sábado, 22 de febrero de 2014

KEEP KALM AND ¡CÁLLATE, PUTA!: PRIMER SÍNTOMA DE PERTENENCIA A UNA SOCIEDAD Y SISTEMA CAPITALISTA Y PATRIARCAL

La feminista Gail Pheterson dijo en su momento que “la liberación de las mujeres se halla ligada a la liberación de las prostitutas ya que, mientras eso no suceda, cualquier mujer puede ser llamada ‘puta’ según la conveniencia del orden patriarcal.”

Cuando de estigmatizar se trata, la deleznable sociedad capitalista y patriarcal y las infectas personas que la sostienen consciente e inconscientemente por costumbre aceptada y con sus palabras y sus hechos, se las pintan solas para tachar de “puta” o amenazar con hacer un señalamiento público, también tildando de “puta”, a cualquier mujer que enfrentándose a resistencias varias, se atreve a hablar en voz alta y a denunciar situaciones que considera injustas.

Estas personas, pseudoadalides y pseudocaudillas de la libertad, usan esta palabra para intentar insultarnos a mujeres que nos comportamos de forma libre, ¡que somos libres!. A mujeres que nos defendemos de quienes nos atacan, sobre todo de quienes esperan y exigen que nos quedemos calladas.

¡Qué incoherentes! ¡Cuánta contradicción entre lo que dicen ser y pensar y lo que realmente son, hacen y piensan!. ¡Qué rapidez a la hora de apuntar con el dedo a las demás personas inventando una paja en el ojo ajeno cuando la viga no le cabe en el propio!. ¡Qué quebranto que sea siempre para intentar rebajarnos a las mujeres!. ¿Será que se sienten tan pequeñas e inferiores que advierten la necesidad de intentar hacerlo siempre, para así poderse encontrar superiores?.

Hipócritas, asquerosos y asquerosas hipócritas. Hay quien no comprende que nadie puede desprenderse de SUS derechos inalienables, ni siquiera por voluntad propia, y la esclavitud y el sometimiento de las mujeres ni son voluntarias ni residuales. Y para impedir que defendamos esto, salen los y las machistas de pseudoizquierda y como único argumento en contra sólo se les ocurre llamarnos “putas” o amenazar con contar pecados inexistentes e inconfesables con el único intento de exponernos al escarnio público para desprestigiarnos como mujeres, pero sobre todo con el propósito de evitar que nuestras palabras tengan eco además de restarles credibilidad, ya que son sabedoras de lo que eso supone y de lo que subyace a nivel social. No se atreven al debate cuerpo a cuerpo con argumentos, razonamientos, juicios y tesis, y menos aún con respeto. Y porque son incapaces y lo son intelectual, ética, moral y políticamente, sólo enarbolan el termómetro del juicio moral con el que nacemos todas las mujeres de este mundo y que mide y controla nuestra sexualidad. Imagino que el mismo termómetro que le aplican y permiten le sea aplicado a SUS HIJAS, SUS HERMANAS, SUS MADRES y a ellas mismas en el caso de tratarse de mujeres quienes utilizan este ignominioso insulto y practican esta despreciable forma de acoso y amenaza… ¡Ah, claro, que las ‘putas’ sólo somos las demás mujeres!. Tranquilas, como siempre ha existido la “clase” y “el saber estar”, nosotras, las mujeres que somos llamadas “putas” o amenazadas de ser llamadas así públicamente por ser libres, no utilizamos la misma medicina, aunque todo el mundo sabe que no hay mejor terapia que aplicar el fármaco que nos hacen tomar para desarrollar de golpe y porrazo la capacidad de empatía en quienes lo suministran. Pero lo dicho, tranquilas…

El caso es que entiendo por qué nos llaman “putas”. Son víctimas de esta sociedad capitalista y patriarcal que dicen enfrentar, sobre todo cada “8 de marzo” y “25 de noviembre” cuando participan en actos asfálticos y se ponen lacitos ¡o incluso cuando los organizan!. Son sencillamente personas machistas, otras de tantas que actúan o microactúan así. ¿Pero saben qué?,  no las justifico, a ellas no, porque presumen de tener conciencia de género e incluso algunas, hasta conciencia de clase, cosa que ya ha quedado más que demostrado que se trata de aquello de “dime de qué presumes y de diré de qué careces”, falacia más o falacia menos en la que se retratan solas y voluntariamente. Por supuesto tampoco las perdono ni olvido y tomo buena nota porque a buen seguro, el inglés (o la inglesa) pagará el vino que se bebió, ¿y saben por qué?, porque las marcas de la violencia de este mundo sobre las mujeres desde hace siglos, las combato a sangre y fuego… a sangre y fuego… y a los y las troles machistas y fascistas, con más ímpetu y ganas, ¡y no saben con qué ímpetu y con qué ganas!, si lo supieran no lo harían, ni se les pasaría por la frente.
He dicho.

Isabel Galeote Marhuenda

1 comentario:

Gustavo dijo...

Excelente escrito Isabel. Les has puesto en su lugar. Has descrito y desenmascarado el y la machista con pose "progresista" que se esconde tras el insulto el chantaje y la descalificación usados sin pudor contra quien piensa diferente y por ende escapa a sus maniqueos y sectarios puntos de vista.