viernes, 10 de enero de 2014

UNA LECTURA ACTUALIZADA DEL FRENTE POLISARIO


Lehdía Mohamed Dafa


Un día, asistiendo a un curso de la Universidad Autónoma de Madrid sobre “Los saharauis y nosotros”, recuerdo que uno de los asistentes preguntó a un alto cargo del Polisario que había hecho una presentación sobre el conflicto saharaui: ¿qué es el POLISARIO? ¿es un partido político?. El dirigente le dijo textualmente: “Yo no diría que es un partido político, es un movimiento de liberación nacional, que alberga diferentes sensibilidades políticas.”

Ahora que las redes sociales y otros medios de comunicación han dado una cierta visibilidad a las voces reformistas, junto a las que siempre han dado por sentado que el Polisario es una organización monolítica, convendría reflexionar sobre ambas cuestiones con sentido común, objetividad y sin hipocresía.

Si bien es cierto que hay muchos y muchas saharauis que pensamos que hay que hacer reformas, no es menos cierto que no creo que estemos de acuerdo en cómo hacerlas. No obstante, y desde mi punto de vista, creo que es URGENTE impulsar un movimiento de democratización de la “causa saharaui” misma, que sigue siendo el fundamento que une a la mayor parte de la población a ambos lados de la berma, sin olvidar que, a su vez, es el elemento que nos desune, y esto lo digo por los y las saharauis que han decidido declararse marroquíes y que no dejan de tener su peso presente y futuro en la solución/no solución de este conflicto.

Personalmente me sumo a quienes preconizan una lectura actualizada de la legitimidad y unicidad del FRENTE. POLISARIO como representante del pueblo saharaui y estoy harta de las voces chekistas y las cansinas acusaciones de “servir al enemigo”.

Mientras seguimos confiando en que pueda llegarse a encontrar una solución, creo firmemente que es hora de que emprendamos entre todos y todas, con un compromiso serio, la construcción de un verdadero Estado de Derecho, (en el exilio, y mientras esperamos, no importa), la articulación de una sociedad civil de forma autónoma, una legislación e instituciones que garanticen la igualdad entre hombres y mujeres y unos ideales políticos acordes a los valores democráticos del concierto de naciones.

La “causa saharaui” está ahí y siempre estaremos por ella, desde nuestras distintas opiniones y sensibilidades, pero no puede permanecer anquilosada y blindarse, sino es a riesgo de convertirse en algo fosilizado, anacrónico y lo que es peor: inservible.

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