, quien además hizo parte de los gobierno de Gaviria, Samper y Pastrana; es decir, un neoliberal confeso cuyo principal discurso fue defenderle los tres huevitos a Uribe; Santos, como en los tiempos del Frente Nacional, se engulle a todo el mundo con la unidad nacional, incluidos quienes salieron paso a paso de la izquierda, donde se sentían incómodos, hasta llegar a la derecha neoliberal.
 
Consolidar la salud como negocio, criminalizar la protesta social, vender a Ecopetrol, quitarle recursos a las regiones para guardarlos en fondos manejados por especuladores financieros, comercializar la educación superior, entregar el mercado interno con los TLC, ampliar las concesiones de recursos minero-energéticos y hasta de los ríos, entre muchas otras, hacen parte de políticas de exacción al país y a los colombianos.
 
Mientras esto ocurre, los grandes medios de comunicación hacen lo indecible por elevar la favorabilidad del presidente Santos; en el último sondeo llegó al 71% la aprobación de su gestión –lo peor es que no destacan que ya hay 28% de colombianos insatisfechos–, sólo 50% piensa que el país “va por buen camino”, 45% se pronuncia contra el desempleo y el 55% dijo que el manejo de la economía es “mala o muy mala”.

¡No hay mal que dure cien años y el neoliberalismo es uno de los grandes males del mundo!

NOTA:
Para quienes no lo sepan Juan Manuel Santos, participó activamente del gobierno del señor Alvaro Uribe, que entre otras cosas aumento en más del 50% la cifra de la población desplazada en Colombia (Más de 4 millones y medio de desplazados actualmente), a través de su política de seguridad democrática que consiste en la despoblación de las zonas con gran concentración de recursos naturales, para cederlas a las transnacionales. Incrementó igualmente la criminalización de la protesta social, a través de detenciones arbitrarias, persecuciones políticas, amenazas fraguadas desde el Distrito Administrativo de Seguridad – DAS – a través de las famosas chuzadas por las que hoy existen en Madrid y Bruselas denuncias en su contra.
 
En este sin fin de desorden democrático, lo que atañe directamente al señor Santos, son los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, ejecutados por el ejército de Colombia cuando ejercía como ministro de defensa, por tanto máximo jefe de las fuerzas militares. Más de 2.000 jóvenes fueron asesinados por el ejército, presentados como guerrilleros caídos en combate, con el objetivo de crecer las estadísticas de accionar de la política de seguridad democrática, y a cambio recibieron beneficios económicos, ascensos y días libres. Todos los militares que fueron encausados se encuentran hoy en libertad, las víctimas en cambio han recibido persecución y amenazas de muerte por haber denunciado.
Pero no son los únicos crímenes de guerra cometidos por las fuerzas militares colombianas. Existe también la connivencia de éstos con los grupos paramilitares, a través de los cuales cometieron masacres sobre la población colombiana.

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