miércoles, 23 de marzo de 2011

LA AGENDA OCULTA DEL ATAQUE A LIBIA


Cristina Ruiz – Cortina Sierra

Presidenta de la Asociación Al-Quds de Solidaridad con los Pueblos del Mundo Árabe.
Málaga

Parto de la base de que, a día de hoy, y hasta tanto no se avance en los procesos democratizadores de Túnez y Egipto, no hay gobiernos democráticos en el Mundo Árabe; más aún, solo hay dictaduras sanguinarias alimentadas y armadas durante décadas por Occidente. Tras más de quince años trabajando en una asociación de solidaridad con “los pueblos” del Mundo Árabe, me sentí muy feliz con la marcha de Ben Ali y mucho más con la de Mubarak. La contemplación de estos pueblos enardecidos por lo que acababan de conseguir me hizo presagiar el inicio de una primavera, un “resurgimiento” en el Mundo Árabe. Muchos otros dictadores saldrán gracias al impulso de unos pueblos que han perdido el miedo y han ganado confianza en sus propias fuerzas. Pero la actitud occidental, hoy como siempre, me hace entender que la sangre de los yemeníes es más barata que la de los libios, también la de los Bahreiníes, o los saudíes. Por supuesto mucho más barata es la sangre palestina. La diferencia de valor la ha marcado el interés de la Comunidad Internacional por Libia y el nulo por el resto de los pueblos, y esta falta de interés genuino por salvar vidas humanas, solo responde a una agenda oculta, de nuevo como en Iraq. Me hastían tantas mentiras y la banalidad del uso del Derecho Internacional.

Me indigna que la premura del Consejo de Seguridad haya estado marcada exclusivamente por Gadafi y no les importe la falta de protección de los palestinos de Gaza, por ejemplo, bombardeados hasta hoy mismo por Israel. Es cierto que Gadafi es un asesino sin escrúpulos, pero no lo son menos los que ordenaron el ataque a Gaza, construyen el muro, expulsan a los palestinos de Jerusalén o les roban las tierras de Cisjordania. En contraste, lo único que se les requiere a los israelíes es que retomen el muerto y ya enterrado Proceso de Paz. Aún, si por algún motivo se han olvidado de lo que ocurre a diario en Palestina, por favor, miren las centenares de víctimas que van ya contabilizadas en Yemen, o miren el nuevo modelo de ocupación “previo contrato” de Bahrein, el ataque desmedido, el asalto e incendio del campamento y la detención masiva de activistas y “colaboradores” incluidos el personal médico de los hospitales; aunque, ¡me olvidaba! : Está la flota americana allí y eso a lo mejor tiene que ver con el silencio internacional.

Que el carácter de este ataque no es humanitario me lo dicen las noticias: los cientos de millones de euros que, en contratos de armamento y material sensible se han firmado entre Libia y Francia, Italia, España, Rumanía, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos (entre otros) en esta última década. Algunos contratos no se llegaron a firmar por la intervención de diversas organizaciones sociales internacionales que denunciaron en su momento los intentos de los gobiernos europeos de dotar de material militar extremadamente sensible a Gadafi. Que el carácter de este ataque no es humanitario me lo dicen las otras noticias: los muertos de otros pueblos árabes que luchan con ansia por la justicia y la libertad y la tibieza de las condenas internacionales, si es que las hay.

En fin, que el carácter de este ataque no es definitivamente humanitario me lo dice por una parte, la visita de José Bono al frente de una delegación del Congreso de los Diputados a Guinea Ecuatorial. Un pequeño país donde sobrevive sin aspavientos internacionales una de las dictaduras más sangrientas del planeta a la que igualmente legitimamos con todo tipo de acuerdos y comercios – incluidos el de armamento, y por otra, la falta de intervención internacional cuando Marruecos atacó los campamentos Saharauis de Gdeim Izik, donde más de 20.000 personas clamaban, también por sus derechos individuales y colectivos. Cito estos casos porque con ellos tenemos una parte de la historia en común, lo que no está claro es que tengamos, si avanzan los procesos democráticos, algún futuro en común. Nuestro cinismo moral nos está condenando.

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