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lunes, 27 de abril de 2009

CON EL CUENTO DE LA CRISIS......NO ME EXPLOTES


CGT Castilla y León

Diario Rojo y Negro Digital

23 de abril de 2009

Bancos, empresas de todo tipo, constructores, consejeros y directivos de las multinacionales, especuladores de la energía, de la industria, del campo, de los servicios, y un buen número de políticos y sindicalistas del régimen, han amasado fortunas, con crecimientos siempre crecientes de beneficios a costa de la sobrexplotación de los trabajadores y de la naturaleza, sobre el expolio a la sociedad.

No han tenido problema en construir sus imperios degradando el trabajo y los derechos laborales, inventándose ETTs y subcontratas encadenadas, moderaciones salariales y reformas laborales para hacer más “flexibles”, por no llamarles precarios los contratos, los tiempos de trabajo y el despido, saltando de ciudad en ciudad y de país en país, ignorando los límites de la naturaleza y poniendo crédito sobre crédito para alimentar una burbuja que tenía que reventar [la inmobiliaria, la financiera, la de combustibles fósiles, …]. Más poder en manos de las empresas porque –decían- “la riqueza debe generarse para poder repartirse”.
La realidad es otra. ¿Dónde está ahora ese dinero que han ganado durante años?. ¿Ha desaparecido?. ¿Lo han perdido todo?. Estallada la crisis todo se ve más claro. La riqueza la hemos generado los trabajadores y se ha ido directamente a mantener los modos de vida de ricos o muy ricos –esa ha sido su única prioridad-, y rota la partida en este casino global por su avaricia, quieren ahora traspasar las pérdidas –o lo que dejan de ganar, mejor dicho- a los trabajadores y a la sociedad. ¡¡¡Y lo están consiguiendo!!!.
¿De dónde han salido los miles de millones, que de pronto han aparecido, y que el gobierno ha puesto para la banca?. ¿De dónde los millones de euros utilizados para subvencionar a las empresas o para pagarles los conocidos EREs de suspensión por los que el trabajador cobra del dinero público al tiempo que la empresa se lo ahorra?. ¿Por qué se conceden estas ayudas a empresas con beneficios, y sin exigir garantías de continuidad de actividad?. ¿Se mete dinero público para mantener el empleo o simplemente para justificar su pobre actividad política?. De esto la Junta de Castilla-León sabe mucho, porque de hecho es la cuarta región con más trabajadores afectados por EREs que ha autorizado. El ejemplo del ERE aprobado en Renault, que a los pocos días se vió innecesario y no lo están aplicando, mientras las empresas auxiliares sí, dice mucho de la clase política que tenemos.
Un dinero disponible para los causantes de la crisis, para los bancos y multinacionales, que pese a la palabrería política es escaso para los miles de trabajadores que han perdido su único medio de vida, que se enfrentan al embargo de la casa, a una dura situación personal y familiar, y a un futuro incierto.
El que nos acerquemos a los 4 millones de parados (3.605.402 en la actualidad) -172.570 en Castilla y León-, que 1 millón de personas en paro no reciba ninguna prestación y que haya 800.000 familias que tengan todos sus miembros en paro, son síntomas de alarma que demuestran que la movilización social es imprescindible para revertir esta situación.
Entre tanto… empresarios que se acogen a la ley concursal (“suspensión de pagos”) y abren otra empresa en el edificio de al lado con otro nombre, o amenazas de aplicarla aprovechando los entramados de empresas con denominaciones diferentes aun siendo los mismos, miles de contratos “temporales” por obra y servicio que se han mantenido años y ahora que conviene “finalizan”, cierres de empresas con ganancias para irse a otros países aprovechado el “cuento de la crisis”, despidos de trabajadores para ser recontratados por subcontratas pero cobrando la mitad, congelaciones de sueldo, oferta de contratos indefinidos que se exige al tiempo la firma del trabajador en su baja voluntaria, cantidades en negro tan altas como en nómina, chantajes laborales de todo tipo, … subidas del teléfono, la luz, el gas, … y la desfachatez de una patronal que reclama despidos más baratos y una nueva reforma laboral (1/3 de los trabajadores son ya “temporales”), comentarios de políticos que ignorando el sufrimiento dicen que dar prestaciones es hacer “vagos” a los parados, al tiempo que han apoyado millonarias sumas para los bancos de un dinero público que no es suyo, sindicatos mayoritarios que desmovilizan a la sociedad para mantener sus prebendas sindicales a cambio de la paz social con el Gobierno Central y la Junta, …
Se pretende perpetuar un modelo económico y social injusto, basado en la acumulación de unos pocos en detrimento de todos, y aprovechar la parálisis y el miedo de los trabajadores, en esta fase de crisis del capitalismo que el capital ha creado para darle la vuelta y aprovecharla en su beneficio dando un giro de tuerca más al trabajo. Basta de sacrificios inútiles ante el chantaje del paro. Basta de ser espectadores ante quienes nos quieren postrados. Basta de permisividad ante una clase política y sindical instalada que prefiere mirar para otro lado y se niega a enfrentarse al capital porque saca tajada de él. Sin re-acción, no hay solución.
PARA UN CAMBIO REAL, MOVILIZACIÓN SOCIAL ¡¡¡ HACIA LA HUELGA GENERAL !!!

martes, 7 de abril de 2009

LA CLASE PERDEDORA



Los alumnos de padres sin estudios tienen 20 veces más riesgo de fracaso - La educación no consigue eliminar las diferencias sociales

José Luís Barbería

EL PAÍS. 7 de abril de 2009

Imaginemos el sistema educativo como una larga de carrera de obstáculos. Lo primero que salta a la vista es el alto grado de abandonos prematuros y de participantes descalificados por no haber cubierto la distancia mínima en el plazo establecido. Lo segundo que llama la atención es la extracción social de los que se quedan por el camino, ya en los primeros tramos, y cargan con los sambenitos estigmatizadores del "fracasado escolar" y de "repetidor". Quítese de la cabeza la convicción de que la escuela es, por excelencia, el espacio natural de la igualdad de oportunidades que consagra la Constitución. Hágase a la idea de que, pese a los buenos propósitos, el éxito académico no depende exclusivamente del esfuerzo y de la capacidad personal de su hijo.

¿Cómo se explica, si no, que los perdedores pertenezcan de forma tan abrumadoramente mayoritaria a las familias de rentas más bajas? Por muchos casos de hermanos con rendimientos académicos dispares que se den, el análisis del problema establece que no estamos ante cuestiones personales. No es cierto que los alumnos partan de la línea de salida en condiciones idénticas y con competencias similares. Las diferencias están ya presentes en el kilómetro cero porque a la hora de matricularles por primera vez ya hay niños a los que se les ha inculcado el amor por la lectura y el conocimiento y otros a los que no. Por lo mismo, hay padres que acompañarán los estudios de sus hijos y velarán para que adquieran la mejor formación y otros que se inhibirán de esa tarea.
España partía hace sólo tres décadas de una situación muy alejada de los países desarrollados, también educativamente hablando, pero ha conseguido en ese tiempo ampliar la escolarización obligatoria hasta los 16 años, con uno de los sistemas educativos más equitativos de la OCDE, según el Informe Pisa -que evalúa el nivel de conocimientos de los jóvenes de 15 años de 55 países del mundo. El informe dice que si se eliminan los condicionantes socioeconómicos y culturales de los alumnos, las escuelas españolas públicas, privadas y concertadas dan unos resultados muy similares entre sí. Sin embargo, ese contexto sigue pesando enormemente. Los hijos de los trabajadores no cualificados tienen 4,5 veces menos de probabilidades de acceder al ámbito universitario que los vástagos de los profesionales de alto nivel. Sólo un tercio de los de familias obreras o de asalariados del campo cursará el Bachillerato y de ellos únicamente la mitad llegará a la universidad. Si usted no tiene estudios, le conviene saber que su chico cuenta con 20 veces más de posibilidades de incurrir en el fracaso escolar que el hijo de padres universitarios; exactamente, el 40% contra el 2%, según el estudio recientemente publicado por el profesor de Sociología de la Universidad de La Laguna, José Saturnino Martínez.
El sistema educativo es una maquinaria de reproducción de las desigualdades socioeconómicas, aunque en el caso de los alumnos particularmente brillantes y trabajadores deje márgenes de maniobra para "la movilidad de clase" y haya acompañado la irrupción de las mujeres, cuyo rendimiento es muy superior.
Gracias a las becas, siguen dándose ejemplos de alumnos de familias de rentas muy bajas que acaban una y hasta dos carreras universitarias. Pero no dejan de ser una notable excepción en un modelo en el que el capital cultural y económico condiciona fuertemente el rendimiento escolar y el estatus social. Es lo que las estadísticas llevan voceando tercamente sin que ese debate llegue a prender en la opinión pública. Y eso, que, como han puesto de relieve los economistas Jorge Calero y Josep-Oriol Escardíbul, la educación determina cada vez más la posición laboral y las trayectorias vitales de las personas.
"La extensión de la escolarización y la evidencia de que, por lo general, los hijos superan el nivel de conocimiento de sus padres contribuye a ocultar que las desigualdades relativas se mantienen más bien constantes para los chicos, aunque hayan disminuido entre las mujeres", opina José Saturnino Martínez.
Pero las estadísticas hablan de un problema colectivo que, además de socavar la equidad y la justicia, compromete el futuro del país arrojando al mercado de trabajo a masas de jóvenes poco cualificados para afrontar la "sociedad del conocimiento". Ahora vemos en las colas del paro a esos chicos que, sobre todo en el Sur y el Levante español, abandonaron prematuramente sus estudios tras el reclamo de un buen salario en la construcción o la hostelería.
Sólo el 68% de los jóvenes españoles cursa los estudios secundarios postobligatorios del bachillerato y los Ciclos Formativos de Grado Medio, frente al 81% medio del conjunto de la OCDE. Ese dato nos sitúa a la cola de Europa, únicamente por encima de Portugal y Malta, en un momento en el que la UE aspira a que el 85% de los jóvenes menores de 22 años hayan "completado" los estudios de Enseñanza Secundaria Superior en 2010. A ese "cuello de botella" en el sistema hay que sumar una tasa de fracaso escolar del 30,8%, el doble de la media de la UE-27. "El sistema reproduce la estructura social de España. Las familias de rentas altas envían a sus hijos a las escuelas privadas, en su mayoría, regidas por la Iglesia católica, mientras que las familias de rentas medias y bajas los envían a escuelas públicas, donde se concentran los hijos de los inmigrantes. Esta polarización por clase social caracteriza el sistema escolar en España", afirma Viçenc Navarro, economista y politólogo.
De hecho, las diferencias de rendimiento escolar registradas en el Informe PISA se explican básicamente por el nivel social, tanto de los padres como de los centros. Los investigadores han llegado a la conclusión de que la variabilidad observada entre centros educativos en las pruebas de lectura está asociada en un 50% a las características del estudiante, muy particularmente, al estatus socioeconómico de su familia y también al sexo, la edad y la condición o no de inmigrante. Las características del centro influirían en los resultados en un 16%, mientras que la naturaleza competitiva o cooperativa de los métodos didácticos, los medios materiales y el tipo de gestión no superarían el 6%. Descubrir que los elementos determinantes del rendimiento escolar son, en gran medida, ajenos al sistema ha sido una gran sorpresa para muchos teóricos que fían todas las soluciones a las reformas políticas o al incremento de la financiación.
No es un secreto que los alumnos de los colegios privados (independientes y concertados) obtienen, por lo general, mejores promedios que los de las escuelas públicas, aunque tampoco es evidente que esos resultados reflejen mejoras educativas. "Los centros privados pueden conseguir un mejor clima escolar por la vía de concentrar alumnos de características parecidas, pero el rendimiento académico de los adolescentes de los centros públicos sería, incluso, superior si se descontaran los factores socioeconómicos", sostienen Calero y Escardíbul. Así, la supuesta "calidad" educativa de esos centros no sería otra cosa que la "calidad" cultural y económica de los padres que llevan a sus hijos a esos colegios.
La mayoría de los expertos opina que el nivel cultural de los padres pesa más que sus recursos económicos. Queda fuera de toda duda que el sistema muestra una enorme resistencia a ser modificado. "La segregación urbana produce segregación escolar porque los centros privados están ubicados generalmente en áreas de población de nivel socioeconómico elevado y, por lo tanto, tienen mayores probabilidades de matricular a usuarios de ese nivel", indica Escardíbul. Las familias con más recursos seleccionan con mayor cuidado el centro escolar de sus hijos. Jorge Calero y otros estudiosos ponen el acento en lo que denominan el "efecto suelo", según el cual, el temor a perder posición social y la preocupación por la formación aumentan a medida en que se asciende de clase. Por lo mismo, y a la inversa, las familias de rentas más pobres tendrían menos inquietudes de esa naturaleza por la imposibilidad misma de descender en la escala social. Según esta teoría, la actitud de los padres ante la educación estaría, pues, condicionada por el análisis coste-beneficio. Las familias de menores rentas tienen mucho más en cuenta los ingresos que se dejan de percibir por aplazar la entrada en el mercado de trabajo.
¿Es exagerado afirmar que en la medida de sus recursos, las familias "compran" el nivel social, económico y de formación de los compañeros de colegio y potenciales amigos de sus hijos? Los centros privados tienden a seleccionar a sus alumnos-usuarios y a blindarse contra los estudiantes problemáticos. De alguna manera, la particularidad de su oferta descansa, precisamente, en su capacidad de seleccionar a sus estudiantes. Y eso que en el plano académico y de la disciplina no se puede homogeneizar bajo la misma mirada prejuiciosa a todos los hijos de la inmigración. "Me gustaría tener más inmigrantes en mi clase, pero siempre que sean chinos", apunta, con un punto de humor, una profesora de un centro público de Madrid.
Aunque, según algunos teóricos, la financiación pública adicional a los centros privados apenas mejora los resultados educativos, no se puede negar que, desde el punto de vista de los intereses particulares, optar por la enseñanza privada en España es una buena inversión. Puede, incluso, decirse que es tan buen negocio privado como mal negocio para el conjunto de la sociedad. La huida de la escuela pública que las clases medias iniciaron a mediados de los noventa no se ha detenido. El número de estudiantes de las universidades privadas pasó de 58.875 a 132.794 durante los años 1995- 2003, periodo en el que la enseñanza pública superior descendió de 1.449.967 a 1.349.248 alumnos. Contra lo que se supone, la incorporación de los hijos de inmigrantes sin formación no repercute negativamente en el rendimiento escolar medio si son menos del 10% de la clase.
"Ningún otro país europeo presenta porcentajes tan altos de población en la enseñanza privada, que genera un gasto superior por alumno. En España, la escuela es clasista en lugar de ser una institución multiclasista donde cristalice el concepto de ciudadanía", critica Vincenç Navarro. Los estudios de la OCDE ponen de manifiesto el elevado peso proporcional del gasto privado español en educación, -0,5% del PIB en 2002, el más elevado de la UE a 15 -, en un país que invierte en enseñanza -4,3% del PIB en 2002- un punto menos de su PIB que los socios europeos.
En el extremo opuesto, los hijos de familias que responden a los indicativos de una madre inmigrante de cuello azul (trabajadora no cualificada) con menos de 100 libros en casa, aparecen potencialmente abocados al fracaso.
Remover las desigualdades sociales requiere que la educación sea lo más independiente posible de las condiciones socioeconómicas de los alumnos. "Habría que invertir justamente la situación actual para que la igualdad formal de oportunidades se convierta en igualdad real de oportunidades. Hay que impedir que las desigualdades de origen colonicen el sistema", subraya Jorge Calero. Según Escardíbul, la proclamada igualdad de oportunidades se resiente también porque la reserva de plazas limita la posibilidad de que los alumnos de incorporación tardía, inmigrantes, por lo general, entren en un centro concertado. La capacidad de recabar recursos económicos de las familias y de seleccionar a los alumnos de Bachillerato en función de sus notas constituye, a su juicio, otro obstáculo adicional.
"Aunque las becas y los programas de educación compensatoria cumplen una función notable, el sistema sigue siendo bastante selectivo en el acceso a los centros concertados y actúa insuficientemente en las aulas para corregir las desigualdades sociales. Las Administraciones deberían tener en cuenta que ubicar las escuelas en tal o cual zona contribuye a reducir o a incrementar la segregación", indica. El incremento de las becas y la inversión, la evaluación pública de los resultados de cada centro y la promoción del consumo familiar de bienes culturales son otras de sus propuestas.
Pero el obstáculo mayor que lastra el objetivo de la igualdad de oportunidades es el bajo nivel educativo de los padres. Aunque España es el cuarto país del mundo con mayor diferencia de nivel educativo entre la generación de los padres y la de los hijos, este despegue no le ha liberado todavía del peso inerte del pasado. El grado de formación de los padres que en 2004 tenían hijos de 17 o 18 años era el más bajo de la UE, excepción hecha de Portugal.
Los déficits académicos de los alumnos son, en buena medida, fruto de las carencias culturales de la propia sociedad. Tenemos la paradoja de que el fracaso y la repetición de curso son moneda corriente, incluso en comunidades como La Rioja o Castilla y León que, por sí mismas, podrían disputar a Finlandia y a Corea del Sur los primeros puestos de la excelencia en el Informe PISA. La tardía expansión de nuestro sistema académico hace que los escolares paguen hoy el retraso acumulado a lo largo de décadas.

domingo, 5 de abril de 2009

CONSTRUYENDO EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI


Marta Harnecker


En esta colección de artículos y reflexiones la teórica marxista Marta Harnecker se adentra en el concepto del poder popular y la participación ciudadana en el proceso revolucionario Bolivariano de Venezuela. Es una oportunidad excepcional para comprender los cambios que se están produciendo y el tipo de socialismo que se está tratando de construir en la república bolivariana, información que tiene que romper los estereotipos y falsedades que construyen los medios de comunicación de masas. Además nos acerca singularmente a los procesos fundamentales de la acción social que están poniendo en marcha el proceso revolucionario.


TEXTO: DE LOS CONSEJOS COMUNALES A LAS COMUNAS: CONSTRUYENDO EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI (1 de abril de 2009)



Reproducimos a continuación el arranque del texto.

ONCE IDEAS SOBRE EL SOCIALISMO Y EL PROTAGONISMO POPULAR

1) EL PUNTO DE PARTIDA: EL HOMBRE COMO SER SOCIAL

1. La concepción socialista de la sociedad no parte, como lo hace el capitalismo del hombre comoser individual, del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, delhombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros.

2. No existe el ciudadano abstracto, como dice el filósofo francés, Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es ni rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo ala vez. Y como es “absolutamente libre, obedece sólo a normas morales de hermandad, igualdad ydemocracia.

3. Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian yorganizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cualesy por medio de las cuales realizan sus intereses, sus derechos y sus deberes.

2) EL PUNTO DE LLEGADA: EL PLENO DESARROLLO HUMANO

4. La sociedad que queremos construir tiene como meta el pleno desarrollo humano.

5. Este pleno desarrollo humano no se decreta desde arriba, no cae del cielo, sólo se logra cuando al transformar las circunstancias las personas se transforman a sí mismas.

6. Es la participación, el protagonismo en todos los espacios lo que permite al hombre, crecer, ganar en autoconfianza, es decir, desarrollarse humanamente.

7. La Constitución bolivariana insiste en esta idea en varios artículos.

3) NO DAR CONTENIDO SOCIAL A LA DEMOCRACIA, SINO TRANSFORMAR LA FORMA DE LADEMOCRACIA MISMA

8. Por eso, no se trata sólo de otorgar un contenido social a la democracia, de resolver problemas sociales del pueblo: alimentación, salud, educación, etcétera, sino —como decía Alfredo Maneiro—de transformar la forma misma de la democracia creando espacios que permitan que las personas, alluchar por el cambio de las circunstancias, se vayan transformando a sí mismas.

9. No es lo mismo, decía el dirigente político venezolano que una comunidad conquiste una pasarela por la cual se ha organizado y ha luchado, a que reciba la pasarela como un regalo del estado paternalista.

10. El paternalismo de estado es incompatible con el protagonismo popular. Conduce a transformara la gente en mendigo.

11. Hay que pasar de la cultura del ciudadano/a que mendiga a la cultura del ciudadano/a que conquista, que toma decisiones; que ejecuta y controla; que autogestiona, que autogobierna. Hayque pasar —como dice Aristóbulo Istúriz— del gobierno para el pueblo al autogobierno del pueblo, a que el pueblo asuma el poder.

4) GOBERNAR CON LA GENTE PARA QUE LA GENTE LLEGUE A GOBERNARSE A SÍ MISMA

12. Pero para lograr ese autogobierno del pueblo es necesaria una etapa de transición en que los alcaldes, los equipos de participación de las alcaldías, los facilitadores, gobiernen con la gente, para que tanto la gente como ellos aprendan a gobernar.

13. Creo que uno de los errores de la Ley de los Consejos Comunales fue haber eliminado los equipos promotores externos.

14. La participación no se decreta desde arriba, ni nace de un día para otro. Se requiere de un largo proceso Y ese proceso podrá ser más breve si la gente recibe un apoyo externo.

15. Apoyo que no suplanta, sino facilita, que descubre las potencialidades de la gente y las encamina, ahorrando el proceso de aprendizaje por ensayo y error.

5) BUSCAR LOS ESPACIOS ADECUADOS PARA LA PARTICIPACIÓN

16. Pero no basta con valorar positivamente la participación en abstracto, no basta con estar dispuestos a gobernar con el pueblo, a que el pueblo asuma el poder. Esto puede quedarse en meras palabras si no se crean los espacios adecuados para que puedan darse lo más plenamente posible los procesos participativos, tanto en los lugares donde las personas habitan como en los lugares donde las personas trabajan o estudian.

17. Sólo si se crea un sistema social basado en la autogestión de los trabajadores en sus centros de trabajo y en las comunidades donde habitan, el estado dejará de ser un instrumento por encima del pueblo al servicio de unas élites, para transformarse en un estado conformado por las mejores mujeres y hombres del pueblo trabajador.

18. Por eso es tan importante la iniciativa del Gobierno Bolivariano de crear los consejos comunales.Y urge avanzar en la creación de espacios de participación en los centros de trabajo, teniendo claro que la plena participación de los trabajadores sólo se logrará allí donde exista la propiedad social.La idea de crear consejos de trabajadores y consejos estudiantiles va en este sentido.

6) UN LARGO PROCESO DE TRANSFORMACIÓN CULTURAL ES NECESARIO

19. No es fácil luchar contra la cultura heredada egoísta, del sálvense quien pueda.

20. Contra la cultura paternalista que nos hace esperar del estado las soluciones en lugar de organizarnos para conseguir la solución de nuestros problemas.

21. Luchar contra el consumismo que nos lleva a pensar en que si tenemos más somos mejores, en lugar de sentirnos mal por tener cosas superfluas mientras hay quienes muy cerca de nosotros no tienen lo mínimo para vivir dignamente.

22. Y lo más grave es que el afán de consumo lleva a muchos a buscar los trabajos mejor remunerados, aunque en ellos no pueda realizarse como ser humano, o a trabajar 16 horas para poder tener más dinero para comprar, por lo que queda poco o nada de tiempo para participar.

23. Es necesario reemplazar la ética del tener por la ética del ser.

7) DESARROLLAR UNA CULTURA DEL TRABAJO PRODUCTIVO

24. Por otra parte, en sociedades como las nuestras, en las que el neoliberalismo arrasó con el incipiente desarrollo industrial y transformó a la mitad de la población en edad de trabajar en trabajador informal, dedicado fundamentalmente a actividades comerciales, en que se trata de convencer a la gente de que con los juegos de azar podrá conseguir el dinero que necesita; debemos luchar por crear un cultura del trabajo productivo, estimulando iniciativas productivas

(DE LOS CONSEJOS COMUNALES A LAS COMUNAS MARTA HARNECKER 1 ABRIL 2009) autogestionarias en nuestras comunidades y municipios. Relacionando el trabajo productivo con el pleno desarrollo humano y con la soberanía de Venezuela.

8) NECESIDAD DE APERTRECHARNOS DE CONOCIMIENTOS PARA LA GUERRA IDEOLÓGICA

25. Pero ese cambio cultural sólo se logrará si además de la voluntad de emprenderlo nos apertrecharnos de conocimientos para poder lograr tener un distanciamiento crítico de los mensajes que a diario nos trasmiten los medios de comunicación, para poder construir una visión del mundo apartir de nuestras raíces y no de los valores que difunde la globalización cultural actual.

26. Es cierto que estamos en la época de la imagen y no de la imprenta, pero tenemos que ser capaces de combinar la lectura con la imagen. Hacernos un tiempo a la semana para leer, paraestudiar.

27. Por eso es tan importante que participemos activamente en el motor Moral y Luces.

9) LOS LÍMITES DE LA PARTICIPACIÓN DIRECTA: UN SISTEMA DIFERENTE DE REPRESENTACIÓNPOLÍTICA

28. Pero no basta con que se ejerza la participación directa en las comunidades, en lugares de trabajo o de estudio.

29. Estos espacios si bien son ideales para que las personas se sientan dispuestas a participar, para que nada las inhiba, son sólo eslabones de una trama que debe ir desde lo pequeño hasta la naciónentera.

30. Hay problemas, soluciones e iniciativas que son competencia del consejo comunal, pero hay otras que trascienden ese espacio hacia el barrio o urbanización, la parroquia, el municipio, el estado y el país como un todo.

31. En esos espacios mayores es imposible la democracia directa, es necesario establecer algún tipode representación o delegación.

32. Como sabemos la democracia directa surgió en Atenas, una ciudad que entonces tenía alrededor de 300 mil habitantes donde sólo una décima parte eran considerados ciudadanos, es decir, unas 30 mil personas. Las mujeres y los esclavos eran excluidos de la participación democrática.

33. En ese contexto era posible realizar asambleas en las que todos los asistentes podían participar discutiendo y aprobando diferentes asuntos de la ciudad.

34. La democracia directa es viable a nivel local, en comunidades pequeñas, pero no lo es a nivel nacional, o en las grandes ciudades, salvo en casos muy excepcionales (plebiscito, referendo).

35. Hay que complementar la participación directa o democracia directa con un sistema político basado en el principio de la delegación. Nos parece que es en esto en lo que está pensando el Presidente cuando habla de federaciones y confederaciones de consejo comunales.

10) LOS CONSEJOS COMUNALES NO DEBEN SÓLO RESOLVER PROBLEMAS MATERIALES

36. No se trata sólo resolver problemas materiales sino también de realizar nuestros sueños. Es importante que nos preguntemos cómo nos gustaría que fuera nuestra comunidad y, si así lo hacemos, surgirán muchas ideas que nos ayudarán a ser más felices. Podrá surgir, por ejemplo, una sugerencia de cómo embellecer nuestras calles; de cómo crear una guardia nocturna de vecinos que tengan carro para llevar a los enfermos al hospital o módulos de salud en caso de emergencia y tantas otras ideas.

37. Y no sólo debe limitarse a resolver nuestros problemas y plasmar nuestros sueños, sino también debe ir más allá del consejo, participando a través de sus voceros en la discusión y definición de políticas correspondientes a niveles superiores.

38. Nuestros consejos comunales deberían, por ejemplo, estar discutiendo sobre los cinco motores.

11) SOLIDARIDAD CON LOS MÁS DESVALIDOS Y CON OTRAS COMUNIDADES

39. Por último, nuestros consejos comunales deberían estar preocupados y ocupados de contribuir a la resolución de los problemas de la pobreza en su territorio y a buscar formas de solidarizarse con otras comunidades más abandonadas si ese fuera el caso.

40. Estas son algunas ideas que quizá puedan ayudar a ir avanzando hacia la sociedad socialista que queremos construir, hacia esa sociedad en la que el pueblo juegue un papel cada vez más protagónico.

NOTA SOBRE EL PROYECTO NACIONAL SIMÓN BOLÍVAR

41. Es conveniente relacionar estas ideas con las Grandes líneas del Proyecto Nacional Simón Bolívar Primer Plan Socialista 2007-2013. He aquí una breve síntesis de estas líneas.Este documento plantea que es necesario construir una sociedad:



  • En la que todas y todos se sientan incluidos y que puedan alcanzar “la suprema felicidad social”como decía Simón Bolívar.


  • Que garantice la salud, la educación, la vivienda digna.


  • Que respete la naturaleza.


  • Que sea participativa y solidaria con otras comunidades.


  • Que tenga una organización social fuerte y logre transformar la debilidad individual en fuerzacolectiva.


  • Donde predomine no la lógica de la ganancia, sino la lógica de la satisfacción de las necesidadeshumanas.


  • Donde no exista división social del trabajo y haya desaparecido la estructura jerárquica.


  • Que tenga autonomía para decidir sobre el qué hacer en ella.


  • Donde se termine la explotación del hombre por el hombre y se trabaje bajo la idea de losproductores asociados.


  • Donde la gente no se sienta sola y se sienta útil a los demás.


  • Que tenga espacios para la convivencia, la recreación, el descanso.


  • Donde la juventud no sienta necesidad de emigrar a la ciudad.

PRESENTACIÓN DE LA QUERELLA ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO PARA JUZGAR A AZNAR POR SUS RESPONSABILIDADES EN LA GUERRA DE IRAQ




Manifiesto contra la impunidad por la guerra de Irak
Durante la primera mitad del año 2003 los españoles se movilizaron como nunca lo habían hecho para detener una guerra injusta, ilegal y amparada en mentiras, como se ha demostrado posteriormente. Con el apoyo del Partido Popular, José María Aznar, que entonces era Presidente del Gobierno español, decidió asumir el protagonismo a favor de esta guerra, dando la espalda a lo que exigía la ciudadanía en las calles y en las encuestas. A mediados de marzo de aquel año, José María Aznar, Tony Blair y George W. Bush fueron acogidos por José Manuel Durão Barroso en las islas Azores, desde las que lanzaron un ultimátum a Iraq con un plazo de 24 horas, durante el cual el presidente del país debería dimitir y deberían entregarse unas armas de destrucción masiva que ni existían ni había indicio real alguno de su existencia, como los inspectores de Naciones Unidas apuntaron en alguna ocasión. Transcurrido dicho plazo, y si no se llevaban a cabo las imposiciones que señalaban, los reunidos anunciaban la invasión de Iraq. Culminada la ocupación militar el 1 de mayo de 2003, Iraq entró en una situación de caos, devastación y muerte en la que diversas guerras cruzadas han impedido a los ocupantes conseguir sus propósitos.
Al no contar con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, esta guerra fue ilegal y ninguna resolución posterior de dicho organismo puede borrar este hecho. Esto significa que, según el Derecho Internacional, los efectos de esta agresión son crímenes de guerra y los ejecutores e inductores de crímenes de guerra son criminales de guerra. La participación española en la misma se realizó sin la aprobación del Congreso de los Diputados de nuestro país. Esta participación sería disfrazada de ayuda internacional, tras proclamarse un falso fin de la guerra que aún hoy no se ha producido y enmascarando como ayuda humanitaria al pueblo iraquí aquello que realmente era ayuda a los militares invasores, aliados del gobierno español de aquel momento. Tal guerra sigue provocando decenas de muertes todos los días y no es posible desvincularla de las principales causas de los atentados terroristas de Madrid del 11 de marzo de 2004 ni de los de Londres de 7 de Julio de 2005. La cantidad de muertos generada por la Guerra de Iraq, calculada en 700.000, no para de crecer ni tiene visos de detenerse.
Cuatro años después del inicio de la guerra, disponemos de la perspectiva suficiente para entender que la actuación concreta de Aznar como Presidente del Gobierno español y del Partido Popular, protagonistas activos de aquella invasión, debe ser sometida a un examen penal que determine sus posibles responsabilidades penales y anuncie para el futuro que quienes colaboren en una guerra ilegal no resultarán impunes por el mero hecho de desempeñar un puesto de prominencia política. Entendemos que éstas son las verdaderas acciones preventivas en favor de los derechos humanos.
Por ello, solicitamos a los partidos políticos que se oponen a la guerra de Iraq y a los que no quieran seguir siendo cómplices de la misma que colaboren activamente en la exigencia de responsabilidades políticas, pero también judiciales de José María Aznar. Asimismo, esperamos de las instancias judiciales que apliquen el principio de igualdad ante la ley y no amparen la impunidad de quienes hayan violado la legalidad, estatal y/o internacional, por su especial relevancia política. También llamamos a la ciudadanía a asumir el protagonismo que se ganó en las movilizaciones contra la guerra, reclamando ahora la responsabilidad de quien no quiso escuchar entonces nuestras voces.
Madrid, 31 de mayo de 2007
Plataforma Juicio a Aznar
La impulsora de la iniciativa es la "Plataforma Juicio a Aznar"
La querella de la Plataforma "Juicio a Aznar" pretende la imputación del ex-presidente por tres
delitos
Sábado, 4 de abril.
El PCE, junto a la ’Plataforma Juicio a Aznar’ presentaron ayer ante Tribunal Supremo la querella firmada formalmente por cientos de ciudadanos ante notaría el pasado 31 de marzo, que pide responsabilidad a José María Aznar, y los entonces ministros de Defensa y Exteriores, Federico Trillo y Ana Palacio, por "meter a España en la guerra de Irak". Además los querellantes acusan a los tres dirigentes populares por los 192 muertos en el 11-M como consecuencia de su apoyo a la intervención militar.
Ante la puerta del Tribunal Supremo se concentró medio centenar de simpatizantes y firmantes de la querella que portaban pancartas con la leyenda "No a la impunidad, juicio a Aznar". Asimismo, algunos de ellos portaban dibujos de manos con pintura roja que simulaba sangre junto al nombre del ex presidente del Gobierno. Entre los presentes se econtraba el secretario general del PCE, Francisco Frutos.
"Era absolutamente necesario, esto es una querella que no debe prescribir, es la querella de los derechos humanos frente al crimen cometido en este caso con lesa humanidad del cual es responsable Aznar", aseguró Frutos en declaraciones a los medios una vez presentada en la querella. "Confió en que el Tribunal Supremo sabrá leer lo que ocurre en el mundo, sabrá mirar a los ojos al 80 por ciento de los ciudadanos españoles , que en aquel momento estaba contra la guerra por encima incluso de ideologías", dijo.
Otra de las firmantes de la querella que acudió hoy al TS fue Isabel Casanova, madre de uno de los fallecidos del 11-M. "Para mi es uno de los días desde hace cinco años en el que estoy sonriendo, nos merecemos que esto se admita a trámite, porque los muertos los hemos puesto nosotros", aseguró visiblemente emocionada. "Espero que el tribunal sepa mirar a los hijos como el de esta mujer que fue asesinado como responsabilidad directa de la actuacion de Aznar y su Gobierno en la guerra de Irak", insistió Frutos.
El texto de la querella que presentada ante el Tribunal Supremo dice literalmente que la implicación de España fue "total y absoluta" en la tragedia de la guerra de Irak. No sólo por el apoyo militar en la guerra, sino también por el político y el logístico, como lo prueban, según los precursores de la iniciativa, las reuniones entre Aznar y Bush en Crawford y en las Azores antes de la invasión.
"11-M, UNA CONSECUENCIA DE LA GUERRA"
La querella también asegura que los atentados del 11 de marzo fueron consecuencia directa de la participación de España en la guerra. Concretamente, uno de los letrados Agustín Morán explicó que "seis años después" la querella persigue "la defensa de la paz y de la democracia". Según dijo, su acción pretende la imputación de Aznar "por tres delitos".
"El primero tiene que ver con la declaración de guerra al margen de lo que la Constitucion establece y que contempla el delito de alta traición, un segundo delito por toda la muerte y devastación orignida por las decisiones de la invasión de Irak, miles y miles de muertes y de destrucción de bienes y por último también se le acusa por los 192 muertos y los 2000 heridos que hubo como consecuencia de los atentados del 11-M porque se ha acreditado que hay una relación causa efecto entre ese atentado y la participación del Estado español en la invasión de Irak", explicó el abogada.
El artículo 588 del Código Penal establece una pena de prisión de 15 a 20 años para los miembros del Gobierno que, sin cumplir con lo dispuesto en la Constitucion, declararán la guerra o firmarán la paz.
El respaldo a esta querella se concretó recientemente con firmas -que ya suman más de 20.000- ante un notario de Madrid. Cualquier ciudadano puede suscribir la iniciativa acudiendo a un notario para dar poderes a los procuradores. También existe la posibilidad de adherirse a la querella una vez presentada, acudiendo a la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo el día que se habilitará para ello.
La impulsora de la iniciativa es la ’Plataforma Juicio a Aznar’, que engloba a diferentes colectivos sociales y en la que se encuentra también el ex coordinador general de IU y ex secretario general del PCE, Julio Anguita, así como muchos otros políticos y personas públicas de izquierdas.
La citada plataforma ha venido desarrollando sus trabajos de una forma discreta desde mayo de 2007, y en la misma se encuentran integrados diversos colectivos, entre los que se encuentran diversos abogados. De hecho, los querellantes anunciaron hoy la presencia de Anguita en la presentación de la querella, aunque finalmente ésta no se produjo por problemas personales.

Si queréis leer el texto completo de la querella, podréis descargarlo en este enlace:
Si queréis leer el llamado "Estatuto de Roma", documento de la Corte Penal Internacional (CPI) de 17 de julio de 1998, que define los crímenes de guerra y contra la humanidad y que fue firmado por España en esa fecha y ratificado posteriormente el 25 de octubre de 2000, curiosamente cuando nos "gobernaba" Aznar, clickead aquí. Tendréis la oportunidad de comprobar cuántos artículos se saltó él mismo.

CUMBRE DEL G-20: Parole, parole, parole.....




La cumbre de Londres ha terminado con un comunicado que va mucho más allá que cualquier otro en la historia económica reciente. Hay que reconocer que hacía mucho tiempo que no se reconocía un fracaso político y de ideario de modo tan explícito y que no se ponía tan claramente en negro sobre blanco la necesidad de orientar la economía mundial hacia otros derroteros.
El final de la era del secreto bancario, la puesta en cuestión de los paraísos fiscales, el reconocimiento de los "grandes fracasos" de la regulación financiera dominante, el tránsito hacia una "economía verde", la toma en cuenta de la "dimensión humana de la crisis", la apuesta por el gasto intervencionista e incluso por la política monetaria expansiva para lograr una recuperación "inclusiva, verde y sostenible" de la economía son expresiones que hasta hace muy poco solo eran propias de ecologistas izquierdosos u otras gentes de mal vivir y que ahora, sin embargo, asumen como suyas los líderes del mundo.
Hay que felicitarse por ese cambio de lenguaje que incluso está exasperando a las derechas instaladas en el liberalismo de cartón piedra neo-con que frente a la crisis reclaman todavía más mercado y menos gasto, como entre nosotros propone el inefable ex presidente Aznar, es decir, más de lo que justamente la ha provocado.
Además, se ha acordado movilizar un billón de dólares para combatir la crisis, una cantidad ingente si se compara con lo que se ha hecho en otras ocasiones aunque sea, sin embargo, francamente insuficiente para todo el planeta si se tiene en cuenta que es la misma que acaba de movilizar solo para Estados Unidos su presidente Obama y que, en realidad solo, una cuarta parte irá destinada a fomentar directamente el comercio mundial.
Se trata, en todo caso, de un acuerdo histórico y que en su letra va mucho más allá de lo que la mayoría de los analistas y ciudadanos quizá estábamos esperando. Podría ser de gran calado si los principios más abstractos que contiene se concretaran en el futuro, pero se puede quedar en muy poco si se limita a poner en marcha lo que anuncia que se hará de forma inmediata.
Efectivamente, solo hay dos grandes cuestiones que se pueden considerar como virtualmente materializadas: el billón de dólares y la creación de una gran agencia para supervisar las finanzas internacionales.
Pero el billón de dólares es muy posible que sea escaso si, por ejemplo, se extiende la depresión en Europa del este (en donde ya están prácticamente paralizadas las economías de Ucrania, Hungría, Rumania, Letonia, Lituania, Bulgaria...), si llega con más fuerza a América Latina o si prosiguen los problemas bancarios, como es previsible. Y, además, se trata de fondos que no está seguro que queden finalmente vinculados a usos que aseguren que realmente la economía cambie hacia la orientación productiva que se propone el documento.
Por el contrario, creo que sí cabe esperar algo más en el futuro de la agencia supervisora. Seguramente, el inicio de una nueva era financiera que no podrá repetir lo que ha venido sucediendo hasta ahora, sencillamente, porque así el capitalismo se come a sí mismo.
Pero, en todo caso, u aunque abrirá con más o menos dificultades la nueva etapa y los nuevos modelos de prácticas financieras, no podrá resolver a corto plazo el problema fundamental que tiene planteada la economía mundial y al que la cumbre no ha dado una respuesta clara ni operativa: la falta de financiación bancaria a la actividad económica.
Como tampoco se ofrecen soluciones inmediatas y coherentes con el ánimo de transparencia, responsabilidad y rigor a la masiva "intoxicación" del sistema bancario global y sin cuyo remedio no se podrá garantizar que la economía vuelva a recuperar su tono vital.
Por otro lado, se abren rendijas a través del comunicado final de la cumbre a reformas que podrían ser sustanciales como las del secreto bancario o la desaparición de los paraísos fiscales pero que realmente no suenan sino a fuegos de artificio porque al mismo tiempo que se plantean se da como inamovible el principio de libertad de los capitales, o porque no se contempla la imposición internacional o el establecimiento de regímenes bancarios muy distintos al que ha terminado por consolidarse y que son los factores que incentivan y hacen posible la especulación financiera.
Curiosamente, en el comunicado se va más lejos que nunca en la formulación de objetivos y deseos estabilizadores e incluso sociales, en relación con el empleo, con el medio ambiente, con la cooperación, la intervención estatal o la regulación represiva de las finanzas internacionales. Pero, al mismo tiempo, se mantienen las bases que en estos últimos años le han hecho tanto daño: los "principios del mercado", el orden comercial que ha incrementado las asimetrías y desigualdades entre las naciones, la privatización y mercantilización de los servicios esenciales y, por supuesto, las instituciones internacionales que más empobrecimiento consciente, daño económico y sufrimiento humano han provocado quizá en toda la historia de la humanidad: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC.
Mucho tendrá que cambiar la voluntad, las ideas y la actuación de los actuales gobernantes para que estos organismos, en donde es materialmente imposible que se reflejen democráticamente los intereses de los empobrecidos, pasen a tener un papel diferente al que vienen desempeñando.
Es significativo, por ejemplo, que en el documento no aparezcan mencionadas ni una sola vez palabras como pobreza, desigualdad o hambre, cuando están muriendo casi 30.000 personas cada día por ésta última causa. O que se mencione la necesidad de limitar los sueldos de los directivos (que al fin y al cabo son pecata minuta en el mundo de las grandes finanzas) y no los inmensos beneficios de los bancos y de los grandes financieros y corporaciones, que es lo que verdaderamente determina la pauta distributiva y, por tanto, la vida de la gente. Y, por supuesto, que para nada se haga mención de las políticas deflacionistas que en los últimos años han producido una pérdida fatal de la capacidad de compra y, en consecuencia, del dinamismo de las economías que ha contribuido en tan gran medida a producir la crisis.
Es sintomático, por ejemplo, que al mismo tiempo que en la cumbre se proclamaba la necesidad de más transparencia y rigor regulatorio, en Estados Unidos se haya comenzado a flexibilizar el principio contable del market-to-market (que obliga a valorar los activos a precios e mercado) para poder hacerlo a los de adquisición y así mejorar artificial y falsamente las cuentas de los bancos. Una "mentira piadosa", en expresión del catedrático de Contabilidad Oriol Amat, que ya se hace en Europa desde octubre del año pasado.
Lo que sucede, en definitiva, es que los deseos que manifiesta el documento de conclusiones de la cumbre podrían ser encomiables pero los medios, en su mayor parte, van a resultar de muy poca efectividad sencillamente porque no se han planteado claramente las causas de la crisis. Y sin poner en claro las causas de la enfermedad solo un milagro puede hacer que el médico pueda curarla.
Más bien parece que los distintos países o grupos de ellos han tomado posiciones para el futuro. Estados Unidos (como ya señalé en un artículo anterior) no ha esperado a los demás y tomó la decisión de salvarse gracias a que puede tirar de la máquina de hacer billetes. Ha movilizado hasta ahora casi 13 billones de dólares en forma de gasto, garantías o préstamos (casi el 100% de su PIB que es de 14,2 billones de dólares), a costa de incrementar de modo colosal la circulación monetaria. El Reino Unido se ha unido a esa estela a fin de evitar que una profundización de la crisis dinamite por completo su emporio financiero que está tan directamente vinculado a la lógica financiera que ha provocado la crisis. Y, por otro lado, China trata de salvar los muebles como puede, garantizándose mercados exteriores y evitando que sus reservas de dólares no terminen por ser puro papel mojado. Europa (que ha movilizado recursos por un valor que no llega ni al 5% de su PIB), y diga lo que diga Sarkozy después de su representación teatral previa, ha pintado muy poco, a punto como está de que el viento del este le produzca una neumonía doble..
En suma, Estados Unidos ha hecho unas cuantas concesiones retóricas que no vienen mal a Obama y se dispone a liderar la salida a la crisis inundando una vez más de su moneda al resto del mundo. Si logra salvar pronto su aparato productivo se abrirá para todos una espita de luz en unos meses. Si no lo consigue, no le quedaría otro recurso que el de la inflación para aliviar la deuda que está generando contra el mundo. O la guerra.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla). Su página web: http://www.juantorreslopez.com/

sábado, 21 de marzo de 2009

DOCE SECUENCIAS PARA CONOCER A UN SINDICALISTA SERVIL Y MODERNO

€ y $ dos monedas del capitalismo.
Como el sindicalismo oficial español,
Diferentes nombres la misma moneda


Por fin apareció en el centro laboral por el que figura como “liberado” sindical.

Jorge López Ave



I
Por fin apareció en el centro laboral por el que figura como “liberado” sindical. Eso sí, cuando pasó el umbral de la factoría, y dejó a un lado el panel donde los obreros ponen su tarjeta para fichar a las siete de la mañana, se dio cuenta que hacía como tres años que no la visitaba, concretamente, desde las últimas elecciones sindicales, donde vino a hacer campaña. Tan es así, que el guardia de la puerta no lo conoció, le pidió el documento y le preguntó sin segunda intención, a dónde iba. El trasiego de mil ocupaciones representando a sus compañeros, viajes por todo el país y alguna que otra lucha interna en el aparato del sindicato, lo alejaron del día a día de la fábrica, pero eso no quita para que se sienta como en casa. Por ello, respondió al vigilante con orgullo, “vengo a ver a mis compañeros”. Pero no pudo evitar que la frase sonara algo hueca y que el interrogador lo mirara por encima de los lentes y le dijera con un hilo desdeñoso: “¿lo esperan?”. Iba a decir que sí, luego dudó y pensó decir que no, pero se decidió por algo más seguro, “claro, soy del sindicato”.
II
Sí notó algo de frialdad al principio, en los saludos y reencuentros, pero luego, al lado de la máquina que expende café, junto a los más antiguos, ya fue notando el cariño y aprecio de los suyos, de sus votantes de siempre que lo conocen bien, aunque haga mucho tiempo que no los vea, aunque ahora tenga ropa de más calidad y la corbata, guardada en el bolsillo, para que sus compañeros vean que sigue como siempre. “Son exigencias de algunas reuniones”, tenía previsto decir si alguien se la hubiera visto. Un corro de más de treinta trabajadores y una pregunta a bocajarro, “¿a qué ha venido?” de uno de los más jóvenes, seguramente de un eventual, de esos radicalizados que nos le viene bien nada, provoca su primera intervención. Habla de la crisis que atraviesa el sector, de que vamos a capear el temporal como podamos, que tenemos que garantizar el empleo como primer cosa, y luego, eleva el tono un poco para decir que hay que permanecer unidos y si eso pasa por no cobrar aguinaldos ni extras el año que viene, todo sea por preservar el puesto. Las caras largas de la mayoría y un comentario al fondo de disconformidad, coincide con la bocina y la vuelta al trabajo. El más viejo se le acerca, cuando todos se van, lo agarra por el brazo y le comenta, “y es lógico, esto no le gusta a nadie pero la gente anda preocupada por su puesto de trabajo y van a aceptar la propuesta del sindicato, seguro”, y le dice casi en secreto que lo deje de su mano. Luego, cuando confirma que se han ido todos, le pregunta si tiene noticias de su jubilación anticipada. El sindicalista repite la escena hasta cuatro veces a lo largo de la mañana, para tener la certeza de haber llegado con el mensaje sindical a la mayoría, sin necesidad de asamblea, que la última tuvo un resultado poco alentador, y eso que se hizo al poco de ganar las elecciones.
III
No se trata de una cena para festejar nada, es más, el sitio es normalito, un restaurante discreto a las afueras de la ciudad, donde no se necesitó ir con ropa especialmente lustrosa. El sindicalista, cuando llega su turno, abre la libreta y hace un repaso del trabajo hecho durante la semana. Dice que de las cinco fábricas, cuatro van a aceptar sin problema, y una tiene un grupo radical organizado que está intentando forzar una asamblea. Sus jefes sindicales carraspean y se miran de un modo contrariado, como para que quede claro que no contaban con ese problema. El sindicalista suda un poco, porque sabe que como la dirección del sindicato diga que algo ha fallado, y que se tiene que poner manos a la obra para evitar esa asamblea como sea, él tiene los días contados como representante. Una voz del responsable de organización rompe la duda y dice, “bueno, te damos hasta el martes para solucionarlo, sino entramos nosotros”. Sabe por experiencia ajena que en el “entramos nosotros” viene adjunto un mensaje claro, “y usted, compañero, se va al cuarto de las fotocopias, hasta que se le ubique en otro lugar”. No pidió postres ni copa. Su cabeza empezó a dar vueltas en cómo convencer a los suyos en esa fábrica para que no haya asamblea.
IV
En el taxi, en la ducha, en la cama, siguió dándole vueltas en cómo evitar la dichosa asamblea. Dividir al grupo radical, pagar a alguien para que ponga un petardo en la puerta de la factoría y provocar así la repulsa del resto a ese grupito ultra izquierdista, buscar en el currículo de esos portavoces algo que los desacredite, amenazar con que los expedientes para cerrar fuentes de trabajo empezarían por esa factoría porque la gente está más desunida... . A la mañana siguiente se presentó en la fábrica y vio con sorpresa que había carteles por todos lados anunciado el día y la hora de la asamblea y, por si fuera poco, eslóganes en las paredes como “la clase obrera en lucha”, “ricos hijos de puta”, “viva la democracia obrera”, “sindicato vendido”, “asamblea, ya”, “que la crisis la paguen los ricos”, incluso uno muy directo “No a la burrocracia sindical” que le confirmaron lo atrás en el tiempo que se había quedado toda esa gente, y lo bien que había hecho él apostando por un sindicalismo moderno, de negociación y paz social. Eso le dio fuerza y ánimo para llamar a sus jefes e informarle que la asamblea iba, lamentablemente, para adelante, pero que él se encargaba de ganarla. Y lo dijo en un tono severo, como para evitar dudas y réplicas.
V
Lo primero fue informar a la patronal de esa fábrica, que había una situación delicada y que necesitaría su apoyo. En la reunión secreta en el salón de un hotel, barajaron los nombres de los líderes radicales y estudiaron qué se podía hacer. El sindicalista sugirió que los agruparan a todos en el mismo turno para que no contaminaran más de la cuenta ,y si era posible, que fuera en el de madrugada. Les preguntó abiertamente si alguno de ellos era consumidor de drogas, si alguno le pegaba a su pareja o si tenían sanciones por incumplimiento laboral. La patronal no pudo responder nada concreto y ahí se acabó la pesquisa. Eso sí, le comentaron que en ese grupito había comunistas y anarquistas trabajando juntos. El sindicalista dijo un tajante, “qué antigüedad, por Dios” que provocó la sonrisa y el golpecito en el hombro de uno de los patrones. Luego hubo un whisky on the rocks en un lugar cercano para relajarse y confraternizar un rato.
VI
Remangado, rodeado de papeles, con dos de sus colaboradores a su vera, punteando el censo de todos los trabajadores de esa fábrica, se sentía casi entusiasmado. Estaba ante un reto del que iba a salir vencedor, y eso iba a provocar que lo tuvieran en cuenta en la próxima restructuración de la dirección sindical, podría aspirar, por fin, a formar parte del núcleo duro del sindicato, de estar entre los que deciden. Por eso hablaba con una convicción contagiosa, “hay un 35% de trabajadores de oficina, de repartidores y de directivos, esos son todos nuestros”, “faltaría un 16%” le recordó un colaborador. “Hay que llamar uno por uno a nuestros afiliados, crear logística para que vayan a votar sí o sí. Digo taxis, coches que los recojan, etcétera”. Así siguieron durante casi toda la tarde, con el apremio lógico de estar a 72 horas de una asamblea crucial.
VIIDe vuelta a casa pensó en quién podría conocer a alguno de esos radicales para tocarlo, para ofrecerle algo de dinero y un puesto en otra fábrica, en otra ciudad, con un aumento de sueldo, un viaje de turismo con su familia y, sobre todo, la palabra del sindicato de total discreción y silencio. Se dio ánimo en la certeza que cosas parecidas habían ocurrido otras veces y se había salido con éxito. Luego, su cabeza volvió a la asamblea y en que necesitaba articular un discurso efectista, coherente, que explicara las cosas con claridad a los indecisos. Se sintió fuerte, como en los viejos tiempos, iba a ganarles con la dialéctica, con la palabra y entró en su casa a preparar la intervención ante el espejo.
VIII
La lectura serena de los estatutos a cargo de uno de sus colaboradores, le dio una clave importante, los antiguos trabajadores, ahora jubilados, podían participar de la asamblea y de su votación. Sonrío. La cosa estaba resuelta, sólo quedaba localizarlos, hablar con ellos, recordarle la jubilación conseguida en su día con una buena negociación del sindicato, y explicarle que su asistencia era necesaria para no dejar en manos de fanáticos el futuro sindical de la fábrica. Uno de sus colaboradores se prendió del teléfono y del listado de 146 compañeros pensionistas a los que había que ubicar como sea.
IX
Como era previsible, el aparato empresarial no se quedó de brazos cruzados. Movió hilos y cuerdas, utilizando su poder con toda la astucia posible. De entre las medidas adoptadas, la más eficaz, la aprobación de una partida de dinero para los trabajadores, a modo de regalía, si tenían a bien apoyar la propuesta sensata del sindicato y dar la espalda a locuras y aventurerismos sediciosos. La decisión fue convenientemente comunicada al sindicalista en una llamada telefónica muy escueta y reservada.
X
El día equis. Todo funcionando como un reloj. Cada actor en su papel. Una asamblea importante fijada para el final de la mañana, y el sindicalista apurando los detalles de intendencia. Jeans usados, la camisa raída de otras ocasiones, barba calculada de tres días y un discurso mil veces repasado, listo para ser dicho con todas las exclamaciones, subidas de tono y silencios planificados. Los suyos, ubicados estratégicamente entre los trabajadores; los jubilados, prestos para aplaudir, votar e ir a un almuerzo de confraternización y nostalgias con todo pagado pero, sobre todo, la seguridad y la confianza de que la decisión de la patronal de dar dinero, había llegado a cada uno de los presentes.
XI
Hubo algunos dimes y también diretes sobre quién intervendría primero, sabedores todos que el segundo tiene siempre alguna ventaja emocional en quien escucha, por eso, el sindicato dio una dura batalla. Los llamados radicales hicieron un discurso revolucionario, apelando a la lucha, las movilizaciones, a cortar las calles con gomas quemadas, a ocupar la fábrica, a hacer ollas populares, a extender el conflicto. Llamaron traidores y vendidos al capital al sindicato en repetidas veces. Desde los trabajadores respondieron con aplausos y puños en alto, incluso con un grito desde el fondo amenazando a la patronal con colgarlos como a cerdos que fue muy festejado. El sindicalista esperó su momento y subió a la tribuna despacio, por supuesto sin papeles, y cuando se acomodó los lentes, su gente lo saludó con un aplauso breve pero cálido, tal como se había planificado. Dijo que él no iba a anunciar ni el fin del capitalismo ni a llamar a luchas estériles, sino que apelaría a la responsabilidad histórica de la clase obrera, al buen hacer de sus representantes en cada mesa de negociación a la que se había acudido en estos últimos años, y argumentó que venían malos tiempos, pero no sólo para el gremio sino para todo el país y el planeta, como cualquiera puede ver en la televisión. Dijo que era necesario un pequeño esfuerzo solidario, y que eso posibilitaría mantener el trabajo de cada uno de los trabajadores, de afrontar sus deudas y la comida de sus hijos. De no ser así, terminó, él mismo vendría a dar la cara y a proponer otras medidas de lucha, pero que ahora no es momento más que para la sensatez y la calma. Hubo aplausos que taparon algún pitido, vivas que obviaron algún insulto, y dos personas trayendo una mesa con una urna para que la asamblea decidiera. Mientras, el sindicalista iba junto a los suyos, apretaba las manos, se abrazaba y una mezcla de intuición y energía en el ambiente le decía que ganaba la asamblea.
XII
El sindicalista ocupa nuevamente su despacho tras una semana de justas vacaciones, que disfrutó pescando en un pueblo alejado. Ahora, sus jefes, lo felicitan y ponen de ejemplo a los demás de lo que sigue siendo un sindicalista que sabe estar en los momentos difíciles. Sabe que ha superado una prueba y que es muy posible que le ofrezcan por ello un ascenso en el organigrama del sindicato, con lo que eso significa de dietas y viáticos. Pero, él tiene otros planes. Ya ha dado el sí a la dirección de la empresa con la que trabajó codo a codo para ganar la asamblea, para ser jefe de personal en una fábrica nueva que abrirán en un país vecino. El sueldo es diez veces mayor y todo el mundo tiene derecho a progresar.

jueves, 5 de marzo de 2009

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA DE JOSÉ SARAMAGO EN 1998


El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después
del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?". Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa. Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza". Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.
Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de la memoria, la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar a vivir. La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere, me llevaría a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya con casi ochenta años) donde mis padres aparecen. "Están los dos de pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque el día siguiente será implacablemente otro día. Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas". Y terminaba: "Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas. Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere, llegando del norte de Africa, otro abuelo pastor de cerdos, una abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una flor en un retrato ¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué mejor árbol me apoyaría?". Escribí estas palabras hace casi treinta años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar instantes de la vida de las personas que me engendraron y que estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se hizo la persona que comencé siendo y ésta en que poco a poco me he convertido. Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga. A mi árbol genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan menguada la sustancia de su savia) no le faltaban sólo algunas de aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida van desgajando del tronco central. También le faltaba quien ayudase a sus raíces a penetrar hasta las capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura, transformándolos de las simples personas de carne y hueso que habían sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y al mismo tiempo criatura de ellos. En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.
Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir, esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que los movía. De esos maestros el primero fue, sin duda, un mediocre pintor de retratos que designé simplemente por la letra H., protagonista de una historia a la que creo razonable llamar de doble iniciación (la de él, pero también, de algún modo, la del autor del libro, protagonista de una historia titulada "Manual de pintura y caligrafía", que me enseñó la honradez elemental de reconocer y acatar, sin resentimientos ni frustraciones, sus propios límites: sin poder ni ambicionar aventurarme más allá de mi pequeño terreno de cultivo, me quedaba la posibilidad de cavar hacia el fondo, hacia abajo, hacia las raíces. Las mías, pero también las del mundo, si podía permitirme una ambición tan desmedida. No me compete a mí, claro está, evaluar el mérito del resultado de los esfuerzos realizados, pero creo que es hoy patente que todo mi trabajo, de ahí para adelante, obedeció a ese propósito y a ese principio. Vinieron después los hombres y las mujeres del Alentejo, aquella misma hermandad de condenados de la tierra a que pertenecieron mi abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames. Cobrando por menos que nada una vida a la que los seres cultos y civilizados que nos preciamos de ser llamamos, según las ocasiones, preciosa, sagrada y sublime. Gente popular que conocí, engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa. Tres generaciones de una familia de campesinos, los Mau-Tempo, desde el comienzo del siglo hasta la Revolución de Abril de 1974 que derrumbó la dictadura, pasan por esa novela a la que di el título de "Alzado del suelo" y fue con tales hombres y mujeres del suelo levantados, personas reales primero, figuras de ficción después, con las que aprendí a ser paciente, a confiar y a entregarme al tiempo, a ese tiempo que simultáneamente nos va construyendo y destruyendo para de nuevo construirnos y otra vez destruirnos. No tengo la seguridad de haber asimilado de manera satisfactoria aquello que la dureza de las experiencias tornó virtud en esas mujeres y en esos hombres: una actitud naturalmente estoica ante la vida. Teniendo en cuenta, sin embargo, que la lección recibida, pasados más de veinte años, permanece intacta en mi memoria, que todos los días la siento presente en mi espíritu como una insistente convocatoria, no he perdido, hasta ahora, la esperanza de llegar a ser un poco más merecedor de la grandeza de los ejemplos de dignidad que me fueron propuestos en la inmensidad de las planicies del Alentejo. El tiempo lo dirá.
¿Qué otras lecciones podría yo recibir de un portugués que vivió en el siglo XVI, que compuso las "Rimas" y las glorias, los naufragios y los desencantos patrios de "Os Lusíadas", que fue un genio poético absoluto, el mayor de nuestra literatura, por mucho que eso pese a Fernando Pessoa, que a sí mismo se proclamó como el Super-Camoens de ella? Ninguna lección a mi alcance, ninguna lección que yo fuese capaz de aprender salvo la más simple que me podría ser ofrecida por el hombre Luis Vaz de Camoens en su más profunda humanidad, por ejemplo, la humildad orgullosa de un autor que va llamando a todas las puertas en busca de quien esté dispuesto a publicar el libro que escribió, sufriendo por eso el desprecio de los ignorantes de sangre y de casta, la indiferencia desdeñosa de un rey y de su compañía de poderosos, el escarnio con que desde siempre el mundo ha recibido la visita de los poetas, de los visionarios y de los locos. Al menos una vez en la vida, todos los autores tuvieron o tendrán que ser Luis de Camoens, aunque no escriban las redondillas de "Sobolos rios". Entre hidalgos de la corte y censores del Santo Oficio, entre los amores de antaño y las desilusiones de la vejez prematura, entre el dolor de escribir y la alegría de haber escrito, fue a este hombre enfermo que regresa pobre de la India, adonde muchos sólo iban para enriquecerse, fue a este soldado ciego de un ojo y golpeado en el alma, fue a este seductor sin fortuna que no volverá nunca más a perturbar los sentidos de las damas de palacio, a quien yo puse a vivir en el teatro en el escenario de la pieza de teatro llamada "Que farei con este livro?" ("¿Qué haré con este libro?"), en cuyo final resuena otra pregunta, aquélla que importa verdaderamente, aquélla que nunca sabremos si alguna vez llegará a tener respuesta suficiente: "¿Qué haréis con este libro?". Humildad orgullosa fue ésa de llevar debajo del brazo una obra maestra y verse injustamente rechazado por el mundo. Humildad orgullosa también, y obstinada, esta de querer saber para qué servirán mañana los libros que vamos escribiendo hoy, y luego dudar que consigan perdurar largamente (¿hasta cuándo?) las razones tranquilizadoras que quizá nos estén siendo dadas o que estamos dándonos a nosotros mismos. Nadie se engaña mejor que cuando consiente que lo engañen otros.
Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que hay detrás de la piel de las personas. El se llama Baltasar Mateus y tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor, la tierra. Se aproxima también un padre jesuita llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del todavía más simple respeto. Sontres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío. Los sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia del "Memorial del convento", un libro en que el aprendiz de autor, gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: "Además de la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una corona de lunas, por eso el cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo". Que así sea.
De las lecciones de poesía,sabía ya alguna cosa el adolescente, aprendidas en sus libros de texto cuando, en una escuela de enseñanza profesional de Lisboa, andaba preparándose para el oficio que ejerció en el comienzo de su vida de trabajo: el de mecánico cerrajero. Tuvo también buenos maestros del arte poético en las largas horas nocturnas que pasó en bibliotecas públicas, leyendo al azar de encuentros y de catálogos, sin orientación, sin alguien que le aconsejase, con el mismo asombro creador del navegante que va inventando cada lugar que descubre. Pero fue en la biblioteca de la escuela industrial donde "El año de la muerte de Ricardo Reis" comenzó a ser escrito. Allí encontró un día el joven aprendiz de cerrajero (tendría entonces 17 años) una revista - "Atena" era el título - en que había poemas firmados con aquel nombre y, naturalmente, siendo tan mal conocedor de la cartografía literaria de su país, pensó que existía en Portugal un poeta que se llamaba así: Ricardo Reis. No tardó mucho tiempo en saber que el poeta propiamente dicho había sido un tal Fernando Nogueira Pessoa que firmaba poemas con nombres de poetas inexistentes nacidos en su cabeza y a quien llamaba heterónimos, palabra que no constaba en los diccionarios de la época, por eso costó tanto trabajo al aprendiz de las letras saber lo que ella significaba. Aprendió de memoria muchos poemas de Ricardo Reis ("Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no mínimo que fazes"), pero no podía resignarse, a pesar de tan joven e ignorante, a que un espíritu superior hubiese podido concebir, sin remordimiento, este verso cruel: "Sábio é o que se contenta com o espectáculo do mundo". Mucho, mucho tiempo después, el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela para mostrar al poeta de las "Odas" algo de lo que era el espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la guerra de Franco contra la República española, la creación por Salazar de las milicias fascistas portuguesas. Fue como si estuviese diciéndole: "He ahí el espectáculo del mundo, mi poeta de las amarguras serenas y del escepticismo elegante. Disfruta, goza, contempla, ya que estar sentado es tu sabiduría". "El año de la muerte de Ricardo Reis" terminaba con unas palabras melancólicas: "Aquí donde el mar acabó y la tierra espera". Por tanto no habría más descubrimientos para Portugal, sólo como destino una espera infinita de futuros ni siquiera imaginables: el fado de costumbre, la saudade de siempre y poco más. Entonces el aprendiz imaginó que tal vez hubiese una manera de volver a lanzar los barcos al agua, por ejemplo mover la propia tierra y ponerla a navegar mar adentro. Fruto inmediato del resentimiento colectivo portugués por los desdenes históricos de Europa (sería más exacto decir fruto de mi resentimiento personal), la novela que entonces escribí - "La balsa de piedra" - separó del continente europeo a toda la Península Ibérica, transformándola en una gran isla fluctuante, moviéndose sin remos ni velas, ni hélices, en dirección al Sur del mundo, "masa de piedra y tierra cubierta de ciudades, aldeas, ríos, bosques, fábricas, bosques bravíos, campos cultivados, con su gente y sus animales", camino de una utopía nueva: el encuentro cultural de los pueblos peninsulares con los pueblos del otro lado del Atlántico, desafiando así, a tanto se atrevió mi estrategia, el dominio sofocante que los Estados Unidos de la América del Norte vienen ejerciendo en aquellos parajes. Una visión dos veces utópica entendería esta ficción política como una metáfora mucho más generosa y humana: que Europa, toda ella, deberá trasladarse hacia el Sur a fin de, en descuento de sus abusos coloniales antiguos y modernos, ayudar a equilibrar el mundo. Es decir Europa finalmente como ética. Los personajes de "La balsa de piedra" - dos mujeres, tres hombres y un perro - viajan incansablemente a través de la Península mientras ella va surcando el océano. El mundo está cambiando y ellos saben que deben buscar en sí mismos las personas nuevas en que se convertirán (sin olvidar al perro que no es un perro como los otros). Eso les basta. Se acordó entonces el aprendiz que en tiempos de su vida había hecho algunas revisiones de pruebas de libros y que si en "La balsa de piedra" hizo, por decirlo así, revisión del futuro, no estaría mal que revisara ahora el pasado inventando una novela que se llamaría "História do Cerco de Lisboa", en la que un revisor trabajando un libro del mismo título, aunque de historia, y cansado de ver cómo la citada historia cada vez es menos capaz de sorprender, decidió poner en lugar de un "sí" un "no", subvirtiendo la autoridad de las "verdades históricas". Raimundo Silva, así se llamaba el revisor, es un hombre simple, vulgar, que sólo se distingue de la mayoría por creer que todas las cosas tienen su lado visible y su lado invisible y que no sabremos nada de ellas, mientras no les hayamos dado la vuelta completa. De eso precisamente trata una conversación que tiene con el historiador. Así: "Le recuerdo que los revisores ya vieron mucho de literatura y vida, Mi libro, se lo recuerdo, es de historia. No es propósito mío apuntar otras contradicciones, profesor, en mi opinión todo cuanto no sea vida es literatura. La historia también. La historia sobre todo, sin querer ofender. Y la pintura, y la música. La música va resistiéndose desde que nació, unas veces va y otras viene, quiere librarse de la palabra, supongo que por envidia, pero regresa siempre a la obediencia. Y la pintura, mire, la pintura no es más que literatura hecha con pinceles. Espero que no se haya olvidado de que la humanidad comenzó pintando mucho antes de saber escribir. Conoce el refrán, si no tienes perro caza con el gato, o dicho de otra manera, quien no puede escribir, pinta, o dibuja, es lo que hacen los niños. Lo que usted quiere decir, con otras palabras, es que la literatura ya existía antes de haber nacido, sí señor, como el hombre, con otras palabras, antes de serlo ya lo era. Me parece que usted equivocó la vocación, debería ser historiador. Me falta preparación profesor, qué puede un simple hombre hacer sin preparación, mucha suerte he tenido viniendo al mundo con la genética organizada, pero, por decirlo así, en estado bruto, y después sin más pulimento que las primeras letras que se quedaron como únicas. Podía presentarse como autodidacta producto de su digno esfuerzo, no es ninguna vergüenza, antiguamente la sociedad estaba orgullosa de sus autodidactas. Eso se acabó, vino el desarrollo y se acabó, los autodidactas son vistos con malos ojos, sólo los que escriben versos o historias para distraer están autorizados a ser autodidactas, pero yo para la creación literaria no tengo habilidad. Entonces métase a filósofo. Usted es un humorista, cultiva la ironía, me pregunto cómo se dedicó a la historia, siendo ella tan grave y profunda ciencia. Soy irónico sólo en la vida real. Ya me parecía a mí que la historia no es la vida real, literatura sí, y nada más. Pero la historia fue vida real en el tiempo en que todavía no se le podía llamar historia. Entonces usted cree, profesor, que la historia es la vida real. Lo creo, sí. Que la historia fue vida real, quiero decir. No tengo la menor duda. Qué sería de nosotros si el deleatur que todo lo borra no existiese, suspiró el revisor". Escusado será añadir que el aprendiz aprendió con Raimundo Silva la lección de la duda. Ya era hora.
Fue probablemente este aprendizaje de la duda el que le llevó, dos años más tarde, a escribir "El Evangelio según Jesucristo". Es cierto, y él lo ha dicho, que las palabras del título le surgieron por efecto de una ilusión óptica, pero es legítimo que nos interroguemos si no habría sido el sereno ejemplo del revisor el que, en ese tiempo, le anduvo preparando el terreno de donde habría de brotar la nueva novela. Esta vez no se trataba de mirar por detrás de las páginas del "Nuevo Testamento" a la búsqueda de contradicciones, sino de iluminar con una luz rasante la superficie de esas páginas, como se hace con una pintura para resaltarle los relieves, las señales de paso, la oscuridad de las depresiones. Fue así como el aprendiz, ahora rodeado de personajes evangélicos, leyó, como si fuese la primera vez, la descripción de la matanza de los Inocentes y, habiendo leído, no comprendió. No comprendió que pudiese haber mártires de una religión que aún tendría que esperar treinta años para que su fundador pronunciase la primera palabra de ella, no comprendió que no hubiese salvado la vida de los niños de Belén precisamente la única persona que lo podría haber hecho, no comprendió la ausencia, en José, de un sentimiento mínimo de responsabilidad, de remordimiento, de culpa o siquiera de curiosidad, después de volver de Egipto con su familia. Ni se podrá argumentar en defensa de la causa que fue necesario que los niños de Belén murieran para que pudiese salvarse la vida de Jesús: El simple sentido común, que a todas las cosas, tanto a las humanas como a las divinas, debería presidir, está ahí para recordarnos que Dios no enviaría a su hijo a la Tierra con el encargo de redimir los pecados de la humanidad, para que muriera a los dos años de edad degollado por un soldado de Herodes. En ese Evangelio escrito por el aprendiz con el respeto que merecen los grandes dramas, José será consciente de su culpa, aceptará el remordimiento en castigo de la falta que cometió y se dejará conducir a la muerte casi sin resistencia, como si eso le faltase todavía para liquidar sus cuenta con el mundo. "El Evangelio" del aprendiz no es, por tanto, una leyenda edificante más de bienaventurados y de dioses, sino la historia de unos cuantos seres humanos sujetos a un poder contra el cual luchan, pero al que no pueden vencer. Jesús, que heredará las sandalias con las que su padre había pisado el polvo de los caminos de la tierra, también heredará de él el sentimiento trágico de la responsabilidad y de ella la culpa que nunca lo abandonará, incluso cuando levante la voz desde lo alto de la cruz: "Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo que hizo", refiriéndose al Dios que lo llevó hasta allí, aunque quien sabe si recordando todavía, en es última agonía, a su padre auténtico, aquel que en la carne y en la sangre, humanamente, lo engendró. Como se ve, el aprendiz ya había hecho un largo viaje cuando en el herético evangelio escribió las últimas palabras del diálogo en el templo entre Jesús y el escriba: "La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, dijo el escriba, Ese lobo de que hablas ya se ha comido a mi padre, dijo Jesús, Entonces sólo falta que devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste comido, o devorado, No sólo comido y devorado, también vomitado, respondió el escriba".
Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los 1.200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra que enfrentó en el siglo XVI a protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito la pieza de teatro que tituló "In Nomine Dei". Una vez más, sin otro auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a dejarse matar. Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un mismo dios. Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en El creían. La terrible carnicería de Münster enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la guerra a sí mismo. Ciegos.El aprendiz pensó "Estamos ciegos", y se sentó a escribir el "Ensayo sobre la ceguera" para recordar a quien lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante. Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más importante que pedir a un ser humano. El libro se llama "Todos los nombres". No escritos, todos nuestros nombres están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos. Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que para mí es todo.