miércoles, 26 de agosto de 2015

PRÓLOGO AL LIBRO "UN GRITO DE LIBERTAD DESDE LA ARENA. EL CASO MAHYUBA"


Mujer, si te han crecido las ideas,
de ti van a decir cosas muy feas,
que, que no eres buena, que, que si tal cosa,
que cuando callas te ves mucho más hermosa.
Mujer, espiga abierta entre pañales,
cadena de eslabones ancestrales,
ovario fuerte, di, di lo que vales.
La vida empieza donde todos son iguales.
Angela Jean, o antes Manuela,
mañana es tarde y el tiempo apremia.
(Letra de la canción “Mujer” de la maestra rural y cantautora mexicana, Amparo Ochoa)

Se aproxima la conmemoración, que no celebración, del 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde las Asociaciones de Mujeres y desde las instituciones públicas, como es el caso de mi Ayuntamiento, ya hemos pisado el pedal del acelerador de la maquinaria que permita poder organizar una serie de actividades que se puedan desarrollar a lo largo de esa “semana de la mujer” en la que todas las personas que participan salen a la calle con un lacito violeta en la solapa. Son fechas de publicar informes y datos sobre la situación de las mujeres, mejor dicho, sobre la situación de desigualdad y discriminación, cuando no de sometimiento de las mujeres, por el hecho de haber nacido mujer. Días en los que todas las organizaciones y personas a las que por norma general ni se les ve ni se les espera en lo cotidiano, pero que en aras de practicar lo políticamente correcto en el marco de la democracia, de la justicia, de la solidaridad y de la lucha por la emancipación y reconocimiento de las mujeres, lanzan sus manifiestos públicos cargados de soflamas de denuncia y también de reivindicación, intentando borrar con el codo lo que previamente escribieron con la mano. Ni más ni menos lo que se viene repitiendo en los últimos años; tiempo en el que me sigue sorprendiendo que las mismas mujeres de asociaciones diversas, como otras mujeres cargos públicos u orgánicos, pongan en tela de juicio que este día lleve por nombre “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, porque hace tiempo que sólo es el “Día de la Mujer”. Esto me sorprende, pero más me duele el comprobar cómo se ha ido perdiendo nuestra memoria colectiva, hasta el punto de que se haya ahondado en el desconocimiento progresivo, ya no solo de esa historia y del verdadero significado de la conmemoración de este día, sino la importancia y la necesidad de traerlo a colación de forma permanente.

         Con seguridad, alguna persona que esté leyendo este prólogo al libro de Vicent Soriano sobre Mahyuba, se andará preguntando qué tiene que ver el caso que nos ocupa, la historia del libro, con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tan solo puedo decir que todo, tiene que ver todo. La situación vivida por Mahyuba no es solo la de ella, es la de tantas y tantas mujeres en el mundo que padecen realidades tenaces y anómalas, porque las circunstancias de discriminación de las mujeres con respecto a los hombres es la misma en cualquier parte del mundo, se llame la mujer como se llame, viva donde viva, practique la religión que practique y pertenezca al grupo cultural que pertenezca. No existen sociedades patriarcales, lo que coexiste es un sistema patriarcal único que se muestra más o menos agresivo, más o menos tolerante o condescendiente con las mujeres y sus derechos como ser humano, en función de la latitud donde se haya nacido y en función de la historia de lucha por la liberación y subversión de las relaciones de poder y propiedad que les precedan.

         Aún no ha corrido mucha agua bajo el puente. Escasos meses desde que saltaba a la prensa el caso del “secuestro de Mahyuba”. Lo que sí es cierto es que el agua ha bajado muy turbia en demasiados tramos, como también es cierto que ha servido para despejar bastante los márgenes del río, sobre todo en lo que se refiere a la verdadera posición y coyuntura parcelada que viven las mujeres jóvenes saharauis en su propia sociedad, entre su propio pueblo, inherente a su condición de mujer, sumando otras categorías conexas como su estatus de refugiadas, exiliadas y ocupadas en su propia tierra, pero también sobre el verdadero papel que está jugando la UNMS (Unión Nacional de Mujeres Saharauis), más aún en los últimos años, en su trabajo por la “emancipación” de las mujeres de su pueblo.

         La laceración que produce despojarse de las dependencias emocionales y romper con las contradicciones entre lo que se ve durante años, se constata, pero se niega “todo por la causa”, y lo que realmente se cree, se piensa y se intenta llevar a la práctica, resulta demoledora. Romper con discursos aprendidos, en los que se creía (o quería creer), con “relatos de hazañas de héroes y heroínas que representan ideales de una clase guerrera o aristocrática y de toda una sociedad que asocia a estas personas con sus orígenes y destino como pueblo”; descomponer esa épica construida con mi propia complicidad pasional sin salir dañada ni herida, es bien difícil, por no decir imposible; aunque al mismo tiempo provoca una sensación de liberación que solo puede conseguirse cuando a las cosas se las llama por su nombre y cuando una deja de autoengañarse, de engañar creyendo que era lo que “tocaba” y de permitir que la engañen más. Es lo que me ha sucedido, no en los últimos meses, sino desde bastante tiempo atrás, con pequeñas o grandes cosas que se han vivido, que se han presenciado, que se han justificado…, aunque sin alegato posible.

         Desde que con once años, a raíz de que mi padre me hablara del Frente POLISARIO, me presentara en la Fiesta del PCE en la Casa de Campo de Madrid a los miembros de la Delegación Saharaui que había llegado para participar en ella. Desde que me mostrara unas fotografías de unas mujeres empuñando un fusil, luchando por la independencia y la libertad de su pueblo en un artículo publicado en la Revista “Viejo Topo” en diciembre del año 1975, así como otras menciones en el “Mundo Obrero” de cuya distribución era responsable él mismo, mi padre, al tiempo que me hablaba de la “camaradería” existente entre su partido y el Frente Popular de Saguia el Hamra y Río de Oro estando ambos en clandestinidad; desde los primeros artículos publicados en los que se explicaba cómo era la vida militante de unas mujeres exiliadas y refugiadas (entonces parecía que la defensa de los DD.HH en los Territorios Ocupados no existía ni en la hoja de ruta del mismo F.P., cuando menos en la de las organizaciones amigas, para las que solo existían los campamentos de refugiados y refugiadas), ganaron una niña-joven-mujer implicada con la causa del pueblo saharaui a tiempo y vida completos, algo así como una “opción de vida”, que conectaba su visión internacionalista y feminista de la vida con esta lucha y que en cualquier espacio o foro de participación en el que estaba presente como invitada o como integrante de una organización, ponía como condición el trabajo para y por “la causa saharaui”. Todo ello no exento de contratiempos personales y grupales complicados. Los años dan para mucho, para bueno y para malo, pero la opción militante hacía resistir y relegar todo lo malo.

         Si hoy por hoy existe un retroceso a nivel mundial en los derechos y libertades fundamentales de las mujeres, según ha dicho el Grupo de Expertas sobre la Discriminación contra las Mujeres (CEDAW en sus siglas en inglés), en el que además advierten del peligro de que se pierdan los avances logrados durante los últimos 100 años de lucha por la igualdad. Si estos derechos están en constante amenaza. Si en este informe, hecho público con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora del año en curso, es decir, 2015, se dice además que “estamos viendo signos represivos, a menudo en nombre de la cultura, la religión, las tradiciones, que amenazan el duro progreso alcanzado. Estamos viendo intentos de restringir el lugar de la mujer a la esfera doméstica, y a pesar de la importancia de la familia, su protección no puede ir en detrimento del derecho de las mujeres a la autonomía. Que la discriminación contra las mujeres persiste en todas las esferas, la pública, la privada, en tiempo de guerra, en tiempo de paz, y en todas las regiones del mundo donde continuamos siendo testigos de inimaginables formas de violencia en nombre del honor, la belleza, la pureza, la religión y la tradición”. Si esto está sucediendo en todo el mundo, si esto no se niega en muchas partes de ese mundo, como por ejemplo el Estado Español, ni siquiera por parte de las instituciones públicas y mucho menos por parte de la sociedad civil, organizada o no, y menos aún por parte de las organizaciones de mujeres. ¿Por qué sí se niega desde el Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática, cuando esta forma parte de este mundo globalizado y no vive en una parcela desierta al margen de lo que suceda alrededor? O lo que es peor, ¿por qué se niega desde la misma organización SÍ gubernamental que aglutina a todas las mujeres saharauis en la RASD, es decir, la UNMS o incluso desde el mal llamado “Movimiento de Solidaridad con la Causa Saharaui”? ¿Tiene algo que ver con la necesidad de sostener esa épica que se ha construido y difundido a lo largo y ancho del mundo durante todos estos años por objetivos que en nada obedecen a la lucha propia por la libertad de las mujeres saharauis y puede que hasta incluso a la libertad de este pueblo?.

Si hubo transgresión por parte de las mujeres ante ciertas normas sociales en los primeros años de la “revolución”, como así se pudo constatar incluso en los artículos y las fotografías que mencionaba, donde se idealizaba a la mujer saharaui, y fruto de esa transgresión hubo logros… concedidos por la otra mitad de la sociedad, los hombres, que precisaban en esos momentos de lucha armada que alguien asumiera “el mando” en los campamentos, también hay que decirlo, ¿por qué se permite, precisamente por quien no debiera hacerlo, el avance de estas regresiones convirtiéndose en cómplices necesarios o necesarias de ello con pronunciamientos públicos insostenibles? Lo que es cierto, y aquí no se está hablando por boca de ganso, es que los hechos constatables denunciados y explicados por la misma Mahyuba cuando declara en una entrevista en el programa de radio “CLANDESTINO”, que la misma Responsable de la UNMS en su Wilaya le dice en la jaima de su familia que “la única ley que impera en la sociedad saharaui, en los campamentos de Refugiados Saharauis gobernados por el Frente POLISARIO es la Sharía, y que las mujeres nunca se emancipan y están sometidas a lo que su padre disponga…porque nunca son mayores de edad”.

Llegados a este punto, hago mías las palabras de la Doctora Lehdía Mohamed Dafa en su artículo “¿Existe un feminismo saharau?i”, cuando dice “La situación actual de las mujeres saharauis en los Campamentos de refugiados exige un análisis más profundo, más allá de la utilización política para la causa y del superficial e infundado discurso propagandístico con tintes de progresismo y modernidad, divulgado a lo largo de estos años y que no se corresponde en nada con la realidad que viven las mujeres.

Es urgente reflexionar desde una perspectiva de género, para crear y desarrollar un verdadero movimiento feminista, autónomo, que lidere la lucha de la mujer por la igualdad de derechos y por su plena incorporación, en libertad, a la vida social y política. Esta sensibilización y lucha en ningún caso debe seguir supeditándose y postergándose a la consecución de la independencia nacional.”

Abordemos pues a la par, como he hecho desde el principio de este prólogo, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, reivindicando, desde el recorrido de las mujeres que nos consideramos feministas, o que no saben que lo son aun siéndolo, todos los esfuerzos de lucha que venimos realizando para conseguir la autonomía, la libertad, el reconocimiento, la igualdad, seguridad, integridad y dignidad para todas las mujeres, incluidas Mahyuba, Koria, Hakima, Darya, o Josefa y Esther, porque estamos hablando de la misma cosa. La fuerza de los hechos se impone, y sirva lo vivido para continuar exigiendo todos los derechos, para todas las mujeres y para todos los días que nos permitan ser y hacer lo que cada una de nosotras quiera; para conseguir ser ciudadanas que nada tengamos que ver con imposiciones normativas o con estereotipos religiosos, culturales y sociales encorsetados, sin ser incompatible todo ello con la defensa de una colectividad de la dimensión de un pueblo sino todo lo contrario: es complementario, imprescindible y necesario. No sigamos permitiendo que las mujeres saharauis tengan que seguir instaladas en la encrucijada de la doble segregación por motivos que suman y siguen.

Isabel Galeote Marhuenda

Una mujer

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