sábado, 22 de mayo de 2010

LAS HUELLAS DEL URIBISMO


ELN
Revista Insurrección
22/05/2010

Para fortuna de la mayoría de los colombianos, solo faltan menos de tres meses, para que Uribe deje de ser presidente. A quien lo reemplace le queda difícil ser peor presidente. Solo imaginarse el continuismo, produce preocupaciones y repugnancia.

Este país no puede quedar peor para el siguiente mandato, la crisis está por todos lados y los únicos que se aprovechan de ella son los imperialistas del Norte, los capitales foráneos y un grupo de oligarcas selectos, para quienes la patria es su dinero, sus intereses y sus ambiciones.

Unas cuantas cifras que son del manejo público lo resumen todo:

* La pobreza de hoy la padecen 29 millones de colombianos.

* El desempleo bordea el 13 por ciento, y en algunas ciudades llega al 20%.

* De 102 pueblos aborígenes, 32 están en peligro de extinción.

* La estructura de salud colapsó y llenó los bolsillos a los intermediarios del burocrático sistema ideado por Uribe cuando era senador e intensificado en este gobierno.

* Cuatro de cada cinco trabajadores devengan menos de dos salarios mínimos legales.

* La violación de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales es de carácter estructural y está generalizada en Colombia.

* Los 29 millones de pobres, de los cuales nueve son indigentes, no tienen garantizados sus derechos a trabajo digno, vivienda, educación, alimentación, recreación y seguridad social. En contraste, las transnacionales, los grandes empresarios y banqueros son beneficiados con exenciones y subsidios. La iniquidad y la exclusión son los principales obstáculos que impiden sembrar en el país una cultura de derechos humanos, democracia, justicia y desarrollo sustentable que posibilite poner fin a un conflicto ya crónico.

* La población desocupada en Colombia asciende a 2 millones setecientos mil y la inactiva a 13 millones de personas.

* En el trimestre diciembre 2009-febrero 2010 los trabajadores por cuenta propia llegaron a ser el 43,5 por ciento de los ocupados. El empleo se concentra en las actividades más precarias e inestables: comercio, restaurantes y hoteles cubren el 27,1 por ciento del total de puestos de trabajo.

* Según el Departamento Nacional de Estadísticas (DANE), de cada 100 trabajadores ocupados, 58 son informales, esto es, cerca de 11 millones.

* La política social durante el dominio Uribe se caracterizó por el asistencialismo y el populismo, a fin de cooptar políticamente a la población más vulnerable y hacerla depender de los intereses del gobierno, sin intentar una superación de los problemas de exclusión e injusticia que campean en Colombia.

* En el período 2002-2010, la prioridad del régimen uribista fue el gasto militar para incrementar la guerra y reprimir la sociedad: en 2002, estos gastos representaban un 4,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y aumentaron al 5,6 en 2010, sin incluir los recursos estadounidenses para el ‘Plan Colombia’.

* En 2008, la deserción hacia el final de los programas de estudio alcanzó el 50 por ciento. En otras palabras, sólo uno de cada tres colombianos inicia algún estudio después de terminar el bachillerato.

* Cerca de 5 millones de desplazados en medio del conflicto deambulan por los cinturones de miseria, mientras las tierras de un alto número de ellos, se han convertido en propiedades de importantes mega proyectos capitalistas o de siniestros personajes, vinculados al narcotráfico y paramilitarismo.

En esta cruda realidad social se encuentra estampada la mano siniestra de Uribe. En la criminal represión y sistemática violación del los Derechos Humanos, uno de los horrendos capítulos de la vida nacional, lo acompañan entre otros su ex ministro de defensa Juan Manuel Santos, hoy aspirante a la presidencia.

El pueblo hoy tiene dos retos: uno, hacer que Uribe comparezca ante la justicia por su criminal política llamada de Seguridad Democrática y dos, que su ex ministro Juan Manuel Santos, no solo no alcance la presidencia sino que también responda ante la justicia, por su responsabilidad en el tristemente célebre mandato presidencial que está por concluir.

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